Titadyn, el eterno retorno (XLVIII) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (XLVIII) por Rasmo

(Sigue de la entrega anterior)

En las anteriores entregas comenté una serie de deficiencias achacadas al comportamiento de los Tedax en materia de análisis de explosivos. Hablé de los protocolos que supuestamente infringió la Unidad Central, dirigida por Sánchez Manzano, y de los defectos que pretendidamente caracterizan, en particular, la actuación de la perito 17.632 y su informe sobre los focos de explosión de los trenes. A lo largo de mi examen introduje algunas observaciones cuyo desarrollo he ido postergando: aludí, por ejemplo, a los aspectos contradictorios de la crítica alternativa según la cual se acusa unas veces a la perito de los Tedax de no poder referir los componentes hallados en sus análisis y, otras veces, o de no querer hacerlo. En relación con ese primer elemento de capacidad, en mi entrega 42 adelanté lo siguiente:

Cuando ésta es la línea argumental, se incide en los paupérrimos análisis realizados en la sede de los Tedax, en un laboratorio de la “señorita Pepis” (EM, 14.2.2007) y con técnicas “tercermundistas” (CGA, EM, 20.11.2006. Con el tiempo, haciendo uso de unas declaraciones tal vez mejorables de Sánchez Manzano, esta idea se resume en el hecho de que los análisis de los focos emanados de su unidad no fueron “científicos”, lo que frecuentemente se identifica de manera confusa con lo tratado en la anterior entrega en relación con el “valor pericial” o “valor probatorio” del informe cuestionado, ya que “se supone que los informes periciales que se remiten al juez deben tener un carácter científico” (García Abadillo y Marraco, EM, 21.1.2007).

Comienzo ahora el bloque en el que habré de dilucidar y ampliar éste y otros extremos conexos.

El momento en el que se empieza a introducir en el debate la consideración del carácter “científico” o no de esos análisis de los Tedax tiene una localización muy precisa y fácilmente documentable. Efectivamente, en esta discusión cobra protagonismo fundacional (pero no absoluto) la portada de El Mundo de 21 de enero de 2007. En un titular a cinco columnas, el diario investigador anunciaba: “Manzano admite que no se hizo ningún análisis ‘científico’ del explosivo del 11-M”. La noticia, firmada por García Abadillo y Manuel Marraco, se presentaba como una de esas grandes averiguaciones que regularmente afirman haber hecho sobre la materia. Todo giraba en torno a lo declarado por Sánchez Manzano ante el juez Del Olmo el 17 de julio de 2006, tras el revuelo artificialmente creado acerca de la nitroglicerina, asunto al que se ha hecho sobreabundante alusión en estas páginas. De aquella comparecencia ya había dado cuenta El Mundo en su edición de 18 de julio de 2006, pero esta vez la novedad es que el diario infatigable había conseguido el acta de la declaración del ya ex Jefe de los Tedax (contenida en una pieza separada que no se había incluido en el sumario). Y el policía en cuestión, supuestamente, tenía grandes pecados que ocultar. Así, recuerda García Abadillo en la página 21 de “Titadyn”, “por suerte para Sánchez Manzano, Manuel Marraco […] no logró hacerse con el acta de su declaración ante el juez hasta el mes de enero de 2007”.

Debe introducirse aquí, empero, una observación que resulta evidente en cuanto se conocen los entresijos del caso: nos hallamos ante uno de los más claros ejemplos de investigación como simple comentario de texto, según feliz definición de Manel Gozalbo. En efecto, tras la fanfarria habitual, no hay otra cosa: un documento del que se extraen citas convenientemente tratadas en la máquina de adivinar estados mentales e intenciones espurias, para configurar un nuevo “gran escándalo” y, ya puestos en faena, un “escándalo dentro del escándalo”, según proclamaba el agraviante editorial del día:

Según revela EL MUNDO, […] el comisario Jesús Sánchez Manzano […] reconoció [ante Del Olmo] que los análisis entregados al juzgado tenían «un carácter investigativo, no científico» porque habían sido realizados en el laboratorio de los Tedax, dotado de muy escasos medios.

Ello constituye, sin duda, un gran escándalo pero hay otro escándalo dentro del escándalo: que sea una vez más este periódico quien haya tenido que descubrir este secreto inconfesable, tan extraordinariamente relevante para la investigación judicial.

Esa acta de la antedicha declaración de Sánchez Manzano se dio a conocer aquí hace tiempo y ya fue objeto de análisis respecto a otras cuestiones. Sin embargo, la noticia del 21 de enero de 2007 incidía en la literalidad de lo recogido en ese documento para apuntarse una nueva entrada en su autoconcedido medallero, a cuenta de unas manifestaciones de Sánchez Manzano que no tengo reparo en calificar de ciertamente desafortunadas. Sin embargo, que el ex Jefe de los Tedax hubiera podido expresarse mejor o con mayor claridad, que sus declaraciones fueran objetivamente interpretables (y ya sabemos cómo se las gastan algunos forjadores de exégesis a martillazo limpio), no es excusa, en mi opinión, para mantener determinadas posiciones mediáticas con la intensidad expresiva y la extensión temporal que hemos tenido que padecer. Existían y existen suficientes elementos de juicio como para pensárselo dos veces (con una sola habría bastado) antes de lanzarse desbocadamente por la trillada senda de la trompetería y el acabose, que en esta ocasión, como en tantas otras, no conduce sino al vacío. El vacío más literal en cuanto al contenido, pues de nada se nutre la noticia y nada es lo que ofrece, como espero mostrar más adelante.

En resumen, la gran exclusiva venía a decir que, en una especie de confesión  reprobablemente mantenida en secreto por el juez instructor, Sánchez Manzano había reconocido que los análisis de los focos de explosión realizados por su Unidad sólo tenían carácter “investigativo” (sea esto lo que sea), pero carecían de valor “científico” (léase: fueron una birria). Entre los aspavientos de rigor, el editorial de El Mundo se preguntaba por qué el Jefe de los Tedax no había enviado entonces las muestras a la Policía Científica y aprovechaba para denunciar “la grave negligencia en la investigación del juez Del Olmo, que ha ocultado las declaraciones de Sánchez Manzano en un intento de autoprotegerse y tapar su propia ineptitud”.

Pues bien, hay al menos dos aspectos colaterales que merecen nuestra atención y cuyo examen permitirá ahora ofrecer una visión de conjunto antes de entrar en el fondo de la materia y descender a los detalles sustantivos.

 No dejes para mañana lo que puedas publicar hoy

El primero de estos puntos parte de una nadería, pero servirá para ilustrar cuestiones más enjundiosas: se trata de la fecha de esta sonora portada. El 21 de enero de 2007 cayó en domingo. No es excepcional que García Abadillo publique en domingo (aunque dista de ser lo más frecuente). Lo curioso, desde el punto de vista de la política editorial, es que una noticia que se pretende tan llamativa no se reservara para el lunes (¡sólo un día después!), que es cuando estas grandes exclusivas tienen más impacto. Pero es que esa portada debe entenderse en el contexto del ajetreo informativo de los días sucesivos. La clave, enseguida lo veremos, la ofrece el mismo Pedro J. Ramírez y está relacionada con otro titular que protagonizó la portada del martes 23 de enero de 2007: “El Tribunal ordenará repetir los análisis de explosivos del 11-M”.

Dicho sea de paso, no deja de ser interesante el uso de los tiempos verbales. El domingo 21 de enero, Sánchez Manzano “admite” algo muy feo, en presente, siendo así que su declaración databa en realidad de medio año antes. El 23, en cambio, el Tribunal “ordenará”, en futuro. ¿Por qué en futuro? Porque en realidad El Mundo, que había embargado la portada de ese martes, indicio seguro para la parroquia de que algo gordo se traía entre manos, no estaba dando tanto una noticia cuanto una noticia de una noticia. En efecto, a lo largo de ese martes 23 de enero, el Tribunal presidido por Gómez Bermúdez dio a conocer su auto de señalamiento, que se pronunciaba sobre los medios de prueba propuestos por las partes y fijaba el inicio del juicio para el siguiente 15 de febrero. Los demás periódicos esperaron a sus ediciones del miércoles 24 para informar sobre la base de un documento concreto, pero El Mundo, habiendo recibido aparentemente algún adelanto, no pudo esperar para apuntarse la primicia:

La Audiencia Nacional ordenará hoy un nuevo análisis de los explosivos del 11-M, según confirmaron ayer fuentes del tribunal. La Sección Segunda de lo Penal, responsable de juzgar a los 29 procesados por la masacre, tiene previsto comunicar a lo largo de la mañana el auto […].

Este apresuramiento le lleva a una infrecuente contención en el editorial de ese martes 23:

A la espera de conocer sus términos exactos, preferimos aplazar la opinión que nos merece una decisión tan trascendente para el juicio del 11-M como la que hoy anunciamos en nuestra primera página.

Contención en el papel; en los micrófonos fue otra (muy otra) historia, a pesar de las proclamas de P. J. Ramírez en la tertulia de la Cope ese mismo día 23, en el sentido de que “yo creo que es correcto expresarse con la prudencia lógica ante una notica que todavía no ha sucedido; mejor dicho, que todavía no se ha divulgado” y “antepongo la cautela porque no conozco cuál es el alcance, cuáles son los términos exactos”. Volveremos sobre estas declaraciones en un segundo.

El caso es que el lunes 22 de enero de 2007, en respuesta a la noticia del domingo anterior, el Sindicato Profesional de Policía (SPP), al que estaba afiliado Sánchez Manzano, emitió una nota de prensa [aquí una copia (no original) de su contenido] en defensa de éste. El documento incluía un pasaje en el que se lamentaba:

Una vez más la cuerda se rompe por el mismo lado, por el lado de unos profesionales a los que el único pecado que se les puede atribuir es el de dedicar buena parte de su tiempo a servir los intereses de la sociedad, averiguando el delito y poniendo a disposición de las Autoridades Judiciales a los causantes del mismo.

Como antes adelanté, es el mismo director de El Mundo quien, en la tertulia radiofónica de la Cope del día 23 de enero (el de la portada sobre la repetición de los análisis de los explosivos), aclaraba el panorama en un intercambio iluminador que merece reproducirse con cierta extensión:

Pedro J. Ramírez [PJ]: Esta nota de Manzano, mejor dicho, del sindicato de Manzano, porque él se escuda, se esconde tras las faldas del sindicato, como los toreros cobardes tras el burladero, esta nota hay que colocarla entre las dos portadas de nuestro periódico: la del domingo [21.1.2007] y la de hoy [23.1.2007]. La cuerda se ha roto, es verdad, en el sentido de que por fin hemos conseguido averiguar lo que él declaró ante el juez Del Olmo el pasado mes de julio. Y digo que por fin lo hemos conseguido averiguar, porque el juez lo mantenía escondido en la pieza separada que se ha negado a incorporar al sumario del 11-M. Recordarán los oyentes y todos vosotros que, una y otra vez, por tierra, mar y aire, por radio, televisión y prensa, nuestra obsesión ha venido siendo qué decían los informes realizados el 11 sobre los focos de los trenes…

Losantos: Qué explotó en los trenes…

PJ: … qué decían esos informes elaborados ese día. Y, entonces, por fin nos hemos enterado de que esos informes no decían nada porque ese día, según Sánchez Manzano, no se elaboró nada. Es decir, él declaró al juez que, en su laboratorio, en el que estaba realizando una labor con un criterio investigativo…

Losantos: No científico.

PJ: … no científico…

Losantos: Esto de ‘investigativo’ es nuevo.

PJ: Claro, pero el que sea no científico indica que no tiene valor pericial

Losantos: No tiene valor legal.

PJ: … y, por lo tanto, no tiene valor desde el punto de vista de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Es correcto decir que el tribunal ordenará repetir, porque sí que se realizaron unos análisis, otra cosa es que esos análisis fueran, en la forma y en el fondo, una auténtica chapuza. Y ahí caben todas las interpretaciones, porque está muy extendida, dentro del propio cuerpo de los Tedax, [la idea de] que claro que Manzano sabe lo que dieron esos análisis. Y se le escapó en la Comisión parlamentaria, cuando dijo ‘nitroglicerina’. Claro, el problema es que si eso lo hubieran puesto por escrito, toda la teoría de la Goma 2 ECO se derrumbaba. Y hay que recordar que entonces los Tedax dependían de la Comisaría de Seguridad Ciudadana, cuyo titular, el Comisario Jefe, era Santiago Cuadro Jaén, que es quien, según declaró Díaz Pintado, Subdirector General Operativo de la Policía, ante la Comisión del 11-M, le dijo aquella mañana: ‘Titadyne con cordón detonante’. Luego Cuadro Jaén lo negó ante la Comisión, y siempre nos ha quedado la duda: ‘¿pero cómo se va a haber equivocado Díaz Pintado y qué interés podría tener a estas alturas en endilgarle una versión falsa a su subordinado?’ Todos estos elementos, todos estos indicios, de que aquí se ha producido un encubrimiento masivo de lo ocurrido, son los que, sin duda, han llevado al tribunal […] a ordenar la realización de nuevas pruebas sobre todos los restos de explosivos […].

Interrumpo aquí la perorata, cuya cita luego continuaré, para subrayar alguna obviedad. Pasando por alto la pereza que produce volver a tropezarse con toda la retahíla mitológica en torno a la nitroglicerina mencionada por Sánchez Manzano ante la Comisión de Investigación, lo destacable ahora es que, tal como se presentan las dos portadas, la del día 21 y la del día 23, en casi inmediata sucesión temporal, El Mundo transmite y sugiere la inconfundible idea de que la segunda es, de hecho, consecuencia de la anterior. Es decir, las revelaciones de El Mundo, en particular la del “secreto inconfesable de Manzano que ocultaba Del Olmo” (editorial del día 21.1.2007), aparecen como la causa de esa decisión del día 23 de repetir los análisis de los explosivos. La intervención de Pedro J. Ramírez que acaba de reproducirse es suficientemente explícita, pero, por si quedara alguna duda, su Carta del Director del primer domingo posterior, 28 de enero de 2007, repasa la jugada en parecidos términos:

Durante meses y meses hemos estado preguntando en vano al Gobierno dónde estaban y qué decían los análisis realizados el mismo día de la masacre a partir de los restos de los explosivos colocados en los focos de los trenes. Hemos tenido que averiguarlo nosotros mismos, horadando el túnel de la opacidad hasta llegar a la pieza separada donde el juez Del Olmo tenía escondida la inaudita declaración del comisario Sánchez Manzano. Resulta que, según su propia versión, este alto mando policial en quien recayó la recogida, custodia e investigación de esos restos se comportó como el perro del hortelano del complejo de Canillas: ni hizo ningún análisis con valor pericial porque no tenía medios para ello, ni los dejó hacer a la instancia correspondiente –la Policía Científica– sencillamente porque no le remitió las muestras.

El rictus de estupor que el conocimiento de todo esto suscita en el rostro del ciudadano medio ha quedado corroborado por la decisión del tribunal de encargar ahora esos análisis […].

Así pues, no resulta ya difícil entender las prisas de El Mundo para su portada del domingo 21 de enero. El martes 23 este diario indica que le habían informado del contenido del auto de señalamiento el día anterior, lunes. Teniendo en cuenta los ritmos de la Administración, es dudoso que los magistrados se reunieran, estudiaran los escritos de las numerosas partes, deliberaran, tomaran la decisión oportuna y todo ello estuviera redactado y listo el mismo lunes. Lo más lógico es pensar que, como mínimo, hacia el final de la semana anterior ya se hubiera perfilado la decisión, o se hubiera avanzado en sus líneas globales, y esas fuentes de las que bebe el diario de Unidad Editorial se lo hubieran hecho saber a éste, siquiera de manera genérica. De este modo, ante la posibilidad de que la decisión se tomara a principios de la semana, quizá incluso el mismo lunes, el domingo es el día adecuado para lanzar la supuesta exclusiva de la también supuesta admisión de Sánchez Manzano sobre los defectos de sus análisis, de modo que el diario se da a sí mismo un margen para presentar esa primera portada en una relación de causalidad natural con la que vendría después, anunciando la repetición de esos análisis.

No sostengo que lo anterior sea más que una conjetura. Lo que sí es un hecho cierto es que El Mundo y asociados aprovecharon estas noticias para embarcarse en una nueva ronda de esa autogratificación pública e impúdica tan característica como desconcertante en medios que se pretenden serios. Si el editorial de EM del día 14.2.2007 no tiene empacho en afirmar que “los primeros análisis con rigor científico [fueron] realizados tres años después de la masacre gracias al empecinamiento de EL MUNDO”, la hipérbole fue más notable en esa tertulia del día 23 de enero que habíamos dejado a medias. Retomemos el hilo de la exposición justo donde lo habíamos abandonado. Hablaba Pedro J. Ramírez:

PJ: El valor, la importancia, y esto los oyentes tienen que saberlo, y por eso digo que este puede ser un buen día para todas esas personas que durante tres años han estado pendientes, han estado siguiendo nuestras informaciones, esto va a suponer una alegría y, desde luego, para los periodistas que hemos estado empeñados en que lo que se nos estaba contando no encajaba, en que la verdad oficial estaba llena de agujeros, agujeros negros, como dijo al principio de sus investigaciones Fernando Múgica, pues esto, sin lugar a dudas, va a suponer una reivindicación. Por resumir en un referente histórico: esto es como cuando la Corte de Casación ordena la revisión del caso Dreyfus, y además transcurren los mismos tres, tres, cuatro años, entre que se produce la primera resolución judicial, un error garrafal, y el momento en que se inicia…[1] luego queda un larguísimo camino, es decir, que nadie piense que hoy se van a resolver los enigmas del 11-M, que nadie tenga… es decir, porque además, ahora veremos si quedan realmente restos para ser examinados, qué fiabilidad tienen esos restos, quién los ha tenido bajo su custodia, que ha sido el mismo Sánchez Manzano. […] Yo me alegro, como digo, de que el Tribunal haya tomado esta decisión […]. Esto es una reivindicación de todas las personas que de buena fe hemos intentado cumplir con nuestra obligación, estudiándonos los textos, buceando en el sumario, contraponiendo las supercherías al sentido común… y pienso sobre todas estas personas que se movilizan en las concentraciones de los peones negros, que siguen el blog de Luis del Pino, todas las personas que están pendientes de ver si El Mundo publica una nueva entrega de Fernando Múgica, por cierto, hay una muy interesante que vamos a publicar en los próximos días […].

Losantos: El que tiene a diez tíos de primera todo el año trabajando en esto es El Mundo y, claro, van saliendo las cosas. Es verdad que luego Luis del Pino, como esto es una investigación atípica, buceando en el sumario ha encontrado cosas sorprendentes. Y luego se ha creado, estas cosas que tiene Internet, un movimiento, el de los peones negros, que a mí me asombra. Me asombra y, al mismo tiempo, me conforta, porque demuestra que, cuando hablamos de la sociedad civil…

PJ: Bueno, es sociedad civil, es sociedad civil…

Losantos: Pero es que es verdad.

PJ: Y yo antes hablaba del caso Dreyfus. Bueno, pues es el equivalente a lo que eran los dreyfusards, esas personas que, movilizadas por los mejores intelectuales del momento, se resistían a tragar con la rueda de molino de una sentencia, o de unas sentencias, basadas, no en elementos fácticos, no en la evidencia, sino en los prejuicios ideológicos.

Dreyfus y los mejores intelectuales del momento, nada menos…

En esta misma línea, el editorial de El Mundo del día siguiente, 24 de enero de 2007, una vez conocido el texto del auto de señalamiento, se sumergía en el baño de confeti:

Esta actitud [del tribunal] avala además el trabajo que EL MUNDO ha venido desarrollando en los últimos tres años y pone en evidencia a quienes, desde el periodismo y desde la política, han intentado siempre acallar o distorsionar nuestros planteamientos. […] Casi tres años después, podemos decir que tres magistrados –tres presidentes de sección, con una larga experiencia procesal a sus espaldas– comparten con nosotros y nuestros lectores el afán por desentrañar la verdad de los hechos […].

García Abadillo, en esa misma edición, volvía a recordar la buena salud de su autoestima:

Ese esfuerzo por intentar saber la verdad es lo que, desde EL MUNDO, se ha reclamado a la Justicia y a la Policía, con escaso éxito hasta el momento. […] Para este periódico, el auto de ayer supone un aval de credibilidad para una labor de investigación periodística no exenta de dificultades. ¿Qué dirán ahora los que han afirmado que la instrucción lo ha dejado todo claro? ¿Qué argumentarán los que han defendido a capa y espada que las dudas expuestas por EL MUNDO ponían en cuestión la labor de la Policía y a la Justicia? Como en otros casos relevantes, unos hemos buscado la verdad. Otros, el encubrimiento.

Cuando uno no para de atribuirse avalistas por todas partes, luego se ve en la necesidad de explicar a la perpleja afición cómo es posible que los hechos le devuelvan los cheques sin fondos una y otra vez. En estas circunstancias, las pendientes que van del fulanito bueno al fulanito malo, del confiamos en menganito a menganito nos ha hecho una cabronada, son casi ineludibles y encierran en sí mismas el germen de un conspiracionismo que se perpetúa y expande a medida que aumenta el círculo de los vendidos.

Sea como fuere, las flores y el jabón para familiares y amigos vienen acompañados de la correlativa picana para los adversarios, esos malvados oficialistas. Empezando por el malhadado Sánchez Manzano, protagonista del “secreto inconfesable”, a quien Jiménez Losantos dedicó una sesión radiofónica el 23 de enero de 2007 verdaderamente espeluznante: “cenutrio”, “criatura detestable”, “farsante”, “mentiroso redomado”, “embustero redomado”, “un ilegal”, “un sin papeles de la Policía”, “listillo”, “que tendría que estar en Soto del Real, más que nada para evitar el riesgo de fuga, que es muy grande, porque en este tío confluyen muchos hilos del encubrimiento de la masacre del 11-M”. Y así toda la mañana.

De estas caricias no se libraron la fiscal Olga Sánchez ni el juez instructor, Juan del Olmo. La primera, porque, habiendo estado presente en la declaración de Sánchez Manzano en la que éste “confesó” no haber hecho análisis “científicos”, insistió en que en los trenes había explotado Goma 2 ECO (y valeyá…), insistencia que Jiménez Losantos interpreta explícitamente como mentira dolosa (v.g., columnas de 22.1.2007 y 24.1.2007). Y el juez Del Olmo, por permitir todo esto, incumplir su (presunta) obligación de inquirir la razón por la que las muestras no se enviaron a la Policía Científica y ocultar la declaración (confesión) de Sánchez Manzano para disimular su propia incompetencia.

Y esto nos lleva al segundo de los aspectos preliminares que anuncié más arriba.

 Más madera

No puede haber ninguna duda sobre la acrimonia hacia la fiscal y, en particular, el juez instructor que acompañó a las referidas portadas de 21 de enero (respecto al acta de la declaración de Sánchez Manzano) y de 23 de enero (respecto a los nuevos análisis de explosivos ordenados por el Tribunal). Creo importante demorar un tanto mi exposición sobre este punto, para ilustrar una vez más, si aún hace falta, que el conspiracionismo del 11-M no se ha limitado nunca a un sobrio y anodino planteamiento de dudas e interrogantes expuestos cándidamente y sin exabruptos, que es como algunos quisieran presentarse en público: como los abnegados proponentes de “una modesta pero implacable serie de preguntas con sujeto, verbo y complemento directo”, que decía Victoria Prego (EM, 17.9.2006).

En esos días de enero de 2007, se insufló nuevo ímpetu a las acusaciones relativas a los protocolos supuestamente incumplidos por los Tedax, a los defectos legales de su informe sobre los focos de explosión por no llevar doble firma de peritos… Todo ello se recordaba en el editorial del día 21, acompañado de acerbas apreciaciones de la conducta de los implicados:

No hay respuesta […] al hecho de que el juez Del Olmo aceptara como válido un informe policial tan endeble como el del 26 de marzo y haya mantenido en secreto la declaración de Sánchez Manzano en una pieza separada que se ha negado a incorporar al sumario.

No hay la menor duda de que la actuación profesional de Sánchez Manzano, destituido de su cargo en diciembre, oscila entre la incompetencia extrema y la conspiración para obstruir la acción de la Justicia. Merecería una investigación interna y una dura sanción por su como mínimo flagrante incapacidad.

Queda además patente la grave negligencia en la investigación del juez Del Olmo, que ha ocultado las declaraciones de Sánchez Manzano en un intento de autoprotegerse y tapar su propia ineptitud. Su actuación no sólo merecería una seria investigación disciplinaria o penal, sino que además pone en evidencia la desastrosa instrucción del mayor atentado de la Historia de España.

También ante los micrófonos, alguno que debería recordar mejor el Derecho y otros, los más, que nunca lo conocieron, se aprestaron jovialmente a departir cual juristas de verbena acerca de qué castigo sería apropiado para esos crímenes imaginarios.

Así, en la tertulia de la Cope de 22.1.2007, el entonces presidente de Libertad Digital, Alberto Recarte, comentando la noticia del día anterior sobre el pretendido “secreto inconfesable” (y, sin embargo, confesado) de Sánchez Manzano, preguntaba a la concurrencia qué “calificativo jurídico” merecía la actuación del ex Jefe de los Tedax y del juez instructor. Dieter Brandau sugiere al instante la “prevaricación”, pero Luis del Pino duda:

LdP: Para poder afirmar que es prevaricación, habría que demostrar que es una resolución injusta, pero ‘a sabiendas’, entonces, demostrar la intencionalidad es muy difícil.

Sin embargo, Luis Herrero, en aquel momento diputado del Parlamento Europeo por las listas del PP, tercia inmediatamente, dando muestras de su fina y ponderada erudición, acompañado por sus contertulios:

LH: No es nada difícil. No es nada difícil por una razón: porque lo que se adjunta, según la información que publica hoy El Mundo, es un informe que se hace en la sede de los Tedax, no en la Policía Científica, con la firma de un perito. Y, entonces, el Derecho procesal exige, y eso también está perfectamente claro, que los informes lleven la firma de dos peritos. Y, naturalmente, cuando el juez está escuchando esa declaración de Sánchez Manzano apoyada en un informe de la Señorita Pepis, con la firma de un solo científico, está tomando una decisión que es procesalmente inadmisible. Y la fiscal, la fiscal, que es la que hace el peor papelón en todo esto y a la que habría que emplumar, pero vamos, a toda leche, es a la fiscal, entre otras razones, porque la fiscal es la que tiene que garantizar la pulcritud, digamos, de todo el proceso y es la que no tiene ninguna excusa, porque al juez se le puede olvidar hacer una pregunta, pero a la fiscal no.

LdP: Lo que pasa es que diferenciar entre lo que es la intencionalidad y lo que es la mera incompetencia resulta muy difícil.

Losantos: No, pero hablamos de un delito, es que no puede haber ese informe sin la firma de dos peritos, si no, es una fechoría, es un mal, es un hecho dañino, no es un hecho…

LH: Y el hecho de no adjuntarlo al sumario, ¿también es un olvido? Porque a mí es lo que más me sorprendió de la información de ayer.

D. Brandau: Esconderlos, sí.

LdP: Donde más se podría escarbar en la tesis de la prevaricación sería en el hecho de que en noviembre del 2005 [sic] abogados de las acusaciones pidieron al juez Del Olmo que se adjuntaran esos informes originales de explosivos…

Losantos: Y se negó.

LdP: Y se negó.

Losantos: Y la fiscal se negó a todo. Y, lo que es peor, en julio [de 2006] lo sabía y, en septiembre, dijo: ‘en los trenes ha estallado Goma 2 ECO y vale ya’. O sea, esto, la fiscal, Olga Sánchez.

Tras jurispericia de tanto empaque, pasando por emplumes “a toda leche”, Losantos sentencia:

Bueno, yo es que no sé cuántos delitos puede cometer un policía, pero yo creo que éste [Sánchez Manzano] los ha cometido todos, porque estamos hablando de 192 muertos, 1.500 heridos y mutilados, y este tío tiene los santos bemoles de ocultar la prueba fundamental, el arma del crimen. Hace falta ser un bicho de mucho cuidado.

Pero esto sólo era un primer asalto. El furibundo locutor también se despachó a gusto en su columna de la jornada en Libertad Digital (que reprodujo, como era habitual, la información de El Mundo de los días 21 y 23):

¿Cómo puede seguir libre Sánchez Manzano? ¿Cómo puede seguir de juez Juan del Olmo? ¿Cómo puede seguir de fiscal Olga Sánchez? ¿Cómo puede este Gobierno, nacido del 11-M, seguir ocultando los datos esenciales de la masacre pese a que cada vez se hace más sospechoso de participar en la burla a las víctimas del 11-M y a la Justicia?

Cuando llega la impactante portada del día siguiente, martes 23 de enero, el debate continúa a gran altura gracias, entre otras cosas, a la docta presencia del Sr. Ramírez en la tertulia de la Cope:

José Mª Marco: ¿Qué responsabilidad le cabe al juez del Olmo por no haber… simplemente por haberse callado…?

Pedro J. Ramírez: Amigo, esa es una gran pregunta; puede haber de índole penal y de índole disciplinaria.

Losantos: Y a la fiscal. A la fiscal, que públicamente dijo que había estallado en los trenes Goma 2 ECO y vale ya, cuando ella sabía, esto lo dijo en septiembre, cuando ella sabía, desde el mes de julio, que no había ningún análisis porque lo había confesado Manzano al juez en su presencia. Ella sabía que no podía decir eso, que era una mentira y, sin embargo, la dijo. Y, además, la dijo y añadió: ‘y vale ya’. O sea, esto… bueno, si a Del Olmo le cayera un puro, a ésta debería caerle la cosecha de La Habana.

Tomás Cuesta: Es decir, sería la última pregunta: ¿Habrá que instruir un sumario sobre el sumario?

Losantos: Bueno, pero sin la menor duda, una auditoría, vamos, si en España hubiera un Consejo General del Poder Judicial, vamos a ver, por supuesto.

Pedro J. Ramírez: La última ‘fechoría’, con comillas, del juez del Olmo es haber mantenido, y empeñarse en mantener fuera del sumario esa investigación que él realizó, dicho sea de paso, como consecuencia de las revelaciones de Casimiro García Abadillo. […] Hasta Olga Sánchez, por una mera cuestión de apariencia de decencia procesal, había pedido a Del Olmo que se incorporara la declaración de Manzano al sumario. Y él se había negado. ¿Por qué? Porque esperaba que permaneciera escondida para siempre porque, en definitiva, la declaración de Manzano pone en evidencia la gravísima negligencia de Del Olmo, que, primero, ha permitido que el sumario se cierre sin un análisis que cumpla… sin un informe, sin un dictamen pericial que cumpla los requisitos de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, ni desde el punto de vista del rigor del laboratorio que lo realiza, ni desde el punto de vista de la cualificación de las personas que lo firman. Claro, lo que hoy va a comunicar a las partes el Tribunal, desde luego, a Del Olmo lo coloca en una situación, en un banquillo virtual de los malos jueces, como mínimo.

Todo esto es lo que se expresa de manera algo más pulida en el editorial de El Mundo del día siguiente, 24 de enero:

Varapalo a Del Olmo

Ahora bien, el auto no debería avergonzar sólo a quienes han ridiculizado nuestro empeño por investigar el 11-M sino también a quienes tenían el mandato constitucional de  llegar hasta el fondo de la trama y no lo han hecho. Porque a la luz de lo que plantea el tribunal, queda en evidencia que ni el instructor ni la fiscal ni los jefes policiales han estado a la altura del envite.

La orden de repetir los análisis de los restos de los explosivos pasa por encima del criterio expresado por Del Olmo, de la malencarada actitud de Olga Sánchez y su célebre «vale ya» y de la sospechosa conducta del comisario Sánchez Manzano, que llegó a confesar al juez que los análisis de los Tedax –los únicos practicados a los restos de los trenes– no eran «científicos».

Lo que llevaba al coautor de “Titadyn” a concluir, en esa misma edición (CGA, EM, 24.1.2007):

El auto de apertura del juicio oral [2] por el atentado del 11-M supone una enmienda a la totalidad a la instrucción llevada a cabo por el juez Juan del Olmo y la fiscal Olga Sánchez.

Se constata con facilidad, volviendo al pasaje citado de la tertulia radiofónica de 23 de enero, que Olga Sánchez es peor que la mujer de César: su decencia sólo es aparente. Esto lo sabe el director de El Mundo porque es un gran lector de mentes y conoce mejor que nadie las intenciones ocultas de los sujetos, igual que sabe la razón precisa por la que el juez instructor se había negado a incorporar esa pieza al sumario: “porque esperaba que permaneciera escondida para siempre”.

Sin embargo, lo curioso es que, para conocer estas torticeras voluntades simuladas, el director de El Mundo ha tenido que olvidar lo que su periódico publicó meses antes. Una vez más.

Pan para hoy, tortas para mañana

Visitar la hemeroteca de El Mundo es como abordar una montaña rusa: mareante de puro abrumador, pero no tanto por la excitación cuanto por la violencia de sus cambios de dirección y requiebros en la trama (digo bien trama porque, en demasiadas ocasiones, lo suyo es más novela que investigación). Algunos periódicos no necesitarían oponentes; parecen entregados a un diálogo diferido ante el espejo, tan incongruente como desmemoriado. O, mejor, incongruente por desmemoriado. Eso, en ciertos aspectos, facilita la tarea a sus críticos: para hallar una réplica frente a la portada del momento muchas veces basta con encontrar la adecuada edición del pasado (no siempre lejano) y contrastar las volubles posiciones. El caso que nos ocupa lo ilustra a la perfección.

En enero de 2007, se le afea en desabridos términos al juez instructor haber ocultado la declaración de Sánchez Manzano de 17 de julio de 2006. García Abadillo, por su parte, lo resumía así (EM, 21.1.2007):

Las manifestaciones de Sánchez Manzano no han sido incorporadas al sumario del 11-M, sino que forman parte de las diligencias previas 147/2006 que se incluyen en una pieza separada sobre el explosivo utilizado el 11-M, abierta tras cerrarse el sumario.

A pesar de la insistencia de las partes personadas en el caso e, incluso, de la fiscal Olga Sánchez, Del Olmo se ha opuesto a incorporar dichas actuaciones al sumario del 11-M.

Fechoría” que, como hemos visto, el juez supuestamente cometía para “tapar su propia ineptitud”.

Pero basta remontarse algunos meses atrás en los archivos de El Mundo para asistir a una de esas piruetas editoriales que hay que ver para creer. Resulta que cuando, de hecho, el juez Del Olmo tomó la decisión de negarse a incorporar al sumario del 11-M esa pieza separada con la declaración de Sánchez Manzano, a pesar de la insistencia de Olga Sánchez, el diario del Sr. Ramírez… ¡lo cubrió de elogios! Quizá en la redacción pensaron luego que, con los calores estivales, nadie se acordaría, pero las hemerotecas no perdonan. El caso es que la edición de 3 de agosto de 2006 se abría con un estupendo titular: “El juez decide seguir investigando qué explotó el 11-M a pesar de la Fiscalía”. O sea:

El juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo ha decidido seguir investigando para esclarecer qué tipo de explosivo fue utilizado para cometer los atentados del 11 de Marzo de 2004 en Madrid, a pesar de que la fiscal Olga Sánchez le había pedido que incorporara esas diligencias al sumario principal, lo que en la práctica supondría cerrarlas.

En páginas interiores, la redacción era aún más explícita, empezando por el título: “Del Olmo desoye a la fiscal y seguirá investigando qué explosivo estalló en los trenes”:

El juez Juan del Olmo va a seguir investigando la naturaleza del tipo de explosivo que se utilizó para cometer los atentados del 11-M, en otro proceso judicial, y ha rechazado la petición que había planteado la fiscal del caso, Olga Sánchez, para incorporar al sumario principal el resultado de unos interrogatorios que ha practicado el magistrado en torno a esos explosivos.

[…]

La semana pasada, la fiscal pidió al juez que incorporara esos interrogatorios –las diligencias previas 147/06– al sumario del 11-M –el 20/04–, porque considera que se trata de los mismos hechos y, por consiguiente, así podrían ser utilizados como prueba en el juicio.

El juez respondió ayer a la fiscal con una resolución de 11 folios en la que indica que «en modo alguno» ha realizado en esas diligencias previas una actuación dirigida a esclarecer algunos extremos del sumario 20/2004, pues éste lo dio por concluido el día 6 de julio.

Un antetítulo señala que el juez “dice que, para tenerlos en el juicio, las partes pueden solicitarlos en un trámite posterior”; y el cuerpo de la noticia precisa:

Respecto a la posibilidad de que esas partes tengan en su poder el resultado de esos dos interrogatorios el día que comience el juicio, el juez del Olmo indica que cuando llegue el trámite de «calificación» […] pueden solicitar como medio de prueba que se incorpore al sumario testimonio [una fotocopia] de esas dos declaraciones «o de cualquier otro documento que obre en las diligencias previas».

Por si quedara alguna duda sobre el sentido que cabía dar a la información, el editorial (“Del Olmo abre una puerta a la verdad sobre el 11-M”) se expresaba en el estilo ampuloso al que nos tiene acostumbrados para aplaudir la resolución del instructor:

Tal es la gravedad de lo que ha puesto en evidencia la investigación de EL MUNDO en relación a los explosivos del 11-M y tan grande es la mezcla de indignación e impotencia que nos ha venido produciendo hasta ahora la falta de reacción de todos los poderes del Estado, que, aunque sólo sea por dejar constancia una vez más de nuestra fe en las instituciones, queremos aferrarnos al –cómo no– enrevesado auto dictado ayer por el juez Del Olmo, en el que vislumbramos un pequeño rayo de luz al final de un largo tunel.

El magistrado rechaza en este escrito las peticiones de la fiscal Olga Sánchez para incorporar al sumario las declaraciones del jefe de los Tedax y de la inspectora que realizó las pruebas de los explosivos en los laboratorios policiales, lo que hubiera supuesto no seguir investigando […].

[L]a fiscal Olga Sánchez –verdadero peón de brega del fiscal general del Estado y del Gobierno– ha intentado sin éxito que las declaraciones de Manzano y la inspectora fueran incorporadas al sumario, dando por concluida cualquier investigación y fingiendo ignorar las muchas contradicciones y las lagunas existentes en su nueva versión de los hechos.

Pero Del Olmo no se ha prestado al juego de cerrar los ojos esta vez, sea porque se ha dado cuenta de estas contradicciones, sea por la vergüenza de sentirse manipulado, sea por una elemental prudencia o sea porque quiere llegar hasta el final.

[…]

Esta decisión judicial debería obligar a recapacitar también tanto al Gobierno como al Parlamento. […]

No, en serio: que la fiscal pida incorporar esas declaraciones al sumario es censurable. Que Del Olmo se niegue a hacerlo es encomiable. Su resolución es “una puerta a la verdad del 11-M” y debería hacer recapacitar a las instancias oficiales. Igualito que en enero de 2007… sólo que al revés.

Pero esta flagrante muestra de criterio tornadizo no agota las lecciones de periodismo que cabe extraer del episodio, ni mucho menos.

Un lector habitual de El Mundo habría tenido razones suficientes para dudar de que la interpretación de los hechos que se le pretendía endilgar en enero de 2007 era razonable… con sólo leer habitualmente El Mundo. Repitamos: la declaración de Sánchez Manzano, se dice entonces, era escandalosa y Del Olmo pretendía ocultarla para que nadie conociera su contenido. Sin embargo, enero de 2007 no era la primera (ni la segunda) vez que este diario informaba sobre las diligencias 147/2006, que contenían el acta de la controvertida declaración de Sánchez Manzano. El 14 de diciembre de 2006, El Mundo llevaba a su portada las quejas de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M (AAV11-M), que protestaba porque Del Olmo, aparentemente, no le había permitido aún acceder a las diligencias 147/2006, pese a que había solicitado personarse en ellas. En esa situación se hallaba también la AVT. Pero no todas las asociaciones de víctimas habían corrido la misma suerte. El diario señalaba:

Entre el material reunido en las diligencias previas 147/2006 se encuentra la comparecencia en la que el comisario jefe de los Tedax explicó a Del Olmo que se había equivocado al decir en la Comisión de Investigación que en los focos de la masacre se detectó nitroglicerina. Ese hallazgo implicaba que lo que estalló no podía ser la Goma 2 ECO robada en Asturias. Ni la AVT ni la asociación presidida por Ángeles Domínguez [AAV11-M] pudieron estar presentes en esa declaración.

Actualmente, sólo la Fiscalía y la Asociación de Víctimas del 11-M encabezada por Pilar Manjón [Asociación 11-M Afectados del Terrorismo] pueden acceder a ese material. Esta asociación fue la primera en solicitar la personación como acusación popular, que fue admitida por Del Olmo unos días más tarde.

El Mundo sabe, y así lo escribe, que la asociación de Pilar Manjón  sí tiene acceso al acta de la comparecencia de Sánchez Manzano. Si es cierto, como pretenden algunos periodistas, que su contenido es tan escandaloso, tal vez pueda llegar a entenderse (aunque no deja de ser una asunción exorbitante) que el juez instructor quiera ocultar el documento para “tapar su propia ineptitud” (aunque sería sorprendente que la fiscal, ese “peón de brega del Gobierno”, no se hubiera prestado a ello). ¿Pero cómo explicar el silencio cómplice de la Asociación 11-M Afectados del Terrrorismo? No seré yo quien niegue a nadie el derecho a considerar objetables las posturas y manifestaciones de su presidenta. Pero hay que estar poseído por un sectarismo odioso (como el que lleva a Pío Moa a calificar repetidamente de “nazi” a Pilar Manjón, v.g.: 26.9.2005, 7.10.2006, 31.10.2007 y 14.5.2009) para insinuar siquiera que la asociación con el mayor número de víctimas del 11-M entre sus miembros va a estar dispuesta a consentir mansamente lo que, en palabras de Pedro J. Ramírez, constituía el “encubrimiento masivo de lo ocurrido”. Otra posibilidad es que la lectura que hace El Mundo de la tantas veces mentada acta no sea más que eso: una interpretación (comentario de texto) discutible, en absoluto evidente, que no tiene por qué ser compartida por cualquiera.

Y recordemos, además, la afirmación de Pedro J. Ramírez en la tertulia de 23.1.2007:

Hasta Olga Sánchez, por una mera cuestión de apariencia de decencia procesal, había pedido a Del Olmo que se incorporara la declaración de Manzano al sumario. Y él se había negado. ¿Por qué? Porque esperaba que permaneciera escondida para siempre […].

El maligno juez quería que no viera la luz, pero los intrépidos periodistas cargaron con la noble tarea de buscar la verdad, “horadando el túnel de la opacidad”, que escribía el director de El Mundo en su Carta de 28.1.2007. Tanta malicia en un lado, como heroicidad en el otro.

Pero un lector habitual y atento podría preguntarse nuevamente cómo interpretar lo que El Mundo había publicado el 3 de agosto de 2006, explicando las razones por las que entonces el juez Del Olmo se había negado a incorporar esas diligencias 147/2006 al sumario, “desoyendo” a la fiscal:

Respecto a la posibilidad de que esas partes tengan en su poder el resultado de esos dos interrogatorios el día que comience el juicio, el juez del Olmo indica que cuando llegue el trámite de «calificación» […] pueden solicitar como medio de prueba que se incorpore al sumario testimonio [una fotocopia] de esas dos declaraciones «o de cualquier otro documento que obre en las diligencias previas».

Y, por mucho que se hiciera de rogar, lo cierto es que las partes pudieron finalmente acceder a esos documentos, porque el mismo diario El Mundo nos confirma, por ejemplo, que la AVT acabó estando personada en esas diligencias previas. Así lo expone en una noticia de 22.5.2007 que da cuenta de determinadas solicitudes planteadas por esta asociación al juez Del Olmo:

La AVT, personada como acusación popular en el juicio por la masacre, ha optado por hacer sus peticiones dentro de las diligencias 147/2006, abiertas por Del Olmo tras concluir el sumario para proseguir con la investigación. Dentro de esta causa, en la que también está personada la asociación, se tomó declaración a Sánchez Manzano y a la perito de los Tedax para intentar aclarar la supuesta aparición de nitroglicerina en los focos de la masacre.

De hecho, no es descabellado suponer que si El Mundo se hizo con el acta de la declaración fue precisamente a través de alguna de sus asociaciones más cercanas, cuando a éstas se les dio testimonio del documento en cuestión.

Parece evidente que un juez que señala que las partes podrán pedir copia de un documento y que, finalmente, permite el acceso a dicho documento, no puede ser el mismo juez que quiere encerrar bajo siete llaves ese documento.

Y ahora un detalle anecdótico: resulta que el Sr. Del Olmo no sólo recibió peticiones para incluir esas diligencias en el sumario. En el tomo 238 de éste, folios 93105 y ss., consta un escrito de 18.7.2006 de la defensa de Rafa Zouhier, en el que se menciona que ésta “exclusivamente a través de los medios de comunicación ha tenido conocimiento” de las diligencias 147/2006, “las cuales consistirían […] principalmente en toma de declaración de Sr. Sanchez Manzano y de la funcionaria subinspectora con carnet profesional 17.632” y solicita expresamente que no se unan al sumario del 11-M. No se puede contentar a todo el mundo.

Pero un conocedor de la hemeroteca del diario buscador de la verdad podría seguir haciéndose preguntas. Por ejemplo: si en enero de 2007 se considera deleznable que Del Olmo no hubiera incorporado las diligencias 147/2006 al sumario del 11-M y se le imputa la intencionalidad cuasi prevaricadora de ocultar “para siempre” su contenido, entonces, ¿por qué no merecen el mismo reproche todos los jueces que adoptaron idéntica resolución?

—¿Cómo? ¿Otros jueces que adoptaron idéntica resolución? —podría sorprenderse algún observador despistado. Pero yo hablaba de un conocedor de la hemeroteca.

El 3 de octubre de 2006, una breve noticia de El Mundo llevaba por título “La fiscal pide la apertura del juicio oral”. Según el diario:

Así consta en un escrito elevado a la Sala en el que la fiscal pide también que se requiera al juez Juan del Olmo, instructor del sumario sobre el 11-M, que remita las diligencias previas 147/2006 […].

A juicio del Ministerio Público, esas diligencias deben ser incorporadas al sumario «para su examen y proposición como medio de prueba» para que puedan ser valoradas en el marco del juicio oral que se celebre por este caso.

Dentro de esas diligencias, el juez tomó declaración al comisario jefe de la Unidad de Desactivación de Explosivos, Juan Jesús Sánchez Moreno [sic], y a una inspectora de la Unidad Central de Explosivos de la Policía Nacional, para que aclarasen algunas contradicciones sobre los explosivos.

La fiscal ya pidió esta acumulación al juez el pasado 26 de julio, pero Del Olmo se negó.

Es decir, Olga Sánchez insistió en mantener su mera “apariencia de decencia procesal” y, al solicitar la apertura del juicio oral, reclamó nuevamente la inclusión de esas diligencias previas.

Respondiendo a ésta y otras peticiones de las partes, el 31 de octubre de 2006, la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional dictó el auto que confirmaba la conclusión del sumario dictada por Juan del Olmo y, en consecuencia, acordaba la apertura del juicio oral en el procedimiento del 11-M. Esta Sección Segunda era la que juzgaría los hechos y el auto de apertura lo firmaban los magistrados Javier Gómez Bermúdez, Fernando García Nicolás y Antonio Díaz Delgado. Este último era quien en un principio estaba designado como juez ponente de la futura sentencia del 11-M, pero pocos días después, el 3 de noviembre de 2006, el Pleno del Consejo General del Poder Judicial aprobó su nombramiento como Presidente de la Audiencia Provincial de Cuenca, puesto al que había optado por iniciativa propia. De este modo, fue sustituido por Félix Alfonso Guevara Marcos para completar la conocida terna que dictó la sentencia de 31 de octubre de 2007. Cuando este tribunal, en su formación definitiva, decidió el 23 de enero de 2007 que se realizara una nueva pericial de explosivos, la valía de sus miembros fue puesta de relieve por los mismos periodistas que denostaron el comportamiento del juez instructor que hemos venido examinando. Recuérdese el editorial de El Mundo de 24.1.2007:

Casi tres años después, podemos decir que tres magistrados –tres presidentes de sección, con una larga experiencia procesal a sus espaldas– comparten con nosotros y nuestros lectores el afán por desentrañar la verdad de los hechos.

Y más enfático fue Pedro J. Ramírez en la tertulia de la Cope de 23.1.2007:

Este tribunal está compuesto por tres jueces muy experimentados, tres Presidentes de Sección, los tres son Presidentes de Sección, los tres han presidido juicios, no es esto que a veces un tribunal se compone de un magistrado más avezado y otros más bisoños, no, no, en este caso, los tres, digamos que son pesos pesados de la Audiencia Nacional. Entonces, claro… yo entiendo que ellos actúen con la prudencia de quien sabe que en definitiva se está jugando su prestigio.

Pues bien, dos de esos tres pesos pesados con una larga experiencia procesal a sus espaldas son quienes suscriben el auto de apertura de 31 de octubre de 2006. Dicho auto puede consultarse, por ejemplo, en elmundo.es. Y en su página 2 leemos el primero de sus fundamentos jurídicos:

No ha lugar a la acumulación o incorporación de las D. Previas 147/06 del Juzgado Central de Instrucción nº 6, cuyo contenido desconoce el Tribunal, sin perjuicio de que las partes que lo solicitaron puedan pedir la unión de los testimonios de particulares que estimen oportunos como prueba documental y la práctica de la testifical de los funcionarios a los que hacen referencia en sus escritos para que depongan en el plenario sobre todo aquello que tenga relación con el objeto del proceso, objeto que aparece delimitado por los hechos del auto de procesamiento y que concretados [sic] en los escritos de calificación.

O sea, que el tribunal juzgador del 11-M confirma la decisión del juez instructor de no incorporar al sumario las diligencias 147/06 y recuerda, como hizo Del Olmo, que las partes podrán pedir testimonio de su contenido si lo estiman conveniente. No cabe duda de que El Mundo se enteró perfectamente del contenido de este auto, pues dio cuenta de ello en su edición de 1 de noviembre de 2006, mediante artículo de Manuel Marraco. Con carácter incidental, no está de más apuntar que los titulares escogidos son algo tendenciosos al expresar que el Tribunal “subraya que el juicio no cierra la investigación” y “resalta que la investigación sigue abierta”, siendo así que el auto de apertura se limita a señalar una obviedad (caben nuevas indagaciones en caso de que surjan elementos relevantes inesperados) apoyada en la cita de la legislación pertinente en respuesta (desestimatoria) a quienes solicitaban que se devolviera el sumario al instructor para que continuara la práctica de diligencias de investigación. Sea como fuere, en lo que ahora nos atañe, el artículo de El Mundo refería específicamente lo que sigue:

La Sala rechaza acumular esas nuevas diligencias [se refiere a las 147/2006] al sumario del 11-M –como también había pedido la Fiscalía– aunque recuerda que puede pedir que una copia se aporte al sumario para tenerla en cuenta durante el juicio. En esas diligencias Del Olmo interrogó al jefe de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano, por sus declaraciones contradictorias sobre las sustancias detectadas en los focos de los atentados.

¿Qué pasa? ¿Nadie se lee su periódico en la redacción de El Mundo?

Recapitulemos: En agosto de 2006, Del Olmo “desoye” a la fiscal y es aplaudido por ello. En octubre de 2006, el tribunal de la AN que juzgará el 11-M confirma la resolución de Del Olmo y nadie objeta nada. Pero, en enero de 2007, de repente, esa misma acción pretérita de Del Olmo se desempolva y reinterpreta como fechoría poco menos que prevaricadora, en contraste, sobre todo, con la actuación de ese estupendo tribunal que, sin embargo, en octubre de 2006, hizo exactamente lo mismo… pero ya nadie se acuerda.

Aquí, repito, es cuando un lector atento puede empezar a sospechar que hay gato encerrado. En definitiva, que a algunos periodistas les mueve algo más que la ecuánime búsqueda de la verdad.

Y todo esto sin haber entrado siquiera en el fondo de la cuestión, es decir, las palabras de Sánchez Manzano ante el juez instructor en su comparecencia de 17 de julio de 2006.

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[1] Como casi todas las referencias conspiracionistas al “Caso Dreyfus” ésta también está muy traída por los pelos. Entre el 11 de Marzo de 2004 y el 23 de Enero de 2007 transcurren 34 meses y trece días. Entre el 22 de Diciembre de 1894 (condena de Dreyfus) y la fecha de la admisión a trámite por la Corte de Casación (26 de Septiembre de 1898) transcurren 45 meses y tres días. Las cosas empeoran si se considera la fecha de la Casación y anulación del juicio anterior o, según expresión de Ramrez “se ordena la repetición del Juicio“ (3 de Junio de 1899; 53 meses y doce días) (Nota del Editor)

[2] En realidad, es el auto de señalamiento de la vista oral. El auto de apertura propiamente dicho se dictó el 31 de octubre de 2006 y se mencionará más adelante. (Nota del Autor)  

(Continuará)

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