Titadyn, el eterno retorno (LIV) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (LIV) por Rasmo

(Continúa de la entrada anterior)

Podemos seguir el examen de la postura conspirativa iniciado en la anterior entrega subrayando nuevamente que la confiada identificación del explosivo por parte de Antonio Iglesias y compañía se hace, pues, sobre la base de un listado de componentes detectados en el análisis: eso es lo que significa su reiteración de la suficiencia de un análisis cualitativo.

Así, en la famosa muestra M-1, en los análisis ordenados por el tribunal del 11-M, se habían hallado componentes comunes a la Goma 2 ECO y al Titadyn, como el nitroglicol (EGDN) y el nitrato amónico. [1] Pero, como recoge el perito Iglesias en sus conclusiones en el informe de 2007 (p. 202):

La presencia conjunta en la muestra M-1 de DNT, EGDN, NG, componentes de TITADYN, indica que es altamente probable que este explosivo haya estallado en el foco nº 3 de la estación de El Pozo.

Y, en su libro, reproduce más extensamente esta conclusión, tanto en la página 151:

La presencia conjunta de nitrato amónico (AN), dinitroetilénglicol (EGDN), dinitrotolueno (DNT) y nitroglicerina [NG] confieren a esta muestra [M-1] la característica de permitir discriminar el tipo de dinamita utilizado en el foco de donde fue extraída.

Como en la página 416:

[L]a M-1, procedente del foco 3 de la estación de El Pozo, […] ha revelado en su análisis, además de la presencia de compuestos comunes a Goma 2 ECO y Titadyn (nitrocelulosa, dinitroetilenglicol), la de otros que permiten discriminar el tipo de explosivo, a saber: dinitrotolueno y nitroglicerina (componentes de Titadyn y no de la Goma 2 ECO).

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Titadyn, el eterno retorno (LIII) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (LIII) por Rasmo

(Continúa de la entrada anterior)

Las anteriores entregas han servido para mostrar el contenido preciso y constante de las explicaciones oficiales acerca de por qué resultaba imposible establecer la marca comercial de la dinamita que había estallado en los trenes. Básicamente, cuando se trabaja sobre meras impregnaciones, sin sustancia intacta, no es posible hallar todos los componentes ni sus respectivas proporciones, lo que impide ir más allá de una genérica denominación del tipo de explosivo.

Corresponde ahora, y en sucesivas entregas, acreditar que esa explicación es cierta, según todos los elementos a nuestro alcance, de modo que las pretensiones en sentido contrario de los críticos de la versión oficial se revelarán ayunas de todo sustento. El bloque argumental que aquí se inicia pretende mostrar que las objeciones de los comentaristas habituales son inatendibles ya que, por un lado, son inconsecuentes y, por otro lado, no se corresponden con hechos fácilmente constatables. Son inconsecuentes (aparte de sus fallos lógicos) en el sentido de que los propios críticos, y en particular los “peritos independientes” no son capaces en su propia praxis de hacer lo que aseguran que puede (más bien debe) hacerse; son, además, poco acordes con la realidad, en la medida en que un examen de la casuística y antecedentes en la materia desmiente los principales asertos que se aducen frente a la versión oficial. El análisis de restos explosionados (no de sustancia intacta) nunca ha sido una técnica infalible para la determinación de marcas comerciales, como los conspiracionistas alegan (con cierta confusión, por lo demás) repetidamente. Asimismo, de manera análoga a la reducción al absurdo, aplicar sus argumentos a casos reales, autóctonos y extranjeros, lleva a resultados inasumibles, lo cual, como mínimo, revela que sus posiciones carecen de solidez y están contaminadas de una parcialidad poco laudable.

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Titadyn, el eterno retorno (LII) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (LII) por Rasmo

(Continúa de la entrada anterior)

Como ya sabemos, julio de 2006 es cuando empieza de verdad la fiesta del despilfarro interpretativo. Un revisionismo con la fusta de la sospecha marcando paso de carga. Algunos deciden entonces que hay que olvidar cuanto se había leído y escrito, para hacer arrebatada ostentación de tremebundas novedades, en realidad marchitas. Y así resulta que hay quien empieza a impostar maravilla ante la revelación y engalanarse correlativamente de ultraje ante la confesión de que ¡no puede saberse la marca concreta de lo que explotó en los trenes! Después del repaso documental que acabo de exponer, todo esto queda más o menos al mismo nivel de novedad que la invención de la sopa de ajo la semana que viene. El auténtico escándalo es la interesada ofuscación o la acongojante desmemoria de quienes venden como alarmantes hallazgos las supuestas admisiones de Sánchez Manzano y la perito 17.632 ante el juez Del Olmo, efectuadas a raíz del (verdaderamente) insignificante lapsus de la nitroglicerina.

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Titadyn, el eterno retorno (LI) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (LI) por Rasmo

La escandalosa desmemoria

(Sigue de la entrada anterior)

Como ya he repetido, en enero de 2007, tras el hallazgo del acta de la declaración de Sánchez Manzano, el relato habitual se enriquece con la presunción de que esa ignorancia sobre “el explosivo que estalló en los trenes” se debe al comportamiento del Jefe de los Tedax por haber impedido la realización de unos análisis “científicos”. Eso constituía para El Mundo un “escándalo”; y el “escándalo dentro del escándalo” era “que sea una vez más este periódico quien haya tenido que descubrir este secreto inconfesable, tan extraordinariamente relevante para la investigación judicial” (editorial, 21.1.2007).

Realmente es un escándalo, en efecto, que El Mundo “descubriera” todo lo que decía estar descubriendo e informara con asombro de cuanto consideraba asombroso ahora, o sea, entonces. Quiero decir que es un escándalo porque demuestra que El Mundo no duda en manipular, o tiene graves problemas de memoria, o no se entera de nada. Y lo es porque, tras el envoltorio de alharacas y aspaventeras declamaciones, la esencia de las sucesivas noticias en la materia no hace sino reciclar algo que ya se sabía desde el primer momento. Y se sabía, en particular, porque así lo habían expuesto precisamente los propios policías luego denigrados y porque así lo habían recogido… ¡los mismos periodistas olvidadizos! Es decir, que ni los primeros estaban ocultando nada escabroso, ni los segundos realizando hallazgos novedosos.

Y demostrarlo es tan fácil que produce sonrojo tener que escribir un nuevo libro de viajes por la hemeroteca.

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Titadyn, el eterno retorno (L) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (L) por Rasmo

(Sigue de la entrada anterior)

En realidad, la discusión iniciada en enero de 2007 sobre el carácter científico o no de los análisis realizados en el laboratorio de los Tedax no tiene más originalidad que la de introducir un nuevo término en un problema de fondo idéntico a lo que ya era un discurso manido. No podía ser de otro modo. La portada de 21 de enero de 2007 se basaba en un acta de una declaración de Sánchez Manzano de 17 de julio de 2006. Esta comparecencia del mando policial ante el juez instructor se había producido a raíz de la otra notable portada de 11 de julio de 2006 a cuenta de la nitroglicerina, que nos ha entretenido sobremanera en páginas precedentes. Y El Mundo ya había informado en su día, es decir, el 18 de julio de 2006, acerca del testimonio de Sánchez Manzano, de modo que la literalidad del acta, que es la supuesta novedad noticiosa de medio año más tarde, no hace más que añadir leña (bastante pajosa) a una misma hoguera ya bien alimentada.

Por consiguiente, muchos (si no la mayoría) de los aspectos importantes de toda la discusión en torno a los explosivos utilizados en los trenes se han expuesto o al menos apuntado en diversos momentos anteriores de mi serie.

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Titadyn, el eterno retorno (IXL) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (IXL) por Rasmo

En la anterior entrega comencé a tratar el examen de las críticas efectuadas respecto a las características técnicas del análisis de los focos de explosión de los trenes realizado por los Tedax, críticas que en buena medida aducían su falta de carácter “científico”, basándose para ello en unas declaraciones de Sánchez Manzano ante el juez del Olmo (17.7.2006). El acceso al acta de ese testimonio se recogió en El Mundo como una exclusiva revelación digna de los mayores honores de portada. Expuse entonces algunas inconsistencias de la argumentación conspiracionista sin necesidad de abordar el fondo del asunto, es decir, sin examinar siquiera el tenor de lo declarado por el que fuera Jefe de los Tedax. Llega ahora el momento de entrar en materia.

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Titadyn, el eterno retorno (XLVIII) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (XLVIII) por Rasmo

(Sigue de la entrega anterior)

En las anteriores entregas comenté una serie de deficiencias achacadas al comportamiento de los Tedax en materia de análisis de explosivos. Hablé de los protocolos que supuestamente infringió la Unidad Central, dirigida por Sánchez Manzano, y de los defectos que pretendidamente caracterizan, en particular, la actuación de la perito 17.632 y su informe sobre los focos de explosión de los trenes. A lo largo de mi examen introduje algunas observaciones cuyo desarrollo he ido postergando: aludí, por ejemplo, a los aspectos contradictorios de la crítica alternativa según la cual se acusa unas veces a la perito de los Tedax de no poder referir los componentes hallados en sus análisis y, otras veces, o de no querer hacerlo. En relación con ese primer elemento de capacidad, en mi entrega 42 adelanté lo siguiente:

Cuando ésta es la línea argumental, se incide en los paupérrimos análisis realizados en la sede de los Tedax, en un laboratorio de la “señorita Pepis” (EM, 14.2.2007) y con técnicas “tercermundistas” (CGA, EM, 20.11.2006. Con el tiempo, haciendo uso de unas declaraciones tal vez mejorables de Sánchez Manzano, esta idea se resume en el hecho de que los análisis de los focos emanados de su unidad no fueron “científicos”, lo que frecuentemente se identifica de manera confusa con lo tratado en la anterior entrega en relación con el “valor pericial” o “valor probatorio” del informe cuestionado, ya que “se supone que los informes periciales que se remiten al juez deben tener un carácter científico” (García Abadillo y Marraco, EM, 21.1.2007).

Comienzo ahora el bloque en el que habré de dilucidar y ampliar éste y otros extremos conexos.

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Titadyn, el eterno retorno (XLVII) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (XLVII) por Rasmo

Terminé mi anterior entrega señalando que existen dos elementos que corroboran la declaración de la perito 17.632 en el juicio del 11-M, respecto a los componentes que ella dijo haber detectado en sus análisis de 2004.

1. Los colegas saben de esto

El primero, hasta donde yo sé, ha pasado completamente desapercibido para casi todo el mundo. Se trata de las declaraciones de dos Tedax de la Unidad Central en el juicio del 11-M, cuya importancia fue inmediatamente apreciada por nuestro compañero Isocrates.

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Titadyn, el eterno retorno (XLVI) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (XLVI) por Rasmo

En las anteriores entregas he venido discutiendo el contenido del informe sobre los focos firmado por la Inspectora con carnet profesional 17.632, adscrita a la Unidad Central de los Tedax. Como hemos visto, esos componentes de dinamita a los que hacía referencia genérica en su documento eran, de acuerdo con su declaración en el juicio del 11-M (28.5.2007), nitrato amónico y nitroglicol. Esto significa que la autora del informe optó en su día por incluir en el escrito simplemente la conclusión final, la etiqueta “dinamita”, sin dar los detalles. Pero, como ella misma repitió durante la vista oral, eso no significa que no hubiera hallado ningún componente, ningún elemento al que aplicar tal calificativo, como errónea y contumazmente se había afirmado.

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Titadyn, el eterno retorno (XLV) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (XLV) por Rasmo

En la anterior entrega abordé el asunto de la supuesta mentira de la perito de los Tedax al afirmar en el juicio que nadie le había preguntado antes por los componentes específicos que ella encontró al analizar los focos de explosión. Tras un estudio terminológico de la literalidad de lo que le preguntó el juez instructor, concluí que la afirmación de la experta policial era veraz. Tal como adelanté, queda por examinar otro aspecto importante de la referencia genérica a “componentes de dinamita”…

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