Titadyn, el eterno retorno (XXIV) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (XXIV) por Rasmo

Señalé en la anterior entrega las dos cuestiones básicas que deben dilucidarse cumplidamente en el marco de mi presente discusión (que se inició tiempo atrás con la cuestión de la nitroglicerina mencionada por Sánchez Manzano y los elementos aducidos por los conspiracionistas para creer que no fue un simple error): Por un lado, las circunstancias relativas a la alusión al Titadyn durante la reunión de la cúpula policial al mediodía del 11 de marzo de 2004, y sus implicaciones. Por otro lado, las circunstancias relativas a los primeros análisis de los Tedax sobre muestras de los focos de explosión de aquel mismo día.

Indiqué también que ambos aspectos tenían una gran relevancia contextual y teórica dentro de la narrativa conspiracionista. Ello es particularmente cierto respecto de la “hoja de ruta” que supuestamente constituye el prólogo de “Titadyn”. Por consiguiente, haré una larga exposición preliminar de dicha narrativa. El objeto de esta (sólo aparente) desviación argumental es precisamente poner de manifiesto (y en todo su impúdico esplendor) el vasto entramado de falacias a las que habrá de enfrentarse mi posterior análisis. En otras palabras, el detallado examen de los dos aspectos antes mencionados se presentará como una refutación cabal de una de esas historietas que forman parte del núcleo del argumentario conspirativo. Conviene, por tanto, prestar atención al relato que se habrá de impugnar.

Si hubiera de elegir una sola pieza, sólo una, de la producción mediática que nos ocupa como ejemplo y compendio de las malas artes periodísticas en materia de 11-M, el episodio que empiezo a abordar en esta entrega sin duda ocuparía un lugar destacado entre mis candidatos.

Se trata de la exposición que hace Casimiro G. Abadillo, en las páginas 22 a 25 de su prólogo, bajo el epígrafe “El dato que llevó al Gobierno a la tumba”. Ya la mencioné con cierta amplitud en una entrega anterior (concretamente, la VIb), pero ahora debo volver sobre mis pasos para completar en su justa medida, aun con alguna redundancia, el escrutinio de los alegatos que se incluyen en esa narrativa. Como digo, es una referencia bastante prolija y que me ocupará más de una entrega. Imploro la paciencia del lector, pero el asunto es francamente enjundioso. En lo sucesivo, aludiré igualmente a estos pasajes como “el texto de referencia”.

Para el vicedirector de El Mundo, “El dato que llevó al Gobierno a la tumba”, se habrá adivinado, no es otro que el dato del explosivo y, más concretamente, la referencia al Titadyn.  De este modo, el propio título de su exposición encierra en sí mismo una simplista (y característica) asunción de relaciones causales.

Pues bien, esto es lo que escribe el vicedirector de El Mundo en el Prólogo de “Titadyn” (pondré de relieve algunos pasajes que luego merecerán particular atención):

[D]esde el primer momento, hubo enormes dudas sobre la autoría […]. La sensación que casi todos teníamos a primera hora del 11 de marzo es que Al-Qaeda o alguno de sus grupos afines había castigado a España por el apoyo de Aznar a la guerra de Iraq. […]

Si al final el atentado era obra de los islamistas, estaba claro que eso iba a actuar como revulsivo en contra del PP. Pero si el atentado era obra de ETA, Rajoy podía estar seguro de su triunfo frente a Zapatero. […]

Aunque parezca obvio, no se puede desligar esta percepción (la seguridad de que la autoría, según fuera islamista o etarra, determinaría un triunfador en las elecciones del 14 de marzo) para entender todo lo que ocurrió durante las horas previas a ese día. Porque también ese mismo análisis se lo hicieron todos y cada uno de los policías que intervinieron en la investigación. Mejor dicho, todos los jefes policiales, cuyos puestos podían depender de que la victoria electoral fuese del PP o del PSOE.

El 11 de marzo, el entonces ministro del Interior, Ángel Acebes, convocó en la sede del ministerio una reunión de toda la cúpula policial antiterrorista que dio comienzo a las doce del mediodía. Acebes se tuvo que marchar a La Moncloa convocado urgentemente por Aznar, y por ello dicha reunión estuvo presidida por el entonces secretario de Estado de Interior, Ignacio Astarloa. En ella estuvieron presentes Agustín Díaz de Mera (director general de la Policía); Santiago López Valdivielso (director general de la Guardia Civil); Vicente Fautino (subdirector de Operaciones de la Guardia Civil); José Manuel García Varela (Jefe de Información de la Guardia Civil); Jesús de la Morena (comisario general de Información de la Policía); Miguel Ángel Fernández Rancaño (Jefe superior de Policía de Madrid); y Pedro Díaz Pintado (subdirector general Operativo de la Policía).

Se debatió en profundidad sobre la posible autoría del atentado. Los máximos responsables de los cuerpos de seguridad tenían muchas dudas. […] Era prácticamente imposible que ETA hubiera metido en Madrid a diez o quince de sus miembros para llevar a cabo esa acción. […]

Sin embargo, poco antes de que concluyera la reunión, sobre las dos de la tarde, Díaz Pintado recibió una llamada del comisario de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, en la que éste le informó de que, según los Tedax, el tipo de explosivo utilizado por los terroristas era «Titadyn con cordón detonante». Díaz Pintado se lo comunicó a los allí presentes. El sub-director de la Policía y De la Morena apuntaron este dato crucial en un papel.

Decir Titadyn era como afirmar que la autoría era de ETA. […]

Según me confirmó posteriormente un alto funcionario del CNI, ése fue uno de los elementos de peso que llevó a los analistas de los servicios secretos a concluir, en la nota que el centro remitió al Gobierno sobre las cuatro de la tarde del día 11 de marzo. Ese dato fue también el que llevó a Ángel Acebes a apuntar sin duda como responsable a ETA en una rueda de prensa que se celebró sobre las tres de la tarde del 11 de marzo.

Según una fuente de toda solvencia, el mismísimo juez Garzón estaba seguro de esa misma tesis hasta bien entrada la tarde del día 11. Por la mañana, según declaró ante la comisión de investigación parlamentaria, cuando se encontraba en la estación de Atocha, un oficial de los Tedax le dijo que el explosivo utilizado había sido Titadyn.

A las 16.45 de la tarde de ese mismo día Garzón llamó por teléfono a Juan del Olmo, que ya se había hecho cargo de la investigación. Del Olmo se encontraba en esos momentos en uno de los pabellones del Ifema que fue utilizado para depositar los cadáveres. Garzón le aseguró al juez instructor que la autora de la matanza era ETA. Conociendo los contactos de Garzón con la Policía, esa afirmación era casi como una garantía de veracidad.

Sin embargo, […] después todo cambió radicalmente. A las cinco de la tarde, […] Santiago Cuadro le dijo a Díaz Pintado que el explosivo utilizado era una dinamita, no Titadyn. El subdirector operativo de la Policía montó en cólera, porque esa información era justo lo contrario de lo que le había dicho unas horas antes. Cuadro Jaén declaró después ante el tribunal que él nunca había dicho que el explosivo fuera «Titadyn con cordón detonante». Pero tanto De la Morena como Díaz de Mera ratificaron la versión de Díaz Pintado.

[…] Lo más increíble de todo es que quien le había dado esa información a Cuadro Jaén no era otro que Sánchez Manzano, el mismo que le había transmitido, según Díaz Pintado, que el explosivo era «Titadyn con cordón detonante» justo tres horas antes.

Como ya indiqué en su momento, esta narrativa carga las tintas sobre la responsabilidad personal del propio Sánchez Manzano, al que se acusa prácticamente de haber propiciado casi por sí mismo un vuelco electoral que ha cambiado la historia de España.

Se trata, sin embargo, de una falsificación notable de los hechos.

Antes de continuar, creo que debo hacer explícitos los principales criterios que considero razonables a efectos de atribuir algún grado de responsabilidad a un autor, ya sea por inexcusable negligencia o por más que presunta mendacidad. Criterios que de un modo u otro han guiado mis apreciaciones hasta ahora y que seguirán haciéndolo en lo sucesivo.

En todo momento debe recordarse que Casimiro García Abadillo no sólo es un periodista en ejercicio y considerablemente activo. También ocupa el cargo de vicedirector (antes denominado director adjunto) de su diario.
Sin perder de vista lo anterior, he aquí una rudimentaria aproximación a lo que podríamos denominar “escala de impugnabilidad” del desempeño periodístico.

1) En un periodista, más incluso que en cualquier ciudadano de a pie, es de esperar una mínima capacidad de observación e interés hacia la realidad. Hay que admitir que, cuando un reportero publica datos de hecho inexactos sobre el entorno que le rodea, aunque la inexactitud sea fácilmente comprobable, no tiene por qué estar forzosamente mintiendo. Puede simplemente haberse equivocado y creer honestamente que lo que ha publicado es cierto. Ahora bien, no se me negará que, para alguien que pretenda hacer de la información su carrera profesional, no enterarse de nada, no ser capaz de aprehender correctamente los datos más elementales, es un defecto que muestra una incapacidad o una negligencia preocupantes.

Cuando a la inexactitud de hecho le añadimos la incompatibilidad entre lo que un autor escribe en un momento dado y otras publicaciones anteriores que le son cercanas, empezamos a entrar en el terreno de las sospechas de juego sucio.

2) En este sentido, puede despertar nuestra suspicacia comprobar que una información contradice (o ignora flagrantemente) lo publicado previamente en el mismo medio (lógicamente, siempre y cuando no se ofrezca ninguna explicación plausible, ni ésta pueda deducirse de consideraciones contextuales). Ciertamente, en determinadas circunstancias, podría entenderse que un periodista no tiene la obligación (o la capacidad) de leerse todo lo que su propio medio ha publicado. Esta atendible matización, no obstante, se debilita cuando se trata del vicedirector de un periódico (por responsabilidad institucional) y, sobre todo, en una materia en la que él mismo es uno de los máximos “expertos” de la casa y de cuya evolución ha sido protagonista indiscutible. Como mínimo, estaríamos hablando ya de una negligencia significativa.

[A este respecto, procede recordar que, en efecto, El Sr. García Abadillo ha sido presentado por El Mundo como un “experto del 11-M” (EM, 9.6.2006: “Cuatro expertos del 11-M advierten de que las pruebas clave han sido manipuladas”; según este diario, completaban el cuarteto Luis del Pino, Fernando Múgica y Jaime Ignacio del Burgo). Y su protagonismo en la línea informativa de El Mundo en este ámbito está fuera de toda discusión.]

3) Dando un paso más, parece todavía menos excusable ignorar o contradecir lo que se ha publicado en el propio periódico, aunque lo firmen otros, tratándose de noticias que han recibido honores de portada y, en particular, cuando vienen acompañadas del correspondiente comentario editorial. Entre otras cosas, las piezas editoriales encarnan la opinión oficial del periódico, de cuyo conocimiento no puede sustraerse justificadamente un vicedirector merecedor de tal nombre. Y si éste tampoco tiene tiempo de leerse la portada del día…

4) Más graves y claramente sospechosas resultan las inexactitudes, omisiones y contradicciones, cuando éstas se producen respecto de textos previamente firmados por uno mismo. Es decir, cuando para salir del “error” no había más que leerse sus propias publicaciones. En estos casos, la conclusión de que nos hallamos ante un farsante es casi ineludible.

Pues bien, aclarado lo anterior, para evaluar la labor informativa del Sr. García Abadillo, puede empezarse por su afirmación según la cual, a primera hora del 11 de marzo, “casi todos” pensamos que la autoría era de “Al-Qaeda o alguno de sus grupos afines”. Es un aspecto al que ya aludí hace tiempo, pero merece la pena volver a comentarlo con cierta extensión.

En su día introduje como contraste, entre otras, las siguientes citas:

Todo el mundo pensó al principio que había sido ETA. En ese sentido, los primeros en atribuir a ETA la masacre fueron Llamazares, Zapatero e Iberreche [sic en el original] (creo recordar que ése fue el orden cronológico) (Luis del Pino, blog, LD, 19.11.05).

En el primer momento creí, como todo el mundo, que había sido ETA. [Rajoy, entrevistado en El País, 6.3.08]

Pero es preciso elaborar este aspecto con referencias más significativas. Porque, en efecto, ¿quiere decir lo anterior que don Casimiro está mintiendo en el prólogo de “Titadyn” cuando afirma que casi todos pensamos en los islamistas? No necesariamente. Siendo estrictos, cabe la posibilidad de que quienes se equivoquen o recuerden mal sean los otros y no él. En rigor, menoscabar la credibilidad del coautor de “Titadyn” requiere al menos dos pasos. En primer lugar, acreditar que es él quien yerra (como mínimo) de hecho. En segundo lugar, indagar si su inexactitud es excusable u obedece, por el contrario, a un propósito mendaz. Esto último es lo que pretendo mostrar.

El primero de los individuos antes citados apenas necesita introducción. “Nuestro colaborador Luis del Pino” (PJ, EM, 16.7.06), es uno de los comentaristas que El Mundo considera “expertos del 11-M”; un autor de cuyo último título (“11-M. Golpe de Régimen“) “el director de El Mundo destacó el acierto” en el acto de su presentación (EM, 2.3.07). Esa presentación, al menos en la edición de Madrid de El Mundo, en la sección “Agenda”, se publicitó el día 1.3.2007 como un evento “recomendable”. Al día siguiente, la oportuna y laudatoria reseña en el diario de Unidad Editorial venía acompañada de una empalagosa columna de Jiménez Losantos (otro de los que arroparon al autor del libro en su presentación).

Por cierto, en este sentido, no me resisto a señalar un detalle exquisito. El Mundo tiene la costumbre de incluir en sus portadas, bajo la cabecera del rotativo, una cita de algún personaje célebre, que no parece estar despojada de toda intencionalidad. Ese día 1 de marzo en que se recomendaba la presentación de “11-M. Golpe de Régimen”, la cita elegida, de Fénelon, era la siguiente: “Si queréis formar juicio acerca de un hombre, observad quiénes son sus amigos”.

Eso hago, ciertamente. El caso es que Luis del Pino, una de esas amistades peligrosas de El Mundo, en su mentado libro, incluye un extenso capítulo 16 dedicado a exponer sus exóticas reflexiones al hilo de la exposición cronológica de lo ocurrido entre el momento de las explosiones y la fecha de las elecciones generales.

Puesto que el análisis de las muestras de los focos de explosión por parte de los Tedax no se completó antes de las 14 horas del día 11 de marzo, ése habrá de ser nuestro límite temporal. Es obvio que cualquier posible referencia a ETA anterior a ese momento no puede ser resultado de unos análisis aún inexistentes. Pues bien, el colaborador de El Mundo nos cuenta en su libro (p. 233) lo que sucedió en las primeras horas:

Todos los españoles pensaron lo mismo: ETA había vuelto a irrumpir en una campaña electoral.

A esa observación sigue, con referencias horarias, un listado de personajes e instituciones que atribuyeron a ETA la autoría de los atentados inmediatamente después de la masacre. Sin ánimo de exhaustividad, Del Pino incluye los siguientes: Iñaki Gabilondo; Ibarreche (con esa grafía); Zapatero; Gaspar Llamazares; Enrique Barón (presidente del Grupo del Partido Socialista Europeo en el Parlamento Europeo); Duran i Lleida (Secretario General de Convergencia i Uniò); Eduardo Zaplana (Ministro Portavoz del Gobierno); Joaquim Nadal (portavoz de la Generalitat de Catalunya); Joseba Azkárraga (de Eusko Alkartasuna y Consejero de Justicia, Empleo y Seguridad Social del Gobierno Vasco); la Diputación de Guipúzcoa; ERC; el Parlamento Vasco; Jorge Dezcallar (Director del CNI); Rafael Simancas (Secretario General del Partido Socialista de Madrid); UGT; Jordi Pujol; Josu Jon Imaz (Presidente del PNV); Sindicato Unificado de Policía (SUP); Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUCG); la Conferencia Episcopal.

De modo que, en resumen, según Luis del Pino (p. 241):

Todos los líderes políticos, todos los medios de comunicación y la inmensa mayoría de ciudadanos españoles dieron por sentado, desde el primer momento, que la matanza era obra de ETA.

También cité las palabras de Mariano Rajoy. Sus recuerdos (“creí, como todo el mundo, que había sido ETA”) parecen sustentarse en bases de cierta solidez. Así, el Partido Popular, en su propuesta de dictamen para la Comisión del 11-M (Boletín Oficial de las Cortes Generales, Congreso de los Diputados, VIII Legislatura, Serie D, n. 241, de 13.7.2005, pp. 548-549), luego convertida en voto particular del dictamen finalmente aprobado con su oposición (Boletín Oficial de las Cortes Generales, Congreso de los Diputados, VIII Legislatura, Serie D, n. 242, de 14.7.2005, pp. 440-441 ), manifestaba lo siguiente:

En las primeras horas tras la comisión de los atentados, su atribución a la organización terrorista ETA es unánime por parte de los medios de comunicación y de todos los responsables políticos. Concretamente, el primer líder político que atribuye los atentados a ETA es el secretario general del Partido Socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, en una declaración realizada tan sólo una hora después de la masacre, exactamente a las 8,50, en una importante emisora de radio de ámbito nacional. Esa atribución es reiterada por otros responsables políticos a lo largo de esa mañana: la formulan por ejemplo el presidente del Gobierno vasco, Juan José Ibarretxe, en una declaración institucional leída a las 9,35; el secretario general de Esquerra Republicana de Catalunya, Josep Lluis Carod-Rovira, a las 11,14; y el coordinador de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, a las 11,48.

De hecho, en las páginas 495 y siguientes de su voto particular, el Partido Popular incluye un Anexo I que se presenta como “una cronología, lo más precisa y completa posible, de los hechos sucedidos y las declaraciones públicas realizadas entre el 11 y el 14 de marzo” y que “ha pretendido ser exhaustiva en todo lo acontecido del 11 al 13 de marzo”. Con independencia del uso último que quiera darse a los datos de dicho Anexo, debo admitir que constituye uno de los listados más minuciosos de los acontecimientos inmediatamente posteriores al 11-M que he podido observar.

A los presentes efectos, dicha cronología es a priori interesante. Digo esto porque, como es sabido, al Gobierno del PP se le acusó reiteradamente de haberse aferrado a la hipótesis de ETA más allá de lo razonable. No necesito valorar lo justo o injusto de dicha acusación. Lo que deseo señalar es que resulta comprensible que, en sus conclusiones para la Comisión del 11-M, el PP tuviera especial interés en subrayar cuántas y cuán diferentes personalidades también dieron por sentada la autoría de ETA. Esto parece hallar su reflejo en la mencionada cronología, que contiene un listado especialmente prolijo de pronunciamientos al respecto, en diferentes medios, indicados al minuto.

El lector interesado en todos los detalles puede acudir a la fuente original. Aquí me limitaré a recoger algunas de las principales referencias de la relación aportada por el PP en lo que atañe a la imputación a ETA de la autoría de la matanza durante las primeras horas: Iñaki Gabilondo; Rodríguez Zapatero; Duran i Lleida; Gaspar Llamazares; Patxi López; Jesús Caldera (Portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso); Joaquim Nadal (portavoz de la Generalitat de Catalunya); Juan José Ibarretxe; Iñaki Anasagasti (portavoz parlamentario del Partido Nacionalista Vasco); José María Aznar (da la autoría por sentada); Josep Lluis Carod-Rovira (secretario general de ERC); Igor Irigoyen (cabeza de lista de EB-IU); Iñaki Irazabalbeitia (vicecoordinador general de Aralar); Manuel Huertas (secretario general del PSE-EE de Guipúzcoa); Enrique Barón (presidente del Grupo del Partido Socialista Europeo en el Parlamento Europeo); Rafael Simancas; Mariano Rajoy; Javier Madrazo (líder de EB-IU); UGT; Manuel Chaves (presidente de la Junta de Andalucía); Sánchez Fornet (secretario general del Sindicato Unificado de Policía); la Xunta de Galicia; el Comité Ejecutivo del Consejo Superior de Cámaras de Comercio; Enrique Múgica (Defensor del Pueblo); El Secretariado Confederal de Comisiones Obreras; Anxo Quintana (portavoz del Bloque Nacionalista Galego); Paulino Rivero (presidente de Coalición Canaria); La coalición Aralar/Zutik; y un largo etcétera.

Diríase que lo anterior coloca las apreciaciones de García Abadillo en una posición, como mínimo insegura. Pero, tal vez a guisa de divertimento, podemos exigirnos más y plantearnos la (casi ridícula) posibilidad de que las referencias que acaban de examinarse sean, de algún modo, erróneas o estén manipuladas o se basen en una investigación defectuosa o sesgada…

Por tanto, la mejor forma de salir completamente de dudas es acudir a fuentes originales y, sobre todo, contemporáneas. ¿Y por qué no incluso escucharlas directamente? En efecto, si lo que se afirma es que en las primeras horas “casi todos” pensamos esto o lo otro, nada mejor que acudir a las fonotecas de un par de emisoras de radio representativas y comprobar de primera mano qué opinaban los diversos personajes públicos en el momento mismo en que transcurrían los hechos.

Supongo que, en este sentido, nadie me discutirá la conveniencia de examinar los archivos de la SER y de la COPE, principales cadenas generalistas y con líneas de opinión notoriamente contrapuestas. Los primeros están disponibles en su página oficial. Los segundos, no, pero tuve la prudencia de descargármelos en su momento.

Empecemos por la Cope. Casualmente, el día 11 de marzo de 2004 a Jiménez Losantos lo acompañaban en antena el director de El Mundo y Luis Herrero (además de José Raga, columnista habitual de Libertad Digital). Lucía Méndez, periodista de El Mundo, vivía en la calle Téllez, paralela a las vías del tren cerca de la estación de Atocha y, a los pocos minutos, llamaba a Jiménez Losantos para dar cuenta de lo que estaba observando (un artículo suyo aparece publicado en su diario al día siguiente). Nadie en el estudio, Pedro J. Ramírez incluido (hasta que abandona los micrófonos, supongo que para dirigirse a su redacción), duda un solo instante de la autoría de ETA durante las  primeras horas.

Lo anterior es reseñable y creo que merece un mínimo comentario incidental. Tanto la ya mencionada cronología presentada por el PP en su voto particular en relación con las conclusiones de la Comisión del 11-M, como la de Luis del Pino en su libro “11-M. Golpe de Régimen”, sin olvidar las acusaciones de El Mundo contra la SER, a la que reprochaba haber puesto en marcha una maniobra de “agit prop” en los momentos y días posteriores a la tragedia (EM, 21.3.2004), se refieren casi exclusivamente a las atribuciones de la autoría a ETA realizadas desde la cadena del grupo PRISA. Siendo cierto que tales atribuciones se produjeron (como enseguida veremos), me llama la atención el olvido sistemático de las reacciones de periodistas tan señalados como Jiménez Losantos y el propio P. J. Ramírez.

En efecto, el locutor de la Cope, tras escuchar el relato en directo de Lucía Méndez, indica que “esto es lo que se venía buscando ya desde navidades” y “a la tercera parece que los criminales lo han conseguido”, especificando que “no ha habido ninguna llamada de aviso de los etarras.” Opinión inmediatamente secundada por el director de El Mundo y Luis Herrero.

Es decir, lo primero que pensó el jefe directo del Sr. García Abadillo es que se trataba de un atentado de ETA. Quizá en los cinco años transcurridos hasta la publicación de “Titadyn”, el vicedirector de El Mundo no tuvo ocasión de intercambiar pareceres con su superior. Y tal vez el Sr. Ramírez, que canta las alabanzas del libro en cuestión y dedica elogiosos comentarios al prólogo escrito por su colega, no creyó necesario sugerirle a éste una pequeña corrección. O es que tal vez el director de El Mundo ni siquiera recordaba lo que a él mismo se le había pasado por la cabeza. Tal vez.

No me resisto a incluir aquí algunas observaciones de cierto cariz político, pero que considero oportunas a efectos de reivindicar la necesaria ecuanimidad tan ausente en determinados analistas.

Mucho se ha discutido sobre la actuación de tal o cual personaje de la entonces oposición o tal o cual medio de su órbita ideológica en cuanto a los intentos de obtener réditos electorales de la masacre, imprimiendo a sus comentarios un tono con marcadas implicaciones políticas. Incluso quienes no comparten expresiones como “golpe mediático” o “golpe de Estado postmoderno” (muy del gusto de Jiménez Losantos), han afeado en sus contrincantes el uso torticero de los medios para llevar el agua a su molino en función de las propias querencias e intereses ideológicos. No deseo emitir juicio alguno al respecto, que escapa del objeto de mi estudio. Sin embargo, creo que muchos de quienes así opinan adoptan una postura de dignidad vulnerada que pasa por alto ciertos hechos. Y la verdad de los hechos es algo que sí me interesa.

En este sentido, escuchar las grabaciones de la Cope inmediatamente posteriores a los atentados resulta una experiencia bastante aleccionadora. Permítanme una breve digresión para situarnos en antecedentes.

El 26 de enero de 2004, el diario ABC publicó que Josep Lluís Carod-Rovira, secretario general de Esquerra Republicana de Catalunya y ‘conseller en cap’ de la Generalitat, se había reunido con representantes de ETA para obtener de la banda un cese de las acciones terroristas en Cataluña. La reunión tuvo lugar en la región francesa de Perpiñán. Y, en efecto, el 19 de febrero de ese mismo año, ETA anunciaba una tregua limitada a los territorios de Cataluña.

La actuación del político catalán fue objeto de notable polémica y contribuyó a encrespar los ánimos de ciertos comentaristas políticos. Tras la detención en Cañaveras (Cuenca) de miembros de ETA con una furgoneta cargada de explosivos en la madrugada del 29 de febrero de 2004, El Mundo llevó a su portada del día siguiente (1.3.2004) el titular: “ETA pretendía realzar la tregua en Cataluña con una masacre en Madrid”. Acompañaba a la noticia un artículo de García Abadillo (“ETA vuelve a mirar el mapa”; puede encontrarse aquí) que comenzaba con las siguientes palabras:

Naturalmente, ETA no se ha conformado sólo con recuperar un protagonismo mediático tan impropio como inesperado gracias a la irresponsabilidad de Carod-Rovira. La organización terrorista ha pretendido culminar su reaparición pública con un gran atentado, con una masacre, cómo no, en Madrid, lugar donde se concitan todos los odios de los que sueñan con destruir España.

A las que seguían apreciaciones reprobatorias de los nacionalismos de ERC y PNV y una interesante valoración (sobre todo teniendo en cuenta lo que escribiría después; espero que este punto quede claro más adelante) sobre las repercusiones de la operación policial:

El partido que puede sufrir las peores consecuencias de este nuevo intento de ETA de cometer un asesinato en masa en plena campaña electoral, es el Partido Socialista. […] La aparición de ETA, una vez más, perjudica enormemente al PSOE. Pero no porque el PP utilice electoralmente el terrorismo, sino porque Maragall tiene en su gobierno a un partido cuyo líder recomendó a la banda que, antes de matar, mirase bien el mapa.

Pues bien, nada más tener noticia de las explosiones en los trenes, el director de El Mundo, que, como ya he indicado, se encontraba junto a Jiménez Losantos, manifestó en los micrófonos de la Cope:

Esto pone de relieve, trágicamente, pues que la advertencia que hicimos en ese momento [refiriéndose al mencionado titular de El Mundo de 1.3.2004] ha quedado materializada. […] Entonces, el aventurerismo que supone, en unas circunstancias así, proporcionarle a ETA la oportunidad de declarar una tregua en una parte del territorio, sin lugar a dudas, y aquí están los hechos, supone acrecentar el riesgo para los demás habitantes del territorio. Estoy seguro de que […] el Sr. Carod-Rovira […] es una buena persona, pero ha cometido un error político de tal calibre, su falta de criterio, su falta de juicio, y la falta de criterio y la falta de juicio del Sr. Maragall y del Partido Socialista de Cataluña, al mantener esa coalición de Gobierno, al no obligar a pagar un precio político por ese error político, insisto, son elementos, no voy a decir que coadyuvantes de esta tragedia, pero sí, desde luego, que hay que examinar en el contexto de lo sucedido hoy en Madrid.

Y esa fue sólo la primera de una larga serie de invectivas contra los partidos nacionalistas. Tras la valoración de Ramírez, el locutor de la Cope señala:

Yo no sé si son buenas personas, yo tengo bastante peor opinión de Carod-Rovira y de su partido, creo que llevan seis años buscando, bueno, más años, buscando precisamente eso:  […] como dijo Carod-Rovira, si quieren atentar contra España, que miren primero el mapa.

Pocos minutos más tarde, Jiménez Losantos preguntaba a Luis Herrero si creía que los partidos políticos iban a resistir la tentación de utilizar electoralmente la tragedia. El interpelado manifiesta su esperanza de que no sea así, pero acto seguido, irónicamente, el conductor del programa insiste:

¿Qué va a decir, Pedro, el Gobierno catalán? Porque, claro, ahora, el que tiene que hablar es precisamente el que firmó en Perpiñán, el que acordó en Perpiñán, y el que ha respaldado, manteniendo a Esquerra en el Gobierno de Cataluña, ese pacto. Y es una situación delicada, sin pretender convertir esto en un crimen de quien no lo ha cometido, pero es evidente que las responsabilidades políticas cuando uno ocupa un cargo de representación de millones de personas son las que son y son muy graves.

El director de El Mundo, entonces, da nuevos bríos a sus alegatos, pidiendo la retirada de la vida pública de Carod-Rovira y sugiriendo a los votantes que castiguen en las urnas a las formaciones nacionalistas, catalanas y vascas. Disculpen la extensión, pero quiero que el mensaje se refleje con toda claridad:

Yo espero y deseo que […] la próxima legislatura sea una legislatura de mucho más diálogo, sí, entre quienes pueden complementarse dentro de la democracia […], frente a quienes, en definitiva, están contribuyendo a una dinámica que alienta las expectativas de los terroristas. Y me refiero tanto al Plan Ibarretxe como a aquellos sectores del independentismo catalán, entre los que, desde luego, está […] la Esquerra de Carod-Rovira, que lo que desean es destruir el actual Estado constitucional. […] Desde luego, la situación de Pascual Maragall […] va a ser una situación difícil […] en la medida en que ha tenido que recurrir a un pacto antinatural. […] Yo creo que éste es un error tremendo que han cometido Maragall y el Partido Socialista […]. Yo creo que esto es tremendamente grave, que si no se hubiera producido el encuentro de Carod con ETA la banda no hubiera encontrado un estímulo en el que cometer una salvajada pudiera presentarlo como su contribución a lo que ellos contemplan como un proceso político. […] Y está claro que, en parte, las personas que han fallecido hoy, o que puedan haber fallecido, los heridos, pues, eh… han sido atacados para darle virtualidad y para darle contenido a lo que, a partir del encuentro y de todas las desafortunadísismas declaraciones anteriores, ETA ha podido disponer para Cataluña.

[…] Yo creo que la inmensa mayoría de las personas […] deberían encontrar la manera de decirles a sus políticos y al Gobierno tripartito en Cataluña, que desde luego no es aceptable que haya un partido que haya formado parte de la escenificación de lo que ha tenido por ahora su epílogo terrible hoy en Madrid. […]

Teniendo en cuenta los numerosos documentos en los que hay una coincidencia de objetivos entre ETA y ese llamado Plan Ibarretxe, yo creo que un mínimo de sensibilidad democrática […] debería llevar al Partido Nacionalista Vasco [a] suspender la tramitación […] de ese llamado Plan Ibarretxe, que coincide en sus objetivos con los de la banda terrorista. […] Los demócratas nacionalistas vascos tendrían que reflexionar, hacer un alto en el camino y decir: ‘por aquí, con estos, no, de ninguna manera, a ningún sitio’. Ojalá esto sirviera para hacerles abrir los ojos. […]

Yo creo que los demócratas de Esquerra Republicana deberían pedirle hoy a Carod-Rovira que abandonara la vida pública, […] a costa incluso de dañar sus posibilidades electorales del domingo. […] Es decir, este señor no puede venir al Congreso de los Diputados a Madrid. […] Yo creo que el Sr. Maragall tiene que pedir hoy públicamente el abandono de la vida pública del Sr. Carod-Rovira y, por supuesto, su destitución como Secretario General del partido con el que está coligado, o tiene que pedir a Esquerra Republicana que salga de su Gobierno. […] ¿Cómo no se van a exigir responsabilidades políticas porque se haya contribuido a crear un escenario en el que esta masacre ha tenido un valor adicional, un valor político para la banda terrorista ETA? Y lo mismo digo en relación al Plan Ibarretxe. Y a mí me gustaría escuchar al Secretario General del Partido Socialista [Zapatero] […], a mí me gustaría escucharle en la recta final de la campaña, que él le pida al Sr. Maragall que exija esas responsabilidades políticas. […]

Si el Sr. Ibarretxe no supedita el desarrollo del Plan que lleva su apellido al cese total de la actividad armada de la banda terrorista es que su valoración, su consideración política, no merece un real, es que es una persona indecente. […] Yo creo que estamos en el momento en que hay que exigir las consecuencias políticas. Por muchísimo menos se habla de responsabilidades políticas. Yo creo que se equivocaron aquellos partidos que acusaron al Gobierno de magnificar, de dramatizar, de utilizar electoralistamente la denuncia de lo que había ocurrido con la visita de Carod-Rovira a Perpiñán. Cualquiera que conociera la dinámica de funcionamiento de ETA podía imaginar […] que desde luego iban a poner en valor […] su tregua en Cataluña asesinando en algún otro lugar. Y, entonces, Carod-Rovira tiene que dejar la vida pública, Esquerra Republicana tiene que salir del Gobierno de Cataluña, Ibarretxe tiene que congelar su Plan soberanista […].

Por cierto, esta línea de opinión expresada por Pedro J. Ramírez fue asimismo mantenida vigorosamente por Jiménez Losantos incluso cuando ya había comenzado a perfilarse la hipótesis islamista. Sólo hay que leer su columna del día 12 de marzo de 2004 en El Mundo (“Madrid-Perpiñán”) y escuchar su programa de ese mismo día (una transcripción parcial aquí). Con no menos ardor se sumó a estas apreciaciones la también locutora de la Cope, Cristina López Schlichting, en una columna igualmente del 12 de marzo en La Razón (“Hipocresía satánica”):

ETA ha marcado una raya, a un lado estamos unos; al otro, los asesinos y sus cómplices. […] Mi programa radiofónico de ayer terminó con una desagradable discusión con Alfredo Pérez Rubalcaba, responsable de la lucha antiterrorista del PSOE. Lo acusaba yo de connivencia con ETA, por mantener en el Gobierno de Cataluña a quienes dialogan con la banda. […] Es hora de llamar al pan, pan y al vino, vino. El PNV está con ETA porque apoya la permanencia de Batasuna en el Parlamento Vasco. IU está con ETA porque apoya al PNV y a Batasuna. ER está con ETA porque comparte fines con los asesinos y porque Carod Rovira, su jefe espiritual, habla de medios para conseguir esos fines comunes con Josu Ternera en Perpiñán. El PSOE está con ETA porque permite que Maragall sostenga a Esquerra en el Gobierno de Cataluña. […]

En suma, lo que pretendo sugerir es que, si se acepta que algunos medios (y no pocos políticos) de una determinada tendencia pudieron haber realizado valoraciones electoralistas con ocasión de la actividad terrorista, no podrá negarse que en esa liga también jugaron, desde el primer momento, otros periodistas (y no pocos políticos) que después pondrían el grito en el cielo por el desempeño informativo de un “poder fáctico fácilmente reconocible” (en referencia al grupo PRISA; si alguien piensa que estoy defendiendo a este último es que no se ha enterado de nada).

No deja de ser curioso a este respecto, y con esto termino mi presente excurso, lo que el propio García Abadillo escribió en su libro “11-M. La Venganza”, publicado en septiembre de 2004. Son sus palabras, no mis opiniones (pp. 132-33):

La convivencia entre [Jorge] Dezcallar [director del CNI] y el Gobierno [del PP] fue relativamente cómoda durante algún tiempo. Sin embargo, esa discreta buena sintonía se rompió bruscamente en el mes de enero de 2004. […] Tras semanas de esfuerzo, [el CNI] logró captar el 5 de enero de 2004 una reunión en el sur de Francia entre […] Carod-Rovira y dirigentes de la banda terrorista ETA […]. Evidentemente, se trataba de una información de suma importancia que debía ser conocida por el Gobierno. […] En torno al 22 de enero, Dezcallar transmitió a Aznar […] todos los datos referidos a la entrevista secreta entre Carod-Rovira y los jefes etarras. El lunes 26 de enero el diario ABC tituló en su portada: “Carod-Rovira ultima un pacto con ETA para que no perpetre atentados en Cataluña.” La noticia iba firmada por Jesús Molina, el pseudónimo que suele utilizar el director del periódico, José Antonio Zarzalejos, a la sazón hermano del secretario general de la Presidencia y hombre de la máxima confianza de Aznar, Javier Zarzalejos. Dezcallar no podía salir de su asombro. La noticia había sido filtrada sin su conocimiento y con un objetivo claramente político. El director del CNI comunicó al presidente del Gobierno su total desacuerdo […]. Sin embargo, los asesores de Aznar vieron en la reunión del líder de ERC con ETA una oportunidad de oro para que Mariano Rajoy consolidara su ventaja en las encuestas […].

Insisto: no estoy tratando de reprochar a nadie en concreto el haber realizado ciertas conjeturas sobre la autoría de los atentados y haberse dejado llevar por sus primeras impresiones para expresar en un sentido u otro su opinión en cuanto a diversos asuntos conexos de la actualidad política. Simplemente entiendo que una apreciación cabal y equilibrada de los hechos (y sus circunstancias) requiere más elementos de juicio que los habitualmente proporcionados por algunos comentaristas raudos en señalar en los demás debilidades que quizá no les sean muy ajenas a ellos mismos.

Llegados a este punto, hagamos una breve pausa, antes de continuar.

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