Titadyn, el eterno retorno (L) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (L) por Rasmo

(Sigue de la entrada anterior)

En realidad, la discusión iniciada en enero de 2007 sobre el carácter científico o no de los análisis realizados en el laboratorio de los Tedax no tiene más originalidad que la de introducir un nuevo término en un problema de fondo idéntico a lo que ya era un discurso manido. No podía ser de otro modo. La portada de 21 de enero de 2007 se basaba en un acta de una declaración de Sánchez Manzano de 17 de julio de 2006. Esta comparecencia del mando policial ante el juez instructor se había producido a raíz de la otra notable portada de 11 de julio de 2006 a cuenta de la nitroglicerina, que nos ha entretenido sobremanera en páginas precedentes. Y El Mundo ya había informado en su día, es decir, el 18 de julio de 2006, acerca del testimonio de Sánchez Manzano, de modo que la literalidad del acta, que es la supuesta novedad noticiosa de medio año más tarde, no hace más que añadir leña (bastante pajosa) a una misma hoguera ya bien alimentada.

Por consiguiente, muchos (si no la mayoría) de los aspectos importantes de toda la discusión en torno a los explosivos utilizados en los trenes se han expuesto o al menos apuntado en diversos momentos anteriores de mi serie.

Para ordenar un tanto lo ya abordado y perfilar el decurso de mi exposición en lo sucesivo, me permito esbozar ahora el núcleo de la argumentación conspiracionista y de las respuestas que habré de oponerle. En esencia, estimo que las críticas a la versión oficial se basan (explícita o implícitamente) en las siguientes ideas fundamentales:

A) a1) No se sabe qué estalló en los trenes. En realidad, lo anterior significa, cuando lo esgrimen los conspiracionistas, a2) que la concreta marca comercial de lo que estalló en los trenes no se conoce sobre la única y exclusiva base de un análisis químico de los restos de explosión (sin que se haya recuperado sustancia explosiva entera). Nótese que a2) no es exactamente lo mismo que a1), sino que implica una restricción del criterio supuestamente aceptable para la determinación del explosivo utilizado. Es decir, los discrepantes establecen el axioma de que la única manera admisible y razonable (“científica”) de disipar la duda es por medio de unos análisis químicos de restos explosionados. Como veremos (y ya se ha indicado repetidas veces), la postura oficial es que a2) no es un problema específico del 11-M, sino de cualquier explosión en general, dado que nunca es posible determinar la marca del explosivo utilizado a partir (exclusivamente) de meros restos post-explosión, si no se ha recuperado materia intacta.

Cuando los críticos hacen algo más que ignorar las explicaciones oficiales acerca de la imposibilidad general de hacer lo que ellos piden en concreto en el 11-M, sus alegaciones transitan por sendas tan insidiosas como desorientadas. Pero los detalles al respecto los reservo para un momento posterior.

Como consecuencia de A), los conspiracionistas afirman (con tanta pretendida sorpresa como disgusto) que:

B) La conclusión de que en los atentados se empleó Goma 2 ECO es sólo una mera deducción. Es decir, la versión oficial asume que, como en los demás escenarios se recuperaron restos intactos de Goma 2 ECO, entonces en los trenes también se utilizó dicho explosivo. Por parte de los dudantes, esto no es sólo una descripción del contenido de la versión oficial, sino un reproche que está en el núcleo de su archiconocida distinción entre elementos y pruebas de fuera de los trenes, por un lado, y lo que de verdad ocurrió en los trenes, por otro.

C) En relación con todo ello hay un descubrimiento periodístico, una genuina revelación de lo oculto (o, peor, ocultado), lo que presenta diversas vertientes:

c1) Desde la perspectiva de los buenos, es algo de “ahora”, algo que acabamos de ver, revelar, averiguar… (si se tercia, en tono épico-heroico).

c2) Desde la perspectiva de los malos, es una “confesión”, o sea, una admisión, casi a regañadientes, de algo reprobable, que no les ha quedado más remedio que reconocer: se han tenido que rendir ante la evidencia y la perseverancia de los abnegados periodistas y de quienes hacen suyos esos hallazgos.

c3) Esos descubrimientos constituyen un escándalo, en la medida en que revelan, como mínimo, irregularidades, cuando no comportamientos criminales.

Documentaré y desarrollaré estos puntos a continuación. Posteriormente, trataré de mostrar más allá de toda duda razonable que no sólo no había nada novedoso en estas constataciones, es decir, que los Tedax habían mantenido siempre las mismas explicaciones, sobradamente acreditadas, desde el primer momento, sino que además El Mundo y compañía lo sabían… o lo supieron antes de borrar su memoria (pero no su hemeroteca) para dar paso a las nuevas interpretaciones intrigantes. Una vez establecido ese punto, habrá de abordarse la cuestión de si es cierto lo que en materia de explosivos siempre han sostenido los representantes de la versión oficial, es decir, que si los análisis de los focos de explosión de los trenes no fijaron la marca concreta de dinamita utilizada no fue porque Sánchez Manzano y sus subordinados no quisieran, sino porque no es técnicamente posible.

Como trasfondo, conviene no perder nunca de vista que las apreciaciones de los discrepantes de la versión oficial no se limitan a un aséptico ejercicio de especulación intelectual. Al contrario, vienen acompañadas de una transparente y poco edificante atribución de responsabilidades:

Es evidente que el jefe de los Tedax mintió a Del Olmo cuando dijo que no se había podido determinar el tipo de dinamita que estalló en los trenes. Y también lo es que mintió al propio tribunal. [CGA, EM, 12.3.2012]

Es evidente.

Érase una vez

El carácter supuestamente novedoso de la revelación sobre la falta de determinación de la marca de explosivo utilizada en los trenes y la correspondiente ocultación/confesión de quienes tenían la pretendida obligación de averiguarlo (que se conformaron con meras “deducciones”) se subraya con la habitual fanfarria acusatoria sobre todo a raíz de la célebre portada de 11 de julio de 2006 y nunca se abandona desde entonces, pasando, según he indicado ya, por hitos como las portadas de finales de enero de 2007 y otras posteriores.

Así, en su carta dominical de 16.7.2006, Pedro J. Ramírez se explaya:

[T]endríamos que conformarnos con la técnica deductiva, invocada por Interior, en el sentido de que si en Leganés, Mocejón, Morata, la mochila y la Kangoo había Goma 2 ECO, necesariamente eso fue lo que destripó los vagones y mató a 191 viajeros. Dudo mucho que un tribunal eleve tal silogismo a la categoría de hechos probados y en todo caso yo no he sido recompensado con las descomunales dosis de gracia divina que serían necesarias para creer algo que de ninguna manera veo. […] [A]l día de hoy todo sugiere que hemos topado con la cremallera de un secreto inconfesable.

En la misma línea, el editorial de El Mundo de 17.7.06:

Por mucho que el Gobierno pretenda que aceptemos que si lo que tenían los islamistas era Goma 2 ECO, también «debió ser» Goma 2 ECO lo que estallara en los trenes, no creemos que haya ningún tribunal que pueda sustituir las pruebas materiales por las simples deducciones e inferencias.

En la tertulia de la Cope de 18.7.2006, el director de El Mundo ofreció una excelente panorámica del asunto desde su punto de vista. La cita merece cierta extensión, por cuanto aborda casi todos los elementos esenciales que antes perfilé:

[24:15] Pero yo creo que es muy importante darnos cuenta de que estamos tocando el trigémino de la cuestión. Porque, vamos a ver, todo lo que relaciona a los islamistas con la masacre, en términos de pruebas materiales, es la Goma 2 ECO. Ahora estamos en una situación en la que el Gobierno nos pide credulidad. Y nos pide credulidad a partir del siguiente silogismo. Puesto que lo que se encontró en Leganés era Goma 2 ECO, cierto, y en Leganés estaban los islamistas, cierto; puesto que lo que se encontró en Mocejón junto a las vías del tren era Goma 2 ECO y en Mocejón ciertamente estuvieron los islamistas; puesto que algunos restos, tenues pero verosímilmente detectados en Morata de Tajuña eran Goma 2 ECO y en Morata de Tajuña estaban los islamistas; puesto que en el papel parafinado de la Kangoo apareció Goma 2 ECO, eso hay que ponerlo de momento en interrogantes, pero bueno, puede ser un acompañamiento; puesto que en la mochila de Vallecas, vaya si hay interrogantes sobre ello, también había Goma 2 ECO, hay que llegar a la conclusión de que también en los trenes necesariamente tuvo que estallar Goma 2 ECO. Y, oiga, ¿por qué? Porque quienes pusieron la bomba en los trenes fueron los islamistas. Oiga, ¿y por qué dice usted que los islamistas pusieron las bombas en los trenes? Hombre, porque ellos eran los que tenían el explosivo que estalló. Es decir, fíjense cómo termina todo en un círculo vicioso en el que realmente, hoy por hoy, habría pruebas para juzgar y condenar a estos señores por sustracción, tráfico y tenencia ilícita de explosivos. […] Pero, si en los trenes no estalló Goma 2 ECO, nos encontramos, en definitiva, con que se está cortando la única pasarela de evidencia material que vincula a los islamistas con el atentado. Hay otros elementos circunstanciales, sí […]. Pero prueba de que ellos estuvieron allí y de que lo hicieron ellos… Y es muy probable que ellos estuvieran allí, pero, si lo que estalló fue… como Tejero, decía yo el domingo, estuvo en el congreso el 23-F, pero, a estas alturas, cuando ya hay tanta investigación histórica, era una pieza del decorado, el verdadero golpe era el que estaba moviendo en la recámara el Sr. Armada… […] Al día de hoy, creo que está demostrado que nadie puede probar que hubiera Goma 2 ECO en los trenes. Ahora lo que nos pretenden decir es que es imposible demostrar qué es lo que hubo en los trenes. […] [31:30] Es decir, pretenden que lleguemos a juicio y que sólo se conozca lo que estalló en los trenes como consecuencia de ese acto de fe: hombre, si en todos los demás sitios había Goma 2, tuvo que ser Goma 2 lo que estallara. Yo no creo que haya ningún tribunal en el mundo que pueda aceptar ese mecanismo de deducción, esa inferencia, como base para redactar una sentencia que considere como hecho probado que estalló la Goma 2 ECO en los trenes.

El primer fin de semana posterior a las declaraciones de Sánchez Manzano (17.7.2006) y la jefa del laboratorio de los Tedax (18.7.2006) ante Del Olmo para aclarar el asunto de la nitroglicerina, la carta dominical de Pedro J. Ramírez (23.7.2006) era nuevamente explícita:

Conozco a muchos ciudadanos con nombre y apellido que se han quedado atónitos: ahora resulta que después de la deflagración de una docena de bombas de más de 10 kilos de peso en tres estaciones diferentes de Madrid los máximos especialistas policiales en explosivos declaran que nunca se podrá saber cuál fue el tipo de dinamita utilizada en ninguna de ellas […].Y si ya sólo queda el razonamiento deductivo para sostener que el explosivo tuvo que ser el mismo que se encontró en Leganés y se pretendió utilizar en el AVE –los que intentaron este atentado necesariamente debieron cometer el otro–, ¿quién podría objetar a que, correlativamente, tomáramos por mentirosos a Manzano y su ayudante en relación a la nitroglicerina, después de haberles pillado en una doble falsedad flagrante en relación a la metenamina? […] El que el ministro del Interior no se haya desembarazado aún de un presunto sinvergüenza y probado incompetente como Manzano, pese a la demanda unánime de los sindicatos policiales, sólo puede obedecer a que entre ellos haya lazos inconfensables o, más probablemente, a que Rubalcaba trate de impedir que el gran público se entere del estado ruinoso en que ha quedado el sumario del 11-M tras la confesión de los teóricos máximos expertos de que ignoran lo que estalló en los trenes.

Esa carta de Pedro J. contiene uno de mis pasajes favoritos de su extensa producción. Cada vez que lo leo, me acuerdo de esa desternillante escena de “La Vida de Brian” en la que los miembros del Frente Popular de Judea se quejan de los abusos de los romanos, discuten lo que éstos les han aportado y la conclusión es: “pero aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos, ¿qué han hecho los romanos por nosotros?” (aquí, en versión original). Véase, si no, la ligereza con la que el director de El Mundo descarta “todo lo demás”:

[L]a Goma 2 ECO era –y hay que subrayar el tiempo verbal– la única pasarela consistente que vinculaba materialmente a los islamistas con los trenes. Si eso no se considera acreditado sólo quedarán los imprecisos reconocimientos de individuos cuyas fotos se habían difundido previamente por la prensa y un vídeo de reivindicación que en sí mismo no prueba nada. Todo lo demás –las reuniones del Mc Donalds, el viaje a Asturias, las tarjetas de los móviles, Morata, Mocejón, Leganés– demuestra que se hicieron con la Goma 2 ECO, que intentaron toscamente una bien gorda y que murieron de forma más que extraña. Pero no que fueran los autores –y menos por sí solos– de la masacre del 11-M.

Esta insistencia en que hay que demostrar positivamente (y, además, a través de un análisis químico) que el explosivo es Goma 2 ECO, se hará común en numerosas intervenciones posteriores, como enseguida veremos, que coinciden en despreciar todo lo que los romanos han hecho, perdón, todo lo que la Policía ha investigado por nosotros.

Menos faltón pero más lastimero se muestra dos días después el vicedirector de El Mundo (CGA, EM, 25.7.2006):

Para desgracia de la instrucción y, por tanto, por suerte para los culpables del atentado que costó la vida a 191 personas y heridas a más de 1.500, ya nunca podremos saber qué tipo de dinamita estalló en los trenes.

La semana siguiente, el director de El Mundo volvía a mostrar su estupefacción ante las supuestas confesiones de Sánchez Manzano (PJ, EM, 30.7.2006):

No puede ser que […] Rajoy […] no se vuelque ahora en hacer saber a España entera la trascendencia y gravedad que tiene el que el jefe de los Tedax acabe de declarar al juez que nunca se podrá saber cuál fue el explosivo que estalló en los trenes.

Meses más tarde, el editorial que acompañaba a la pasmosa portada de 21.1.2007, según la cual Sánchez Manzano “admitía” que no se hizo ningún análisis científico del explosivo del 11-M, adoptaba nuevamente el criterio que acabo de señalar en relación con la idea de que un análisis (y sólo un análisis) químico debía necesariamente avalar que el explosivo utilizado en los trenes era Goma 2 ECO:

La principal prueba incriminatoria contra el comando de Leganés en el 11- M reside en que las Fuerzas de Seguridad hallaron en el piso restos de Goma 2 Eco, el explosivo que, según consta en el sumario, se utilizó para volar los trenes. Pero ahora resulta que no hay análisis científico ni documento alguno que pruebe que el explosivo de los trenes era Goma 2 Eco.

 

Si bebes, no deduzcas

Podemos avanzar unas semanas, concretamente hasta el 14 de marzo de 2007, fecha en la que Sánchez Manzano acudió como testigo al juicio del 11-M. Durante su declaración, se produjo el siguiente intercambio:

Gómez Bermúdez: Gracias. Para evitar que sigan preguntándole por lo mismo. Ustedes no analizan el explosivo cuantitativamente, ha dicho.

Sánchez Manzano: Cuantitativa y cualitativamente, no.

Gómez Bermúdez: Y no pueden poner marca.

Sánchez Manzano: No le podemos poner marca.

Gómez Bermúdez: Entonces, cuando usted se refiere en su informe a Goma 2 ECO ¿de dónde sale la marca?

Sánchez Manzano: Cuando hay sustancia completa, sustancia pesable.

Gómez Bermúdez: O sea, usted lo que hace es una deducción, porque tiene un explosivo concreto y otro y dice que son de similares características… ¿El qué? ¿La marca o el explosivo o el qué? Acaban de preguntar. El tipo de explosivo ¿alguien le informó que fuese distinto? Y ha dicho usted: “No”. Por tipo de explosivo ¿qué está usted entendiendo?

Sánchez Manzano: Tipo de explosivo es dinamita. Cuando hablamos ya de Goma 2, son aquellos escenarios donde hemos encontrado sustancia pesable.

Gómez Bermúdez: ¿Como por ejemplo?

Sánchez Manzano: Como por ejemplo: la furgoneta, la bomba, el AVE y Leganés.

Gómez Bermúdez: Ahí usted tiene sustancia pesable que determinan que es ¿qué?

Sánchez Manzano: Dinamita, Goma 2 ECO.

Gómez Bermúdez: Goma 2 ECO. Siguiente acusación […].

Esto dio pie a una nueva ronda de lo mismo de siempre, debido a los sempiternos problemas de comprensión lectora y de atención auditiva de periodistas que hacen horas extras en un almacén de muñecos de paja. Obsérvese que el ex Jefe de los Tédax no dijo nada que no se hubiera dicho ya decenas de veces: la marca se determina cuando y donde hay sustancia entera (pesable). Aunque pudiera argüirse que yerra al mencionar que no se analizó el explosivo “cualitativamente” (y aun así es dudoso, pues en sentido estricto la verdad es que no analizaron explosivo –ni cuantitativa ni cualitativamente–, sino restos de la explosión), lo cierto es que el único que sugiere que la determinación de la marca (de los focos de los trenes) sea una “deducción” es el propio juez Gómez Bermúdez, no el testigo, que en ningún momento acoge la descripción del presidente del tribunal, quien, por otra parte, también se expresa de manera imprecisa e inexacta [los informes de Sánchez Manzano (en realidad, de la perito 17.632), cuando mencionan la Goma 2 ECO, se refieren únicamente a los restos de explosivo intacto, no a los focos de los trenes]. Es lo que suele ocurrir cuando unos legos se ponen a discutir cuestiones técnicas.

Pero no hay nada que hacer. Al día siguiente (15.3.2007), El Mundo se fabrica uno de esos avales que frecuentemente arrebata a la realidad mediante atraco a titular armado, cinco columnas, de costa a costa: “El testimonio de Manzano desacredita las pruebas clave de la versión oficial del 11-M”. Esto viene de un periódico cuyo director pontifica: “Yo creo que las reglas de la honestidad periodística tienen que basarse en juzgar los hechos y las personas en función de los datos que te proporciona la realidad. […] No detesto nada tanto como a esos periodistas gandules que antes de que sucedan las cosas ya tienen decididas sus opiniones. Sólo dan juicios categóricos, incapaces de mover sus clichés en función de los hechos” (Múgica, EM, 13.6.2010). Y que “en vez de tener claro lo que pensamos sobre algo antes de que suceda, nos seduce descubrir una mañana que la antevíspera estábamos equivocados” (PJ, EM, 9.1.2011). O que expresaba el “desprecio que merecen esos malos directores de periódicos que llegan a la redacción con los titulares de la portada decididos de antemano y luego no permiten que la realidad se los estropee” (PJ, EM, 14.8.2005).

Pues bien, la noticia de portada de ese 15 de marzo estaba completamente equivocada en lo que ahora nos ocupa, pero es posible que en algunas redacciones estuvieran demasiado entretenidos seduciéndose a sí mismos como para atender a los hechos. De modo que, puestos a vender titulares decididos de antemano, volvieron al mismo cuento de confesiones y brindis al ingenio periodístico. Así, la primera entradilla destacaba:

El ex jefe de los artificieros admitió que la tesis de que en los trenes estalló Goma 2 ECO es una mera «deducción» […]

Y el cuerpo de la noticia continuaba, gentileza de Manuel Marraco, en la misma portada:

Manzano acabó reconociendo, a preguntas del propio presidente del tribunal, que resulta una «deducción» afirmar que en los trenes estalló Goma 2 ECO, puesto que los análisis de su unidad nunca lograron determinar qué tipo de dinamita se empleó.

En páginas interiores, el titular de la noticia es diáfano: “Manzano admite que la tesis de que en los trenes estalló Goma 2 ECO es una «deducción»”, aunque, curiosamente, no se desarrolla en modo alguno. Y el editorialista del día, que recurre a la manida figura del sumario como un castillo de naipes, nos demuestra cuánto le aprovechan los cursos de creative writing:

La insistencia de los letrados […] llevó al propio juez Bermúdez a preguntarle, escéptico, si su conclusión de que en los trenes había estallado Goma 2 ECO era una mera «deducción», a lo que un acorralado Manzano respondió que sí. Su respuesta es aún más sonrojante después de que…

Qué seductor. Esta narrativa ficticia es en buena medida la que llevaría más tarde a García Abadillo a reflexiones de este tipo (“Titadyn”, p. 49):

La forma en que dirigió algunos interrogatorios, por ejemplo el de Sánchez Manzano, hacía pensar que la sentencia establecería deducciones de testimonio para algunos de los mandos policiales que intervinieron en la investigación del atentado.

Y, con mayor soltura incluso (El perito Antonio Iglesias y Casimiro García Abadillo en La Hora de Federico, 28.5.2009):

Es que si uno analiza el interrogatorio que [Gómez Bermúdez] le hace a Sánchez Manzano, es un interrogatorio encaminado a demostrar que él ha cometido falsedad documental y testifical. Y lo demuestra. […] Y lo demuestra, es decir, es un interrogatorio en el que Gómez Bermúdez, la verdad es que hay que quitarse el sombrero porque demuestra un conocimiento perfecto del sumario.

Creo que la psicología habla de sesgo de confirmación, aunque se le pueden poner nombres mucho más vulgares.

Lo más triste es que tampoco pasaría nada si Sánchez Manzano hubiera pronunciado esas palabras (la “deducción” de la Goma 2 ECO), pues se trata, en efecto, de una deducción legítima y correcta. El tipo de deducción que se hace en cualquier otro caso semejante, como tendremos ocasión de comprobar. Pero Sánchez Manzano sencillamente no lo dijo. En ningún momento. Lo que no es legítimo ni correcto es presentar como periodismo una fábula sicofante en la que un juez que comparte inquietudes con audaces reporteros hace confesar a un felón contra las cuerdas, como un animal “acorralado”. Y luego se quejan de la triple capa de calzoncillos.

Así que de nada vale que Sánchez Manzano insista en lo obvio en su declaración ante Coro Cillán, juez instructora de la querella interpuesta por la AAV11-M (15.9.2009):

Lo que está claro es que cuando los TEDAX dicen dinamita [es] en el foco de la explosión, porque nunca han dicho que en los focos de explosión explosionara Goma 2 ECO, lo que también se ha difundido por ahí. Nunca lo dijeron, ni lo han dicho en aquellos momentos, ni después, en ningún informe, ni siquiera oralmente.

Pero me adelanto. Volvamos a las sesiones del juicio del 11-M.

Tras el testimonio de Sánchez Manzano, Libertad Digital publicó un editorial el 16 de marzo de 2007 con el mismo valor que la moneda falsa acuñada por El Mundo el día anterior:

Los medios conspiranoicos insisten en achacar al prójimo sus propias dolencias. Así pues, nos acusan de pergeñar una siniestra “teoría de la conspiración” que nunca precisan, pues tiene el pequeño defecto de no existir. […] Y las declaraciones que han tenido lugar esta semana en el juicio que se desarrolla en la Casa de Campo no hacen más que darnos la razón.

[…] El policía [Sánchez Manzano] terminó admitiendo que la afirmación de que en los trenes estalló Goma-2 ECO no es sino una deducción sobre la que no hay prueba directa alguna. Es decir, que los explosivos de los trenes se deducen por los que se encontraron en la mochila de Vallecas, la furgoneta Kangoo, las vías de Mocejón y Leganés.

El 18 de marzo Fernando Múgica daba su peculiar versión de lo acontecido en la comparecencia del ex Jefe de los Tedax, demostrando una vez más sus acreditadas dificultades para deslindar la realidad y la fantasía, así como el poco respeto que le merece la literalidad de las palabras ajenas:

«Sí, yo sabía que era Goma 2 ECO, aunque no conocíamos los componentes del explosivo». Y tuvo que ser el propio juez Javier Gómez Bermúdez el que le sacara los colores: «Si usted dice que no pudieron hacer un análisis cualitativo de los restos de explosivo encontrados, ¿cómo puede afirmar de qué explosivo se trataba?»

Esas palabras ponía entre comillas el periodista, pero también podría haber escrito cualquier otra cosa, lo que le diera la gana. En realidad, eso es exactamente lo que hizo.

Un día más tarde, El Mundo (19.3.2007) convertía en un titular de páginas interiores “La inverosímil «deducción» de la Goma 2 ECO”. En efecto, según Pablo Jáuregui:

El pasado miércoles, el ex comisario jefe de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano, declaró ante el tribunal del 11-M que la tesis de que en los trenes estalló Goma 2 ECO fue una simple «deducción». Su testimonio, por lo tanto, ha dejado muy claro que, en la cuestión fundamental del tipo de explosivo utilizado en la masacre de Madrid, no existe ninguna prueba irrefutable sobre el arma del crimen, sino únicamente hipótesis más o menos creíbles. […] En definitiva, si tenemos en cuenta todos los datos que están hoy sobre la mesa, la «deducción» de la Goma 2 ECO resulta muy poco creíble desde el punto de vista científico.

El editorial del día insistía:

Si ningún perito es capaz de avalar con el resultado de ningún análisis que en los trenes estalló Goma 2 ECO, de muy poco van a servir las «deducciones» de Sánchez Manzano y demás legos en la materia.

Las entreveradas referencias a las deducciones (supuestamente espurias) y a la exclusividad de la Goma 2 Eco como hilo conductor de la versión oficial, así como a la exigencia de una prueba material directa basada únicamente en análisis post-explosión, como he reiterado, han sido una constante, con las consecuencias obvias. En palabras de El Mundo y su director:

El único verdadero nexo material entre ellos y la masacre quedaría roto si no se pudiera demostrar durante la vista oral que lo que estalló en los trenes fue la misma Goma 2 ECO que ellos tenían en Leganés y en Morata [EM, 11.2.07].

No, en lo esencial todo el sumario pende de un hilo y ese hilo se llama Goma 2 ECO [PJ, EM, 1.4.07].

La valoración conjunta de la prueba (todo lo demás…) parece un concepto desconocido en algunos medios. Y, aunque no se refería concretamente a este punto de los explosivos (sino al de las autopsias de los suicidas de Leganés) bien podrían citarse aquí las palabras de la sentencia (p. 444) redactada por Gómez Bermúdez:

Como en muchas otras ocasiones a lo largo de este proceso, se aísla un dato –se descontextualiza– y se pretende dar la falsa impresión de que cualquier conclusión pende exclusivamente de él, obviando así la obligación de la valoración conjunta de los datos –prueba– que permita, mediante el razonamiento, llegar a una conclusión según las reglas de la lógica y la experiencia.

Sea como fuere, nada detiene la piedra de Sísifo. El 15.7.2007, Victoria Prego, que en 2004 escribía otras cosas (enseguida lo veremos), asaeteaba al ex Jefe de los Tedax con más inquina que conocimiento de causa:

Dubitativo, inseguro, elusivo y tramposo, el que tenía que haber sido el testigo clave para aclarar miles de dudas cruciales en torno a los atentados acabó dejando al descubierto muchas de las artimañas policiales escondidas entre los pliegues del sumario que EL MUNDO había desvelado meses atrás. Por ejemplo, que no existía constancia escrita de los resultados de los primeros análisis que se hicieron en esa unidad sobre los focos de las explosiones. «Teníamos cosas más importantes que hacer», dijo sin ponerse colorado. Por ejemplo, y a pregunta directa del presidente del tribunal, que eso de que en los trenes había estallado Goma 2 ECO era una mera «deducción», toda vez que en el laboratorio Tedax sólo se había podido establecer que había «componentes de la dinamita», así, en general.

En la misma línea, tanto en su escrito de contestación (29.4.2008) a la demanda de Sánchez Manzano en defensa de su honor como (sobre todo) en el escrito de oposición (noviembre de 2009) a la apelación del policía contra la sentencia absolutoria de la juez Lledó, la representación letrada de El Mundo se hartó de atribuir al ex Jefe de los Tedax la afirmación de que en los trenes se estimaba que había explotado Goma 2 ECO por una mera “deducción”. Limitaré a una las innumerables citas que, por lo demás, muestran claramente que, salvo redacción, los abogados de El Mundo aprendieron muchas cosas de sus defendidos, incluido un relajado respeto por los hechos (escrito de oposición a la apelación, pp. 149-150):

Sánchez Manzano DETERMINO [sic] QUE LO EXPLOSIONADO EN LOS TRENES era Goma Dos Eco desde el mismo día 11 de marzo de 2004 […]. Y lo determinó ya que en el juicio oral, a preguntas del magistrado Sr. Gomez Berbudez [sic] contestó que lo había determinado por DEDUCCIÓN.

Lo cual no puede sorprendernos, teniendo en cuenta que unos meses antes Joaquín Manso había glosado “las contradicciones del ex comisario jefe” con la misma inventiva (EM 21.7.2009):

Durante la vista, también dijo que informó de que se trataba de Goma 2 ECO por una «deducción».

¿“Informó”? Ahora podemos preguntar nosotros: ¿dónde está ese informe?

(Continuará)

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