Titadyn, el eterno retorno (I)

EL ETERNO RETORNO (I), por Rasmo

I. INTRODUCCIÓN

El conspiracionismo del 11-M parece resucitar con ímpetu en las últimas semanas a cuenta, cómo no del asunto del “arma del crimen”, esto es, los explosivos utilizados en los trenes. No es de extrañar. Hace casi tres años que El Mundo (EM) lo bautizó como “el gran agujero negro”, señalando que “la incógnita de qué fue lo que explotó en los trenes se convierte así en el agujero negro por antonomasia del 11-M, en la medida en que engloba a todos los demás” (editorial, EM, 17.7.2006). Su importancia y (conviene subrayarlo) sus consecuencias a efectos de la autoría eran obvias:

“Porque no estamos hablando de una incógnita secundaria o de un asunto baladí, sino de la base misma sobre la que se ha construido toda la causa penal del 11-M: el tipo de explosivos que estallaron en los trenes”, de modo que “si se confirma que el análisis de los restos de explosivo de los trenes sí arrojó como resultado la presencia de nitroglicerina, el sumario entero se vendría abajo y habría que empezar prácticamente de cero la búsqueda de los autores materiales”  (editorial, EM, 13.7.2006).

El mismo Casimiro García Abadillo, autor del prólogo de «Titadyn?», lo  dejaba muy claro en  un artículo de  El Mundo de 18.6.07:

«Otro explosivo lleva necesariamente a  otros autores. Eso es evidente. Y, desde luego, la aparición de Titadyn lleva indefectiblemente a ETA.»

La nueva ofensiva merece, por tanto, una contundente refutación, punto por punto y en cuanto al fondo. Pero parece asimismo pertinente hacer una introducción general que ponga de relieve algunos aspectos contextuales y circunstanciales que permiten albergas serias reservas de principio a lo que se intenta hacer pasar como el estudio que “debería reabrir el caso del 11-M” (CGA, EM, 24.5.09).  Las siguientes consideraciones preliminares serán extensas y, en ocasiones, descenderán incluso al detalle, pero este proceder se me antoja necesario, dada la gravedad de la materia y la necesidad de fundamentar toda crítica sobre bases sólidas.

Pero, antes de que el lector pierda la paciencia o se extravíe en la madeja de las posteriores páginas, conviene adelantar y presentar inmediatamente las dos líneas esenciales de mi argumentación: A) por un lado, la falta de novedad y, por otro, B) la incoherencia del nuevo caballo de batalla conspiracionista.

A) En efecto, lo primero que debe reseñarse es que, pese a las exaltadas alharacas, los dramáticos aspavientos y demás efusiones ampulosas propias de determinados personajes, no hay en realidad absolutamente NADA nuevo en el contenido de la reciente tromba mediática. Salvo una más aparente que auténtica excepción (de la que se dará cumplida cuenta más adelante), asistimos a la enésima representación de un manido modus operandi conspiracionista: el ‘remake’ de viejos clásicos. Así, a lo largo de los últimos años, ha sido una experiencia cotidiana encontrar supuestas novedades informativas que no eran otra cosa que la reelaboración, bajo nuevas y más intrigantes envolturas, de noticias, alegaciones y argumentos ya publicados en su día con menor suspicacia o con la misma suspicacia pero menor éxito de ventas. Flor nueva de romances viejos, por citar un título de Menéndez Pidal, sólo que en esta ocasión las flores son de plástico y brotan de un hediondo estercolero. Y es que, en el prólogo de Casimiro García Abadillo (vicedirector de El Mundo) del libro “Titadyn”, aparece un pasaje que debe quedar grabado a fuego en la memoria de cuantos se acerquen al estudio del caso que nos ocupa (Pg 15):

Iglesias no ha realizado nuevas pruebas en laboratorio. No podía hacerlo, toda vez que los vestigios sobre los que trabajó durante la pericia están bajo custodia policial. Su labor se ha centrado en la revisión de todos los análisis que se llevaron a cabo (centenares de pruebas agrupadas en 26 tomos) y, sobre todo, en la interpretación de algunos de los resultados que, por distintos motivos, no se pudo hacer en su día de manera ajustada y que supone, como veremos, un varapalo sin precedentes a la teoría oficial […].

Revisionismo, pues, y de la peor especie: nos hallamos ante una operación en la que sus protagonistas actúan como el mal perdedor que, concluido el partido, exige que le dejen repetir un penalti, pero con la portería vacía, sin oposición alguna. Así, quienes en su día tuvieron amplia oportunidad de defender sus tesis, sin saber o poder convencer de ellas a un tribunal, en un proceso contradictorio y en el que estaban sujetos a refutación y controversia frente a otros peritos químicos discrepantes, repiten ahora sus viejas formulas, apenas retocadas, desde púlpitos privilegiados, aprovechando la unilateral cobertura de los recursos periodísticos, editoriales y radiofónicos puestos a su servicio. Isócrates hizo a este respecto una observación que me parece muy pertinente:

Cabe señalar que, una vez jurado su cargo, la primera obligación del Sr. Iglesias es con la administración de justicia, no con la asociación que le paga ni con ningún medio periodístico. El Sr. Iglesias tuvo acceso a todo el material que utilizado en su condición de perito designado judicialmente y con el exclusivo fin de ayudar al tribunal. Si, fruto del “análisis sosegado” de esa información, ha llegado a alguna conclusión relevante, es al tribunal a quien debe comunicársela y no hacer uso de ella para su lucro personal, ni para el de ninguna asociación, editorial o periódico. Por otro lado, todo el mundo pudo ver y puede comprobar las “dificultades” que tuvo para exponer su criterio durante la vista oral: ninguna. Es decir, ninguna más allá de ser rebatido por otros peritos.

B) La otra debilidad fundamental del último asalto conspiracionista puede expresarse brevemente con la siguiente imagen: están defendiendo enardecidamente que la botella está medio vacía y, al mismo tiempo, negando exaltadamente que la botella esté medio llena y reprobando con no menos vehemencia a quienes defienden esto último. Pero, como dicen los franceses, no se puede tener la mantequilla y el dinero para la mantequilla. Usan y aceptan argumentos que ellos mismos han declarado inválidos en otro momento para estas mismas cosas o que aplican al mismo tiempo a cosas distintas. Es el sempiterno “cara, yo gano, cruz, tú pierdes”. Y, cuando se aplican criterios de aceptación y refutabilidad distintos y arbitrariamente escogidos a conveniencia para una hipótesis y su contraria, lo que se hace es mala ciencia.

Porque, lo que el Informe Iglesias ha consagrado, es lo que podríamos denominar “Química Según”. Así, adelantando ahora sucintamente un examen que se abordará más tarde, la discusión se ha centrado siempre en la interpretación que ha de darse a la aparición, en los análisis de explosivos, de elementos que, en principio, no se corresponden con la descripción de un explosivo según su ficha técnica. De este modo: ¿la aparición, en los análisis de laboratorio correspondientes a los focos de la explosión, de un elemento teóricamente ajeno a la composición de un explosivo permite descartar que se haya usado tal explosivo? Pues… según. Si se trata de elementos teóricamente (sobre el papel) ajenos a la Goma 2 ECO (concretamente, dinitrotolueno –DNT–, en todas muestras, y nitroglicerina –NG–, en una sola muestra), entonces sí, sin duda, no hubo Goma 2 ECO. En cambio, si se trata de algún elemento en principio ajeno al Titadyn y exclusivo de la Goma 2 ECO (dibutilftalato –DBT–, en todas las muestras salvo una)… no, no puede descartarse que se empleara el Titadyn. ¿Por qué? Porque en el análisis de una muestra de Titadyn no explosionado se han detectado (pretendidamente, aunque, como veremos, ni siquiera esto es seguro) trazas de DBT, por tanto, el DBT también es un componente del Titadyn, diga lo que diga su ficha técnica.

Pero, entonces, ¿quiere esto decir que si en el laboratorio se detecta algo distinto de lo que dice el papel, debemos fijarnos en lo que dice el análisis y no en la ficha técnica? Pues… según. Para el Titadyn, sí, sin duda, porque ya hemos visto que en una muestra de dicha dinamita aparece DBT y el Titadyn nos gusta. Pero, el hecho de que en 24 de las 26 muestras de Goma 2 ECO indubitada, sin explosionar, se encuentre DNT y, en 9 de esas muestras, también NG, no significa nada, porque ya sabemos que la ficha técnica de la Goma 2 ECO no incluye el DNT y la NG y la Goma 2 ECO no nos gusta. ¿Fácil verdad? El conspiracionismo se refuta a sí mismo constantemente y acumula incongruencias y afirmaciones incompatibles sin mesura.

Uniendo los puntos A) y B), pues, procede señalar que el “Titadyn” no sólo es una recopilación de lugares comunes y grandes éxitos reciclados del argumentario de siempre, sino que, para sustentar los principales hallazgos que se pretenden novedosos, el perito Iglesias se desdice de lo declarado o admitido por él en el juicio bajo juramento o promesa de actuar con objetividad e imparcialidad, en condiciones, repetimos, de refutabilidad, debate y contradicción que ahora brillan por su ausencia. En este sentido, Quetza hizo una muy atinada aportación en el foro, que me permito recoger. La Ley de Enjuiciamiento Criminal dispone, en su artículo 483:

El Juez podrá, por su propia iniciativa o por reclamación de las partes presentes o de sus defensores, hacer a los peritos, cuando produzcan sus conclusiones, las preguntas que estime pertinentes y pedirles las aclaraciones necesarias.

Las contestaciones de los peritos se considerarán como parte de su informe.

Pues bien, en lo que atañe a una de las principales imputaciones veladas o explícitas de la nueva ola conspiracionista (la manipulación de las pruebas referentes a los explosivos), debe citarse un momento del juicio bastante conocido (sesión del día 29.5.2007; recojo mi propia transcripción, no la efectuada por los peones negros, que varía en algún detalle irrelevante a los presentes efectos):

Letrado (Defensa de Rafa Zouhier): “En primer lugar, quería preguntar si, frente a la hipótesis de la contaminación ambiental, es posible y científicamente se podría sostener que ha habido una intervención humana, deliberada o no, ahí no entro. Pero, si eso se podría mantener, ¿sería igual de, hipotéticamente igual de factible? ¿o más? ¿menos? ¿o se puede descartar por completo?

Perito 1: Vamos a ver, yo lo descarto por completo por una circunstancia: creo que nadie es capaz, nadie de esta Sala sería capaz de contaminar aproximadamente igual todas las muestras.

 

Letrado: ¿Están todos de acuerdo?

Perito 1: Desde luego, tendría que ser un genio para introducir el mismo nivel de contaminación que decíamos en focos, muestras intactas, parece un artificio de genio, realmente.

Y, al final de la discusión, la pregunta clave:

Gómez Bermúdez: En cualquier caso, la pregunta… […], la cuestión es: ¿La contaminación humana la descartan ustedes, voluntaria o involuntaria?

Perito [varios simultáneamente]: Yo sí.

Otro: Yo pienso que sí.

Otro: Sí.

Otro:

Otro: Sí, yo también la descarto.

G.B.: ¿Todos o no todos?

Otro perito [casi inaudible]: Sí.

G.B. [mirando a otro perito]: ¿Sí? ¿La descartan? Bien, todos la descartan.

Como indica Quetza, cuando Bermúdez preguntó a todos los peritos si todos descartaban la contaminación humana, voluntaria e intencional, todos la descartaron, incluido Iglesias, que nada objetó cuando el juez concluyó entonces que todos descartan esa contaminación. Objeción, añado, que era su obligación hacer si tenía alguna reserva, para no inducir a error al tribunal (suponiendo que fuera, efectivamente un error).

Otro momento destacado del juicio y que, siguiendo lo preceptuado por la Ley de Enjuiciamiento Criminal, debe considerarse también incluido en el informe original del perito Iglesias, que hoy se retracta de ello o, más reprobablemente, atribuye a añagazas de terceros, es el siguiente (sesión de 28.5.2007):

Fiscal: El dibutilftalato o ftalato de dibutilo ¿es componente exclusivo de la Goma Dos Eco?

Perito: Eeh, no conozco ninguna otra dinamita que lo lleve.

GB: ¿En eso están de acuerdo todos?

Peritos:

Y, para anticipar alguna crítica conspiracionista, si hay algún momento o contexto en que es literalmente válido el aforismo “quien calla otorga”, es éste.

Conviene no perder de vista los anteriores elementos, sobre los que tendremos ocasión de volver más adelante. Paso ahora a la parte más descriptiva.

Artículo siguiente: Titadyn, el eterno retorno (II)

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12 Responses to “Titadyn, el eterno retorno (I)”

  1. […] el libro (parte 1) Titadyn, el eterno retorno (1) Titadyn, el eterno retorno (2) Titadynante es poco Titadyn, falso lavado con agua y acetona […]

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  6. […] como impresionante. Claro que entonces se trataba de desacreditar una tesis de la Fiscalía. Es la “Química según” en la estrategia de “cherry picking”, o “escoger cerezas“, […]

  7. Migue dice:

    Joder tío, lo llego a saber no pierdo el tiempo leyendo esta tontería que le falta un profundo desconocimiento del tema y de todos los argumentos.
    En fin, hasta nunca

  8. morenohijazo dice:

    Estimado Migue:

    Lamento que te haya parecido poco trabajado el artículo, junto con sus argumentos y su estilo.

    Te invito a colaborar en nuestro Foro: http://foro.desiertoslejanos.com/ para aportar tus conocimientos a la discusión común.

  9. […] televisión, es tarea ingrata y onerosa. Parte de ese trabajo avanza arrastradamente en mi serie “El Eterno Retorno” y habrá de continuar en el futuro inmediato a un ritmo no menos desesperante. Por fortuna, el […]

  10. […] publicaban; la última, el bochornoso -desde el punto de vista químico y literario- libro “Titadyn“, de Antonio Iglesias y Casimiro García Abadillo, y la emisión de fragmentos seleccionados de las […]

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