Titadyn, el eterno retorno (LI) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (LI) por Rasmo

La escandalosa desmemoria

(Sigue de la entrada anterior)

Como ya he repetido, en enero de 2007, tras el hallazgo del acta de la declaración de Sánchez Manzano, el relato habitual se enriquece con la presunción de que esa ignorancia sobre “el explosivo que estalló en los trenes” se debe al comportamiento del Jefe de los Tedax por haber impedido la realización de unos análisis “científicos”. Eso constituía para El Mundo un “escándalo”; y el “escándalo dentro del escándalo” era “que sea una vez más este periódico quien haya tenido que descubrir este secreto inconfesable, tan extraordinariamente relevante para la investigación judicial” (editorial, 21.1.2007).

Realmente es un escándalo, en efecto, que El Mundo “descubriera” todo lo que decía estar descubriendo e informara con asombro de cuanto consideraba asombroso ahora, o sea, entonces. Quiero decir que es un escándalo porque demuestra que El Mundo no duda en manipular, o tiene graves problemas de memoria, o no se entera de nada. Y lo es porque, tras el envoltorio de alharacas y aspaventeras declamaciones, la esencia de las sucesivas noticias en la materia no hace sino reciclar algo que ya se sabía desde el primer momento. Y se sabía, en particular, porque así lo habían expuesto precisamente los propios policías luego denigrados y porque así lo habían recogido… ¡los mismos periodistas olvidadizos! Es decir, que ni los primeros estaban ocultando nada escabroso, ni los segundos realizando hallazgos novedosos.

Y demostrarlo es tan fácil que produce sonrojo tener que escribir un nuevo libro de viajes por la hemeroteca.

Cuando no se puede, no se puede

Recordemos que en la primera rueda de prensa de Ángel Acebes del 11 de marzo de 2004, alrededor de las 13:30 horas, el entonces Ministro del Interior señaló que “el tipo de explosivo está siendo analizado en estos momentos”. En efecto, ya se ha explicado detalladamente en anteriores entregas que los primeros resultados de los análisis de los focos de explosión de los trenes no se obtuvieron por parte de los Tedax hasta las 14 horas, aproximadamente, de ese día.

En su segunda comparecencia, poco después de las 20 horas del mismo 11 de marzo de 2004, el Ministro, a preguntas de los periodistas, dio una información que no podía sino proceder de las oportunas fuentes policiales (es decir, los artificieros) (Dictamen final de la Comisión de Investigación, p. 76):

Y después de analizar los restos también con muchas dificultades y por tanto hay que tener siempre mucha prudencia y mucha cautela, dado que todos los explosivos se han producido la explosión del mismo y no hay restos completos, sino todos después de la explosión, pero es dinamita y por tanto la habitual de la organización terrorista ETA.

[Nota: Conviene aclarar que, pese a lo que podría deducirse de una rápida lectura de la frase “pero es dinamita y por tanto la habitual de la organización terrorista ETA”, Acebes no estaba diciendo que se hubiera descubierto Titadyn. Esto se hace más evidente leyendo el segundo pasaje citado en el texto principal (y atendiendo a las posteriores explicaciones de Acebes en la Comisión de Investigación). Lo que el ministro estaba aduciendo (de manera ciertamente confusa) es que se trataba de dinamita y la dinamita era el explosivo que habitualmente utilizaba ETA.]

O sea, hay dificultades al analizar los explosivos, ya que no quedan restos completos, pero se puede decir que es una genérica “dinamita”. Por si hubiera alguna duda, poco después otro periodista interroga al Ministro sobre la “marca de la dinamita”. Respuesta del titular de Interior:

No. Se sabe que es dinamita. No conocemos en este momento todavía la marca por las dificultades que les decía antes. Todas, se ha producido la explosión y, por tanto, no hay restos, sólo restos de después de producirse la explosión de la misma y eso dificulta mucho para conocer cuál era la marca, pero lo que sí que sabemos es que es dinamita.

No hay restos enteros, sólo restos post-explosión, con lo que no se sabe la marca. Es obvio que, ya el mismo día 11 de marzo de 2004, el entonces Ministro del Interior estaba comunicando lo que a él le habían transmitido los Tedax y que coincidía con el mensaje que luego quedaría típicamente asociado a la versión oficial. Desde el primer momento. Y nadie protestaba.

El siguiente hito documental es el propio informe escrito sobre los análisis de los focos de explosión, de sobra conocido, que se adjuntó como anexo de un informe más amplio de los Tedax, con fecha de salida 27.4.2004. Recordemos una vez más su último punto:

Que es técnicamente imposible, asignar el nombre comercial a Dinamitas que han sufrido reacción explosiva, ya que en ella[s] desaparecen determinados componentes, que son los que hacen posible tal designación.

Lo cual recoge por escrito la misma explicación que obviamente se había dado al Ministro del Interior el propio día de la masacre. Esta explicación se complementa perfectamente con otro informe de igual autoría y muy semejante factura. En efecto, en el Tomo 56 del sumario, folios 17.027 y ss., se incluye un “Informe Pericial sobre la relación y similitudes de los vestigios, elementos y sustancias, encontrados en varios de los escenarios relacionados con los atentados del 11 de marzo”, realizado por los Tedax, con el visto bueno de Sánchez Manzano y fecha de 11 de junio de 2004. El Anexo I de ese Informe (folios 17.063 a 17.066) contiene a su vez un “Informe sobre similitudes de las sustancias encontradas en Chinchón, furgoneta Renault Kangoo, bolsa de la estación de El Pozo, vía del AVE y piso de la C/ Carmen Martín Gaite, nº 40”, firmado precisamente por la perito 17.632. De hecho, nos hallamos ante un documento análogo al informe sobre los focos de explosión de los trenes. Los dos son anexos sin fechar de otros informes más amplios y en ellos actúa en solitario como analista la perito 17.632. Sin embargo, mientras que el de los focos ha recibido una asfixiante atención por parte de los investigadores, el estudio “sobre similitudes de las sustancias…” ha pasado bastante desapercibido. En cualquier caso, dicho informe completa cabalmente la exposición de la postura técnica de su autora. Concretamente, en su último punto (número 6), enuncia:

Por todo lo descrito y con relación al explosivo presente en los incidentes objeto de este informe, puede concretarse, que se trata en todos los casos de Explosivos Tipo Dinamita.

Se significa que cuando se cuenta con sustancia no explosionada, es factible la identificación completa, por lo que puede decirse en estos casos concretos, que se trata del explosivo Tipo Dinamita, etiquetada comercialmente como Dinamita Goma 2 ECO, fabricada por Unión Explosivos – Ensign Bickford  (antes Unión Española de Explosivos).

O sea: si no hay sustancia entera, no se puede ir más allá de una determinación genérica del explosivo (en este caso, dinamita); cuando hay sustancia entera, la identificación de la marca es factible.

¿Alguien se enteró de todo esto? Naturalmente que sí. En su libro “11-M. La Venganza”, publicado en septiembre de 2004, García Abadillo demuestra que conoce las explicaciones oficiales y las asume sin recelo. Así, en las páginas 51 y 52 del libro, su autor da cuenta de la antes referida comparecencia de Acebes ante los medios, en la tarde del 11 de marzo de 2004:

Cuando un periodista le preguntó por el tipo de explosivo utilizado, dijo: «Se sabe que es dinamita. No conocemos aún la marca por las dificultades a las que antes me he referido

Dificultades que, como se ha visto, no eran otras que la ausencia de restos sin explotar. Pero el conocimiento (y reconocimiento) de esa ausencia de restos intactos que permitieran determinar la marca no acaba ahí. En diversos pasajes de su libro de 2004, García Abadillo relata como un hecho confirmado (y pacífico) que los Tedax no pudieron hallar ningún vestigio de los artefactos. Así, en la página 61:

El Tedax de la Unidad Central trató […] de desactivar la bomba, que había sido encontrada a las 8.30 de la mañana en uno de los vagones del tren siniestrado en la estación de Atocha. Para conseguirlo utilizó el procedimiento que los expertos llaman «carga hiperpotente». […] Ese sistema (un invento de los Tedax españoles que ahora utilizan todas las policías del mundo) es bastante efectivo. Pero en ocasiones provoca por simpatía el estallido de la bomba que trata de desactivar. […] Eso fue lo que sucedió con la bomba de Atocha: al aplicarle la carga hiperpotente hizo explosión y no quedó ni rastro.

En la página 62:

La bomba de El Pozo se trató de desactivar por el mismo sistema que la de Atocha (aplicándole una carga hiperpotente), pero se logró el mismo resultado: la bomba hizo explosión sin que pudieran encontrarse restos del artefacto.

Y 63:

Uno de los vagones del tren situado en el andén número dos [de Atocha] había sido retirado y [los Tedax] tenían que acudir allí para mirar en el socavón que había producido una de las explosiones (las bombas casis siempre dejan alguna huella en la parte inferior de la detonación).

La búsqueda fue en vano. No había ni la más mínima brizna de explosivo. […]

Caramba, y no pasaba nada. Ningún policía soplón se puso rápidamente en contacto con El Mundo para sacar a su vicedirector del engaño; ningún periodista de investigación se echó las manos a la cabeza con suspicaz incredulidad. Ningún experto alertaba al diario… Nada. Eran tiempos en los que García Abadillo parecía ver los agujeros negros como la deriva exótica de algún vecino de redacción: “vaya por delante que no soy partidario de la teoría conspirativa doméstica en los atentados del 11-M” (CGA, EM, 12.7.2004).

En cualquier caso, antes de la publicación de “La Venganza” ya se habían producido otros episodios muy interesantes. En particular, la comparecencia de Sánchez Manzano ante la Comisión de Investigación del 11-M (7 de julio de 2004). En ella, el entonces Jefe de los Tedax expuso la postura oficial de forma inequívoca. En la página 5 del correspondiente diario de sesiones:

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): Después de una explosión es imposible poder saber ni siquiera qué tipo de explosivo es.

Lo cual es una exagerada imprecisión que enseguida corregiría (lo que no se sabe es la marca, el tipo sí), pero que no afecta a la esencia de mi argumento. De este modo, en la página 7, continúa la explicación, recabada personalmente por el representante del Grupo Popular, Jaime Ignacio del Burgo, nada menos:

El señor DEL BURGO TAJADURA: Vale. ¿Si ustedes no hubieran contado con los explosivos que desactiva el TEDAX en la madrugada del 11 al 12, hubieran podido verificar con exactitud sobre las muestras obtenidas en el lugar de los atentados qué tipo de dinamita o qué tipo de explosivo, de dinamita por lo menos, se había utilizado o eso es muy difícil?

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): Ya le he dicho que es imposible del resto de una explosión obtener qué clase comercial de dinamita se ha utilizado. Solamente se puede conocer que es dinamita.

Y el interrogatorio continúa (página 20):

El señor DEL BURGO TAJADURA: Mi pregunta es: ¿ustedes cuándo determinaron, de las muestras obtenidas en el lugar de los atentados, que era Goma 2?

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): Eso nunca lo hemos determinado.

El señor DEL BURGO TAJADURA: Es decir, que si no llega a ser por esa decimotercera mochila, lo único que sabemos es que es dinamita, pero no sabemos el tipo de dinamita.

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): No sabemos el tipo de dinamita. Lo hubiéramos sabido con los restos del cartucho que se encuentran en la furgoneta.

El señor DEL BURGO TAJADURA: Ah, después.

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): Pero en la furgoneta.

El señor DEL BURGO TAJADURA: En la furgoneta, tampoco en el lugar de los atentados.

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): Tampoco en el lugar de los atentados.

El señor DEL BURGO TAJADURA: Es decir, que en este momento tampoco se puede decir, ni afirmar ni negar, que lo utilizado en las mochilas que explotan es Goma 2.

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): No.

El Sr. Del Burgo se enteró perfectamente. Tanto es así, que, esa misma tarde, interrogando al ex Comisario General de Información (Jesús de la Morena), el diputado navarro señaló (p. 81):

[E]l jefe de los TEDAX, que ha estado esta mañana, nos ha dicho que si hubieran explotado todas las mochilas era imposible saber si era Titadyne, Goma 2 o cualquier otro tipo de dinamita. Es decir, que no se sabría más que, que es dinamita, pero si todo ha explotado, es imposible saber el tipo de dinamita. Si es así, en este momento estamos sin saber qué tipo de explosivo realmente explotó en las mochilas o donde fuera que produjera el atentado. Ya sabemos que en una mochila aparecida en una comisaría de Vallecas en la madrugada del 11 al 12 había Goma 2, estaba el teléfono móvil, etcétera. Pero lo que no sabemos al día de hoy, al menos por lo que nos ha dicho el jefe de los TEDAX, es si realmente lo que explotó en los trenes era dinamita Titadyne o dinamita Goma 2.

¡Al día de hoy! O sea, en julio de 2004, en la Comisión, Sánchez Manzano reiteró una y otra vez que la Goma 2 ECO sólo se pudo determinar en los casos en que se recuperó sustancia intacta, mientras que a partir de los restos post-explosión únicamente podía decirse que había sido dinamita. Lógicamente, esto significa que la versión oficial del uso de Goma 2 ECO en los trenes ya era entonces nada más (y nada menos) que una razonable deducción policial y/o judical, que, para colmo, ni siquiera esgrimió el propio Sánchez Manzano. Y no sólo el representante del Grupo Popular se dio por enterado. Al día siguiente de esa comparecencia, Victoria Prego, que no es precisamente la chica que sirve el café en El Mundo, publicó un revelador artículo (“Dos certezas y un desencuentro infinito”):

Ahora no solamente sabemos, gracias al jefe de los Tedax, que después de una explosión es imposible saber de qué clase de material se trata, sino que, cuando fue posible saberlo, casi 24 horas después, no era el que se había dicho oficialmente.

Si “ahora”, es decir, entonces (en julio de 2004), ya se sabía, no es posible que en un posterior “ahora”, es decir, en julio de 2006 (y más tarde: ya hemos visto, por ejemplo, lo que Victoria Prego escribió el 15.7.2007), todo esto sea tanto un descubrimiento periodístico como una trabajada confesión policial. ¿Cómo pueden aducirse el 23.7.2006 un “ahora resulta” y un “ya sólo queda” para denunciar “el estado ruinoso en que ha quedado el sumario del 11-M tras la confesión de los teóricos máximos expertos de que ignoran lo que estalló en los trenes”? ¿Cómo puede deplorarse con aspavientos “ahora”, es decir, a 30.7.2006, “la trascendencia y gravedad que tiene el que el jefe de los Tedax acabe de declarar al juez que nunca se podrá saber cuál fue el explosivo que estalló en los trenes”?

Se puede cuando uno dirige El Mundo. Recuérdese que en aquel verano de 2006, con portadas cargadas de nitroglicerina, Pedro J. Ramírez presumía del “meticuloso trabajo de Casimiro García-Abadillo basado en el cotejo de las actas parlamentarias” (EM, 16.7.2006). Y el propio aludido, con desfachatez habitual, reprochaba que “en Interior no se tomaron la molestia de leer la declaración completa de Sánchez Manzano ante el Congreso” (17.7.2006). No como él, claro.

Más papeles

Vuelvo a adelantarme. Retrocedamos nuevamente en el tiempo para seguir el rastro cronológico de la versión oficial en este asunto de la marca del explosivo de los trenes.

El 15 de febrero de 2005, el juez Del Olmo dictó un auto que acordaba un nuevo levantamiento parcial del secreto del sumario. Al día siguiente, El Mundo hizo referencia a su contenido. En lo que ahora nos concierne, un suelto editorial hacía esta breve alusión:

El magistrado, que ha levantado parcialmente el secreto del sumario, reconoce que a estas alturas sigue sin saber a ciencia cierta qué tipo de explosivo destrozó los trenes, puesto que sólo se ha podido determinar «la presencia genérica de dinamita».

En efecto, “la presencia genérica de dinamita” se recoge en dos pasajes del antedicho auto del juez instructor, concretamente en sus páginas 20 y 21. Pero leer ese auto, en realidad, era como leer un documento de los Tedax, pues el juez Del Olmo (y así lo indica claramente en su texto), no hacía sino reproducir literalmente un informe de dicha Unidad policial. Ese informe era precisamente el “Informe Pericial sobre la relación y similitudes de los vestigios, elementos y sustancias, encontrados en varios de los escenarios relacionados con los atentados del 11 de marzo”, realizado por los Tedax, con el visto bueno de Sánchez Manzano y fecha de 11 de junio de 2004 (Tomo 56 del sumario, folios 17.027 y ss.), informe que he citado anteriormente.

Pues bien, en la página 31 del informe original (p. 20 del auto y folio 17058 del sumario), aparece este párrafo, de pésima redacción, aunque su sentido puede apreciarse sin excesiva dificultad:

En cualquier caso, salvo en los restos de las explosiones de los trenes, y en el registro de la finca de Chinchón, donde las analíticas efectuada a las muestras recogidas y a las paredes de poliespan del zulo que allí se encontró, respectivamente, solo se pudo determinar la presencia genérica de dinamita. En el resto de los casos, el explosivo utilizado se identificó, específicamente, como dinamita GOMA 2 ECO. Extremo éste, que además se confirmó con la recuperación en el piso de Leganés de numerosos envoltorios y bolsas de transporte de ese producto en concreto.

Y en la página 34 del informe (p. 21 del auto y folio 17061 del sumario), en el apartado de “Conclusiones”:

2. Igualmente en todos los casos el explosivo recuperado ha sido dinamita GOMA 2 ECO, salvo en el registro de la finca de Chinchón, donde las analíticas realizadas a las muestras recogidas al efecto, solo pudieron determinar la presencia genérica de dinamita.

[Es lógico que en las conclusiones no hable ya de los focos de los trenes, porque el informe tiene por objeto el “Estudio de los elementos encontrados en los siguientes escenarios: furgoneta de Alcalá de Henares, artefacto desactivado en el Parque Azorín de Madrid, Registro de la Finca de Chinchón, artefacto neutralizado en las vías del AVE, C/ Carmen Martín Gaite, nº 40, de Leganés” (véase su índice)].

Tenemos, por tanto, la explicación de siempre: la sustancia entera recuperada en los escenarios de que se trata es Goma 2 ECO. En cuanto a los casos en los que no se recuperó sustancia entera (focos de los trenes y paneles de poliespan del zulo hallado en la casa de Chinchón), a partir de las analíticas (tanto de los Tedax –caso de los focos de los trenes–, como la de la Policía Científica –paneles del zulo–) sólo se pudo determinar “la presencia genérica de dinamita”.

Tan poco escandaloso debió parecerle entonces a El Mundo, que esa indeterminación de la marca del explosivo de los trenes ni siquiera se desarrolla en las páginas interiores. Nada.

Apenas un mes más tarde, Fernando Múgica es perfectamente consciente de la información oficial y la comenta en su agujero negro XIII (8.3.2005), que ya referí en mi entrega 42. Esta vez el matiz es desaprobatorio, pero, como ya señalé en su día, las objeciones estaban aún en la línea de poner en duda que hubiera explotado dinamita, fuera de la marca que fuera, y sugerir en cambio que se había empleado algún explosivo militar, todo ello sobre la endeble base de una conocida declaración de Cáceres Vadillo en cuyo examen los discrepantes de la versión oficial siempre han demostrado graves problemas de comprensión lectora. Lo que el periodista no cuestionaba era la imposibilidad técnica de fijar la marca a partir de restos post-explosión. Múgica, además, ya era consciente de que la conclusión de la Goma 2 ECO era una deducción (la misma que más tarde imputarían falsamente a Sánchez Manzano). Recordémoslo:

Los peritos del sumario ni siquiera consiguen determinar el tipo de dinamita que explosionó en los trenes. […] Hasta ahora, se han manejado dos verdades absolutas que se consideran indiscutibles: las bombas que explosionaron en los trenes estaban fabricadas con Goma 2 y la dinamita utilizada salió de Mina Conchita, en Asturias. […] [L]as dos afirmaciones se sostienen con pruebas meramente deductivas.

En las propias conclusiones policiales se lee con absoluta claridad: «No se puede afirmar el tipo de dinamita que explosionó en los trenes». Los componentes encontrados no son suficientes como para confirmar que fuera Goma 2. En definitiva, a pesar de la desenfrenada polémica que ello suscitó, un año más tarde de los atentados no puede concretarse el tipo de dinamita que provocó la matanza. […] [S]eguir la pista de la Goma 2 sólo puede conducir a la dinamita que no explosionó […].

Como simple detalle, no está de más indicar que esa cita entrecomillada (“no se puede afirmar el tipo de dinamita…”) que Múgica atribuye a unas conclusiones policiales, en realidad no aparece literalmente en ninguna parte del sumario. Por desgracia, esta inventiva no es infrecuente en el autor. En cualquier caso, Múgica conoce perfectamente la disparidad de resultados analíticos de la documentación oficial en función de que se trate de escenarios en los que se ha recuperado sustancia entera o no. Así lo escribe en el citado artículo:

Si los análisis hechos con los restos de los artefactos explosionados no pueden determinar el tipo de dinamita que se utilizó en la masacre, lo mismo sucede con los mínimos restos de material explosivo encontrado en las paredes de polispán del zulo encontrado en la casa de Morata de Tajuña […].

Como ya hemos señalado, se ha conseguido certificar la presencia de Goma 2 en los mínimos restos de explosivo hallados en una furgoneta en las inmediaciones de la estación de Alcalá de Henares, en la mochila que no explosionó en las vías del AVE Madrid-Sevilla en el término municipal de Mocejón (Toledo) –20 kilos–, en la mochila que se encontró en la Comisaría de Vallecas –10 kilos– en la madrugada del 12 de marzo y en los restos recogidos de entre los escombros del piso de Leganés, donde murieron siete de los presuntos autores de los atentados.

Y esto lo sabía y consignaba el autor de los agujeros negros apenas un año después de la masacre.

De unos meses más tarde data otro documento que recopila y resume el resultado de la investigación policial en materia de explosivos. Me refiero al informe conjunto de Tedax de la Guardia Civil y de la Policía de 24 de junio de 2005, contenido en el tomo 145 del sumario y al que ya he aludido en anteriores entregas. Dicho estudio pericial adjunta en uno de sus anexos el informe sobre los focos de explosión elaborado por la agente 17.632, en el que, insistimos, se especifica que es imposible técnicamente determinar la marca comercial de una dinamita que ha explotado. El propio informe conjunto, en su página 81 (folio 53884 del sumario), presenta un excelente resumen de la versión oficial en lo que atañe a los resultados analíticos según se hubiera recuperado o no sustancia entera. De este modo, la conclusión es una genérica “dinamita” cuando no hay explosivo intacto y “Goma 2 ECO” cuando se cuenta con restos de explosivo entero. Es decir, lo mismo de siempre.

Otro texto que ya cité también en mi entrega 42 viene al caso en mi presente exposición. Se trata de un artículo de 1.8.2005 con dos firmas de primer nivel: Fernando Lázaro y Antonio Rubio. Haciendo referencia a un escrito de Sánchez Manzano de abril de 2005 que, a su vez, se remitía, entre otros, al informe sobre los focos de explosión de los trenes, los periodistas señalaban que los “técnicos no precisan si la dinamita que estalló en los trenes era Goma 2” y añade que “sí lo pueden precisar sobre el explosivo utilizado […] en Leganés, ya que allí se encontraron algunos cartuchos sin detonar”.

De nuevo, la diferencia fundamental entre encontrar o no restos sin explotar. Y aquí la recogían ya estos autores. Sin ninguna suspicacia, por lo demás.

Cabe subrayar, por cierto, que para entonces El Mundo se había hecho recientemente con una copia de los primeros 141 tomos del sumario sobre los que el juez Del Olmo había levantado el secreto, lo que motivó un sonado encontronazo entre el instructor y el diario (véanse ediciones de 29.7.2005 y 30.7.2005; y artículo de J. I. del Burgo de 14.9.2005).

Y llega el auto del instructor

Así podemos avanzar hasta el momento en que el juez Del Olmo dicta su auto de procesamiento, de fecha 10.4.2006, aunque se hizo público al día siguiente. En lo que ahora nos concierne, interesa destacar que uno de los defectos que se le han achacado a esta resolución es el de ser “un refrito de informes policiales colocados uno detrás de otro” (EM, editorial 12.4.2006). En efecto, el auto recoge con amplitud la literalidad de prácticamente todos los informes sobre explosivos que aquí he referido, lo que significa que la explicación oficial sobre los análisis en esta materia estaba a la vista de cualquiera.

Concretamente, en su página 119 puede leerse el apartado 6 del informe sobre los focos de explosión de los trenes, en el que la perito 17.632 aclara que es imposible técnicamente “signar el nombre comercial a Dinamitas que han sufrido reacción explosiva”. También se reproduce la literalidad del “Informe Pericial sobre la relación y similitudes de los vestigios, elementos y sustancias, encontrados en varios de los escenarios relacionados con los atentados del 11 de marzo”, de 11 de junio de 2004, incluyendo sus referencias a la “presencia genérica de dinamita” en los restos de explosiones de los trenes y en el zulo de la finca de Chinchón, y de Goma 2 ECO en los demás casos en los que se había analizado “el explosivo recuperado”, es decir, en los escenarios donde se había obtenido sustancia entera (véanse las páginas 139 y 140 del auto). Por último, el auto de procesamiento también reproduce el informe conjunto de los Tedax de la Guardia Civil y de la Policía, con su más amplia exposición de la postura oficial en materia de análisis de explosivos, como ya he mostrado (véase la página 102 del auto).

Allí estaba todo, pues, negro sobre blanco, para cualquier investigador dispuesto a expurgar la documentación pertinente, como se supone que hicieron los refractarios a la versión oficial. Y es que El Mundo fue muy crítico con dicho auto en un largo editorial de 12.4.2006 y en otro más breve del día 13, pero tampoco entonces tenía nada que objetar a ese criterio técnico que basaba la posibilidad de determinar marca comercial del explosivo en que se hubiera recuperado o no sustancia entera. Y no es porque no hubiera vuelto a tener noticia de ello, o se le hubiera escapado el detalle, ni mucho menos. De hecho, en su extenso resumen del contenido del auto (edición de 12.4.2006), El Mundo recoge explícitamente todo el asunto de los explosivos.

Concretamente, en su apartado 4, resume los hallazgos del informe conjunto de los Tedax de la Guardia Civil y de la Policía, de 24 de junio de 2005. En los focos de explosión, sólo se determinó “dinamita”. En cambio, como resalta uno de los textos extractados: “La composición de la sustancia explosiva era la misma en el piso de Leganés, en la ‘mochila de Vallecas’ y en el artefacto encontrado en la línea del AVE Madrid-Sevilla, y en todos los casos se trataba de Goma 2 Eco.” Es decir, en todos los casos en los que se había recuperado sustancia entera, aunque esto no se expresara con tales palabras. El artículo de resumen también recoge la referencia del informe “sobre la relación y similitudes de los vestigios, elementos y sustancias, encontrados en varios de los escenarios relacionados con los atentados del 11 de marzo”, de 11.6.2004, a la “presencia genérica de dinamita” en el caso “de la finca de Chinchón [Morata]”.

En sus glosas del auto de procesamiento de los días 12 de abril y 16 de abril, Luis del Pino recoge desde el mismo título (“Del Olmo asesta un mazazo definitivo a la versión oficial” y “El declive de la versión oficial del 11-M”, respectivamente) la exótica tesis de que dicha resolución supone de algún modo un varapalo para la versión oficial. Aunque en el segundo texto el autor expresa sus dudas sobre la utilización de Goma 2 en los trenes, en ambos sigue aferrado a la posibilidad de que se hubiera empleado explosivo militar, sobre la base de la tantas veces malinterpretada declaración sumarial de Cáceres Vadillo. Pero nada tiene que decir sobre la postura técnica de los artificieros según la cual no es posible determinar la marca de dinamitas explosionadas, postura que, como no he dejado de reiterar, se recogía explícitamente en ese mismo auto de procesamiento que se supone que los sedicentes especialistas, él incluido, estaban escrutando con detalle.

El 17 de abril de 2006, los comentarios sobre el auto de procesamiento corren a cargo de Jaime Ignacio del Burgo. Puesto que él mismo fue quien dirigió el interrogatorio a Sánchez Manzano en la Comisión de Investigación que he reproducido anteriormente, es natural que no encuentre apenas nada prodigioso (ni novedoso) digno de reseña en la descripción técnica contenida en los documentos policiales que recoge el auto. Al fin y al cabo, él ya había oído en directo casi dos años antes aquello de que no se podía determinar la marca de una dinamita explosionada, etc., etc. Lo que resulta menos comprensible es su falta de atención al texto que critica y la incuria con la que se expresa:

[E]el auto no aclara […] por qué los agentes de desactivación informaron de que podía tratarse de una dinamita  militar [¡sic!], ni por qué se resignó a no ordenar la realización de una simulación para determinar los efectos de los distintos tipos de explosivos.

Para lo primero (por qué algunos Tedax hablaron de explosivo militar), bastaba con leerse la misma declaración en la que tan distraídamente han basado todos los dudantes esta contumaz suspicacia. No es difícil: aparece en la página página 53 del auto. Por su parte, lo segundo (por qué no se estimó necesario realizar esas pruebas con explosivos) se explica en la página 100 del auto.

En resumen, él también estaba pendiente de no se sabe qué explosivo militar y seguía considerando que la forma de salir de dudas era realizar una pericial consistente, no en nuevos análisis químicos, sino en la simulación o reproducción de explosiones con diferentes tipos de material en vagones reales, conforme a lo expresado por comentaristas más pertinaces. En cualquier caso, en un pasaje que muestra reminiscencias de sus reflexiones durante la lejana Comisión de Investigación, este diputado añade:

[C]asi todo se sustenta en suposiciones o deducciones, no en pruebas concluyentes. Se supone que en el atentado se utilizó la Goma 2 de los asturianos.

Caramba, la Goma 2 en los trenes como una deducción. ¡Y no es la laboriosa confesión de un Sánchez Manzano acorralado! Normal, el Sr. Del Burgo estaba reproduciendo más o menos el razonamiento contenido en su libro de marzo de 2006: “11-M. Demasiadas preguntas sin respuesta”. Mi ejemplar es de la tercera edición, de mayo de ese año, es decir, sólo dos meses antes de que el nuevo torrente de portadas a cuenta de la nitroglicerina trastocara el orden natural de las cosas. En las páginas 110 y 111 del referido libro, el político navarro demostraba que aún recordaba las explicaciones oficiales de toda la vida. En definitiva, que algunas deducciones no son de ahora, ni de mañana:

Se sabe que en la mochila decimotercera encontrada en la comisaría de Vallecas los cartuchos de dinamita eran de la marca comercial Goma-2 Eco, de fabricación española. La policía informó al juez Del Olmo que en la furgoneta de Alcalá de Henares, el culote de dinamita encontrado era también de Goma-2 Eco. De ambos hechos, la policía deduce que en las diez mochilas que hicieron explosión en los trenes y las dos que fueron objeto de explosión controlada por los TEDAX contendrían la Goma-2 Eco vendida por Suárez Trashorras al Chino.

En suma, este amplio recorrido nos muestra que las explicaciones oficiales habían sido conocidas y reconocidas por los investigadores desde tiempo atrás, en la mayoría de los casos incluso de forma acrítica. Por lo demás, los posibles recelos que ocasionalmente aparecen se refieren siempre al huidizo explosivo militar y la solución pericial propuesta no pasa entonces por nuevos análisis químicos.

(Continuará)

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