Titadyn, el eterno retorno (LIV) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (LIV) por Rasmo

(Continúa de la entrada anterior)

Podemos seguir el examen de la postura conspirativa iniciado en la anterior entrega subrayando nuevamente que la confiada identificación del explosivo por parte de Antonio Iglesias y compañía se hace, pues, sobre la base de un listado de componentes detectados en el análisis: eso es lo que significa su reiteración de la suficiencia de un análisis cualitativo.

Así, en la famosa muestra M-1, en los análisis ordenados por el tribunal del 11-M, se habían hallado componentes comunes a la Goma 2 ECO y al Titadyn, como el nitroglicol (EGDN) y el nitrato amónico. [1] Pero, como recoge el perito Iglesias en sus conclusiones en el informe de 2007 (p. 202):

La presencia conjunta en la muestra M-1 de DNT, EGDN, NG, componentes de TITADYN, indica que es altamente probable que este explosivo haya estallado en el foco nº 3 de la estación de El Pozo.

Y, en su libro, reproduce más extensamente esta conclusión, tanto en la página 151:

La presencia conjunta de nitrato amónico (AN), dinitroetilénglicol (EGDN), dinitrotolueno (DNT) y nitroglicerina [NG] confieren a esta muestra [M-1] la característica de permitir discriminar el tipo de dinamita utilizado en el foco de donde fue extraída.

Como en la página 416:

[L]a M-1, procedente del foco 3 de la estación de El Pozo, […] ha revelado en su análisis, además de la presencia de compuestos comunes a Goma 2 ECO y Titadyn (nitrocelulosa, dinitroetilenglicol), la de otros que permiten discriminar el tipo de explosivo, a saber: dinitrotolueno y nitroglicerina (componentes de Titadyn y no de la Goma 2 ECO).

Nótese que, en esta segunda cita, el autor se ha olvidado del nitrato amónico y, en su lugar, refiere una “nitrocelulosa” cuya detección no figura en documento alguno. Es un desliz muy a tono con el conjunto de su obra. En este sentido, y con carácter anecdótico, puede recordarse asimismo que este perito es bastante puntilloso, en cambio, a la hora de evaluar denigratoriamente los usos terminológicos ajenos. En numerosas ocasiones, por ejemplo, Iglesias ha manifestado su rechazo a que se hable de “muestra patrón” o “patrón indubitado” para referirse a la muestra de Goma 2 ECO (M-3) extraída de un cartucho de ese explosivo que la perito 17.632 remitió a la Policía Científica para cotejo con la sustancia hallada en la furgoneta Kangoo (muestra M-2). Así, durante el juicio, provocando cierta impaciencia en el presidente del tribunal (sesión de 28.5.2007):

Gómez Bermúdez: Bien. Antes de avanzar, por qué dice usted que discrepa de que use la… “patrón indubitable”.

A. Iglesias: Sí, quería decir que discrepo en lo… en la definición que ha dado la señora de muestra patrón. Realmente, una muestra patrón, nos hemos referido al concepto que en química analítica se tiene de ella, normalmente va referido a una especie química. Dado que una goma no es una especie química, sino una mezcla, no se puede hablar en puridad de una sustancia patrón, sino de una muestra de referencia…

Perito 17.632: Ya.

A. Iglesias: …de acuerdo quizá con las especificaciones.

Gómez Bermúdez: Ya, pero en cualquier caso, a efectos de la pericia, ¿se trata de una muestra, en eso no discuten ustedes, se trata de una muestra que viene de fábrica?

A. Iglesias: En eso no discutimos, pero quería hacer esta precisión.

Gómez Bermúdez: Bien, bien, pero entonces, la comparación se hace con una muestra de fábrica.

Ministerio Fiscal (J. Zaragoza): Bien.

Gómez Bermúdez: Le pregunto.

A. Iglesias: Sí señor.

Gómez Bermúdez: ¿En esto no hay discrepancia?

A. Iglesias: En esto no hay discrepancia.

Gómez Bermúdez: ¿Por ninguno de los peritos? Cuando quiera.

Ministerio Fiscal (J. Zaragoza): Esa muestra, es… ¿venía de fábrica etiquetada como Goma2-ECO?

Perito 17.632: Sí.

En “Titadyn” (p. 101, n. 4), también se molesta en aclarar que “la expresión ‘patrón de dinamita’ es impropia, aunque se utilizó durante el desarrollo de la pericia”. Siguiendo esta actitud de rigorismo conceptual, en el mismo libro (p. 82, n. 9), este químico precisa, en referencia al informe 173-Q1-04, de la Policía Científica, que: “Aunque el citado documento se titula Informe pericial, en realidad es una reseña de resultados analíticos. La atribución de los compuestos reseñados a un determinado tipo de explosivo es lo que propiamente constituye un informe pericial […]”. Etc.

Sin embargo, este purista, insiste (y no es el único) en hablar de “tipo de explosivo” cuando a todas luces se refiere a la “marca” del explosivo, pues el “tipo”, como nunca se han cansado de repetir la propia inspectora 17.632 y Sánchez Manzano, siempre se supo: dinamita.

Lo destacable, en cualquier caso, es que el perito en cuestión considera que la simple relación de unos determinados componentes, es decir, un examen meramente cualitativo, permite “discriminar el tipo de explosivo” (o sea, la marca, según él lo entiende).

Lo cual nos lleva a examinar los curiosos razonamientos de este químico. Concretamente, en la página 65 de su libro, bajo el epígrafe “Principales clases y marcas comerciales de dinamitas con nitroglicerina”, menciona el Titadyn 30 F y el Titadyn 50 F, indicando que “todos éstos llevan nitroglicerina (NG) en su composión”. Y añade: “Otros Titadyn, como 25 A y 30 A, en lugar de NG contienen trinitrotolueno (TNT) y dinitrotolueno (DNT)”. Es decir: el Titadyn 25 A y el Titadyn 30 A, no tienen nitroglicerina. Supongo que nadie en su sano juicio podrá afirmar que estos dos últimos explosivos no son Titadyn. Esto, que parece una absurda perogrullada, no lo es tanto. Porque resulta que en la página 66 del libro, es decir, sólo una página después de haber expuesto lo anterior, este perito “perfeccionista y abnegado” (Pedro J., 2.6.2009), nos ofrece (en un párrafo de mejorable redacción) otra de sus singulares muestras de incuria:

Con la denominación Titadyn 30 AG […] se fabrica en Austria por Austin Powder GmbH, comercializándola en Francia la firma Titanite S.A. en Pontailler sur Saône. Es la única dinamita Titadyn en la que no entra nitroglicerina en su composición […].

¡La única dinamita Titadyn sin NG! ¡Unas líneas después de haber mencionado otras dos dinamitas Titadyn sin NG! Ojalá sólo habláramos de un descuido solitario, pero lamento constatar que así se desarrolla casi todo el libro.

Sin embargo, en cuanto al fondo, más anonadante resulta la admisión que contiene el párrafo del libro inmediatamente posterior al que acaba de citarse, siempre en relación con el Titadyn 30 AG:

Se trata de una dinamita de composición cualitativa muy similar a la Goma 2 ECO –que veremos más adelante–, porque las dos contienen nitrato amónico, dinitroetilenglicol y nitrocelulosa, pero no llevan nitroglicerina. Por consiguiente, es muy difícil diferenciarlas en un análisis.

¿Cómo puede entonces este perito pretender diferenciar la Goma 2 ECO del Titadyn 30 AG con un mero análisis cualitativo? No nos lo aclara. Lo más llamativo, no obstante, es que a continuación (p. 67) el propio Iglesias da cuenta de la existencia de otra marca de dinamita, la “Dynaroc” (en una ocasión la denomina “Dinaroc”), cuyos fabricantes y los de Titadyn, dice, “han tenido alguna vinculación, por lo que existen equivalencias entre algunos de sus productos” (p. 68). Añade, en efecto, un cuadro de componentes en el que se observa con toda claridad que diversos grados de Dynaroc presentan una composición cualitativamente idéntica a la de algunas denominaciones de Titadyn. No digo parecida. Digo idéntica. Así, todas las variedades de Dynaroc que describe contienen nitroglicol, nitroglicerina, nitrocelulosa, nitrato amónico y dinitrotolueno.

En realidad, la situación es más interesante de lo que señala el insigne perito. El equivalente belga a nuestro Boletín Oficial del Estado, el Moniteur Belge, incluía en su edición de 25.3.1999 una resolución del ministerio de economía relativa a diversas dinamitas fabricadas por la compañía francesa Nitrochimie (entre ellas, NC3 y NC4), y aclara que la NC3 puede llevar las denominaciones “Dynaroc 7” o “Titadyn 50”; a su vez, la NC4 puede llevar las denominaciones “Dynaroc 5” o “Titadyn 30”. Por cierto, el Titadyn 30 es el Titadyn de Cañaveras, el que analizaron los peritos en la pericial de explosivos ordenada por el tribunal del 11-M. Bien se ve, por tanto, que se trata exactamente del mismo producto, comercializado con marcas distintas. Me permito añadir, además, que la presencia en España de la denominación “Dynaroc” parece documentada en fechas no muy lejanas a los fatídicos atentados de Madrid, ya que el Diario de León informaba el 31.10.2002 de un grave accidente de un camión con 8.300 kilos de explosivo en la autovía León-Burgos, tras haber salido de la fábrica de Ibernobel-Orica en Valderas:

Un explosivo que transportaba el vehículo era Dinaroc, una marca de dinamita encartuchada de fabricación francesa, sensibilizada con nitroglicerina.

La pregunta, pues, es obvia: sobre la única y exclusiva base de los resultados analíticos cualitativos, ¿cómo puede saber el Sr. Iglesias que ha explotado Titadyn y no Dynaroc? Evidentemente, no lo sabe. No puede saberlo.

Y, aunque este perito no añada más ejemplos similares, no acaban ahí las posibilidades. Un estudio publicado en 2004 en la revista AARMS (Academic and Applied Research in Military Science), daba cuenta de los análisis post-explosión de una dinamita, Danubit 2, fabricada en Eslovaquia por la compañía Istrochem. Según los autores del artículo (Varga y Pavol, 2004), dicha dinamita contiene, entre otras sustancias, nitroglicerina, nitroglicol, nitrato amónico, nitrocelulosa y dinitrotolueno, componentes todos ellos de alguna variedad de Titadyn. Resulta igualmente reseñable que, en su análisis por cromatografía de gases de restos post-explosión de la mencionada dinamita, los autores no detectaron el nitroglicol en cuatro ocasiones y la nitroglicerina “no se detectó en absoluto”. Según aducen, “la falta parcial de identificación del EGDN [nitroglicol] y de la NG [nitroglicerina] probablemente se debió a su descomposición térmica en la explosión o a hidrólisis durante la toma de muestras”.

Otro candidato reseñable es el Frangex. En efecto, la compañía irlandesa Irish Industrial Explosives vendió durante décadas (y hasta fechas recientes) un tipo de explosivo a base de nitroglicerina con la denominación comercial de Frangex. La información pertinente estaba disponible en la página web de la empresa hasta hace unos pocos años. Ahora ha desaparecido (lo que me hace suponer que el producto ya no se fabrica), pero es posible “rescatar” los datos a que me refiero pinchando aquí. Según descripción de la empresa [en el anterior enlace, pinchar en “safety data” y ver “chemical composition”], se trata de un explosivo a base de nitroglicerina y nitroglicol que contiene, entre otros, DNT, nitrocelulosa y nitrato amónico. Lo interesante de este explosivo, además, es que ha sido utilizado durante décadas por los grupos terroristas norirlandeses, IRA en especial.

Así, el 27 de enero de 2004, en el marco de una comisión parlamentaria irlandesa acerca de los atentados de Dublín y Monaghan (17 de mayo de 1974), uno de los declarantes exponía:

En aquella época, las existencias de explosivos comerciales del IRA provenían de robos perpetrados en las fábricas de Irish Industrial Explosives en la República. El explosivo más destacado de los usados era Frangex […]. El IRA consiguió hacerse con grandes cantidades de él. Por su parte, los terroristas lealistas no tenían esa disponibilidad. Tenían pequeñas cantidades obtenidas de las canteras, al igual que el IRA.

El INLA (Irish National Liberation Army) cometió un atentado en Derry, en 1982, empleando Frangex. En 1983, un plan para atentar contra el Príncipe Carlos de Inglaterra y su esposa utilizando Frangex fracasó porque el terrorista al que el IRA encargó la acción resultó ser un confidente de las fuerzas policiales. En diciembre del año 2000 (pocos meses antes de que ETA robara titadyn en Grenoble), la policía se incautó de unos 80 cartuchos de Frangex en un zulo hallado en un terreno de Kilkenny, pertenecientes, al parecer, al IRA auténtico.

Cabe imaginar cuántos agujeros negros habría podido extraer cualquier ufólogo reconvertido a partir de esta “Irish connection”. Y si alguien piensa que ni siquiera El Mundo haría relaciones tan extrañas, sólo tiene que leerse el editorial de 5 de agosto de 2005. En efecto, para el diario de Unidad Editorial, la misma mano negra podría estar detrás del 11-M y el 7-J (Londres, 2005), y teniendo en cuenta que la tesis islamista no goza de simpatías en la redacción de Pedro Jota… ¡Qué excitantes posibilidades!

Y es que el Frangex da bastante juego. El libroCurrent Practice of Gas Chromatography-Mass Spectrometry” (2001) incluye un capítulo 16 firmado por Shmuel Zitrin (experto forense israelí), dedicado al análisis de explosivos mediante cromatografía de gases con detección por espectrometría de masas (GC/MS), una de las técnicas profusamente empleadas en la pericial del tribunal del 11-M por Iglesias y compañía. En dicho capítulo se exponen los resultados del análisis (cuantitativo y cualitativo) de diversos explosivos intactos. La página 394 nos deleita con el siguiente pasaje:

Se analizaron mediante GC-MS varios explosivos comerciales a base de NG [nitroglicerina], empleados por terroristas en Irlanda del Norte. Los explosivos contenían nitrato amónico, NG [nitroglicerina], EGDN [nitroglicol], una mezcla de isómeros de DNT, NC [nitrocelulosa] y serrín. La finalidad forense del estudio consistía en caracterizar las diferentes marcas (Frangex, Frangex nº 1, Plaster Gelatin y Opencast Gelignita) según la ratio entre los diversos isómeros de DNT.

Puesto que el autor examina explosivos intactos, no parece aplicable a nuestro caso la última parte relativa a la diferenciación de las marcas en función del análisis cuantitativo. En este sentido, como recordó el mismo Iglesias en el juicio del 11-M: “En un foco [las] proporciones se distorsionan después de la explosión” (sesión de 28.5.2007). Sobre esto mismo, hubo igualmente una interesante intervención de peritos “independientes” en la sesión de 29.5.2007, a la que me referiré también en otro momento [la transcripción de los peones negros omite las palabras de Antonio Iglesias, audibles en el correspondiente vídeo]:

J. Guardiola: Yo creo que después de una explosión las circunstancias son tan variables, que las leyes físicas y químicas no es fácil que se reproduzcan en un foco de explosión, […] y es bastante arriesgado pensar que se van a reproducir fielmente.

C. Romero: Yo estoy… suscribo totalmente lo que ha dicho mi compañero.

A. Iglesias: Yo también lo suscribo.

Observemos, pues, la mera relación cualitativa de los componentes hallados experimentalmente en el capítulo del libro que he citado: nitroglicerina, nitroglicol, DNT, nitrato amónico, nitrocelulosa… Vaya, la pregunta es obvia una vez más: ¿Cómo sabe el Sr. Iglesias que en El Pozo estalló Titadyn y no Frangex? La respuesta, igualmente obvia, es que no lo sabe, porque no puede saberlo.

Aquí es donde conviene comentar algunas muestras de esa alucinógena mezcla de incoherencia y desidia (como mínimo) de las fuentes habituales. Estamos insistiendo una y otra vez en una lista de determinados componentes. Y no faltan en este sentido las afirmaciones pasmosas. Los primeros días de junio de 2007 fueron, a este respecto, un festival de majaderías. Así, la edición digital de El Mundo del 1.6.2007 ya había adelantado un razonamiento que se hizo reiterativo:

Si la nitroglicerina hallada en los nuevos análisis practicados a las muestras del explosivo no pertenece a la Goma 2 EC, sólo queda otra dinamita que contenga esa sustancia: el Titadyn.

En la edición en papel del día siguiente (2.6.2007), el editorial sentenciaba que:

[S]ólo nos queda una única alternativa: que lo que estalló en los trenes fue Titadyn, una dinamita que sí contiene nitroglicerina y DNT.

Y Manuel Marraco, en páginas interiores, reincidía:

La nitroglicerina es, junto al DNT, una de las dos sustancias ajenas a la Goma 2 ECO que han sido detectadas en la muestra de los focos que mejor se ha conservado, correspondiente a una de las explosiones de El Pozo.

Descartada la Goma 2 EC, sólo queda el Titadyn como explosivo que cuenta con ambos componentes.

Un día más tarde (3.6.2007), Fernando Múgica se unía a la fiesta:

[E]l DNT y la nitroglicerina, junto a los demás compuestos encontrados, nos lleva a una palabra tabú, que da mucho respeto nombrar: Titadyn.

Más contundente aún se mostraba el editorial de 4.6.2007:

[S]i no es posible la contaminación de las muestras con DNT y nitroglicerina, la conclusión más lógica conduce al Tytadin, que es el único explosivo que contiene ambas sustancias. Recordemos que se trata del explosivo habitualmente utilizado por ETA.

Tal afirmación se basaba en la entrevista de ese mismo día a Carlos Romero Batallán, según el cual “El Tytadin sigue siendo el único que tiene nitroglicerina y DNT”. Asimismo, la entrevista se anunciaba en la portada de esa edición, con un entrecomillado del siguiente tenor: “La nitroglicerina no vino volando, sólo el Titadyn tiene eso y DNT.”

No hay lugar a dudas sobre el sentido de estas declaraciones que, repito, se llevan a la primera página del diario: el Titadyn es el único explosivo que contiene nitroglicerina y DNT. Lo de menos es que se trate de una manifestación obviamente falsa, de hecho (ya hemos visto que la Dynaroc, la Danubit 2 o el Frangex, por ejemplo, también incluyen esas sustancias). Lo más curioso (incluso irritante), es la incongruencia. Porque, en su declaración de 23.9.2009, durante la instrucción de la querella de la AAV11-M contra Sánchez Manzano, el Sr. Romero reallizó una desalentadora admisión, a preguntas de la defensa del ex Jefe de los Tedax:

Letrada de la defensa: ¿Sólo hay un explosivo, que es el Titadyn, que lleve esos dos componentes, nitroglicerina y DNT?

Carlos Romero: Yo no lo sé.

Lamentablemente, el 11-M es una de esas materias donde el no saber nunca ha sido obstáculo para todo tipo de manifestaciones contundentes. Pero, ¿qué puede decirse de El Mundo? La reincidencia con la que se observa la poca atención que los redactores del diario prestan a su hemeroteca es preocupante. En este caso, además, los editorialistas no se leen a sí mismos. En efecto, sólo un par de meses antes, El Mundo nos brindaba el siguiente comentario de la casa (EM, editorial, 2.4.2007):

Los cuatro peritos designados por las partes para realizar los análisis científicos de los restos de explosivos del 11-M han enviado un escrito al presidente del tribunal en el que le informan de la presencia de nitroglicerina, nitrato amónico, dinitroglicol y dinitrotolueno en la muestra recogida en El Pozo, uno de los focos de las explosiones. La importancia de este descubrimiento es indudable y se deriva de que dos de los componentes detectados en la muestra –la nitroglicerina y el dinitrotolueno– no forman parte de la Goma 2 ECO –que, según la versión oficial fue lo que estalló en los trenes–, mientras que las cuatro sustancias sí se encuentran en el Titadyn. Este último tipo de explosivo es el que se incautó a los etarras de la caravana de la muerte detenidos en Cañaveras.

Para evitar malentendidos, lo primero que cabe decir es que el hallazgo de los peritos no presupone, ni mucho menos, que ETA fuera la autora del 11-M. Otros grupos terroristas pudieron haber tenido acceso al explosivo Titadyn, y también existen otro tipo de sustancias explosivas que incluyen los cuatro componentes detectados en los análisis cuantitativos.

El segundo párrafo hay que saborearlo unas decenas de veces para aprehenderlo en toda su extensión. O sea que, después de todo, existen otros explosivos además del Titadyn (perdonen la insistencia: otros explosivos que NO son Titadyn) que tienen, no sólo nitroglicerina y DNT, sino también nitrato amónico y nitroglicol. Naturalmente, quien escribe eso no puede escribir dos meses más tarde que el Titadyn es el único explosivo que lleva NG y DNT y pretender conservar un mínimo de decencia intelectual. Y, naturalmente, quien escribe que otros explosivos (que no son Titadyn) contienen esos mismos componentes no puede publicitar y ensalzar más tarde el trabajo de un perito que se empeña en que “la presencia conjunta” de esos mismos componentes nos permite “discriminar” la marca del explosivo empleado, sin merecer todo el escarnio que ellos mismos dedican a los denigrados defensores de la versión oficial. [2]

Pero qué puede esperarse de estos periodistas… García Abadillo, dentro de la campaña iniciada con ocasión del libro que él presenta como coautor, afirmaba que “el DNT y la nitroglicerina eran sinónimo de Titadyn” (EM, 1.6.2009). El mismo García Abadillo que dos años antes, en un artículo en el que recordaba también la detección de DNT, escribía en relación con la nitroglicerina (EM, 26.3.07):

El hallazgo no determina necesariamente que el explosivo que utilizaron los terroristas sea Titadyn, ya que, como se ha dicho, existen algunos tipos de esa dinamita que no contienen esa sustancia.

No parece que la coherencia sea su principal virtud.

Aclarado lo anterior, aún podemos ser más estrictos. El Sr. Iglesias y quienes le aplauden conceden a un mero listado de componentes la capacidad de fijar la marca del explosivo utilizado. Pero, como en tantas otras cosas, es preciso constatar los presupuestos y asunciones de partida. Y, en este caso, se observa una despreocupada admisión implícita de que cualesquiera que sean los elementos hallados, éstos pertenecen forzosamente a un solo explosivo (a saber, el Titadyn). El problema, naturalmente, es que, puestos a discutirlo todo, cabe preguntarse cómo sabe el Sr. Iglesias que sólo explotó una marca de explosivo y no dos o más. A partir del listado de componentes hallados en los focos (para ser más precisos: en una sola muestra de un solo foco –la M-1–), podríamos igualmente conjeturar la hipotética mezcla de una de las múltiples dinamitas con NG (pero sin DNT), con otras dinamitas que sí incorporan DNT y pueden o no contener NG. Las posibles combinaciones son numerosísimas. En este sentido, los propios peones negros nos aportan información sobre diversas series de dinamita (por ejemplo, AXD 500 Series; Extra Gelatin Series; Red Diamond Series) con nitroglicerina, nitroglicol, nitrato amónico y nitrocelulosa, comercializadas por Austin Powder Company (Ohio, Estados Unidos). Cualquiera de ellas (o mezcla de ellas), con unos cartuchos de  Dynaroc, Frangex, Goma 2 EC o, incluso, Titadyn, habrían podido ofrecer los resultados cualitativos de la M-1 (el DNT, la NG, el AN y el EGDN) a los que Iglesias atribuye explícitamente la capacidad de “discriminar” entre “tipos de dinamita”.

De hecho, en su día, como ya vimos, cuando Luis del Pino escribió aquella entrada de su blog (“Dinamitas y dinamitas”, 29.6.2006) en la que recogía la referencia a la nitroglicerina por parte de Sánchez Manzano que dio lugar a la consabida agitación mediática, lo que el autor de los enigmas razonaba era lo siguiente (cursivas en el original):

[L]a aparición de nitroglicerina indica que en los trenes no pudo utilizarse Goma-2 ECO pura, porque la Goma-2 ECO no incluye nitroglicerina en su composición.

[…] En los trenes estalló otra cosa: Titadine, RDX con nitroglicerina, algún explosivo casero con nitroglicerina o Goma-2 mezclada con alguna otra cosa que lleve nitroglicerina. Pero Goma-2 ECO pura, nunca.

Podemos estar o no de acuerdo con sus conjeturas, pero él mismo se limitaba a negar que hubiera explotado únicamente Goma 2 ECO “pura” y concedía que podía haberse utilizado esta dinamita “mezclada con alguna otra cosa que lleve nitroglicerina”.

Y lo mismo ocurre con García Abadillo, quien en un artículo de 26.3.2007, comentando asimismo la detección de nitroglicerina en la muestra M-1 de los focos, concluye que “lo que estalló en los trenes no pudo ser Goma 2 ECO. O, al menos, no sólo Goma 2 ECO”.

Elemental. No hace falta gran esfuerzo para darse cuenta de que si uno encuentra a, b y c no es posible determinar sin más si se debe a la existencia de un solo producto que contiene a, b y c, o de dos productos que contienen a y b, por un lado, y b y c por otro (entre otras posibilidades)…

Por eso mismo, sólo alguien empeñado en desmentir a quienes le atribuyen una destacada inteligencia podría escribir algo tan absurdo como el párrafo que nos regalaba Jiménez Losantos en la edición de El Mundo de 11.3.2011:

No sabemos con total precisión si hubo uno o más explosivos, pero sí sabemos que no estalló Goma 2 ECO de Mina Conchita, como prueba el libro Tytadine de Antonio Iglesias con prólogo de Casimiro García-Abadillo. Y por ese explosivo «u otro» se ha condenado a tres personajillos que no sé si serían capaces de volar el cobertizo de su casa, pero cuatro trenes, jamás. Cuando el juez Gómez Bermúdez iba de decente, mandó una pericia de verdad sobre los restos que no logró extraviar Sánchez Manzano, y salió DNT y Tytadine.

Podrían decirse muchas cosas sobre esta majadería, sin olvidar el incalificable “salió DNT y Tytadine”. Pero sostener que el libro cuyo escueto título no sabe escribir correctamente “prueba” que no estalló Goma 2 ECO al mismo tiempo que se reconoce que no se sabe “si hubo uno o más explosivos” es como para preguntarse si este autor piensa lo que escribe. Porque, insisto, tras lo que acabo de exponer, la pregunta es obvia: ¿Cómo saben el Sr. Iglesias y sus seguidores, únicamente observando cromatogramas, que explotó Titadyn y solo Titadyn? Respuesta: no lo saben. No pueden saberlo.

En efecto, nunca se subrayará lo suficiente que esta determinación del Titadyn como explosivo utilizado en los trenes no puede basarse en datos única y exclusivamente químicos extraídos de la pericial, sino que, por fuerza, debe incorporar consideraciones extraanalíticas. ¿Y cuáles son estas consideraciones? El mismo Antonio Iglesias las aclara en su intervención en el programa radiofónico de “La Tarde con Cristina” (Cope) de 2.7.2009:

Se da la circunstancia de que nosotros, los peritos independientes, pedimos para contrastar con todas la pruebas analíticas que teníamos, pues una muestra de Titadyn. Porque realmente el debate se centraba en dos explosivos: Goma 2 ECO o Titadyn.

El debate se centraba”… ¡¿Qué debate?! Puesto que el análisis químico se limita a ofrecer un listado de componentes, este caballero no puede sino referirse al debate en la calle, al debate sociopolítico o a la discusión mediática… consideraciones eminentemente acientíficas de un perito que, como señala Casimiro G. Abadillo en la primera página de su Prólogo, “había seguido el 11-M como lector de periódicos”. Bien se ve, por tanto, que no es la desnuda frialdad de un cromatograma la que le sirve para dictaminar la presencia exclusiva de Titadyn, sino que para llegar a esa conclusión ha tenido que restringir previamente de manera artificial todo el abanico de posibilidades hasta dejarlo reducido a dos simples candidatos.

Pero, en los propios términos en que este químico plantea la cuestión, su postura resulta falaz, pues cualquiera familiarizado con los hechos sabe que ese “debate” no se ha limitado al Titadyn frente a la Goma 2 ECO. Durante mucho tiempo, las filas disidentes sugirieron o afirmaron la utilización de algún tipo de explosivo militar, como se ha documentado en anteriores páginas. De hecho, resulta en particular decepcionante comprobar que el mismo perito Iglesias no descarta en su libro la utilización de explosivo militar, especialmente cuando alude a la tantas veces mencionada metenamina. Así, en las páginas 420-21, observa:

[L]a presencia anómala de metenamina en las muestras de explosivo intacto […] sugiere, además de su proximidad o contacto con éstas durante el almacenaje y manipulación, la presencia de Semtex. Este explosivo es una mezcla de pentrita, de la cual se fabrica el cordón detonante, y de RDX, cuyo precursor es la metenamina.

Se trata de un párrafo sobre el que habré de volver más adelante.

Por lo demás, conviene no engañarse respecto a lo que se esconde tras todo esto. El “debate” del Titadyn no es otra cosa que el manido debate de ETA sí/ETA no. Ya lo dejó claro, en una de sus volubles afirmaciones, el vicedirector de El Mundo, en un artículo de 18.6.07:

Claro que era y es importante el tipo de explosivo. Tanto, que el relato de hechos construido por la Fiscalía sólo se sostiene si sólo estalló Goma 2 ECO […].

Otro explosivo lleva necesariamente a otros autores. Eso es evidente. Y, desde luego, la aparición de Titadyn lleva indefectiblemente a ETA.

En otras ocasiones, con esa “seria, rigurosa y veraz” inconsistencia característica, el Sr. G. Abadillo se hace el remolón: por ejemplo, ante los micrófonos de la Sra. Schlichting. Sin embargo, el perito Iglesias no parece tan melindroso. Para él esta claro “el debate”. Así pues:

La Tarde con Cristina, 2.7.2009 escribio:

[12:10] CGA: ¿Qué autores? Bueno, pues yo, desde luego, no voy a cometer la torpeza de decirlo sin tener pruebas, pero lo que está claro es que ni están todos los que son, ni son todos los que están.

Cristina: ¿Quién usa Titadyn?

A. Iglesias: ¿Quién usa Titadyn? […] Se da la circunstancia de que nosotros, los peritos independientes, pedimos para contrastar con todas la pruebas analíticas que teníamos, pues una muestra de Titadyn. Porque realmente el debate se centraba en dos explosivos: Goma 2 ECO o Titadyn. Y, bien, nos proporcionó la Guardia Civil una muestra de Titadyn que provenía de una partida que habían incautado a la ETA quince días antes, eh… en, una…

CGA: …en Cañaveras.

A. Iglesias: En Cañaveras.

Cristina: A mí me parece que es verde y con asas la alcarraza, Casimiro.

Y tan verde.

Pero no me cansaré de resaltar que ese “debate” dista de ser evidente. En este sentido, otro de los excelsos dudantes, el improvisado investigador Luis del Pino, ha llamado repetidamente la atención sobre la falaz alternativa:

Porque intentaron encerrarnos a los españoles desde el principio en una falsa disyuntiva: o ETA o Al Qaeda. Pero al final la sociedad española se ha terminando percatando de que existen otras alternativas mucho más preocupantes y, por desgracia, cada día más verosímiles. (LdP, blog, LD, 27.9.2009)

[Idéntica idea y casi idéntica formulación, en sus entradas de 3.11.2007 y 12.7.2008.]

Lo suyo es apuntar más bien a las “cloacas” (EM, 20.6.2007):

Desgraciadamente, cada vez va quedando más claro que el 11-M se diseñó, se organizó y se ejecutó desde las cloacas del Estado.

Una opinión que, con los años, no ha hecho sino robustecerse. Así, en su prefacio al libro de Ignacio López Bru (2013, Las Cloacas del 11-M), Luis del Pino insiste:

Yo afirmo, sin ningún tipo de duda, que el 11-M fue un golpe de Estado puro y duro, y que ese golpe de Estado fue orquestado desde las cloacas de nuestros propios servicios de información.

Y estas cloacas, ¿qué explosivo se supone que han de utilizar? ¿Están también limitadas a elegir entre la Goma 2 ECO y el Titadyn, siguiendo el arbitrario reduccionismo del Sr. Iglesias? Quien sostenga tal cosa deberá esforzarse mucho por mantener una mínima apariencia de seriedad.

Y, en este misma línea, ¿qué hay de la afirmación del uso exclusivo de una sola marca de dinamita? ¿Se basa en razones de más fuste que las anteriores? ¿Es una inevitable conclusión científica? Pues parece que tampoco es así, si atendemos a las manifestaciones del perito independiente Iglesias en la tantas veces mencionada intervención en “La Tarde con Cristina”, de 2.7.2009:

No hay un factor de especificidad para decir que pueden haber estallado dos explosivos. Aparte de que el sentido común, y esto ya no es química, pues hace… me repugna la idea de que haya dos explosivos: hay uno o hay otro. Y el que tiene todas las papeletas, desde luego es el Titadyn.

¡“No es química”! Sólo con esa admisión podríamos dedicarnos a cosas más útiles que perder el tiempo escuchando sus ocurrencias. Y el “sentido común” de este señor le ha hecho decir tales despropósitos que será mejor prescindir de todo comentario. “Hay uno o hay otro” (¿por qué no “otros”?), porque la idea de que haya más de un explosivo simplemente “le repugna”. Podría haber dicho “porque me da la gana” y sería lo mismo. Baste subrayar una vez más lo evidente: pese a las alharacas habituales y los pechos henchidos de pretenciosidad investigativa, el dictamen que el Sr. Iglesias quiere pasar por verdad científica se fundamenta, en los dos extremos que aquí se discuten (la fijación del nombre comercial de la dinamita y su utilización exclusiva), en consideraciones exógenas a la propia analítica. Él no piensa tal cosa, por supuesto, participando de la inmodestia característica entre sus contertulios:

A. Iglesias [26:02]: Es una de las grandes aportaciones que como profesional, como químico, me siento satisfecho de haber aportado. La primera es un servicio a la verdad, a la sociedad, a las víctimas; la segunda un descargo de conciencia; y la tercera, pues es un poner de manifiesto cómo la química ha servido para llegar a conclusiones objetivas sobre los explosivos. Era lo que se nos pedía.

Yo me sentí también picado cuando pocas semanas o pocos días después de la sentencia, oía y leía en algunos medios de comunicación, no en El Mundo, pero en la mayoría de los otros periódicos: “No se ha podido determinar el explosivo”, “No se sabe”. ¿Qué pasa? ¿No se sabe, habiendo descubierto todos los componentes, todos los ingredientes? No hay más que cruzar ingredientes y componentes de las dinamitas y llegar a conclusiones. [Iglesias en La Hora de Federico, 28.5.2009]

Anonadante.

Pero, por mucho que insista y aunque no quiera reconocerlo, ese “debate” y ese “sentido común” antes señalados son la prueba palmaria de que él mismo no ha sido capaz de corroborar con su propia actuación lo que afirma que puede hacerse en un laboratorio moderno: determinar el nombre comercial de la dinamita explosionada con solo “cruzar ingredientes”.

Y la cuestión esencial es que, si tomamos ese camino, el de los factores extraanalíticos y exógenos al propio estudio científico, no hay razón para detenerse después de tres o cuatro pasos confortables. El perito heroico no duda en despegar sus ojos del estrecho ámbito de su laboratorio para denigrar la actuación ajena y desacreditar a cada momento la versión oficial. No vacila, por ejemplo, en rebasar el estricto marco de su pericia y ejercer sus dotes investigadoras para colegir que “si la Goma 2 EC fue utilizada alguna vez en la mina Conchita, ello ocurrió mucho antes de 2004, dado que dejó de fabricarse en septiembre de 1999” (p. 69) y que “cualquier existencia que hubiera quedado en algún almacén estaría inservible para su uso como explosivo, máxime en las malas condiciones de conservación de la mina” (p. 417).

No duda tampoco en referirse al resto de cartucho de la Kangoo y al explosivo de la mochila de Vallecas como “presuntas pruebas”, después de que la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo constataran su validez. Su saludable escepticismo, sin embargo, no le alcanza para preguntarse por qué la Goma 2 EC de 1999 estaría caducada e inservible (fecha que, para colmo, es inexacta, pues dejó de fabricarse en 2002) pero no así el Titadyn que ETA robó en 1999 y 2000. Para estas cosas no tiene nada que decir y se remite automáticamente a los cromatogramas, donde, recordemos, “salió el retrato robot…”.

Pero, repito, transitando de forma cabal esta senda de las consideraciones extrajurídicas, de los demás elementos de la investigación, llegamos a eso tan simple denominado valoración conjunta de la prueba. Esa valoración conjunta de la prueba que algunos se niegan a realizar, para no desprenderse de la absurda idea de que todo lo que no sea el (imperfecto y falible) resultado del laboratorio simplemente no existe. Esa valoración conjunta de la prueba que corresponde y correspondía realizar al tribunal, como recordó Gómez Bermúdez en un determinado momento de la pericial (sesión de 29.5.2007), ante las reiteradas impertinencias de los peritos:

…no pueden estar haciendo continuamente precisiones sobre ‘quisiera indicar o dejar de indicar’, porque el Tribunal va a examinar todos los documentos, va a examinar documentos que ustedes ni han visto, y por lo tanto, ustedes, que sólo tienen una visión parcial y limitada de lo que estamos hablando…

Por eso resulta especialmente sangrante que, desde su visión parcial y limitada, este señor perito, que no ha visto en su vida un cromatograma de Titadyn explosionado y que refuta con su propio comportamiento sus más notorias afirmaciones, se haya prestado con su deletéreo testimonio al intento de enviar a la cárcel a dos funcionarios públicos que sólo cometieron crímenes en la calenturienta y sectaria imaginación de algunos fabuladores.

En realidad, todas las consideraciones anteriores dirigidas a discutir la afirmación según la cual un análisis post-explosión puede determinar sin duda la marca del explosivo utilizado resultan algo superfluas ante lo acreditado por un Oficio de 26.1.2009, remitido por la Policía Científica a la juez que acabó desestimando la demanda de Sánchez Manzano contra El Mundo:

Respecto a la cuestión de las ocasiones en las que, por tratarse de material explosionado, no ha podido determinarse la marca comercial del explosivo utilizado por los terroristas, cabe decir que en ninguno de los Informes Periciales de Análisis, figura el nombre comercial del o los explosivos que hubieran estado presentes.

Esto debería bastar, pero creo que, a mayor abundamiento, conviene seguir explorando el contraste entre los sentenciosos asertos de los críticos de la versión oficial y los hechos sobre el terreno. Veamos a qué desconcertantes conclusiones nos llevarían los planteamientos que discutimos.

NOTAS:

[1] En el cuerpo principal del informe entregado al tribunal del 11-M no se recoge la detección de nitrato amónico (de hecho, no aparece en el cuadro que resume los resultados cualitativos, en la p. 150; en la página 21 simplemente se menciona que “se identifican nitratos”). Sin embargo, en la página 171, dentro del anexo “reproducción análisis M-3” sí se menciona el nitrato amónico en relación con la muestra M-1. En la página 148 de “Titadyn”, Iglesias también refleja la detección de nitrato amónico como “identificación cualitativa”.

[2] En esta misma línea de inexactitudes, López Bru (2013: 164) escribe que el DNT es “un componente exclusivo” del Titadyn. Cuatro años antes, fue De Pablo quien, en su libro “La Cuarta Trama” (p. 203) sostenía: “En 2004, la única marca de dinamita que incluía la nitroglicerina en su composición era el Titadyn de ETA. Ninguna otra dinamita cuenta con nitroglicerina entre sus componentes.”

(Continuará)

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