Titadyn, el eterno retorno (LIII) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (LIII) por Rasmo

(Continúa de la entrada anterior)

Las anteriores entregas han servido para mostrar el contenido preciso y constante de las explicaciones oficiales acerca de por qué resultaba imposible establecer la marca comercial de la dinamita que había estallado en los trenes. Básicamente, cuando se trabaja sobre meras impregnaciones, sin sustancia intacta, no es posible hallar todos los componentes ni sus respectivas proporciones, lo que impide ir más allá de una genérica denominación del tipo de explosivo.

Corresponde ahora, y en sucesivas entregas, acreditar que esa explicación es cierta, según todos los elementos a nuestro alcance, de modo que las pretensiones en sentido contrario de los críticos de la versión oficial se revelarán ayunas de todo sustento. El bloque argumental que aquí se inicia pretende mostrar que las objeciones de los comentaristas habituales son inatendibles ya que, por un lado, son inconsecuentes y, por otro lado, no se corresponden con hechos fácilmente constatables. Son inconsecuentes (aparte de sus fallos lógicos) en el sentido de que los propios críticos, y en particular los “peritos independientes” no son capaces en su propia praxis de hacer lo que aseguran que puede (más bien debe) hacerse; son, además, poco acordes con la realidad, en la medida en que un examen de la casuística y antecedentes en la materia desmiente los principales asertos que se aducen frente a la versión oficial. El análisis de restos explosionados (no de sustancia intacta) nunca ha sido una técnica infalible para la determinación de marcas comerciales, como los conspiracionistas alegan (con cierta confusión, por lo demás) repetidamente. Asimismo, de manera análoga a la reducción al absurdo, aplicar sus argumentos a casos reales, autóctonos y extranjeros, lleva a resultados inasumibles, lo cual, como mínimo, revela que sus posiciones carecen de solidez y están contaminadas de una parcialidad poco laudable.

En primer lugar, está fuera de duda la insistencia con la que los conspiracionistas han mantenido que sí es posible determinar la marca de restos post-explosión. La consecuencia de este presupuesto es que, a su entender, si los análisis de los Tedax no especifican la marca, ello sólo puede deberse a la incompetencia o a la mala fe.

De hecho, ese presupuesto se halla en la base misma de la querella criminal interpuesta por la AAV11-M contra Sánchez Manzano y la perito 17.632, según la cual (pp. 33-34):

La actuación de los dos querellados (y de quienes les ordenaron actuar como actuaron), evitando primero que la Policía Científica pudiera analizar los vestigios de los focos de las explosiones, y haciendo desaparecer después la inmensa mayoría de esos vestigios antes de que los peritos designados por el Tribunal pudieran analizarlos, impidió que la Policía Científica determinara la marca concreta del explosivo empleado en los atentados. […] Seguro que si los querellados no hubieran ocultado primero los vestigios de los focos a la Policía Científica, ni hubieran hecho desaparecer después la mayoría de estos vestigios, la sentencia podría haber determinado con certeza la marca de la dinamita empleada.

[Paradójicamente, lo anterior no impide al autor de la querella (José María de Pablo) dar por probado que se utilizó Titadyn en los atentados: “se podría haber abierto una línea de investigación para tratar de identificar a la/s persona/s que proporcionaron dinamita de esa marca [Titadyn] a los terroristas del 11-M” (p. 34). “Los querellados, con su labor de entorpecimiento de la investigación sobre los explosivos del 11-M ayudaron de un modo eficaz a parte de sus autores (y concretamente a los que proporcionaron dinamita Titadyn para su comisión), impidiendo que ya desde marzo de 2004 se pudieran abrir las líneas de investigación pertinentes” (p. 36).]

Como ya referí en anteriores entregas, según el director de El Mundo:

Es imposible que no se hayan podido analizar restos de los focos y determinar la naturaleza del explosivo sin una intención deliberada de ocultar lo ocurrido. [Pedro J. Ramírez, 11.3.2011, encuentro en elmundo.es].

En una de sus pifias publicadas como gran noticia (EM, 20.11.2006), García Abadillo enumera las “técnicas analíticas [que] se utilizaron en el laboratorio de la Policía Científica para determinar, por ejemplo, el tipo de sustancia que se encontró en la Renault Kangoo o en la mochila de Vallecas” [donde, recordemos, a diferencia de los focos de explosión, se recuperó explosivo intacto] y se pregunta:

¿Si se hubieran realizado todas esas analíticas a las sustancias encontradas en los focos de los trenes el 11 de Marzo, se podría haber determinado el tipo de dinamita utilizado por los terroristas? Ésa es la pregunta del millón a la que todas las fuentes consultadas (tanto miembros del Tedax como de la Policía Científica) responden con un rotundo «».

Una vez más, no se aclara por qué las previas fuentes de la Policía (incluidos los Tedax) y la Guardia Civil consultadas por el periódico (y él mismo) les habían dicho otra cosa años antes, pero da igual. Después de la declaración del ex Jefe de los Tedax en el juicio, el vicedirector de El Mundo insistía (EM, 15.3.2007):

Sobre los explosivos, Sánchez Manzano trató infructuosamente de explicar lo inexplicable: cómo es posible que tres años después del 11-M aún no se sepa con exactitud qué estalló en los trenes.

Para no variar, en el Prólogo de “Titadyn” (p. 25), este mismo autor califica de “falsa” la “versión de Manzano ante el juez instructor y ante el tribunal”. Y el perito Antonio Iglesias, en el mismo libro, precisa (p. 78):

[C]on la cantidad de dinamita explosionada en cada vagón y con la dotación de un laboratorio moderno se pueden identificar con relativa facilidad, mediante análisis de los restos de las explosiones, el tipo de dinamita (Goma 2 ECO, Titadyn u otra) empleado.

Lo curioso es que ninguno de los valedores de esta opinión ha hecho otra cosa más allá de afirmarla una y otra vez con infatigable pertinacia. Sin embargo, como ya se ha dicho en otros momentos, tal aserto no ha sido acreditado por Iglesias ni sus amigos mediáticos con nada parecido a una prueba. De hecho, lo que pretendo demostrar a continuación es que no sólo la lógica sino también la propia actuación de estos sujetos en los análisis desarrollados en la pericial del 11-M, llevados a cabo sin duda en un “laboratorio moderno”, desmienten tal afirmación y ello, además, nos permite hacer una reflexión genérica sobre su actitud acientífica y de todo punto carente de rigor.

En la prolija exposición que sigue, no debe perderse de vista el trasfondo marcadamente acusatorio y envilecedor que subyace en las continuas afirmaciones de cariz aparentemente técnico procedentes de los comentaristas habituales. Aunque se ha citado en otros momentos, conviene recordar la diáfana argumentación al respecto de uno de los principales protagonistas de la lapidación mediática, el coautor de “Titadyn” y vicedirector de El Mundo:

¿Por qué es tan importante la determinación del explosivo que utilizaron los terroristas del 11-M? Lo que hace especialmente relevante esa cuestión en el mayor atentado cometido en la Historia de España es que, en ese caso, el tipo de explosivo determinaba la autoría del mismo. [García Abadillo, EM, 22.2.2010[1]

[P]arecía claro que la intención del jefe de los Tedax era demostrar que el explosivo utilizado no era Titadyn, sino Goma 2 ECO, lo cual era fundamental para determinar la autoría del atentado y, por tanto, para condicionar el resultado electoral de los comicios que se celebraban el día 14 de marzo [García Abadillo, EM, 25.7.06]

Tan falso como insidioso.

En cualquier caso, en lo que atañe al asunto de la determinación de la marca del explosivo utilizado, lo cierto es que no haría falta siquiera empezar presente discusión, cuando el propio informe pericial de mayo de 2007 contiene, en su página 19, la siguiente afirmación conjunta (es decir, en la parte aceptada por todos los peritos):

Los análisis efectuados sobre las evidencias o los restos procedentes de una explosión están encaminados a descubrir componentes del explosivo o mezcla explosiva utilizada, por lo que difícilmente se podrá concretar la marca o tipo del explosivo utilizado.

Pero con algunos críticos siempre hay que hacer un melancólico ejercicio de disección. Así, frente al claro enunciado que acaba de referirse, el Sr. Iglesias, en un artículo publicado el 21.3.2010 en Libertad Digital, incluía la siguiente desalentadora afirmación:

En la pericial se trataba de determinar si en los trenes había estallado Goma 2 ECO u otro explosivo, muy posiblemente el Titadyn.

Lo cual no es sino un ejemplo entre muchos de memoria tornadiza.

Sea como fuere, tanto en sus conclusiones particulares en el informe de 2007 como en su libro “Titadyn”, Iglesias concluye que es “altamente probable” que, al menos en la estación de El Pozo (aunque este matiz se va perdiendo por el camino), hubiera explotado Titadyn, [2]  al tiempo que descarta que en el resto de los focos explotara Goma 2 ECO. Su opinión, pues, es bastante clara. En efecto, este perito no duda en recordarnos que, en la muestra M-1 (sustancia procedente de un polvo de extintor del foco de El Pozo), de la que tendremos ocasión de hablar, “aparecen todos los componentes, aparece el retrato robot del Titadyn, que para eso se hacen las analíticas” (EM, 18.5.2009). O, en palabras de su colega perito “independiente” Carlos Romero: “El cromatograma es clavado, es clavado. Todo, todos los picos que tenía el Titadyn aparecieron, todos” (EM, 19.5.2009).

Nótese que toda esta seguridad se extrae únicamente de un análisis cualitativo (y no cuantitativo) de unos restos post-explosión, es decir, de un análisis que sólo tiene en cuenta lo que se encuentra, nominalmente, pero que no considera en qué proporciones o cantidades. Es un aspecto que conviene subrayar. Así, en sus conclusiones particulares del informe presentado al tribunal en 2007, el propio Iglesias hace hincapié en este punto, para criticar que se hubiera hecho un análisis cuantitativo de la famosa muestra M-1 (polvo de extintor procedente del foco nº 3 de El Pozo), a instancias del director de la pericia, Alfonso Vega (pp. 199-200):

El análisis cuantitativo operado sobre esta muestra, con posterioridad al cualitativo, carece de sentido a nuestro juicio. […] De no haber sido porque se detectó nitroglicerina, nunca se hubiera hecho este análisis innecesario que no aporta más información que la aportada por el cualitativo […].

El mismo perito lo explica con más detenimiento en su libro, sin perder ocasión de rejonear nuevamente al perito oficial (p. 148):

En vista de que tras una explosión desaparecen en gran medida los componentes del explosivo, el análisis cuantitativo de los restos carece de sentido, porque no aporta datos coherentes para deducir su composición cuantitativa. Para identificar los componentes de un explosivo es suficiente el análisis cualitativo.

Por esta razón, uno de los principios expuestos en el plan de trabajo y aceptado de común acuerdo entre todos los peritos fue que las muestras de los focos no se someterían a análisis cuantitativo, teniendo además en cuenta la escasez de materia analizable.

Sin embargo, y contrariamente a este criterio, que consideramos razonable, el análisis cuantitativo de la muestra M-1 fue impuesto por el director de la pericia.

Y, con ocasión de la querella contra Sánchez Manzano, insiste en su declaración ante la juez instructora (21.10.2009):

No tiene sentido hacer un análisis cuantitativo de una cosa explosionada. Carece de sentido y además estaba reconocido…

Lo que esto significa no es que no se puedan literalmente cuantificar los elementos que se hallan en una muestra post-explosión en concreto, sino que de ahí no se puede hacer ninguna extrapolación respecto a la composición cuantitativa del explosivo original, intacto. Así lo expone con más claridad Antonio Iglesias en un artículo de Libertad Digital de 21.3.2010, ya citado:

En el documento de las condiciones acordadas para la pericial, firmado por el propio Miguel Ángel Santano [Comisario General de Policía Científica], se había especificado que no se realizarían análisis cuantitativos de los explosivos contenidos en las muestras recogidas en los focos. Esto es así porque, después de una explosión, los compuestos más reactivos del explosivo reaccionan de forma que los más reactivos, como la nitroglicerina, tienden a quedar en los restos en una proporción mínima que nada tiene que ver con aquella que tenían en el explosivo antes de producirse la explosión.

Por lo tanto, no se puede extrapolar la proporción de un componente después de una explosión a la que hubiera tenido antes de producirse ésta. A pesar de ello, se practicó un análisis cuantitativo por imposición de Alfonso Vega quien junto a Carlos Atoche argumentó sin rigor científico que, como la cantidad de nitroglicerina encontrada en el foco 3 de la Estación del Pozo era muy pequeña, se debía a que provenía de Goma 2 ECO, esa que, como sabemos, resultó misteriosamente contaminada con trazas de nitroglicerina y de DNT que se detectan sólo después del apagón del 6 de febrero, sin que se hubieran detectado en 2004.

Aquí, Iglesias incurre en uno de sus frecuentes comportamientos oprobiosos por partida doble. Por un lado, afea un comportamiento ajeno en el que incurre él mismo. Por otro lado, distorsiona el sentido de la actuación del director de la pericia (Alfonso Vega), para presentarla como un capricho tendencioso, pese a que se trata de una postura bastante lógica y razonable (se comparta o no).

Respecto a lo primero, en efecto, llama la atención que el Sr. Iglesias reproche a Alfonso Vega haber “impuesto” la realización de análisis que no se habían previsto de antemano, cuando él mismo (Iglesias) pidió y obtuvo (¿impuso?) la realización de nuevos estudios cuando le convino, precisamente tras la detección de nitroglicerina en la M-1. Y no fue algo inocente; tampoco una labor liviana y breve. Así lo reconoce el propio químico en la página 194 del informe pericial de mayo de 2007, dentro de sus conclusiones particulares:

En los últimos días de la pericia, por iniciativa del Perito 1457.157-S [Antonio Iglesias], hemos seleccionado un total de 50 muestras de los focos que todavía no se habían analizado en el AGILENT en split.

Esta referencia se comprende mejor en la página 434 de “Titadyn”, dentro de la cronología que traza su autor:

17 de abril [de 2007]. Con el método analítico implementado por defecto en el software del cromatógrafo de gases Agilent, splitless, se corre el riesgo de no conseguir detectar la nitroglicerina. Por ello solicito cambiar este método al llamado Split y analizar una larga serie de muestras de restos de focos de explosión que esperaban su turno. Durante varios días procedemos a su análisis. Resultado: no se aprecia nitroglicerina por GC/MS en ninguna de ellas.

Alguien tan mal pensado como él mismo, podría acusarle de haber impuesto la realización “durante varios días” de una prueba no prevista (y finalmente baldía), buscando nitroglicerina a toda costa. [3]

En cuanto al otro aspecto, más enjundioso, lo cierto es que Alfonso Vega tenía una razón muy lógica para hacer esa cuantificación que tanto irritaba al perito autor de “Titadyn”, lo cual no es incompatible con que no se puedan hacer deducciones sobre la composición original del explosivo (cuantitativamente) a partir de esos análisis. Aunque Iglesias no se molesta en entenderlo (y, de hecho, distorsiona su intención), lo cierto es que Alfonso Vega no estaba haciendo tal deducción, sino que pretendía demostrar otra cosa bien distinta: que tanto la muestra en cuestión de los focos como los demás restos de explosivo intacto habían sufrido un mismo proceso de contaminación. Es algo que habré de abordar más tarde. Lo importante en lo que atañe a la presente discusión es que todos los peritos estaban de acuerdo en que no cabía hacer análisis cuantitativos de los focos a efectos de la determinación del explosivo que pudiera haber estallado. Sobre esto no puede caber la menor duda, pues se puso de manifiesto en un momento de la pericial sobre explosivos ante el tribunal sentenciador (sesión de 29.5.2007):

A. Iglesias: Creo que estamos incurriendo en una metodología que no es correcta, y es comparar datos cualitativos con datos cuantitativos. Máxime, que de común acuerdo en la pericia, por un criterio de operatividad, que quiero decir, de cantidad de muestra detectable, y cantidad de muestra cuantificable, habíamos convenido que no se podía hacer, no que no se quisiera, que no se podía hacer análisis cuantitativo en los focos de explosión. Es en este foco [el de la M-1] en el único que se ha hecho un análisis cuantitativo…

Gómez Bermúdez: Entiendan que no es porque se le oiga. Es que si no está en el micrófono, no se graba, y si no se graba, no está en el acta.

A. Iglesias: Que no tiene caso que lo comparemos con un análisis cualitativo, menos aún que extra… que pretendamos extrapolar las cantidades muy pequeñas de post-explosión con las que pueden tener en una Goma antes de explotar.

Gómez Bermúdez: Bien, el perito C.

J. Guardiola: Yo sólo quería reiterar que ese fue el criterio que adoptamos, el que acaba de comentar mi compañero perito.

C. Romero: Lo reafirmo yo también.

Alfonso Vega: Quiero comentar un par de cosas más. Bueno, respecto a la cuantificación de focos de explosión, evidentemente, no se llevó a cabo porque es una cosa que es absurda, absolutamente absurda, hacer una cuantificación de focos de explosión. Segundo, eh…

Gómez Bermúdez: Pero eso. ¿Llegaron a un acuerdo, que era absurdo o…?

Alfonso Vega: No, es que realmente, realmente cuantificar…

Gómez Bermúdez: Es un criterio técnico.

Alfonso Vega: Es un criterio técnico. Realmente, cuantificar algo que ha explosionado no tiene sentido.

Ya he anunciado que volveré a examinar el episodio en cuestión, de modo que ahora no hay por qué aclarar todo el contexto, pero obsérvese simplemente la nitidez con la que se expone la improcedencia de hacer estudios cuantitativos de focos de explosión.

A este respecto, contamos asimismo con otra fuente irreprochable. El 28 de mayo de 2007 declaró ante el tribunal sentenciador el perito Manuel Escribano, de fama bórica, en su condición de coautor del informe sobre los paneles de porespán hallados en un zulo de la finca de Morata de Tajuña, donde aparentemente se habían almacenado explosivos. En este caso tampoco se contaba con sustancia entera y el análisis cuantitativo, por tanto, carecía de pertinencia:

Defensa de Hamid Ahmidan: […] [D]icen ustedes en su informe, efectivamente, que encuentran restos de nitroglicol, nitrato amónico. Son componentes fundamentales de las dinamitas…

M. Escribano: Cierto

[…]

Defensa de Hamid Ahmidan: […] ¿La cantidad encontrada por ustedes era grande, era importante, era determinante?

M. Escribano: Eh… tenga usted en cuenta que… esto hemos dicho que son unos paneles que protegían el zulo, ¿no?, para aislar el zulo, el explosivo, del resto. Entonces, lógicamente ahí solamente pueden quedar, en cualquier caso restos, o sea, es decir, que son trazas y lógicamente eh… los restos que uno puede obtener ahí van a depender mucho de… del procedimiento de extracción que uno efectúe. Entonces, lógicamente no tiene, eso de si mucho o poco, aquí tiene poco valor. O sea, podemos decir únicamente y exclusivamente eh… trazas o restos, pero nunca nada más puesto que eh… el poder cuantificar aquí, la cuant… Si se hiciera la cuantificación de estos análisis no valdría absolutamente para nada  […]. Por consiguiente, […] esto no se efectúa puesto que es un análisis cualitativo, es decir, decir qué es lo que hay, no cuánto hay de lo que hay, que sería un análisis cuantitativo.

Para más seguridad, cabe citar igualmente las palabras de otro de los peritos independientes más activos, Carlos Romero, quien, en sus conclusiones particulares al informe pericial de mayo de 2007 (p. 184), precisa que: “no se han podido realizar posibles análisis cuantitativos de los focos, al no encontrar restos de explosivos intactos por ausencia de oxígeno en los focos de las explosiones”. Y, en el marco de la querella de la AAV11-M contra Sánchez Manzano (23.9.2009), repitió que “en cantidad, nada más se puede determinar en muestra intacta, cuantificarlo. En analíticas que hemos hecho nosotros [de los focos] eran cualitativas”.

¿Por qué insisto en esta cuestión? Muy sencillo: para demostrar una vez más cuán inicuas son algunas de las acusaciones que se han vertido contra los actores de la versión oficial.

Así, es notoria la satisfacción con la que El Mundo y su director han celebrado y esgrimido siempre la sentencia absolutoria de la Sra. Lledó, que desestimó la demanda interpuesta por Sánchez Manzano en defensa de su honor. Puede ser comprensible. Pero los agraciados con ese premio judicial suelen además invocar la resolución para alegar que ésta demuestra que la sentencia del juez Gómez Bermúdez se dictó sobre bases de hecho falsas, como, si de algún modo, en el procedimiento entre Sánchez Manzano y El Mundo se hubieran revisado y cuestionado (incluso refutado) los hechos básicos sobre los que se pronunció la Audiencia Nacional. En lo que ahora nos concierne, ha quedado meridianamente claro que la ausencia de cuantificación de los componentes hallados en los focos es un criterio técnico; todos los peritos, y en particular los “independientes”, con el Sr. Iglesias a la cabeza, insisten en que la cuantificación en esos caso no tiene sentido. Si es así, debería resultar evidente que nada tiene que ver el comportamiento de los Tedax con esa imposibilidad técnica. Pues bien, los peritos Iglesias y Romero testificaron a favor de El Mundo en el procedimiento iniciado por Sánchez Manzano. ¿Y qué dice la sentencia de la Sra. Lledó? Entre los que ésta considera “presupuestos fácticos constatados” se incluye el siguiente (p. 34):

En el plenario no pudo tampoco llegarse a una conclusión unívoca sobre la presencia de tales componentes toda vez que, mientras unos afirmaban que el DNT era componente del explosivo de los focos de los trenes al estar presente en todos los focos, (aunque no se pudiese determinar su exacta proporción cuantitativa ya que no había quedado suficiente sustancia para efectuar un análisis con las debidas garantías, entre otras cosas, por haberse lavado las muestras con agua y acetona y no guardarse muestra alguna de dicho líquido), otros peritos, por el contrario, dictaminaron que la presencia de DNT se pudo deber a contaminación en el lugar de almacenaje.

Es decir, la sentencia describe y acoge la posición de los peritos discrepantes de la versión oficial en el sentido de que la imposibilidad de determinar la “proporción cuantitativa” de lo detectado en los focos se debe “entre otras cosas” a esa alegada negligencia del laboratorio de los Tedax consistente en haber lavado las muestras y haberse deshecho de los líquidos. Se está acusando a los policías de ser los culpables de algo que ellos mismos dicen que es imposible o improcedente “técnicamente”. Repito que los únicos peritos químicos que declararon en ese procedimiento fueron Iglesias y Romero, los mismos que más tarde actuaron como testigos de cargo en el procedimiento por la querella que pedía años de cárcel para dos policías por, entre otras cosas, falso testimonio. Irónico se queda corto. Por lo demás, no es difícil averiguar cuál es la fuente directa en la que se inspira la juez, ya que ésta se limita a acoger amable y fielmente lo alegado por la defensa de El Mundo (con su habitual desmaño literario) en su escrito de contestación a la demanda de Sánchez Manzano (p. 91):

Posteriormente, varios de los Peritos nombrados por el Tribunal, concluyeron que el “DNT” era componente del explosivo de los focos de los trenes […], al estar presente en todos los focos. No se pudo determinar su exacta proporción cuantitativa ya que no habían quedado suficiente sustancia para efectuar una [sic] análisis con las debidas garantías, entre otras cosas por haberse lavado las muestran con agua y acetona de la que no se guardo [sic] muestra alguna.

La juzgadora, ciertamente, no hubo de romperse la cabeza. ¿Y de dónde procede, a su vez, esta imputación espuria, desmentida por los peritos “independientes” en el juicio del 11-M y aparentemente resucitada más tarde en la querella contra Sánchez Manzano? De El Mundo, naturalmente. Fue este diario el que, por ejemplo, publicó un artículo de Pablo Jáuregui (19.3.2007), con la siguiente afirmación:

Sin embargo, todo parece indicar que va a ser imposible obtener resultados cuantitativos sobre los componentes hallados en los focos de los explosivos, debido a que las muestras son demasiado pequeñas y se encuentran en mal estado tres años después del atentado.

Por si hubiera alguna duda de la carga inculpatoria de esa observación, el editorial del día aclaraba a quiénes había que señalar por una imposibilidad que, repitámoslo, en realidad no tenía nada que ver con ninguna maniobra personal, sino que era un “criterio técnico”:

Todo se aclararía definitivamente si se pudieran hacer análisis cuantitativos de los restos de los focos de los trenes. Pero los únicos responsables de que no queden muestras suficientes para ello son la policía, la Fiscalía y el juez instructor.

Pues no: la única responsable es la naturaleza físico-química de las cosas. Pero García Abadillo, para no mudar en su costumbre, no se da por enterado en la página 50 de “Titadyn”, repitiendo lo que sus peritos más cercanos habían desmentido un par de años antes en el juicio:

Sin embargo, todos los peritos (incluidos los oficiales) establecieron que, con la escasez de las muestras y tras haber sido lavadas con acetona, era imposible hacer análisis cuantitativos sobre dichas muestras.

Que semejante afirmación falaz aparezca recogida en la sentencia desestimatoria de la demanda de Sánchez Manzano quizá no sea más que una infortunada coincidencia, ilustrativa, en cualquier caso, del nivel al que operan algunos eximios investigadores (y de su capacidad de influencia).

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NOTAS:

[1] Como curiosidad, el 11.10.1999, García Abadillo ya había publicado un artículo con exactamente el mismo título: “Mentiras y cintas de vídeo”.

[2] En efecto, en sus conclusiones particulares dentro del informe entregado al tribunal en mayo de 2007 (p. 202), el Sr. Iglesias declara que el uso de esa marca concreta de dinamita “es altamente probable”, y lo expresa de manera casi idéntica en “Titadyn” (p. 151): “es altamente probable que en el foco nº 3 de la estación de El Pozo haya estallado Titadyn” (también en la página 417; García Abadillo lo repite en el Prólogo, p. 15). Pues bien, pese a que el perito en cuestión estaba repitiendo lo que ya había concluido en mayo de 2007, uno de los supuestos “expertos” del 11-M (según El Mundo), Jaime Ignacio del Burgo, recibió la publicación de “Titadyn”, en mayo de 2009, con el siguiente comentario (EM, 20.5.2009): “el informe hecho público por EL MUNDO, elaborado por el químico Antonio Iglesias […], concluye que el explosivo utilizado fue, con toda probabilidad, Titadyn. Este hallazgo trascendental no fue puesto en conocimiento del tribunal”. Naturalmente que fue puesto en conocimiento del tribunal. Lo mismo cabe objetar frente a la contraportada del libro “Titadyn”, según la cual el trabajo del perito Iglesias “nos plantea numerosos interrogantes”, incluido el siguiente: “¿Por qué se ocultó que en la estación de El Pozo pudo estallar Titadyn?”. Esto da una idea del nivel de información con el que trabajan algunos pretendidos investigadores críticos con la versión oficial del 11-M.

[3] Los otros tres peritos “independientes” (Gabriel Moris, Carlos Romero y Jesús Guardiola), firmaron un artículo publicado el 1 de marzo de 2012 en Libertad Digital (“Pericial imposible”), en el que también censuraban que se hubiera dedicado tiempo a repetir análisis: “Las muestras de los focos contenían un explosivo inexistente en la Goma 2 ECO, el dinitrotolueno (DNT). Este resultado fue la razón para tomar la decisión de repetir análisis y realizar ensayos complementarios, lo que contribuyó a que la pericia se dilatara en el tiempo”. Naturalmente, estos colegas del Sr. Iglesias omiten recordar que éste hizo lo mismo cuando le convino, tratando de encontrar nitroglicerina.

 (Continuará)

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