Titadyn, el eterno retorno (LII) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (LII) por Rasmo

(Continúa de la entrada anterior)

Como ya sabemos, julio de 2006 es cuando empieza de verdad la fiesta del despilfarro interpretativo. Un revisionismo con la fusta de la sospecha marcando paso de carga. Algunos deciden entonces que hay que olvidar cuanto se había leído y escrito, para hacer arrebatada ostentación de tremebundas novedades, en realidad marchitas. Y así resulta que hay quien empieza a impostar maravilla ante la revelación y engalanarse correlativamente de ultraje ante la confesión de que ¡no puede saberse la marca concreta de lo que explotó en los trenes! Después del repaso documental que acabo de exponer, todo esto queda más o menos al mismo nivel de novedad que la invención de la sopa de ajo la semana que viene. El auténtico escándalo es la interesada ofuscación o la acongojante desmemoria de quienes venden como alarmantes hallazgos las supuestas admisiones de Sánchez Manzano y la perito 17.632 ante el juez Del Olmo, efectuadas a raíz del (verdaderamente) insignificante lapsus de la nitroglicerina.

La química de los Tedax compareció ante el juez instructor el 18 de julio de 2006. Los críticos están empeñados en entender que el Sr. Del Olmo le preguntó por los componentes concretos hallados en sus análisis de los focos y que ella se fue por las ramas y luego cambió su versión en el juicio… La historia es conocida. En mi entrega 44 acredité, sin embargo, que a la testigo se le preguntó por “sustancias” específicas, no “componentes”, y que lógicamente ella interpretó la pregunta en el sentido de por qué no daba el nombre de un explosivo concreto, es decir, de una marca de dinamita específica. Creo que la prolija discusión que aquí antecede refuerza ahora esa interpretación, al situar la respuesta de la perito plenamente en el contexto de las explicaciones que ella misma en particular y la Policía en general habían ofrecido continuamente en la materia:

[…] [E]n atención a la muestra analizada, a las posibles interferencias, desaparición de productos por la propia reacción explosiva y otros factores que en cada caso pueden concurrir, por su experiencia y por las pruebas que ha realizado a lo largo de estos años, solo se puede fijar el tipo de explosivo (dinamita).

Es lo que se había dicho siempre, desde el primer momento: en los restos explosionados no se le puede poner marca al explosivo, sólo el tipo genérico, si acaso.

Y esto es lo que El Mundo y compañía recibieron con agitación de exclusiva primeriza. Produce hastío volver a revisar esos “ahora resulta”, “acaba de declarar” y, en definitiva, las declamaciones sobre el “estado ruinoso en que ha quedado el sumario del 11-M tras la confesión de los teóricos máximos expertos de que ignoran lo que estalló en los trenes” (PJ, EM, 23.7.2006).

Cabe recordar que el vicedirector de El Mundo y luego coautor de “Titadyn” había escrito en su libro de septiembre de 2004 (“11-M. La Venganza”), sin la menor sombra de suspicacia, que las bombas de los trenes no habían dejado ni rastro de explosivo. Pero eso era antes de las portadas a todo trapo y metiendo mucho ruido a cuenta de los análisis de los focos. García Abadillo todavía nos tiene que explicar por qué lo que era perfectamente normal en 2004 se convierte en inverosímil a partir del verano de 2006. Así, en la edición de El Mundo de 1.9.2006, resumiendo “el estado de la cuestión”:

Dos años y medio después de la masacre no se sabe lo que explotó en los trenes […]. El comisario Sánchez Manzano y la química de los Tedax han declarado al juez que es imposible determinar el tipo exacto de explosivos porque no quedaron restos suficientes. […] Todos los expertos consideran inverosímil […] [q]ue en 12 explosiones no se encontrara ningún resto de cierta envergadura.

Que es, casi verbatim, lo mismo que El Mundo publica el 11.2.2007.

¿Dónde estaban “todos los expertos” consultados por El Mundo en 2004? Un poco de paciencia: lo mejor conviene reservarlo para el final. Repetiré, no obstante, lo que ya comenté en anteriores entregas, en el sentido de que los expertos de 2006 (y obviando las posibles objeciones a su condición de tales) claramente estaban refiriéndose al análisis de restos de material explosivo intacto (para lo que bastaba, efectivamente, una muestra ínfima) y no al de meras impregnaciones. La confusión, sin embargo, se hace patente en estos y otros comentarios periodísticos ulteriores en los que, por otra parte, se atribuyen a Sánchez Manzano declaraciones que él nunca hizo.

Así, un editorial de 27.9.2006, expone:

[…] Sánchez Manzano y la química de los Tedax declararon este mes de julio ante el juez Del Olmo que es imposible determinar qué estalló en los trenes porque no quedaron restos suficientes para analizar. Esta tesis resulta completamente inverosímil –los expertos dicen que basta una millonésima de gramo para determinar la composición de una sustancia– […].

Una Goma 2 sin acreditación

El antedicho editorial, titulado “No está demostrado que fuera Goma 2 lo que estalló el 11-M”, estaba comentando una noticia del día anterior (EM, 26.9.2006), según la cual “La Sección Cuarta de la Audiencia considera ‘acreditado’ que en los trenes estalló Goma 2 ECO”. Y esta noticia tiene sus propios antecedentes.

A los efectos de la discusión que nos ocupa, esta historia es muy aleccionadora y merece detenida reseña. Para abordarla, conviene no perder de vista ni un momento el trasfondo que no he dejado de reiterar con insistencia: las explicaciones oficiales (y policiales) expuestas una y otra vez desde el primer día (los análisis químicos por sí solos no pueden identificar el explosivo de los trenes), conocidas y reproducidas por los medios discrepantes (que dice la Policía que no se puede identificar el explosivo de los trenes), y que, sin embargo, a partir de julio de 2006, son erradicadas como por ensalmo de la memoria periodística y transformadas en escandalosas novedades ( ¡¿Cómo?! ¡¿Que acaban de confesar que no se sabe lo que explotó en los trenes?! ¡Esto se hunde!).

En efecto, desde mediados de julio de 2006, El Mundo llevaba semanas caldeando el ambiente con su disfraz de explorador jugando a descubrir nuevos mares en una carta del Mediterráneo. Durante el mes de septiembre en particular, la temperatura alcanzó cotas de crematorio, pues el asunto estrella de los explosivos se aderezó con mochilas manipuladas, Golpes de Estado, el delirio del ácido bórico y demás novelas por entregas.

El columnista de El Mundo Martín Prieto, hizo por esas fechas (23.9.2006) una observación más inquietante y bastante menos lisonjera para el propio diario de lo que su autor acaso pretendía:

La larga investigación de EL MUNDO sobre las contradicciones y agujeros negros del sumario pueden provocar un juicio sin culpables porque el más lerdo letrado defensor se agarrará a las pruebas manipuladas por la propia Policía.

Ciertamente, no faltaron acusados que se agarraron a la “larga investigación de El Mundo” para intentar alegatos en beneficio propio. De hecho, el 19 de septiembre de 2006, se vieron en la Audiencia Nacional algunos de los recursos interpuestos por los procesados contra el auto de procesamiento dictado por el juez Del Olmo en abril de ese mismo año. Y, en efecto, el remozado discurso de la duda periodística en torno a lo que estalló de verdad en los trenes fue inmediatamente asumido por los defensores de Rafa Zouhier y de Basel Ghalyoun. Concretamente, las alegaciones del primero fueron las que motivaron un incidente que dio lugar al despectivo sobrenombre con el que a partir de entonces se motejó a la fiscal Olga Sánchez… Valeyá. Así lo contaba Manuel Marraco, desde la portada de El Mundo del día 20.9.2006:

La fiscal del 11-M reaccionó ayer airadamente a las dudas planteadas ante un tribunal de la Audiencia Nacional respecto a los explosivos del 11-M: «El explosivo es Goma 2 ECO; es lo que estalló en los trenes y en Leganés. Es un tipo de explosivo que no tiene nada que ver con Titadyn, cloratita, amosal… que no tiene nada que ver con ETA. ¡Ya vale!», espetó al abogado del confidente Rafá Zouhier.

Minutos antes, cuando defendía su recurso contra el auto de procesamiento, el letrado había considerado insuficientes los indicios contra el marroquí y, sobre todo, había puesto en duda  que se supiera con certeza lo que estalló en los trenes. «El tema de los explosivos está perfectamente identificado en el informe común elaborado por la Policía y la Guardia Civil», respondió la fiscal.

Como todo lo malo es susceptible de empeorar, a partir de aquí se produce un curioso desajuste entre la opinión del diario y la información que él mismo ofrece. En efecto, para rechazar la opinión de la fiscal, el editorial de ese día objeta:

La representante del Ministerio Público hace así caso omiso de las últimas declaraciones ante el juez del jefe de los Tedax alegando que es imposible determinar el tipo de dinamita que explotó en los atentados.

Bueno… y El Mundo hacía caso omiso de las primeras declaraciones del jefe de los Tedax. El editorialista estaba aduciendo otra vez la falacia de una supuesta novedad en las más recientes (“las últimas”) declaraciones de Sánchez Manzano, pero nosotros ya sabemos que siempre habían sido las mismas. Lo curioso es que Manuel Marraco también parecía saberlo, porque en las páginas interiores comenta:

La fiscal respondió con rotundidad al abogado [de Rafa Zouhier] Antonio Alberca que lo que estalló en los trenes era «Goma 2 ECO», una afirmación que contrasta con lo mantenido por los Tedax. Los expertos en explosivos concluyeron que «sólo cabe concluir que se trata de explosivos de tipo dinamita» y que resulta «imposible» determinar si es del tipo Goma 2 o de otro. Lo que sí se ha determinado como Goma 2 ECO es el explosivo encontrado en las vías del AVE, en Leganés y en la mochila de Vallecas.

Así que ahora volvemos a recordar “lo mantenido por los Tedax”. Pero, atención, no lo mantenido últimamente, sino lo siempre mantenido, de hecho, porque resulta que esa cita que esgrime el Sr. Marraco (“sólo cabe concluir que se trata de explosivos de tipo dinamita”) es precisamente la que se contiene en el apartado 5 de nuestro viejo conocido informe sobre los focos de explosión de los trenes, redactado por la perito 17.632 (con el visto bueno de Sánchez Manzano) y anexo al informe más amplio con fecha de salida 27.4.2004. Es decir, el primer informe escrito sobre la materia.

Cuando la malversación periodística se acompaña de inconsistencia (y en una misma edición), el resultado es poco lucido, pero no me entretendré en ello, porque quiero subrayar aspectos más relevantes.

El caso es que la Audiencia Nacional desestimó el 25.9.2006 todos los recursos de apelación de las partes contra el auto de procesamiento. En el auto desestimatorio de las pretensiones de Rafa Zouhier, el tribunal responde del siguiente modo a las dudas expuestas por el procesado respecto a “cuál sea el explosivo utilizado en las explosiones”:

[Esta] cuestión, además de ser igualmente contestada por el Ministerio Fiscal, figura perfectamente acreditada en los dos autos recurridos, la sustancia explosiva utilizada provenía de Mina Conchita y respondía a la denominación de Goma 2 Eco.

Lo cual dio pie a la información de Manuel Marraco en El Mundo del día siguiente (EM, 26.9.2006), a la que antes hice referencia. El periodista da cuenta de la noticia, añadiendo sus objeciones:

La Sección Cuarta de la Audiencia Nacional considera «perfectamente acreditado» que lo que estalló en los trenes de cercanías el día 11 de Marzo fue la dinamita Goma 2 ECO supuestamente robada en Asturias, pese a que los expertos en explosivos sostienen que resulta «imposible» asegurarlo.

[…]

La afirmación de la Sala contrasta con el contenido del informe conjunto elaborado por la Policía y la Guardia Civil a petición de Del Olmo, en el que el máximo responsable de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano, afirma que resulta «imposible» especificar qué tipo de dinamita estalló en los trenes: «Se significa que sobre las sustancias explosionadas, en los incidentes ocurridos en la mañana del 11 de marzo [...] sólo cabe concluir que se trata de explosivos tipo dinamita». El informe prosigue afirmando «que es técnicamente imposible, asignar el nombre comercial a dinamitas que han sufrido reacción explosiva, ya que en ella desaparecen determinados componentes, que son los que hacen posible tal designación».

El criterio del tribunal coincide con el expuesto por la fiscal Olga Sánchez el pasado martes, durante la vista por el recurso de Zouhier. […] Sánchez añadió que «el tema de los explosivos está perfectamente identificado en el informe común elaborado por la Policía y la Guardia Civil».

En realidad, lo que ese informe sí da por acreditado es que era Goma 2 ECO el explosivo encontrado en las vías del AVE, en el piso franco de Leganés y en la mochila de Vallecas. También en la furgoneta Renault Kangoo […].

Nos encontramos con el mismo patrón antes constatado. Recordemos que el editorial del día siguiente, (27.9.2006) aducía que “Sánchez Manzano y la química de los Tedax declararon este mes de julio ante el juez Del Olmo que es imposible determinar qué estalló en los trenes”. Recordemos igualmente que esta era la misma línea editorial escandalizada de los dos meses anteriores [“tras la confesión de los teóricos máximos expertos de que ignoran lo que estalló en los trenes” (Pedro J. Ramírez, EM, 23.7.2006)]. Pues bien, para afear la postura de la fiscalía, Manuel Marraco la contrasta con las conclusiones policiales que ya se han mencionado aquí repetidamente y que demuestran que no hay la menor novedad en el asunto. El periodista se remite al “informe conjunto elaborado por la Policía y la Guardia Civil”, de 24 de junio de 2005, lo cual es suficiente en sí mismo, pero en realidad lo que cita son pasajes literales del primer informe sobre los focos de explosión (con fecha de salida 27.4.2004), que se incluye como anexo de ese informe conjunto (el detalle es menor, pero uno se cansa de tener que lidiar también con la falta de rigor documental). Y son precisamente esos pasajes en los que la experta química señalaba (repito: desde el primer momento) la imposibilidad de fijar la marca de una dinamita que había hecho explosión.

Este comportamiento es decepcionante y al mismo tiempo demasiado común en el amplio ámbito de la información periodística en torno al 11-M. Podrían aducirse decenas de casos, todos ellos ajustados, con más o menos variantes, a la misma pauta: los críticos hacen una alegación A; más tarde, hacen una alegación B, para la cual esgrimen elementos que, de hecho, refutan A, pero los críticos ni se dan por enterados, porque ahora están en la fase B, están a otra cosa…

Así, en el presente caso, para criticar a los Tedax, se subraya su escandalosa (y nueva) confesión; luego, para impugnar la labor de la fiscal, se esgrimen documentos que demuestran que las manifestaciones de los Tedax no tienen nada de nuevas, ni de confesión. Y tan exigua parece la preocupación por la coherencia, que el desatino puede publicarse con un día de diferencia o incluso en el mismo número.

La Fiscalía dice ahora…

Por lo demás, entrando en el fondo de los artículos citados en último lugar, la verdad es que lo que sostenía la fiscal tampoco era sorprendente. Un químico puede (quizá debe) no ir en su informe más allá del resultado estrictamente científico de sus análisis o, en cualquier caso, habrá de limitarse a lo que es el objeto de su pericia y de lo que se le pide.

Pero precisamente corresponde a los demás estamentos e instancias desarrollar una conclusión razonable a partir del conjunto de elementos de la investigación. Por ello, cuando se concluye que es dinamita y las demás piezas de convicción ligadas a los individuos y escenarios relacionados con la masacre señalan concretamente a la Goma 2 ECO, entonces lógicamente, judicialmente, incluso policialmente, puede decirse que “el tema de los explosivos está perfectamente identificado”. Esto es también, en definitiva, lo que hace la Audiencia Nacional al rechazar el recurso de Zouhier. Lo que en esa fase concreta del procedimiento se requiere es que se presenten elementos (indicios racionales) que permitan “acreditar” ciertos hechos e imputaciones delictivas, que habrán de probarse cumplidamente más tarde, durante la fase de juicio. Así lo establece la Ley de Enjuiciamiento Criminal, al disponer en su artículo 384 que “Desde que resultare del sumario algún indicio racional de criminalidad contra determinada persona, se dictará auto declarándola procesada […].” Trabajar con “deducciones” no es, pues, un defecto, sino la cotidiana y necesaria actividad de los cuerpos de investigación, de los jueces y tribunales, en todas partes del mundo. Máxime cuando, como ocurre en este caso (según espero argumentar más adelante), en materia de explosivos que ya han estallado no se puede técnicamente hacer otra cosa más que deducir lo que pudiera haber.

Esa falta de comprensión mediática de los elementos del sumario y de la manera en que se integran es lo que lleva a noticias absurdas, por artificiosas, como la de 8.11.06, coincidiendo con la presentación del escrito de conclusiones provisionales de la fiscalía. Según la portada de El Mundo: “La fiscal del 11-M asume que es «imposible» saber qué dinamita explotó en los trenes”:

La Fiscalía de la Audiencia Nacional reconoce en su escrito de acusación que resulta «imposible» determinar qué tipo de explosivo estalló en los trenes y que sólo se puede hablar, de manera genérica, de algún tipo de dinamita.

El periodista (Manuel Marraco), reproduce un pasaje del escrito de la fiscalía (página 172) y observa a continuación que:

El criterio coincide casi textualmente con los informes periciales aportados al juez Juan del Olmo, pero supone un cambio respecto a lo mantenido el pasado mes de septiembre ante la Sección Cuarta de lo Penal por la fiscal del caso, Olga Sánchez. La representante del Ministerio Público llegó más lejos que los peritos en su respuesta a las dudas planteadas por la defensa de Rafá Zouhier en la vista contra el auto de procesamiento: «El tema de los explosivos está perfectamente identificado en el informe común elaborado por la Policía y la Guardia Civil [...] El explosivo es Goma 2 ECO; es lo que estalló en los trenes y en Leganés».

De hecho, la fiscal recogió literalmente el tantas veces aludido apartado del informe de los focos según el cual “es técnicamente imposible asignar el nombre comercial a Dinamitas que han sufrido reacción explosiva”. Por su parte, Marraco lleva más lejos su propio reconocimiento de que está al tanto de la trayectoria de esta postura oficial, al explicar que:

[El] informe conjunto elaborado por la Guardia Civil y la Policía sobre los explosivos del 11-M […] reunía como anexos todos los elaborados hasta la fecha. Uno de ellos, el suscrito por el todavía máximo responsable de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano, […] consideraba «imposible» determinar el tipo de dinamita empleado.

Dicho sea de paso, en esa misma edición, también Jiménez Losantos atiza a la fiscalía oponiéndole el “informe oficial”.

Pero se observa aquí lo que antes he comentado: como ahora están en la fase de dar leña a la fiscal, no les importa reconocer implícitamente la falacia de toda la barahúnda verdulera sobre los descubrimientos y confesiones en materia de análisis de explosivos: los Tedax siempre habían dicho lo mismo en sus informes. Toca denostar a Olga Sánchez, señalando que la supuesta admisión de ésta contradice de algún modo lo expresado por ella misma meses antes, sin importar que la documentación que aducen para ello les deje en evidencia. Lo mismo ocurrirá, por cierto, meses más tarde, cuando se impute falsamente a un Sánchez Manzano “acorralado” la confesión de que el uso de Goma 2 ECO en los trenes era una simple deducción. Aparte de que él no testificó tal cosa, lo cierto es que tampoco había novedad alguna en esa idea, como lo hasta aquí expuesto debería haber mostrado de sobra. Es más, ya que hablamos de las reacciones al escrito de la fiscalía de noviembre de 2006, cabe subrayar la apreciación que hacía el editorial de El Mundo de ese día 8.11.2006 a este respecto:

[L]a Fiscalía alega que es «imposible» establecer qué tipo de dinamita utilizaron los terroristas. Infiere que fue la Goma 2 robada en Asturias, pero asume que sólo se pudo determinar la existencia de «componentes de la dinamita» en los análisis químicos de la Policía.

La fiscalía “infiere”, o sea, deduce, que es Goma 2 ECO. Cuatro meses antes de que le atribuyeran (repito: falsamente) eso mismo a Sánchez Manzano.

De nuevo nos enfrentamos a la actitud típica de los conspiracionistas consistente en no integrar elementos, en buscar la interpretación disonante y aislada de cada pieza, para llegar entonces a un desconcertante “fulanito antes decía / ahora dice”, cuando no es tan difícil darse cuenta de que es posible atribuir a los destinatarios de sus reproches un discurso mínimamente coherente a lo largo del tiempo. Porque lo peor, reitero, volviendo al escrito de Olga Sánchez, es que no es necesariamente cierto que haya tal incompatibilidad entre señalar, por un lado, que el explosivo utilizado es Goma 2 ECO y que eso está claro, es decir, se deduce claramente, del conjunto de los elementos de prueba disponibles y, por otro lado, referir literalmente ese conjunto de elementos que sustentan la conclusión más lógica, incluyendo las manifestaciones de los Tedax en el sentido de que no es técnicamente posible asignar a una dinamita que ha hecho explosión una determinada marca comercial. Y esto no lo digo sólo yo. Por sorprendente que pueda parecer, esto es lo que decía El Mundo antes de entregarse a la astrología. Sí. Esto hay que saborearlo.

El Mundo decía entonces…

Antes (me) pregunté dónde estaban “todos los expertos” consultados por El Mundo en 2004 y me hice el interesante reservando una referencia para más tarde. Hela aquí. Advierto que no es una referencia menor. Como indica el propio García Abadillo en el Prólogo de “Titadyn” (p. 22), “Fernando Lázaro [es] uno de nuestros mejores periodistas con fuentes de primera en los cuerpos de seguridad del Estado”. Pues bien, cuando, a raíz de las comparecencias de Sánchez Manzano, Díaz Pintado y Cuadro Jaén en la Comisión de Investigación, se polemizó acerca del quién había dicho qué y si alguien había mentado el Titadyn, Fernando Lázaro publicó una pequeña joya, imprescindible desde su mismo título: “¿Goma 2 o Titadine?: los análisis técnicos sólo pudieron concluir que era dinamita” (EM, 16.7.2004). Casi dos años antes de montar el circo, este artículo no dejaba sin abordar prácticamente un solo punto de nuestra presente discusión:

Se sabe que es dinamita y ese dato es y será incuestionable. Pero el examen de los expertos nunca podrá ser concluyente sobre el explosivo que detonó en los atentados del 11-M. «Sabemos que era dinamita, pero nunca podremos saber de qué tipo».

Los expertos policiales consultados por este periódico no tienen duda: todo el explosivo utilizado por los terroristas era Goma Dos de la marca Eco, pero no podrá ser certificado este dato de forma científica, porque no se han localizado restos que permitan un análisis tan específico del material que detonó en los vagones y que provocó la muerte de 192 personas.

Según estos especialistas, en ninguno de los lugares de los atentados se pudo controlar ni un solo trozo intacto de los explosivos que estallaron en la fatídica mañana del 11-M. Sí lograron los especialistas aislar uno de los componentes del explosivo. El análisis de ese componente sirvió para que los técnicos en desactivación de explosivos pudieran acreditar que era dinamita, pero no su marca.

Sin dudas técnicas

«Pero no hay dudas de que era Goma 2». Los expertos así lo mantienen. Ni se lo preguntan.

[…]

Las cifras, los análisis de los químicos policiales… todo concluyó en que el material utilizado por los terroristas islamistas el 11-M era Goma 2. Este dato es incuestionable. Pero la certeza científica sobre el explosivo que estalló no se tendrá nunca, según explicaron estas mismas fuentes.

Estos especialistas policiales describieron las escasas diferencias que existen entre las polémicas marcas de dinamita: Titadine y Goma 2 Eco. La primera es que una marca está fabricada en Francia y la otra, en España. […]

Titadine y Goma 2 Eco. Son dos marcas de un mismo tipo de explosivo, la dinamita. Especialistas, tanto de la Guardia Civil como de la Policía Nacional, consideran que las diferencias entre ambos modelos son mínimas. «De hecho, si no hay trozos intactos, que se pueden analizar por completo, es muy difícil discernirlas».

Aspecto y color

El aspecto exterior y el color son diferentes. Cada una tiene una textura y un grado diferente de flexibilidad.

No obstante, los elementos básicos de la composición son los mismos en ambos casos. Únicamente varía, aunque mínimamente, el porcentaje de los elementos, según explicaron estos analistas de material explosivo.

Otro de los componentes de los explosivos son los denominados aglutinantes. Aquí, las diferencias entre ambos materiales son mucho más significativas. Según explicaron estos expertos, cada una de las dinamitas tiene componentes que le permiten ser más o menos gelatinosos, más o menos resistentes al frío o al calor… Estos elementos en los análisis completos de los materiales son clave a la hora de discernir completamente si la dinamita pertenece a uno u a otro modelo.

Me gustaría no tener que comentar nada, pero es inevitable. ¿Por qué esta información recabada tempranamente por uno de “los mejores periodistas” de El Mundo a partir de “expertos” y “especialistas, tanto de la Guardia Civil como de la Policía Nacional”, desaparece más tarde del mapa cognitivo de los dudantes, sin explicación alguna, sustituida por elucubraciones u opiniones de gente sin experiencia en materia de explosivos? Insisto en que ahí estaba todo: no se sabrá nunca, sólo a partir de análisis químicos, la marca de la dinamita que estalló en los trenes; es técnicamente imposible; hace falta analizar sustancia intacta, que no pudo recuperarse, etc. Ya no debería sorprendernos.

Hay dos observaciones que deseo añadir. En primer lugar, nótense las referencias a que el dato de la Goma 2 ECO, del que no se duda, no podrá sin embargo ser certificado “de forma científica”, “la certeza científica” no se tendrá nunca. ¿No se parece mucho a lo que dos años y un día (exactamente) más tarde declaró Sánchez Manzano ante Del Olmo y que tan escandaloso pareció en enero de 2007 a ciertos periodistas? La marca no se podrá certificar “de forma científica”. ¿Cómo es que no hay duda, entonces? Pues, según el artículo de Fernando Lázaro, porque los expertos y especialistas de la Policía y de la Guardia Civil recurren al conjunto de datos de la investigación, hacen una deducción investigativa, a partir de todos los indicios que existen y que apuntan claramente en esa dirección. Que es lo que se hace siempre, por lo demás.

En segundo lugar, con carácter incidental, me llama la atención un punto que ya he apreciado en otras ocasiones: esos especialistas y expertos parecen equivocarse en algunos aspectos. [Debo aclarar de inmediato que eso no anula el valor del artículo que comento, y mucho menos en lo esencial, pues, aun suponiendo que El Mundo hubiera detectado esos errores (cosa que evidentemente no hizo de forma contemporánea), todavía debería justificar su cambio de actitud posterior sobre la base de una mejor información que en ningún momento adujo.] En efecto, cabe observar que, según el artículo de Fernando Lázaro, sus fuentes le indican que la Goma 2 ECO y el Titadyn tienen los mismos “elementos básicos” y sólo varían en sus respectivas proporciones, así como en sus componentes secundarios (“aglutinantes”, dice el texto). Años más tarde todos sabemos que esto no es cierto. Que el Titadyn (en realidad, alguna de sus variantes) y la Goma 2 ECO difieren asimismo en sus componentes básicos (en particular, la segunda marca de dinamita no lleva nitroglicerina ni DNT). Aunque es una cuestión secundaria, éste y otros errores (tanto tiempo inadvertidos) por parte de verdaderos especialistas a quienes se supone mejor enterados me llevan a preguntarme si no hubo cierto ensañamiento al pedir más tarde la destitución de Sánchez Manzano, que no era un técnico ni tenía que serlo, por su lapsus de la nitroglicerina en el Congreso. Observo una notable desproporción entre el absoluto olvido de imprecisiones de expertos como ésta (y otras que no he indicado y han pasado igualmente desapercibidas) y el ardor con el que se afeaba la gestión de un mando policial, por ignorar cosas que, supuestamente, “cualquier Tedax sabe” (EM 22.7.2006).

Y la historia continúa

Sea como fuere, lo que estimo que nadie podrá negar a estas alturas es que, según era mi intención acreditar, las explicaciones oficiales en cuanto al explosivo empleado en la matanza siempre fueron las mismas. Como tantas veces, lo único que cambia es el voluble contenido del permanente espíritu inmoderado de alguna prensa hiperventilada.

Y para remachar la demostración de cuán constante ha sido siempre la postura de los maltratados policías en la materia y completar de este modo mi exposición cronológica, quedan por referir los testimonios de la perito 17.632 tanto en el juicio del 11-M como durante la instrucción de la querella de la AAV11-M. Porque, evidentemente, ante la Audiencia Nacional hubo que aclarar por enésima vez lo que algunos supieron, luego ignoraron y finalmente negaron. Así, el 28 de mayo de 2007:

Ministerio Fiscal (J. Zaragoza): ¿Con ese análisis usted puede determinar la marca comercial concreta?

Perito 17.632: Después de una explosión nunca se puede determinar la marca o el nombre comercial de un explosivo, puesto que en la propia explosión van a desaparecer componentes aditivos eh… sustancias presentes que son… que están modificando o que están dando texturas, es decir, aditivos o corrigientes [sic] que presenta una dinamita que teniéndolos todos, absolutamente todos, es con lo que se le puede poner el nombre. Faltando esos componentes, según mi criterio, nunca se puede decir el nombre comercial de un explosivo. Sí se puede decir el tipo de explosivo que es.

[…]

A. Pedraza: Vamos a ver, se lo pregunto porque en su informe, que son cuatro folios, cuando dice “componentes habituales de las dinamitas, componentes de dinamita”… entiende este letrado que usted no hace una… una composición específica, porque claro, dinamitas hay muchas. No por nombre comercial, sino al menos los elementos que están en cada una de ellas.

Perito 17.632: Perdón, después de una explosión se detectan los componentes que se pueden detectar, y yo los que detecto los he mencionado esta mañana [nitroglicol y nitrato amónico] y eso sólo me lleva a determinar dinamita.

Pero todo es en vano y, desde julio de 2009 y durante más de dos años y medio, la analista de los Tedax hubo de soportar la instrucción de una querella que partía de la base de que la Policía Científica habría podido determinar perfectamente la marca de la dinamita utilizada en los trenes. En su declaración como querellada (o casi como paciente), de 10 de agosto de 2009 hizo la que quizá sea su exposición más amplia al respecto:

De Pablo: Y usted, en el caso del 11-M, porque usted ha dicho que sólo pudo determinar que era dinamita el resultado, ¿usted no pensó que la Policía Científica sí podía tener medios o sí tenía medios para determinar la marca comercial de esa dinamita y, por lo tanto, ayudar así a la investigación?

Perito 17.632: Vamos a ver, yo esta pregunta la voy a responder otra vez más, y la responderé cien veces más, tengo hecho un informe sobre eso. Después de una explosión –lo he dicho antes también, voy a volver a repetirlo–, nadie, científica he dicho y técnicamente, es absolutamente imposible, según mi criterio científico, el poner el nombre a un explosivo, nombre comercial, a un explosivo que le faltan componentes, yo jamás lo haría. Yo jamás lo haría y el que lo hiciera, pues sería bajo su absoluta responsabilidad. Científicamente, no se puede poner. Las dinamitas llevan componentes muy parecidos todas, y sólo con todos los componentes, incluido su aspecto, su textura, sus colores, es decir, basándonos en muchos datos, pudiéramos decir, y a lo mejor no en todos los casos, el nombre comercial de la dinamita.

De Pablo: ¿Y no es más cierto que habitualmente la Policía Científica cuando se le envían los restos de explosivos explosionados, en una gran cantidad de casos sí pone nombre a la marca comercial de la dinamita, porque encuentra restos de todos los componentes?

Perito 17.632: Si un explosivo explosiona en su totalidad, es decir, explosiona adecuadamente, como fue el caso del 11-M, no dejando restos enteros de explosivo esparcido, que sí pasó en Leganés, hubo una explosión pero quedaron restos de explosivo entero en grandes cantidades. En los trenes, en las estaciones, no quedan restos visibles del explosivo, es decir, el explosivo ha hecho sus efectos, se ha iniciado adecuadamente y ha reaccionado hasta el final, es decir, sin dejar restos visibles. Si no quedan restos enteros del explosivo, si lo que quedan son impregnaciones en las piezas de convicción, han desaparecido todos los componentes aditivos o sustancias que están en menor proporción, quedando sólo los mayoritarios. Los mayoritarios son siempre iguales, prácticamente iguales, en varias dinamitas que fabrica todo el mundo además, no solamente España. Entonces, si desaparecen los componentes por la reacción explosiva, es decir, por la explosión del explosivo, no es el tema ni de Policía Científica ni de Tedax. Los componentes que quedan son los que quedan, es decir los mayoritarios, y según mi criterio jamás –y es mi criterio científico– se podría poner el nombre comercial.

De Pablo: Entonces, por ejemplo, por lo que usted ha explicado ahora, en una explosión con dinamita Tytadin, ¿qué componente es el que desaparece por completo que impediría ponerle marca comercial?

Perito 17.632: Digo, he dicho antes, cada explosión, si explosiona y no deja restos porque haya explosionado de forma lenta o haya dejado sustancias entera aunque pequeños restos, nunca se le podría poner el nombre, desde el punto de vista analítico. Esto sí que lo quiero aclarar, Señoría. Una cosa es la limitación de la ciencia, la ciencia llega a decir “Es dinamita” –voy a poner el mismo ejemplo– y luego, con eso, una investigación policial, una investigación de expertos en desactivación de artefactos explosivos, es decir una investigación del artefacto en el cual se encuentren implementos característicos de un grupo terrorista, entonces y diciendo “como ahora a este grupo terrorista le tengo con estos implementos que son los que utiliza, y además es –vamos a poner– una dinamita, y además, si este grupo terrorista tiene una dinamita robada, lo normal es que sea la dinamita equis”, Tytadin o la que fuese en ese momento. Porque los grupos terroristas han cambiado de dinamitas a lo largo del tiempo, y del tiempo que yo he estado en Explosivos han cambiado bastante de dinamitas.

Es como darse con una pared. En otras circunstancias, resultaría incluso cómico.

Conforme al plan de mi exposición, después de haber mostrado que la postura oficial en lo que atañe a la determinación del explosivo fue coherente desde el inicio (no así su tratamiento periodístico), procede seguidamente acreditar que tales explicaciones, además de constantes, son de hecho ciertas.

Terminemos, no obstante, esta entrega con un broche irónico. Después de protestar repetidamente que “no creemos que haya ningún tribunal que pueda sustituir las pruebas materiales por las simples deducciones e inferencias” (véase, inter alia, editorial de El Mundo de 17.7.06), la sentencia redactada por Gómez Bermúdez les deparó alguna sorpresa. De este modo, a los pocos días de haberse dictado, García Abadillo observó quejumbroso (EM, 4.11.2007):

Tanto una (la mochila), como otra (el explosivo) prueba son básicas para sustentar la versión de los hechos dada por la Fiscalía. Si no se hubieran contemplado en la sentencia como hechos probados, sencillamente, el sumario se hubiese venido abajo.

En ambos casos, el tribunal ha obrado por deducción (si hubo tráfico de Goma 2 ECO desde Mina Conchita y ese fue el explosivo que se halló en Leganés y en las vías del AVE, ¿por qué se iba a haber utilizado otro explosivo distinto?).

¡Qué disgusto!

 (Continuará)

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