Titadyn, el eterno retorno (V) por Rasmo

Poco a poco, Rasmo sigue publicando su excelente serie de artículos sobre el libro «Tytadin» y sobre esa lacra del periodismo de investigación que se llama conspiracionismo. Volvemos a recibirle con placer.

Artículo anterior: Titadyn, el eterno retorno (IV) por Rasmo.

Aunque no era mi intención inicial, la revisión detenida de docenas de textos publicados por El Mundo en el pasado me ha hecho tomar conciencia de la relevancia de una exposición bastante más prolija de lo previsto. Mucho de lo escrito en su día arroja una muy clarificadora luz sobre el presente y rescatar despojos de hemeroteca, aunque dilatorio en sus efectos inmediatos, creo que será conducente a resultados más sólidos en última instancia. Espero que quienes ya conozcan todos los detalles sepan disculpar el largo excurso. Adelanto aquí algunas de las consideraciones generales que espero ilustrar seguidamente.

Los hechos, ya lo he dicho en alguna otra ocasión, rara vez hablan por sí mismos, pese a lo que suele afirmarse. La necesidad de situarlos dentro de un marco interpretativo da pie a todo tipo de controversias que se hacen aún más enconadas si, en vez de hechos más o menos objetivos, lo que han de interpretarse son expresiones y manifestaciones ajenas. En particular, cuando quienes las emiten no destacan por su elocuencia y verbo fácil o por su sofisticación intelectual. Si tuviera que hacer una descripción sumaria, pues, diría que el conspiracionismo destaca por una práctica hermenéutica consistentemente maliciosa, aislacionista y absolutamente contraria al principio de caridad. Permítanme que ofrezca una explicación accesible a tanto palabro petulante.

La malicia interpretativa del conspiracionismo se pone de manifiesto en el continuo juicio de intenciones (malévolas) que practican en relación con las víctimas de sus sospechas. Ante una acción, una manifestación o un simple hecho que puede explicarse en función de muy diversas causas o antecedentes, el conspiracionista siempre opta por aquella que la atribuye a un autor guiado por un designio malvado (se trata, además, de una tendencia asimétrica, sectaria en definitiva, ya que no se aplica a los “amigos”, pero ahora no me detendré en este punto). En esta línea, Steve Clarke (“Conspiracy Theories and Conspiracy Thinking”, Philosophy of the Social Sciences, vol. 32, n. 2, pp. 131-150, 2002), destaca como factor común en el pensamiento de los conspiracionistas una excesiva manifestación de lo que la psicología social denomina error fundamental de atribución [o sesgo de correspondencia], esto es, la tendencia exagerada e injustificada a atribuir el comportamiento ajeno a causas disposicionales (en alusión a las características y disposiciones personales del actor) por encima de las situacionales (características relevantes de la situación). Esta última referencia académica puede ser inmediatamente ignorada por quien no disfrute con este tipo de cavilaciones, pero no me he resistido a dejar constancia del simple hecho de que, aun siendo muy escasos, existen algunos estudios serios sobre el asunto de marras.

En cuanto al sesgo aislacionista, no encuentro mejor definición que la ofrecida por la propia sentencia de la Audiencia Nacional que juzgó los atentados (página 444):

Como en muchas otras ocasiones a lo largo de este proceso, se aísla un dato -se descontextualiza- y se pretende dar la falsa impresión de que cualquier conclusión pende exclusivamente de él, obviando así la obligación de la valoración conjunta de los datos -prueba- que permita, mediante el razonamiento, llegar a una conclusión según las reglas de la lógica y la experiencia.

En efecto, la valoración conjunta (y en la medida de lo posible comprensiva y comprensible) de la prueba, es un concepto que parece ajeno a la panoplia de herramientas del conspiracionista, que buscará siempre la forma de hacer que cada pieza del sistema se enfrente de manera disonante a las demás.

Por último, y muy relacionado con el anterior punto, he destacado la vulneración constante del principio de caridad. Este principio, que recibe formulaciones diversas y aplicaciones más o menos impropias, puede entenderse a los presentes efectos como un criterio según el cual las manifestaciones de terceros deben interpretarse de modo que se maximicen la racionalidad y coherencia de éstos (véase, por ejemplo, Clevenger, p. 28). Sugiero que, en el caso que nos ocupa, dicho principio propone que, ante posibles ambigüedades, no se opte por una interpretación que haga ininteligibles, ridículas o carentes de sentido las palabras ajenas o que las haga contrarias a las creencias, opiniones e intereses notorios y manifiestos de su emisor. Es en buena medida lo contrario de la falacia del muñeco de paja, que adopta una descripción desnaturalizada y caricaturesca de lo que se pretende rebatir. Los conspiracionistas, escasamente caritativos, junto a la atribución malévola y la descontextualización de los datos, aplican el sistemático desarrollo de interpretaciones forzadas que imputan al declarante una gran incongruencia en sus asertos, los cuales se vuelven de este modo aparentemente contradictorios e incompatibles entre sí (o difícilmente conciliables con las posiciones conocidas del autor) y, por tanto, ofrecen una imagen en gran medida absurda e irracional del discurso analizado.

Tras la pedante introducción, procede comenzar el recorrido por la feria de los despropósitos insidiosos a cuenta de los explosivos del 11-M.

A este respecto, el mensaje fundamental, lo que El Mundo y sus aledaños siempre han querido sustentar, es lo que afirmó sin reparos la portada de 11 de julio de 2006: “El explosivo que estalló el 11-M fue distinto del que tenían los islamistas”. O sea:

El explosivo que estalló en los trenes el 11 de marzo de 2004 no era Goma 2 ECO, ni tampoco era el mismo que se encontró en la bolsa de Vallecas, en la furgoneta Renault Kangoo, en el piso de Leganés o en las vías del AVE a su paso por Mocejón.

Esta es la idea que subyace en la ya tradicional distinción entre “fuera de los trenes” y “en los trenes”, que Luis del Pino, en particular, popularizó en sus múltiples manifestaciones. Así:

Nos convencieron de que habláramos de cosas que estaban fuera de los trenes, en lugar de hablar de qué fue lo que estalló de verdad (“Las mentiras del 11-M”, p. 13; en el mismo sentido, página 21)

A los españoles se nos vendió una versión oficial de los atentados que está enteramente basada en elementos encontrados fuera de los trenes atacados […], al mismo tiempo que se nos hurtaron desde el principio todos los datos relativos a lo que había ocurrido en los propios trenes (LdP, blog, 24.7.06).

Y muy recientemente, comentando la nueva gran portada de El Mundo, según la cual “Víctimas del 11-M se querellan contra el comisario Manzano” (EM, 6.7.09), Luis del Pino insistía (blog, 6.7.09):

Si hubiera que identificar un momento fundamental, un momento crítico, que permitió dar la vuelta a las investigaciones del 11-M y comenzar la larga marcha que culmina en esta primera acción judicial de las víctimas contra los presuntos responsables del encubrimiento, ese momento sería aquél en que nos dimos cuenta de que todo el sumario del 11-M estaba basado en una gran mentira, porque estaba construido utilizando un conjunto de pruebas que habían aparecido fuera de los trenes. Fue entonces cuando nos percatamos de que nos habían hurtado las muestras de los trenes, de que nos habían ocultado los análisis de los focos de explosión.

Esta distinción terminológica fuera/dentro de los trenes, se vislumbró también en algunos momentos de la vista durante el juicio en la Audiencia Nacional. El letrado de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M (presidida por Ángeles Domínguez), autor de la reciente querella contra Sánchez Manzano, lo expresó literalmente en su interrogatorio a éste (14.3.07):

AAV11M escribio:
 
El caso es que, si observamos la relación de muestras que no explotaron, estamos hablando de los explosivos de fuera de los trenes, no los de dentro, llama la atención que, las muestras custodiadas por los TEDAX están contaminadas con Dinitrotolueno, y las custodiadas por la Guardia Civil o por la Audiencia Nacional no.

Y, más concretamente, en un intercambio que, en otras circunstancias, resultaría hilarante:

Defensa de Zougam: Y la Goma2-ECO, como explosivo o marca comercial, sólo la han encontrado ustedes alejada de los focos de explosión de los trenes, ¿no?

Perito Tedax 17632: ¿Perdón?

D. Zougam: Que la Goma2-ECO, reconocida como explosivo, como marca comercial, únicamente la han encontrado ustedes alejada de los… de los focos de explosión de los trenes.

Perito Tedax: […] La bolsa de Vallecas yo me imagino que no estaría muy alejada de los trenes cuando era un artefacto.

No obstante, las razones para afirmar que los explosivos de fuera de los trenes eran distintos a lo que estalló en los trenes han variado a lo largo del tiempo. De hecho, una de las características del razonamiento determinado por las conclusiones deseadas de antemano es que las bases de estas supuestas “conclusionesse modifican según la conveniencia del momento, de forma que no dudan en refutarse y desacreditarse a sí mismas, incluso más allá de lo que sería la mera negligencia intelectual o la perniciosa influencia de sesgos cognitivos y motivados, adentrándose en la pura y simple deshonestidad. Tendremos ocasión de observarlo.

En lo que sigue, a efectos expositivos, mezclaré los criterios temático y cronológico, según impongan la coherencia y la necesidad de claridad en la explicación.

Los informes de la discordia

Son básicamente cuatro los informes que ahora interesan para trazar el origen y desarrollo de la polémica en torno a los explosivos. Un primer informe del mismo día 11 de marzo de 2004 (primeras dos páginas del enlace), sin número de registro, realizado por la Policía Científica. De este informe existe otro ampliatorio, del día siguiente (12.3.2004), con número de referencia 173-Q1-04 y que tiene por objeto las mismas muestras. Se trata de las que luego serían conocidas como muestras M-1, M-2 y M-3. La M-1 corresponde a un polvo de color rosáceo (polvo de extintor) procedente del Foco nº 3 (El Pozo). Sí, la famosa M-1 que tanto daría que hablar y que constituye prácticamente la clave de bóveda del edificio conspiracionista. La M-2 corresponde al resto de explosivo hallado en la furgoneta Kangoo. La M-3 es una muestra de Goma 2 ECO utilizada como patrón de referencia, a efectos de cotejo con la anterior, facilitada por el laboratorio de los TEDAX. Del mismo día 12.3.2004 es un tercer informe, también de la Policía Científica, con número de referencia 173-Q2-04, en el que se examina una muestra procedente del explosivo hallado en la conocida como “mochila de Vallecas” (artefacto que no explotó en los trenes y fue desactivado en el Parque Azorín; en el informe pericial realizado a instancias del tribunal en el año 2007, se la denominó muestra M-4). Finalmente, existe un informe de los TEDAX sobre material explosivo empleado en la confección de los artefactos del 11-M, firmado por la perito nº 17632 y con el visto bueno de Sánchez Manzano, en el que se recogen los resultados de los análisis iniciados por su unidad el mismo día 11 de marzo, pero cuya fecha de salida corresponde al mes de abril de 2004 [Día 26 o 27, según las fuentes. Tanto el libro “Titadyn” como Libertad Digital le atribuyen fecha de 27 de abril. No obstante, el escrito de conclusiones definitivas de la Fiscalía y el propio auto de procesamiento del Juez del Olmo aluden al informe como fechado el 26 de abril de 2004, con registro de salida número 12567, folios 10.887 y ss., TOMO 38 del sumario].

Con carácter adicional, puede señalarse la existencia de un quinto informe, de 15 de marzo de 2004 (fecha de salida, 16.3.2004; nº de salida, 8534), sobre los elementos localizados en la furgoneta Renault Kangoo.

Quisiera subrayar inmediatamente un dato importante que los conspiracionistas han “olvidado” de manera casi sistemática con muy aisladas y significativas excepciones. Y es que, los tres primeros informes aquí reseñados fueron realizados, entre otros, por el técnico número 179 (cuya identidad me es desconocida) y por el facultativo número 47. Este último es Alfonso Vega, quien sería director de la pericial encargada por el tribunal del 11-M en mayo de 2007. A Casimiro García Abadillo no se le escapa este detalle cuando, a cuenta de los resultados de la mencionada pericia, pretende afear la actuación de los agentes “oficiales” (CGA, EM, 19.2.07):

Por cierto, uno de los peritos designados por la Policía Científica para realizar los nuevos análisis ordenados por la Audiencia Nacional, concretamente el número 47, fue uno de los que analizó en su día la sustancia encontrada en el cartucho de la Renault Kangoo, la muestra patrón de Goma 2 ECO, la dinamita de la bolsa de Vallecas, un trozo de panel de porespán del zulo de Morata, etc. En sus informes (realizados en el mes de marzo de 2004) no aparece por ningún lado el DNT. ¿Aceptará ahora que hizo mal su trabajo?

Y, más concretamente (CGA, EM, 27.5.07):

El informe (cuya referencia es 173-Q1-04) señala que las muestras numeradas como 2 y 3 contienen los mismos elementos: […] justo los componentes de la Goma 2 ECO (eso sí, con la misteriosa aparición de algo que no tiene nada que ver: la metenamina). La muestra enviada al laboratorio como número 1 -la del polvo rosáceo- no dió ningún resultado relevante […]. ¿Quién era una de las personas que lo firmaba? Nada menos que el facultativo del CNP con carné profesional número 47, que, posteriormente, sería designado por el comisario general de la Policía Científica, Miguel Angel Santano, como director de la pericia ordenada por el tribunal.

Queda claro, pues, que en El Mundo están perfectamente al tanto de la autoría de esos informes. Pero un lector inadvertido de dicho periódico nunca habría conocido a los demás intervinientes. Y no es porque literalmente no se hayan indicado alguna vez. Así, Manuel Marraco, referiéndose específicamente al informe 173-Q2-04, señala (EM, 21.11.06):

El análisis del explosivo desactivado está suscrito por tres peritos facultativos, números 9, 47 y 179, licenciados en Farmacia y Ciencias Químicas.

Sin embargo, estos infatigables buscadores de la verdad nunca han parecido considerar necesario aclarar a sus lectores quiénes son los facultativos 9 y 11 [los dos signaron el informe 173-Q1-04; el primero, también el  173-Q2-04] que acompañan al Sr. Vega en las firmas. Como a nosotros no nos parece una verdad incómoda, podemos aclarar inmediatamente que los facultativos 9 y 11 no son otros que Manuel Escribano e Isabel López Cidad, respectivamente. ¿Les suenan? Claro, son los célebres “peritos honrados” del asunto del ácido bórico [véase la versión original del informe que dio pie a la controversia; el auto de Baltasar Garzón sobre esta cuestión incluye asimismo una identificación explícita de ambos peritos -por ejemplo, página 7, punto 4.b)-]. La consideración que estos peritos merecen a juicio de El Mundo está fuera de toda duda:

«Hace apenas mes y medio nadie conocía sus nombres. Eran y son dos de los mejores peritos de la Policía Científica. Sus nombres: Manuel Escribano e Isabel López” (C. García Abadillo, EM, 13.11.06).

«Él tiene el pelo cano y las espaldas cansadas por 30 años de meticuloso y sobresaliente servicio público. Ella no ha querido que su única imagen pública fuera la de una mujer marcada, obligada a taparse el rostro ante el acoso de la prensa hostil. Son los dos primeros facultativos en el escalafón de la Policía Científica. […] [Escribano tiene] 30 años de brillante desempeño […]» (editorial, EM, 13.11.06).

«… los peritos habían actuado correcta y profesionalmente en contraste con sus superiores […]. [F]ueron virtualmente linchados en los medios progubernamentales de comunicación […]. [A]ctuaron de forma impecable» (editorial, EM, 7.11.06).

«… la campaña de desprestigio que desde el jueves sufren unos peritos cuyo único delito ha sido cumplir con la petición de sus superiores. ¿Por qué Rubalcaba y sus colaboradores no investigan a quien se prestó a firmar al día siguiente un informe mutilado y sí en cambio a quien se limitó a hacer bien su trabajo (editorial, EM, 24.9.06).

«Aquí hasta ahora no ha habido más víctimas que los tres honrados peritos vapuleados por una campaña de desprestigio sin motivo alguno» (editorial, EM, 6.10.06).

Sin embargo, en una muestra más del insufrible periodismo sicofante marca de la casa, no es (salvo error por mi parte) hasta el Prólogo de “Titadyn” cuando Casimiro G. Abadillo revela por primera vez que ese 9 de los informes de 2004 es algo más que un número que va antes que el 10. El propio perito Iglesias, de forma desconcertante, como se verá, reserva el reconocimiento de la participación del Sr. Escribano en el informe 173-Q2-04 a una triste y recóndita nota a pie de página de su libro.

Así pues, de lo que acaba de exponerse cabe extraer la siguiente

CONSTATACIÓN 1: Para las cabezas visibles del conspiracionismo, los peritos 9 (Manuel Escribano) y 11 (Isabel López), son facultativos intachables e irreprochables. Lisa y llanamente, son de los “buenos”.

Y la obvia

CONSECUENCIA 1: Los conspiracionistas no pueden hacer, sin incurrir en contradicción insalvable, afirmaciones que supongan necesariamente una actuación reprobable, negligente o criminal, por parte de estos peritos.

Los lectores más familiarizados con el asunto que nos ocupa sin duda intuirán a dónde quiero llegar. Pero no adelantemos acontecimientos; incidiré en este punto más adelante. Por el momento, me limitaré a observar cuán ilustrativo (y bochornoso) resulta volver a leer ahora el editorial de El Mundo de 27 de mayo de 2007, o escuchar las declaraciones de P. J. Ramírez en la tertulia de la COPE de 29 de mayo de 2007 (a este respecto, me remito a mi artículo “Héroes del periodismo patrio I”).

Hechas las anteriores consideraciones preliminares sobre la autoría de determinados informes, podemos proseguir el hilo principal de la argumentación, en la próxima entrada: Titadyn, el eterno retorno (VIa).

Tags: , , , , , ,

16 Responses to “Titadyn, el eterno retorno (V) por Rasmo”

  1. […] respuesta, en el próximo capítulo, como en las novelas por […]

  2. jota dice:

    O sea que en los trenes estalló goma2 y !!!! VALE YA !!!!!! Coño

  3. Lior dice:

    ¡Gran argumentación, pardiez!

    ¡Nivelazo el de los Pepones Negros!

  4. rasmo dice:

    Caramba, Jota, menos mal que no escribo pensando en gente como usted. Sería aún más deprimente de lo que ya es la materia por sí misma.

  5. Santiago Alemany Barrionuevo dice:

    Todo este bla bla bla estaria muy bien si Manzano no hubiese extraviado con tanta soltura los kilos de pruebas que se recogieron en la escena del crimen y la perito hubiese presentado el analisis detallado de su pericia junto a los liquidos de lavados. Tres años tardo la señora en detallar algun componente de los que hallo en sus analisis. Porque haber si nos dejamos de cuentos que si esas pruebas no se hubieran perdido se podia haber hecho el analisis en condiciones que no hizo la perito ni la policia cientifica proque no les enviaron muestras. Eso, mucho bla bla bla.

  6. nefar dice:

    Me parece que se equivoca usted, Santiago. A la Policía Científica sí se enviaron muestras: La M1, en la que en 2004 y tras los análisis del perito Escribano, no aparecieron ni DNT ni nitroglicerina, y en la que en 2007, según el perito Iglesias, se encontró «el retrato robot del tytadin».

  7. Flashman dice:

    Que no os enteráis..

    ¡QUE FUE TITADYN Y VALE YA!!!!

  8. hollowman dice:

    Jojojo, pero es que ni siquiera los conspis se ponen de acuerdo en eso. Según Luis del Pino y sus peoncillos, fue C-4 lo que explotó.

    http://www.libertaddigital.com/opinion/10-el-tiempo-debe-detenerse-26971/

    Venga, conspis, ¿explotó titadyn o C-4?

  9. Baaden dice:

    Todo este bla bla bla estaria muy bien si Manzano no hubiese extraviado con tanta soltura los kilos de pruebas que se recogieron en la escena del crimen y la perito hubiese presentado el analisis detallado de su pericia junto a los liquidos de lavados.

    Santiago, hasta los peritos «buenos» saben del viejo adagio de la química analítica: «problema disuelto, problema resuelto». ¿A que le suenan los líquidos de lavados?

  10. Baaden dice:

    Venga, conspis, ¿explotó titadyn o C-4?

    Fue mete-en-la-mina. (Para los avispados, se admiten acepciones del castellano del otro lado del atlántico).

  11. Lior dice:

    Don Santiago,

    Si fuese cierto, que no lo es, lo que usted afirma que hizo el sr. Manzano dígame, ¿qué condiciones son esas que usted menciona, pero que no refiere, en las que no se hicieron los análisis?

    ¿Podría nombrar dichas condiciones o es que sólo repite el soniquete de las campanas que oye, allá, a lo lejos?

  12. lejianeutra dice:

    En lugar de mirar hacia la furgoneta de Alcalá, hacia la mochila de Vallecas, hacia Mina Conchita o hacia el piso de Leganés, nos hicieron fijar nuestra atención en el explosivo de los trenes…

    Todo lo que se hizo, desde un principio, no estaba destinado a otra cosa que a apartar nuestra vista, y la del juez, de las innumerables pruebas que habían surgido en el curso de la investigación. Había que presentar a la opinión pública una realidad virtual y hacer que mantuviera su vista fija en ella. Había que hacerla mirar hacia otro lado.

    😉

  13. Lior dice:

    ¿Esas son las «condiciones» por las que pregunto?

    Noooo… 😀 😉

  14. […] Entrada anterior: Titadyn, el eterno retorno (V) por Rasmo […]

  15. […] sobre el libro “Titadyn” y la metodología conspiracionista. Aquí tenemos un enlace a Titadyn, el eterno retorno (V). La sexta entrada, debido a su extensión, se ha dividido en dos por necesidades de la […]

  16. […] y un estupendo desmontaje de Rasmo en el blog DL: Titadyn, El Eterno Retorno (partes 1, 2, 3, 4, 5, 6a, 6b, 7, 8, 9, 10 y […]

Leave a Reply