El unicornio en el garaje (III)

Inverosimilitud, o en Roswell tienen congelado un extraterrestre.

Al carecer por completo de evidencia mínimamente sólida, las teorías conspirativas tienen que basarse en el ataque despiadado contra lo que ellos llaman “versión oficial”, que, como hemos visto en el artículo pasado, es una entelequia.

Se trata de encontrar discrepancias, supuestas contradicciones, puntos oscuros e inverosimilitudes pretendidas en dicha “versión”, recurriendo con frecuencia a la caricaturización de la misma para hacer más sencillo el ataque. Un ejemplo magnífico de esto es el Enigma 18 de Luis del Pino, en que se hace decir la “versión oficial” cosas que el sumario nunca ha afirmado, para dar la impresión de que dicha versión es absurda. Para un análisis detallado de cómo opera esta falacia, llamada «hombre de paja» consúltense las FAQs de Leganés, y un próximo artículo en el que analizaremos párrafo por párrafo dicho Enigma 18.

Ya veremos, en un siguiente punto, cómo funciona la estrategia de acumulación de discrepancias y puntos oscuros. Concentrémonos ahora en la estrategia de inverosimilitud. Consiste ésta en acumular argumentos para convencer al lector de que la “versión oficial” es inverosímil, imposible de creer. Se usa para ello todo tipo de recursos, tales como preguntas retóricas (“¿Alguien alberga alguna duda de que…? ¿Es posible imaginar…”) y la ya mencionada falacia del hombre de paja.

Esta estrategia de inverosimilitud es curiosamente unidireccional. Me explico: intenta demostrar que la “versión oficial” es inverosímil, pero nunca se plantea la verosimilitud de las alternativas. Por ejemplo, se nos dice que es imposible de creer que la mochila de Vallecas sea otra cosa que un señuelo, plantado en IFEMA mientras los efectos de las víctimas de la estación de El Pozo estaban ahí, pero se nos omite por completo que la alternativa que ellos plantean es aún más inverosímil: Requiere en primer lugar que una persona sepa perfectamente, con absoluta seguridad, que los efectos serán llevados a IFEMA a una hora conveniente para sus planes; requiere que esa persona tenga la seguridad absoluta de que podrá acceder a IFEMA cargando una bolsa de deportes de 11 kg de peso por lo menos, sin despertar sospechas ni ser objeto de registro en ningún momento; aún más importante, requiere que dicha persona no sea recordada por nadie que haya podido verla; requiere que esa persona sepa, con total seguridad, que la bolsa será llevada esa misma noche a la Comisaría de Puente de Vallecas; requiere que los policías se decidan a hacer el inventario de efectos esa misma madrugada, en vez de dejarlo para el día siguiente (pensemos en la cronología: un retraso de varias horas implica que los arrestos son anunciados el domingo, en plena jornada electoral). Cualquiera que lea el accidentado periplo de la bolsa, con todas sus órdenes y contraórdenes, verá que hubo muchas oportunidades para que fracasara esta acción tan absolutamente perfecta de plantar un señuelo sin que nadie reparara en ello. Es evidente que los conspiracionistas no han oído hablar de la ley de Murphy; lo cierto es que tan altísima precisión en la operación de plantado se podría concebir como divertimento en una película de acción, pero difícilmente podría tener probabilidades razonables de éxito en la realidad.

Esto, por cierto, me vuelve a llevar a un tema que me obsesiona últimamente, y es la continua referencia a películas de intriga y acción que hacen los conspiracionistas. Tengo la hipótesis –que admito es totalmente especulativa– de que dichos conspiracionistas tienen un serio problema de distinción entre ficción y realidad. Habrá algún día que estudiar cómo –si es que acaso– los Expedientes X, Matriz y Misión Imposible han deformado el imaginario conspiracionista hasta hacerles creer que lo que veían en la pantalla podría ocurrir en el mundo real.

En todo caso, ¿todo esto que dicen resulta más verosímil que la hipótesis contraria, a saber, que la bolsa apareció en Puente de Vallecas porque estuvo desde el principio entre los efectos recabados en El Pozo? ¿Existe evidencia alguna en contrario? No, no existe; sólo la imaginación conspiracionista que apunta a la posibilidad del señuelo. Pero claro, el papel aguanta todo: hasta la intervención del extraterrestre de Roswell para congelar el tiempo, o la tecnología Men in Black que permite que alguien entre y salga de IFEMA sin que nadie le haya visto.

Hay un principio que ha dado excelentes resultados en la investigación científica y también en la policial: es el principio de parsimonia, o de la navaja de Occam. Dice que, ante dos explicaciones sobre un hecho, hay que preferir siempre la más sencilla. En ausencia de evidencia que refute la hipótesis sencilla, lo razonable es adoptar ésta. Dicho principio ha demostrado su efectividad una y otra y otra y otra vez, tanto en el trabajo científico como en el policial.

Sin embargo, vemos que, invariablemente, las teorías conspirativas violan este principio. ¿Qué es más sencillo, aceptar que un avión se estrelló contra el Pentágono o decir que ese avión fue derribado y que lo que se estrelló fue un misil? De forma similar, ¿qué es más sencillo, que la bolsa de Vallecas fuese plantada en las condiciones descritas arriba, o que dicha bolsa estaba desde el principio en el tren de El Pozo?

Como hemos comentado, este tipo de apelaciones a la inverosimilitud de la “versión oficial” abunda en los escritos conspiracionistas. De hecho, yo diría que una teoría conspiracionista es imposible sin ellas, puesto que su primer objetivo es derribar la llamada “versión oficial”, y esto, en ausencia de pruebas, no puede hacerse sino con apelaciones a la inverosimilitud.

Tal vez el ejemplo más evidente sea el más general: la incredulidad sobre la autoría, que suele tomar la forma de una pregunta retórica: ¿Alguien puede creerse que unos “moritos” de Lavapiés llevaran a cabo un atentado tan perfectamente planificado y ejecutado?

Dejando de lado el racismo que transpira esta pregunta, su obvia apelación a un prejuicio racial para insinuar que esos seres inferiores son metafísicamente incapaces de acciones tan complejas, dejando de lado la forma como se intenta forzar la conclusión, debería ser evidente, después del 7-J en Londres, que la respuesta es “sí, es perfectamente verosímil”. El atentado no es particularmente complejo. A cualquiera, desgraciadamente, puede ocurrírsele la idea de poner bombas en trenes en hora punta. No es difícil de imaginar la destrucción que ello causaría. Tampoco hay nada de peculiar en la fabricación de las bombas. La información para hacerlo es perfectamente asequible en Internet, en la medida en que dichas bombas son las más simples que quepa imaginar. La ejecución tampoco tiene nada de particular. Nada más fácil que entrar en un vagón con una mochila y “olvidarla” después.

Pero no es mi intención demostrar la verosimilitud de esta relación de hechos. Lo que quiero es demostrar que las alternativas propuestas son todas más inverosímiles y más complejas. Descartada una autoría exclusiva de ETA (que es imposible sin complicidades, dada la evidencia), toda otra alternativa pasa por una improbabilísima coalición de fuerzas, de las cuales la más sencilla es ETA-islamistas, pero que suelen incluir, como he dicho al principio de este artículo, a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, a un par de partidos políticos, espías extranjeros y un poderoso grupo de comunicación, en diversos grados de participación. De hecho, sería casi imposible no incluir a las FCSE, en la medida en que supuestamente hay tres pistas falsas y un número enorme de mentiras en los informes policiales y testimonios.

¿Es esto más verosímil? Dejemos que Occam dé la respuesta de nuevo, y no insultaré la inteligencia del lector sugiriéndola.

A la vista de esto, parece natural que los más prudentes entre los conspiracionistas –incluyendo a sus líderes más conspicuos– no verbalicen sus teorías: no sólo se expondrían a una demanda por calumnias, sino que revelarían al mundo con total claridad el hecho de que sus teorías son absolutamente delirantes.

Pero la cosa no queda ahí. La versión conspirativa nos pide que aceptemos que sólo ellos, los medios conspiracionistas, han descubierto la verdad. En particular, nadie fuera de España ha caído en la cuenta de lo que ha sucedido. Ningún medio extranjero serio ha publicado una línea respaldando las teorías conspiracionistas. Ninguno. Ni siquiera los más afines al gobierno anterior: el Wall St. Journal donde a veces publica Aznar un artículo de opinión, ni Fox News, ni Le Figaro, ni The Times, ni The Financial Times. Ninguna fuerza policial extranjera ha expresado dudas sobre la “versión oficial”: ni Europol, ni Interpol, ni Scotland Yard, que no dudó en equiparar el 7-J y el 11-M. Tampoco Blair ni Bush tienen dudas al respecto. Ni las instituciones europeas ni las internacionales.

¿No les parece absolutamente inverosímil que ni un solo corresponsal extranjero en Madrid se haya dignado publicar la información que lee en el segundo diario de mayor circulación en España? ¿Qué los líderes mejor informados del mundo guarden silencio?

Carl Sagan popularizó una frase del distinguido escéptico Marcello Truzzi (que éste a su vez atribuyó a David Hume): “Las afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria”.

Pues bien, las afirmaciones de las teorías conspirativas son extraordinarias. Veamos. Independientemente de la improbable y variable coalición de fuerzas que hemos visto arriba, las teorías conspiracionistas sobre el 11-M proponen algo que no ha ocurrido jamás, en toda la Historia de la Humanidad. Veamos lo que, nos parece, es el núcleo mínimo de creencias conspiracionistas:

1) El atentado es planificado con todo cuidado para que el gobierno crea que fue cometido por ETA

2) La evidencia es plantada con precisión cronométrica y sin que nadie se dé cuenta, para que sea descubierta exactamente en el momento X, y lleve a la Policía y al Gobierno a la conclusión Y exactamente en el momento adecuado Z.

3) La evidencia apunta, hacia el sábado por la mañana, a cabezas de turco que no han cometido el atentado o, si lo han hecho de forma material, ha sido como mercenarios o peones engañados al servicio de otras fuerzas malvadas y mucho más importantes, que permanecen ocultas.

4) Hacia la tarde-noche del sábado, grandes sectores de población han llegado a la falsa conclusión de que el gobierno, engañado a su vez, les ha mentido, empujada dicha conclusión por una campaña de intoxicación cuidadosamente planificada que incluye a un grupo mediático y al PSOE, y muy particularmente las movilizaciones del 13-M.

5) Dichos sectores de población votan engañados el día 14 de marzo, provocando el resultado deseado por los terroristas: el cambio de gobierno.

No hay ningún atentado similar en la Historia. Simplemente, esto es demasiado complejo para poder tener la más mínima esperanza de éxito. Veamos, desde el punto de vista de la verosimilitud, qué implican los puntos anteriores.

La planificación del atentado requiere conocimientos de psicología social y personal que no están al alcance de nadie. Ni un conjunto de doctores en psicología serían capaces de predecir con precisión cómo se comportaría el gobierno. Si Aznar hubiese convocado el Pacto Antiterrorista; si hubiese invitado a las reuniones del comité de crisis a Rodríguez Zapatero y tal vez a Llamazares y Duran Lleida, si en toda comparecencia pública Acebes hubiera estado flanqueado por personas como Blanco o Rubalcaba y representantes de otros partidos; si la manifestación del 12-M hubiese sido consensuada en vez de impuesta; y sobre todo, si Acebes hubiese sido lo suficientemente prudente como para no manifestar su absoluto convencimiento sobre una autoría específica, primero, manteniendo contra viento y marea su preeminencia hasta el final, el plan hubiese fracasado por completo.

Esto quiere decir que los terroristas tenían que estar razonablemente seguros de que el Gobierno actuaría como actuó. Me permito repetir: esta seguridad es imposible. Nadie tiene esa capacidad de manipulación sobre personas autónomas, racionales e inteligentes.

En segundo lugar, la increíble precisión con la que hay que plantar la evidencia para que aparezca en el momento justo, y cause la reacción apetecida, también en el momento justo (Acebes sigue dando prioridad a ETA, hablando por ejemplo del explosivo “habitual en ETA”, Rajoy declara su convencimiento moral sobre la autoría etarra, etc.).
Ello requiere acceso, complicidades, “timing”, y, sobre todo, como he dicho ya, la enorme habilidad de pasar totalmente desapercibido. No creo que exista organización en el mundo capaz de tal precisión.

En tercer lugar, de nuevo, la precisión del cálculo electoral. Los terroristas tienen que saber con absoluta precisión que la indignación que ha producido el atentado les dará la suficiente movilización como para dar el vuelco electoral. Observemos que esta variable depende críticamente del posicionamiento electoral de ambos partidos el día 10.

Digamos, a modo de ilustración, que tal día se requirieran siete puntos porcentuales para lograr el resultado apetecido. Los terroristas tendrían que estar razonablemente seguros de que los obtendrían. Fijémonos: si el PP aventajaba el día 10 al PSOE por, digamos, tres puntos, y el atentado no lograba más que dos puntos porcentuales, el resultado hubiese sido una victoria del PP. Ahora bien, ¿cómo podrían los terroristas estar seguros de que obtendrían los puntos necesarios? Tendrían que haber predicho, con los meses de antelación que requiere planificar el atentado, en qué posición llegarían los dos partidos al 11-M. Tendrían que conocer los resultados del día 10 con una precisión que ninguna encuesta puede dar (recordemos además los espectaculares errores que la ciencia demoscópica ha tenido en España), a fin de predecir su observación y proseguir con el atentado. Y por si fuera poco, tendrían que predecir, con una precisión similar, que obtendrían, digamos, ocho puntos porcentuales gracias al atentado. No conozco politólogo que sea capaz de tales predicciones con tal precisión. De hecho, estoy seguro de que no existen.

Volvamos a preguntar qué es lo más verosímil. ¿Un atentado esencialmente similar al del 7-J en Londres, o todo lo que acabo de describir?

Irrelevancia, o las preguntas que afortunadamente no le hicieron a Galileo

A lo largo de dos años, las teorías conspirativas han ido acumulando un enorme número de afirmaciones, algunas de ellas contradictorias entre sí, para demostrar que existen numerosos puntos oscuros o contradictorios en la “versión oficial” (los famosos “agujeros negros” o enigmas).

Los conspiracionistas funcionan por acumulación. Bajo el principio de que “si el río suena, agua lleva”, intentan a toda costa aumentar ellos mismos el estruendo del río acumulando supuestos puntos oscuros y supuestas contradicciones, sin discriminar sobre su importancia.

Así, vemos a Fernando Múgica muy preocupado porque hay una discrepancia aparente sobre la fecha de entrega de cierta informe sobre pruebas de ADN por parte de la Policía al juez. Una nota informativa de la propia Policía habla de las pruebas el día 15, mientras que el entonces Ministro del Interior dice a la Comisión Investigadora del 11-M que el informe se redactó el día 19. Vemos que existe una discrepancia de cuatro días, a la que Múgica da suficiente importancia como para consignarla en uno de sus artículos (el XXVIII de la serie). El PP se hace eco de esa importancia haciendo una pregunta parlamentaria al respecto. Múgica insiste: en un informe se asigna una huella a una bolsa de Carrefour, en otro a una funda portadocumentos. Del Pino, a su vez, se preocupa muchísimo por temas como si los terroristas estaban en corro en el momento de suicidarse, o si un terrorista llevaba el pantalón al revés.

Un observador imparcial se queda algo perplejo. ¿Qué relevancia pueden tener estos asuntos? Jamás se nos explica, y por más que nos devanamos los sesos no logramos entender su importancia. Pero el conspiracionista ha logrado su objetivo: añade ese nuevo granito de arena a la montaña de irrelevancias que ha ido construyendo desde hace dos años, y que pretende hacer creer al público, por simple agobio, que hay cientos y cientos de cosas no explicadas, y que ello, de forma natural, tendría que inducir la sospecha sobre la totalidad de la relación de hechos. Esto, por supuesto, es un enorme salto a conclusiones que no se siguen de las premisas, un non sequitur, pero el conspiracionista no parece reparar en esta falacia básica.

Como decimos, el Partido Popular infortunadamente se hace eco de esa estrategia al plantear 215 preguntas al Ministro del Interior, dando la impresión de que existen enormes zonas oscuras en la investigación judicial.

Pero no hay tal. Einstein dijo escuetamente una vez, cuando se escribió en Alemania un panfleto que se llamaba Cien Pensadores contra Einstein, que si tuvieran razón, hubiera bastado con uno. Lo mismo se puede aplicar a la teoría conspiracionista. Si tienen razón, debería bastar con una afirmación irrefutable para demostrarlo. El hecho de que tengan que acumular páginas y páginas de insinuaciones, medias verdades, afirmaciones falsas y falacias lógicas es un fuerte indicio de que ellos mismos no están seguros de tener razón, y que se sienten obligados a acumular afirmación sobre afirmación para dar la impresión de que, en efecto, hay agujeros negros y enigmas de importancia.

Por lo demás, los conspiracionistas se aprovechan del hecho evidente de que no existen investigaciones perfectas. En toda investigación, y sobre todo en una de esta envergadura, habrá pequeñas inconsistencias y errores. El modelo que pretenden los conspiracionistas que debería haber sido la investigación es inalcanzable. No hay investigación 100% consistente, sin el más mínimo error. Por supuesto, lo que importa es que la investigación sea sustancialmente correcta, o dicho de otra forma, que los errores y discrepancias sean irrelevantes.

En los FAQs que iremos publicando resaltaremos este punto: la relevancia o irrelevancia de una información determinada.

Este punto está relacionado con otro similar. El conspiracionista no tiene criterio de aceptación. Es decir, no sabe decirnos dónde debería, según él, detenerse la investigación y cerrarse el sumario, qué evidencia es necesaria finalmente para que él y los suyos acepten la “versión oficial”. Así, el conspiracionista continúa alimentando suspicacias más allá de la duda razonable para transmitir la falsa impresión de que la investigación ha sido defectuosa.

Como muestra un botón. Muchos conspiracionistas creen que los explosivos usados en los trenes no eran dinamita. Se publica el auto de procesamiento, y he aquí que éste dice que hay trazas de dinamita en todos los focos de explosión menos dos. ¿Aceptan los conspiracionistas este peritaje llevado a cabo conjuntamente por expertos de la Guardia Civil y la Policía? Por supuesto que no. Algunos dirán que los responsables del peritaje están implicados. Otros añadirán que no se ha demostrado la inexistencia de explosivos que, estando presentes, no dejaran ningún rastro.

Esto es como lo del unicornio invisible que tengo en el garaje. Si usted me dice que quiere verlo, le digo: imposible, es invisible. ¿Tocarlo? No, muy esquivo, logra escurrirse y no podrá usted tocarlo. ¿Escucharlo? Es mudo y su respiración tan tenue que no es posible detectarla. Pero dejará huellas… No, levita. ¿Y si le arrojamos pintura? No, sintetiza de inmediato todo tipo de pigmentos y los excreta antes de que puedan teñir su piel. Y así, ad infinitum, puedo construir una a una explicaciones ad hoc para derrotar los supuestos

Es evidente, a partir de este ejemplo, que la ausencia de algo no puede ser probada en general. Es quien afirma la presencia quien tiene que probarla. Pero mi punto no es tanto que los argumentos conspiracionistas sean absurdos (que lo son), sino que a la pregunta: “¿Qué se necesita para convencer a un conspiracionista de que está equivocado?”, la respuesta es que es imposible: no hay argumento ni evidencia que pueda convencerle. Mantendrá su suspicacia más allá de la duda razonable.

Y es por ello que los conspiracionistas, que se consideran a sí mismos escépticos, no lo son. Son suspicaces hasta la paranoia, que es distinto. El escepticismo es una actitud crítica pero abierta, que se deja convencer de forma rigurosa por evidencia abrumadora. El suspicaz, en cambio, no se dejará convencer nunca.

El escéptico sabe identificar afirmaciones no “falsables”; el suspicaz no tiene ni siquiera idea de qué demonios quiere decir eso. La “falsabilidad” es un concepto que inventó el filósofo de la ciencia –y tambíen por cierto gran filósofo político del liberalismo—Karl Popper. Popper hizo la observación de que una afirmación, para ser científica, tiene que ser “falsable”; es decir, deberíamos poder diseñar siempre un experimento que pudiera en principio demostrar que la afirmación es falsa. Entendamos: el experimento no demuestra necesariamente la falsedad, pero tiene que existir la posibilidad de que dicho experimento la demuestre. Nunca podemos estar por completo persuadidos de la verdad de nuestras afirmaciones, porque la realidad es inagotable. Pero siempre tenemos que estar preparados para admitir que sean falsas, a partir de un experimento.

Una hipótesis que no es “falsable” no es científica. Una hipótesis que no es “falsable” es, por lo mismo, inadmisible judicialmente, porque ante una hipótesis no “falsable” no hay defensa posible: estamos ante un acto de fe.

Creo que a la luz de lo que he expuesto no tengo que explicar que decir: “había explosivos que no dejaron rastro” es una afirmación no “falsable”. No hay experimento posible que pueda demostrar su falsedad. Por tanto, debería ser inadmisible como argumento.

No sólo eso. Las teorías conspiracionistas abundan en hipótesis sólo aparentemente “falsables”. Dicho de otra forma, no existe para ellos ningún criterio de aceptación de que lo que dicen es falso. No hay evidencia que pueda convencerles de que lo es. Un día te dirán que la bomba de Vallecas era distinta de las que estallaron porque la primera tenía metralla y las otras no. Muy bien, esto parece una afirmación “falsable”. Si yo demuestro que las bombas que estallaron tenían metralla, entonces la afirmación ha sido invalidada y el que la afirma tiene que aceptar que su contrario, a saber, esa supuesta diferencia entre la bolsa de Vallecas y las bombas que estallaron, no existe.

El problema ocurre cuando se publica el auto de procesamiento, que afirma que se encontró metralla en numerosos focos de explosión. El conspiracionista no lo acepta: lo que hace, en vez de acceder al hecho de que su afirmación inicial ha sido falseada, es cambiar dicha afirmación y decir –por supuesto sin aportar evidencia—que la metralla encontrada es “poca”.

La premisa “no hay metralla” ha sido invalidada, pero el conspiracionista mantiene su conclusión: las bombas son diferentes. Lo hace cambiando la premisa: en vez de no hay metralla, la metralla es poca. Pero la afirmación taxativa “no hay metralla” es cualitativamente distinta de la afirmación subjetiva “la metralla es poca”. ¿Cómo se mide si la metralla es poca o mucha? ¿Tiene el conspiracionista un modelo matemático que prediga la cantidad de metralla que deber ser encontrada después de la explosión, en un intervalo con una probabilidad, de, digamos 99%? ¿Cae el número de restos encontrados muy por debajo de dicho intervalo?

Por supuesto que no. El conspiracionista no tiene argumentos sólidos para decirnos que la metralla es “poca”. Sólo tiene su subjetividad y su convencimiento previo de que no había metralla, y que por tanto, si hay metralla, no es suficiente para refutar su conclusión.

Además de acumular irrelevancias, el conspiracionista exige, entre otras cosas, que se aclaren puntos que tal vez no se podrán aclarar jamás, algo por demás natural en un atentado con estas características. Recordemos que en el 11-S no se aclaró jamás, y casi seguramente no se logrará, algunos elementos fundamentales, como el objetivo del cuarto avión, el United 93 que se estrelló en un campo de Pennsylvania gracias al heroísmo de sus pasajeros. Pensemos también en cuántos atentados de ETA ha habido de los que no se saben todos los detalles. ¿De verdad sabemos quién proporcionó la información de seguimiento en todos y cada uno de los atentados? ¿Quién y cómo llevó a cabo la parte logística? ¿Los movimientos exactos de los terroristas? ¿Por qué no se le pide ni se le ha pedido nunca a las investigaciones sobre ETA el grado de precisión y claridad absoluta que se le pide a ésta?

Se nos contestará: pues porque este atentado es el más importante de la historia de España, porque además afectó un resultado electoral. Vale. Pero lo importante, desde el punto de vista de la opinión pública, es conocer sustancialmente la verdad, porque la verdad total, absoluta, incluso si es sobre el hecho más trivial, es incognoscible.

Toda investigación, tanto científica como policial, se rige por criterios de relevancia. Para conocer de forma sustancial la verdad más allá de la duda razonable, hay que fijar un límite a la investigación. Y ese límite está dado precisamente por esos criterios de relevancia. Al juez de instrucción le pagamos, entre otras cosas, para que use su juicio al establecer qué es relevante y qué no. Contrariamente a lo que piensan los conspiracionistas, el juez no está a nuestro servicio, no está ahí para resolver todas nuestras dudas independientemente de su relevancia. El juez está al servicio de la verdad judicial, que es una verdad sustancial más allá de la duda razonable, una verdad que permite a un tribunal dictar sentencia, pero no la verdad absoluta, no toda la verdad. Sólo la verdad sustancial, relevante.

A dicho tribunal no le interesa la razón por la que un terrorista llevaba el pantalón al revés, simplemente porque nadie ha demostrado que dicha pregunta sea relevante. Y si me equivoco, ya será el tribunal el que ordene otras diligencias para clarificar algún punto que le parezca relevante.

En otras palabras, si no aceptan los criterios de relevancia del juez de instrucción y del tribunal, son los conspiracionistas, los que exigen que la investigación continúe por siempre (o, lo que es lo mismo, hasta que se demuestre la verdad que profesan ignorar, pero de la que están íntimamente convencidos, por coincidir con sus juicios preconcebidos, con sus deseos), son ellos, digo, los que plantean cientos de preguntas, los que tienen que convencernos de que las mismas son relevantes. La carga de la prueba la tienen ellos, porque ellos son los que afirman.

Y es que la realidad es inagotable. Siempre se puede hacer un número potencialmente infinito de preguntas sobre el hecho más trivial.

Pongamos un ejemplo. Galileo estudiaba la ley de caída de los cuerpos. Lo hacía con unas pelotas de metal que bajaban por un plano inclinado. De forma explícita o implícita, Galileo pensó que lo relevante para su experimento era el peso de las pelotas, y solamente eso. Estableció un criterio de relevancia y lo respetó. Pero qué hubiera sucedido si alguien llega y le pregunta: “Galileo, ¿has visto si el color de las pelotas influye en la ley que has postulado?” Si Galileo no pregunta qué hace pensar a su interlocutor que el color es relevante, tendría que correr al laboratorio y hacer el experimento. Imaginemos que Galileo vuelve triunfal, mostrando que el color es irrelevante. “Pero Galileo”, dice el otro, “¿has intentado hacer el experimento de día y de noche, a ve si tu ley cambia?” Galileo vuelve al laboratorio, hace el experimento y anuncia que no, que la hora no es relevante. Su interlocutor insiste: “¿has intentado hacer el experimento en los mares del Sur, a ver si tu ley cambia respecto a Florencia?” “¿Y estás seguro de que es la misma ahora que si Júpiter estuviera en conjunción con Venus?” Claramente, el número de preguntas es potencialmente infinito. Claramente, si Galileo hace caso a su interlocutor, no publicará nunca su ley. Claramente, lo que tiene que hacer Galileo es preguntar a su vez: “¿bajo qué hipótesis sería relevante lo que me preguntas?”

Eso es lo que tenemos que preguntar a los conspiracionistas, obligándoles con ello también, a los que son más reacios a hacerlo, a revelar sus hipótesis de trabajo. Porque no es verdad lo que dicen muchos de que no tienen hipótesis y sólo hacen preguntas con la mente abierta. Toda pregunta tiene una relevancia, y esa relevancia sólo puede asignársela una hipótesis.

Y es que no se trata de “Queremos saber”, en el sentido de “queremos saberlo todo”. Eso es imposible a priori. Queremos saber lo relevante, eso sí. Para todo lo demás, tengan ustedes la bondad, señores conspiracionistas, de indicarnos qué relevancia tiene lo que preguntan, de exponer sus hipótesis al escrutinio público. Y no, no basta con especulaciones o sospechas sin la menor evidencia. Traigan por lo menos indicios mínimos de que sus preguntas tienen alguna relevancia dentro de una teoría plausible.

Incoherencia Interna, o como creer en los Reyes sabiendo que son los padres

Es muy difícil encontrar una versión conspiracionista mínimamente coherente. Han acumulado tantas afirmaciones que, inevitablemente, dichas afirmaciones entran en conflicto entre sí, teniendo que inventar explicaciones ad hoc como las que propone el “bloguero” Ziriaco para intentar huir de las contradicciones internas, proponiendo que dos grupos distintos de terroristas actuaron en los trenes, con el grupo de los cabezas de turco (los “moritos”) ignorando la presencia del otro. Tendremos oportunidad de llamar la atención sobre esto, pero recordemos solamente un caso en el que la contradicción es palmaria e irresoluble.

Hace pocas semanas El Mundo, días después de haber afirmado taxativamente que toda la evidencia hallada en la furgoneta Renault Kangoo descubierta en Alcalá de Henares era plantada, nos dice que la Policía encontró, en esa misma furgoneta, una tarjeta del “Grupo Mondragón”, con un número telefónico que “apuntaba al Norte”, y que fue ocultada.

Al principio todo era efervescencia en ámbitos conspirativos, hasta que tal vez los más lúcidos se dieron cuenta de la metedura de pata. Vamos a ver. O bien toda la evidencia fue plantada por la Policía y la furgoneta nada tenía que ver con los terroristas, que es la primera afirmación, y por tanto la tarjeta o bien era del dueño de la furgoneta y por tanto era irrelevante; o bien la puso ahí la Policía, y es absurdo pensar que la puso para ocultar su existencia después.

Eso, o bien la furgoneta sí tenía que ver con los terroristas y entonces la tarjeta es relevante… Pero entonces lo lógico sería concluir que el resto de evidencias encontradas también tendrían que ver con los terroristas.

No se puede, a riesgo de empezar a parecer un poco absurdo, sostener las dos cosas al mismo tiempo. Y sin embargo, los conspiracionistas no han retractado ni una ni otra, como tampoco suelen retractar los errores elementales de datos que cometen, como la afirmación, por parte de Del Pino, de que el sumario dice que en Leganés estallaron 20 Kg de dinamita, en vez de los 30 Kg que claramente dice el informe policial contenido en el auto.

Por otro lado, como mi colega Cero 007 apunta acertadamente en su artículo “No me engañe, Señor Ramírez”, existe otro tipo de incoherencia, y es la aparente incapacidad de los conspiracionistas para llegar a conclusiones consistentes con las premisas que dicen creer. En el caso particular de Pedro J. Ramírez, Cero 007 se pregunta cómo es posible que sostenga que se puede manipular la evidencia inmediatamente después del atentado sin conocimiento previo del mismo. Tiene razón, y pone el dedo en la llaga: al parecer, Pedro Jota se niega a afirmar taxativamente algo tan grave, que sin embargo tendría que concluir a la luz de lo que él mismo dice creer.

En todo caso, este tema de la incoherencia es tan importante que seguramente le dedicaremos un monográfico.

A Manera de Conclusión.

Creo haber señalado algunas de las características más relevantes que comparte la práctica totalidad de las teorías conspirativas. Tendremos oportunidad de ir ilustrando hasta el cansancio cada uno de los puntos expuestos, pero he considerado que era importante, antes que nada, establecerlas en un marco general, a fin de no perdernos cuando inevitablemente descendamos al detalle.

41 Responses to “El unicornio en el garaje (III)”

  1. An-tonio dice:

    Saludos

    Estoy de acuerdo en general con tu artículo pero me parece que ahora las tesis conspiracionistas han tomado un nuevo camino algo más complejo: El atentado fue cometido por ETA y la autoría de Al Qaeda es un señuelo destinado a dar un vuelco al resultado electoral. ETA necesita que cambie el gobierno para poder negociar dado el precario estado en que se encuentra y la oposición tiene una oportunidad única para destruir a sus rivales políticos y, tras acabar con el terrorismo, suspender el estado de derecho y trocear España, perpetuarse en el poder durante una centuria.

    Sí, es una aberración, pero o mucho me equivoco o es la conclusión que se extrae leyendo y escuchando determinados medios. Las conclusiones que es extraen de semejante teoría son tan inconcebibles que me niego siquiera a intentar formularlas.

    Sólo me queda felicitar al ex ministro Acebes. Él siempre, y por encima de todo, supo la verdad.

    P. D. Os felicito por vuestra iniciativa, muy interesante. Y un saludo a Luis con quién compartí alguna que otra charla virtual hace mucho tiempo.

  2. Gracias, An-Tonio.

    Un saludo.

    Ulises: Esta bitácora no admite propaganda política de ningún signo. Aquí se viene a debatir. No entiendo por qué es tan difícil entenderlo. Si quiere hacer manifiestos, hágase su propia bitácora, Internet es libre y por lo general gratis.

  3. Flashman dice:

    Sería interesante contraponer esa «conspiración alternativa» (la que defiende que el atentado fue promovido por el PP para asegurarse la mayoría absoluta y que salió mal por la diligencia policial) con la conspiración de Múgicas y Del Pinos sólo para demostrar cómo se pueden construir teorías conspirativas de amplio calado y que, incluso, pueden seguir normas lógicas aún más sencillas que las que ellos proponen.

    El artículo debería hacer sonrojar a más de uno de los que se pasan por «Bienvenidos».

  4. urodonal dice:

    Muy bueno señor Arean. Siga así. Un saludo.

  5. Víctor dice:

    Es curiosa esta nueva versión conspiracionista que está surgiendo si, a la que se refiere Antonio. La de que todo esto era para la negociación con ETA. Realmente lo curioso del asunto es que jamás hacen una predicción siempre trabajan en hipótesis a posteriori. Es decir ven lo que pasa y entonces cambian su teoría para adaptarla al curso de los acontecimientos. Si resulta que ETa esta apunto de hacer la paz con ZP esto es porque el 11M lo hicieron también para eso. SOn moldeables 100% como veis se adaptan a todo. Unos camaleones esos perlas vamos. jejeje.

  6. PINGUINO dice:

    Saludos,

    Muy bueno el ejemplo con Galileo. Esclarecedor.

    Por otro lado.
    Quizás «cuando el rio suena agua lleva», pero si te pones al lado de un cauce seco con un megáfono imitando el sonido del discurrir del agua… No esperes que me lo crea.

  7. Niar dice:

    Apoyo la idea de Flashman. Sería muy interesante tener la oportunidad de leer, a modo de juego, una teoría conspirativa que quisiese concluir justo lo contrario de las que hay ahora, utilizando para ello sus mismos recursos especulativos o falaces, o incluso algunos menos especulativos y falaces. Sería un ejercicio interesante y divertido.

  8. Fumanchu dice:

    Creía que esto era evidente: el atentado fue promovido por círculos cercanos al PP, junto con islamistas que no tenían ni idea de sus intenciones ocultas, para justificarse y tener una excusa para involucrarse mas en la guerra de Irak, a modo de lo que sucedió en Pearl Harbor donde los americanos se dejaron hundir sus mejores navíos para entrar en guerra. Si desde el primer momento se quiso señalar a ETA contra viento y marea fue precisamente para que a nadie se le ocurriera esta posibilidad. Desgraciadamente, no tuvieron en cuenta que esta estrategia podía hacerles perder las elecciones.

  9. Víctor dice:

    En la wiki hay esto, no se si es exactamente lo que buscais pero… suena bien, sacado de: http://es.wikipedia.org/wiki/Discusi%C3%B3n:Atentados_del_11_de_marzo_de_2004

    Copio y pego:

    Te diré lo que sí os podría hacer sospechar y mucho a los conspiranoicos. En cuanto perdieron las elecciones. El Partido Popular pagó a una empresa informática el borrado exaustivo de toda la información de sus ordendares, especialmente la de los 3 dias de marzo y de todas sus copias de respaldo. No se trató de un borrado rutinario sino de uno a conciencia. Toda la oscuridad que existe entorno a lo que se hizo aquellos días desde el gobierno del PP es por culpa del gobierno del PP no de Zapatero que el pobre se encontró la casa vacía y limpia como una patena. Ni un papelito de más. Según la argumentación conspiracionista el que un gobierno saliente borre todos los documentos debería ser motivo para sospechar de él no? No os induce a pensar que el PP tuvo algo que ver con la matanza? (Conste que no pienso eso e… hago de abogado del diablo) Si una cosa tan futil como lo de los casquillos de bala os despierta tantas sospechas que no os debería despertar el borrado masivo de los archivos por parte del gobierno saliente? Lo segundo está hecho a conciencia lo primero parece más un accidente. Porqué no sospechais del PP cuando según vuestro modo de argumentar todo apuntaría a que el PP tendría algo que esconder puesto que sino no habría borrado todos los documentos no? Según eso sería el candidato número uno a orquestar la matanza pero le salio el tiro por la culata porque ellos habrían manipulado las cosas para hacer una matanza que pareciera que era ETA para tener la mayoria absoluta pero resulta que habia uno que por mala conciencia o por ser un infiltrado del PSOE les siguió la cuerda hasta que una vez hecha la matanza en vez de dejar una chapela tal y como estaba pactado dejó una cinta en árabe…. ves como todo este método de reflexionar nos lleva siempre a conclusiones ridículas. Igual que tu puedes ver ridícula la conclusión a la que llego yo yo veo igual de ridícula la conclusión a la que creo que llegas por el hecho de que hayan encontrado solo 5 vainas. Y eso asumiendo que hubo unos pocos disparos más. Nada hace pensar que muchos más.

  10. Niar:

    Tres Días de Marzo apunta a un ejercicio similar. Y yo alguna vez escribí un artículo, imitando además el estilo de Múgica, en el que hacía exactamente eso: utilizar casi todos los elementos de la teoría conspiracionista para implicar al PP. Es muy sencillo: simplemente añádase lo siguiente:

    1) Las FCSE obedecen al gobierno. El terrorismo de Estado, cuando existe, SIEMPRE involucra al gobierno. Es casi ridícula la noción de terrorismo de Estado llevado a cabo desde la oposición. Yo, al menos, carezco de antecedentes sobre algo similar.

    2) Las conexiones valencianas que menciona Tres Días de Marzo en su artículo sobre las Tramas Superpuestas.

    3) La tarjeta Mondragón es cierta y precisamente buscaba involucrar a ETA.

    4) Leganés es en efecto una operación de limpieza, pero llevada a cabo por otros. Se preguntan con insistencia: ¿quién dio la orden a los GEOS? Vaya pregunta absurda, es pegarse un tiro en el pie, pues los GEOS sólo obedecen a un cargo altísimo dentro de la Policía. Cargo nombrado por el PP, y de toda la confianza de un político del PP. Esto es consistente con otras operaciones de limpieza como el borrado de discos en La Moncloa.

    5) El motivo: buscar la mayoría absoluta. Pero las cosas se tuercen por la increíblemente buena eficiencia policial, que avanza en la investigación mucho más rápido de lo que hubiera sido deseable para los conspiradores.

    Obviamente, no me lo creo ni por un segundo, pero el ejercicio es interante para demostrar que el papel aguanta todo y que cualquier teoría alucinante es posible. Ahora bien, desde el punto de vista conspiracionista esta teoría tiene todo el sentido del mundo. Es hasta más racional que las otras. ¿Por qué no vemos un solo consipracionista impulsando esta teoría?

  11. Niar dice:

    Luis F., leeré lo que me dices. Es mucho lo que hay aquí por leer y he tenido poco tiempo. Perdón por la molestia que te has tenido que dar en explicarlo por no haberlo leído yo antes.

    Porque existen los conspiracionistas, que si no, puestos a especular maldades, la lógica sería la especulación contraria.

    Tanto, que se podría llegar a sospechar, incluso, que las teorías conspiracionistas que hoy sufrimos, no son más que un intento de alejar el debate sobre la teoría contraria.

  12. Niar:

    No te preocupes. Voy a buscar mi viejo texto, a ver si me atrevo a colgarlo en algún sitio. :-p

  13. oicangi dice:

    Magnífico post; la bitácora en su conjunto, simplemente imprescindible.
    Felicidades.

  14. Homelandz dice:

    Has tocado un tema interesante al que le he dado un par de vueltas desde que leí el No me engañe Señor Ramírez de Cero07; en él se cita un editorial de El Mundo firmado por Pedro J. donde dice:

    “’’Si yo les dijera que sabemos lo que ocurrió el 11-M, o incluso que tenemos una teoría cerrada sobre los hechos y estamos pendientes tan sólo de verificarla, estaría maquillando de falsa jactancia todo el archipiélago de mi desconocimiento. Pero lo que a estas alturas sí me atrevo a afirmar es’’:

    1) ‘’Que tengo el convencimiento de que la realidad ha sido manipulada mediante la introducción de pruebas falsas destinadas a engañar tanto a la opinión pública como al juez instructor’’.

    2) ‘’Que tanto la mochila de Vallecas, como la furgoneta Renault Kangoo, como el coche Skoda Fabia forman parte de ese montaje’’.

    3) ‘’Que ello implica la participación de miembros de los aparatos policiales y servicios del Estado si no en la comisión del atentado, sí desde luego en su distorsión al servicio de objetivos políticos.’’”

    Como bien apunta Cero07, si analizamos las dos primeras conclusiones de Pedro J. en seguida llegamos a la conclusión de que no es posible hacer tal cosa sin conocimiento previo del atentado. Un conocimiento bastante detallado, además. Así pues resulta que hay una acusación implícita en estas dos premisas, la acusación de falsear pruebas y de no impedir un atentado que se conocía con antelación, que va mucho más allá de lo que inmediatamente después señala en su tercera afirmación, pero que es coherente con la línea de análisis de lo que se publica en El Mundo en relación con el 11-M.

    Cero dice (y aquí es donde viene mi duda) que Pedro J. hace la tercera afirmación para evitar las posibles repercusiones legales de las dos anteriores; pero aún así de lo que ha afirmado se infieren unas acusaciones muy graves a unos miembros de las FCSE muy concretos. La pregunta es: a pesar de todo, ¿se mantiene el Señor Ramírez dentro de la legalidad?

    Igual el tema es un poco off topic, pero me acabo de acordar de golpe.

  15. Flashman dice:

    Para reforzar esa teoría que implica al PP, tenemos nada menos que al mismísimo Fernando Múgica:

    «Al presidente le tienen preparado un regalo de fin de curso. Sus colaboradores más próximos saben que para él, la lucha contra ETA ha sido uno de los ejes centrales de su actuación. Por eso, las Fuerzas de Seguridad le van a dar una gran satisfacción que a la vez servirá como una última catapulta electoral para arrasar en los comicios: la captura, de golpe, de toda la cúpula de la banda y de prácticamente todos sus comandos operativos conocidos.Aznar podrá así, dentro de su último mandato y por un margen de un par de días, cumplir con una de sus promesas más solemnes: acabar con el grueso de la organización terrorista.

    Se ha elegido cuidadosamente la fecha del gran golpe: la noche del viernes 12 de marzo, justo en el momento en que el país abandona la campaña electoral para sumergirse en la jornada de reflexión.»

    http://www.elmundo.es/elmundo/2004/04/19/enespecial/1082356558.html

  16. Oicangi:

    Muchísimas gracias.

    Homelandz:

    El delito de calumnias en el que posiblemente está cayendo Pedro J. Ramírez tiene un problema: no se persigue de oficio, sino por denuncia del interesado. Además, imagino que Ramírez puede alegar en su defensa que no cita a nadie en concreto.

  17. Cero007 dice:

    Homelandz,

    No hay nada fortuito o dejado al azar en las informaciones que publica El Mundo. Podemos decir que son auténticos masones en el sentido de que utilizan cuidadosamente el compás y la plomada para medir el alcance de cada una de sus afirmaciones, no sea que la catedral se les venga abajo.

    Fíjese en estos tres titulares que hacen referencia a esas tres pruebas que el Sr. Ramírez dice manipuladas:

    Skoda: “El coche del 11-M “aparecido” en Alcalá estuvo previamente en manos policiales”. 9 de marzo de 2006.

    Mochila: “La ‘mochila de Vallecas’ no estaba entre los objetos que la Policía recogió del tren”. 13 de marzo de 2006

    Furgoneta: “Policías de Alcalá que examinaron la furgoneta aseguran que estaba vacía”. 25 de Abril de 2006.

    A un lector poco avisado los tres parecerán lo mismo dentro de la línea que viene manteniendo El mundo. Sin embargo hay una diferencia crucial; sólo el primero acusa directamente a la Policía de manipular la prueba, mientras que los otros dos son neutros en cuanto a la asignación de responsabilidades.

    ¿Por qué? ¿Es fortuita esta diferencia? Evidentemente no. Tanto en el caso de la mochila como en el de la furgoneta, todos los agentes que formaron parte de la cadena de custodia, están identificados en el sumario. Afirmar por tanto que la mochila o los detonadores y el culote de dinamita fueron colocados a posteriori entre los objetos personales recogidos en la estación de El Pozo del Tío Raimundo y en la furgoneta Kangoo, supone señalar a funcionarios con nombre y apellido, acusación de la que El Mundo se cuida muy mucho de hacer.

    Sin embargo, en el caso del Skoda no se da tal identificación y el diario del Sr. Ramírez no duda en atribuir a anónimas “manos policiales” la manipulación de la prueba.

    Salud

    PD. Para ejemplo de titular tendencioso, el de hoy es un auténtico poema, “Defensores del 11-M denuncian que no hay medios para que se sepa la verdad”, que merece comentario aparte.

  18. Cero007 dice:

    Flashman,

    Cada vez que leo estos primeros párrafos del primer Agujero Negro de Fernando Múgica, documento fundacional de las teoría conspiracionistas, me pregunto cómo con estos mimbres han podido llegar tan lejos.

  19. Chapeau, Cero. Interesante la forma como desentrañas la delgada línea que caminan Pedro Jota y Casimiro.

  20. Longinus dice:

    0. Porque creo que el trabajo llevado a cabo en esta web es magnífico, les felicito por ello. En especial porque creo que los principales beneficiarios no son los conspiranoicos (no creo que los saquen de su redil) sino las personas normales que de tanto escuchar las teorías de El Mundo y la COPE acaban por perder el norte lógico.
    Mi contribución principal a la discusión es de tipo psicológico. Es pura especulación de salón, pero me parece útil.
    1. La conspiación permite aliviar una frustración interna. La teoría conspiranoica únicamente pretende construir una cohartada psicológica que anule el trauma primitivo que la causa: el mayor atentado de la historia española seguida de una derrota electoral. Muchísimas personas deben hacer experimentado una fuerte sacudida personal en esos días. Si bien la conducta normal sería la superación por asimilación, la conspiranoia permite otra vía de superación: la fantasía.
    Cuando menciona lo del «unicornio en el garaje» está enunciando lo que para mí es el mecanismo esencial de la psique de un conspiranoico: necesita que el unicornio esté realmente en el garaje; de lo contrario no podría soportar estar en ese garaje.
    2. La solución no pasa sólo por desmontar argumentalmente las falacias y paraargumentos que utiliza el conspiranoico (porque como señala siempre podrá proponer uno nuevo ad hoc para justificar el unicornio) sino obligarles a enfrentar la verdad de esos días.
    3. Creo que alguien más capacitado que yo debería hacer un análisis de «psicología social» sobre la función que cumplen los Agujeros del 11M para cierta militancia y para cierto perfil de personas. También creo que algunas técnicas que utilizan los principales portavoces de la conspiración se parecen muchísimo a la de los líderes sectarios: declararse en posesión de la verdad, creación de un cinturón de aislamiento para no permitir la entrada de opiniones discordantes, pruebas de fidelidad, etc.
    Un saludo

  21. Longinus:

    Muchas gracias. Estoy bastante de acuerdo con lo que usted dice, y nos parece evidente que no lograremos nunca convencer a nadie. En efecto, un nuevo ad hoc y ya está: lo hemos visto por ejemplo con los restos de dinamita (es que el otro explosivo no deja rastro). Pero sí creo que hay mucha gente dudando… y ésa es posiblemente nuestra audiencia.

    También bastante de acuerdo con el problema de psicología social, aunque desgraciadamente no podemos hacer otra cosa que observarlo con impotencia… y sufrir los embates de la secta. De todas formas, tengo alguna hipótesis interesante sobre la incapacidad que tienen algunos de distinguir realidad de ficción: ¿se ha fijado cómo abundan en ejemplos cinematográficos? En fin, no puedo probarlo, pero eso y una posible deformación profesional en muchos de ellos…. 😉

    Un saludo.

  22. Homelandz dice:

    Muchas gracias Luis F. Arean y Cero07 por resolver mi duda.

    Respecto a las consideraciones de psicología social yo introduciría tres matizaciones:

    En primer lugar que muchas personas simplemente albergan dudas sobre la autoría sobre el 11-M pero aún conservan la capacidad de crítica, no van más allá de las dudas razonables que la información a su alcance les suscita. Estas personas no son verdaderos conspiracionistas; está bien desentrañar la mentalidad conspiracionista, pero sin olvidar que dicha mentalidad no abarca toda la trascendencia social de un fenómeno conspiracionista (en el caso que nos ocupa la cantidad de gente que alberga dudas significativas acerca de lo que pasó el 11-M y sobre la fiabilidad de la investigación oficial, todo ello a partir de la información proporcionada por medios conspiracionistas).

    En segundo lugar, que por esto mismo hay que tener cuidado a la hora de tratar el perfil del conspiracionista. Si la caracterización del conspiracionista fuera percibida como un estereotipo podría producirse una reacción de auto refuerzo a la defensiva; por remota que parezca la posibilidad a veces la susceptibilidad de la gente va por donde no nos esperamos (y más si se arrastran prejuicios muy fuertes).
    En este sentido no tengo nada que reprocharos, al contrario.

    En tercer lugar habría que decir que algunas personas parecen defender tesis conspiracionistas pero sólo las instrumentalizan. Vuestra investigación me ha resultado muy útil a la hora de debatir con defensores de las tesis conspiracionistas en foros y blogs, pero durante este tiempo me he dado cuenta de que a algunas personas parecía no importarles la verosimilitud de las teorías conspiracionistas: simplemente se dedicaban a instrumentalizarlas dentro del debate político, para luego desentenderse de ellas si alguien planteaba alguna objeción relativamente elaborada. Sin entrar nunca en el debate (y sin abrirlo), pero aportando tensión a la discusión política en base a presupuestos conspiracionistas (por ejemplo: Zapatero carece de legitimidad como Presidente -con todo lo que ello implica o puede implicar- ). De hecho dudo mucho del grado de convencimiento de muchos de los principales adalides y difusores de las teorías conspiracionistas y respecto a la «gente de a pie» creo que ha habido quien ha sido consciente de la poca consistencia de las teorías conspiracionistas, desde el principio o progresivamente, pero que ha explotado las dudas que otros sembraban a conciencia, por puro proselitismo. Como si más que el síndrome del unicornio en el garage padecieran el complejo del militante: sacar tajada, siempre, en todos los debates, en todos los hilos, etc.

  23. Homelandz dice:

    Sigo en este otro comentario porque si no el primero iba a quedar aún más largo.

    Antes he tocado el tema de la repercusión política de las teorías conspiracionistas, y de cómo el interés político, y no la fe en la verdad conspiracionista, podía ser la motivación de muchos de sus difusores.
    Desde la sociología, el análisis de redes sociales parece aportar un punto de vista interesante sobre esto. Existe un breve curso introductorio al análisis de redes en la bitácora de la Sociedad de las Indias Electrónicas en cuya séptima entrega aparece una entrada que me parece viene a cuento.

    (Cito ahora y pongo el enlace al final porque no sé cómo se «incrustan» URLs dentro de las palabras y va a quedar una de esas alargadas y churreras)

    Estrategias de desestabilización política

    Definiremos las estrategias de desestabilización política como intentos deliberados y externos a la dinámica endógena de la red social, cuyo objetivo es forzar la reestructuración de la red, generalizando la propagación de ciertos mensajes, con la perspectiva de modificar la representación política de las mayorías sociales. Es decir, ya de entrada estas estrategias invierten el orden de motivación de los nodos en movimientos de masa en red. Aquí el objetivo no es la propagación (móvil de los nodos) sino la transformación (que para los nodos es sólamente un medio).

    Los estrategas de este tipo de movimientos, verdaderas formas postmodernas del golpe de estado, buscan reproducir los resultados de un movimiento tipo Otpor. De hecho, intentarán presentar sus resultados siempre como fenómenos espontáneos, no dirigidos, reticulares. Sin embargo, como veremos, no es tan fácil provocar cambios en cadena de gran escala en la red social e inevitablemente dejarán rastros reconocibles.

    El primer objetivo a conseguir en un golpe de estas características, sería como en el modelo que imita, una caída del umbral de rebeldía de la parte más sensible de los nodos. En los ejemplos del modelo que hemos analizado antes esta se producía por un hecho traumático ampliamente reconocido como tal por el conjunto social. Los protagonistas de esta forma de netwar, a falta de hechos así, tendrán que fabricarlos. Y no es tan fácil. Aún contando con que tengan medios de comunicación, broadcasters, difícilmente podrán conseguir la unanimidad en la interpretación de hechos que presenten como tales por los otros medios si realmente no lo son.

    Y aquí empieza lo realmente peligroso, pues para empezar a movilizar a los nodos más activos no necesitan que el hecho que dicen les indigna, indigne a la sociedad en su conjunto. Pero tendrán que explicar por qué pasa eso y mantenerlo en el tiempo. Es decir, para empezar el movimiento les bastará, con broadcastear su indignación, pero para seguir adelante tendrán que hacer un discurso victimista que presente como agresiones a su círculo amplio de aceptación todas las acciones del contrario. Sólo así los nodos más sensibles mantendrán bajos sus umbrales de rebeldía. Buscarán por tanto que organizarles rápidamente en comunidades virtuales, grupos juveniles, asociaciones de distinto tipo animándoles a desarrollar un activismo desaforado que proyecte, a base de acción, lo que no tienen en número. Una línea que a finales de los años veinte y principios de los treinta del siglo pasado los partidos totalitarios desarrollaron hasta el paroxismo.

    Pero por otro lado es difícil mantener en tensión siquiera a los propios mientras el espectro ideológico se mantenga como un continuo, como un degradado de color en el que caben todas las interpretaciones. Es necesario polarizar y tensar, «limpiando» y forzando a la decantación sobre todo al entorno más cercano pero crítico. Y para eso, serán usadas las redes agitativas creadas jústamente antes, en una lógica de amedrentamiento que puede llegar a tener realizaciones violentas. En esta lógica se tratará de sobredimensionar la «creciente» capacidad de acción de los exaltados del propio bando, reforzándolos mediáticamente. Se organizarán mobs, campañas en favor de llevar determinados símbolos externos, comprar ciertos productos, etc… Y los medios a disposición, en vez de dar contexto, de relatar lo que los otros hacen, relatarán lo que los otros convocan.

    Todo este desarrollo dejará además dos rastros típicos:

    * En primer lugar, si los golpistas van desarrollando las fases de su labor con éxito, los tiempos serán largos, la tensión creciente y los actos públicos dispersos. Algo muy distinto de los fenómenos que analizábamos antes que culminaban en una gran mob que escenificaba el cambio de mayorías sociales para acto seguido desaparecer como movimiento.
    * Siempre, en cada entorno y terreno habrá dirigentes pública e internamente reconocidos, gurús y activistas de referencia, liderazgo. Algo muy distinto de las movilizaciones de masa en red, típicamente anónimas.

    Como hemos visto además, necesitan el uso de la tensión como medio. Por eso, el peligro de estas estrategias es que fácilmente pueden degenerar en situaciones de violencia difusa, pistolerismo y aparición de grupos incontrolados nacidos del ambiente de crispación y confrontación permanente que el centro organizador necesita, en ausencia de hechos traumáticos reconocidos socialmente, para mantener agrupadas y con opciones a sus huestes.

    http://www.lasindias.com/curso_redes/curso_redes_7.html

    Bueno, el tema vuelve a ser de nuevo Off Topic, pero me parece relevante porque el fenómeno conspiracionista parece coincidir en gran parte con la caracterización que la teoría de redes hace de las estrategias de desestabilización política orquestada. Quizá sería interesante un análisis técnico desde esta perspectiva.

  24. Longino dice:

    Me parece muy oportunas sus observaciones, Homelanz, y creo que son complementarias. Me parece hasta cierto punto evidente que la maniobra mediática que esconde la difusión de la conspiación trabaja en distintos frentes. De un lado el meramente comercial ya que gracias a ese producto paranoico la COPE, El Mundo y los medios satélites están ganando dinero. De otro, un tipo de utilización cínica de la teoría como instrumento de lucha política al cual, como señalas, le importa menos la verdad de la conspiración como su utilidad para lograr objetivos tácticos contingentes. Por último, el de aportar consuelo psicológico a partir de un objeto de reemplazo que oculte la tragedia original del trauma (el atentado y la derrota electoral) Es de nuevo importante, por tanto, observar cómo la teoría conspiracionista cumple diversas funciones. Mi interés, en este sentido, era subrayar cómo parte de ese debate estaba más en la esfera de lo psicológico que en la de la razón argumental y por tanto la adhesión a la conspiración iba a ser fuerte, continuada y agresiva en la medida que devenía necesaria para un individuo que de lo contrario reviviría dolorosamente el trauma reprimido.
    Con su aportación creo, sin embargo, que se añade un punto importante y que, en efecto, había obviado: la utilidad de neutralizar el uso instrumental de la conspiración por ese grupo de militantes cínicos mediante la consolidación de la inconsistencia argumental de las teorías conspiranoicas de modo pierda su capacidad para de contaminar el debate público con temas espúreos y estrategias de agit-prop. Una neutralización que debería acompañarse de un análisis del modo llamémosle oblicuo que para esas personas tiene la reproducción del mensaje conspiranoico.
    Por último, señalar que si bien el lenguaje de las redes que maneja Ugarte me parece sofisticado, el núcleo de su pensamiento puede hallarse ya en algunas intuiciones gramscianas sobre la dinámica de la ideología y de las hegemonías sociales. En mi opinión, lo que pretenden los grandes difusores a partir de la interpretación ideologizada del 11M es una lucha por articular un bloque social que sirva de base para en primer lugar recuperar el poder (gubernamental, mediático) y después construir una clase hegemónica de nuevo cuño con la argamasa de unos pocos mensajes primarios.

  25. aguijón dice:

    Para empezar, mi más sentida enhorabuena por su magnífico artículo, y en general a todos los creadores de la página. Sin duda hacía falta algo así.

    Verá usted: soy muy consciente de las muchas tonterías, inconsistencias, falacias, sofismas y falsedades como puños que se han propagado desde los medios conspiracionistas, pero aún así voy a hacer de abogado del diablo. No vaya a ser que la frondosidad no nos deje ver el bosque.

    Por ejemplo, por qué nunca he visto seriamente rebatidas las dudas razonables de la coincidencia de lo que se dieron en llamar las caravanas de la muerte? Olvidándonos por un momento de las teorías más insólitas, sería algo tan improbable y raro una circunstancial colaboración ETA-Al Qaeda? Y por último, si tenemos que elegir entre una u otra posibilidad, posiblemente la más sencilla a priori -estoy pensando en la navaja de Occam- sea la de que actuaron solos. Pero…la aparición de un indicio tan extraño como el que acabo de apuntar…no invirtiría la posibilidad? En definitiva, no existirá algún peligro de que la inconsistencia y la falta de rigor intelectual de los Pedros J. nos haga desbotar alguna posibilidad, quizá no tan descabellada más allá de las implicaciones políticas que se le han querido dar?

    Espero ansioso su respuesta.

  26. Muy interesante, Aguijón. Yo a mi vez he pensado alguna vez: ¿y si ALGO de lo que dicen éstos es verdad pero al estar rodeado de tonterías no lo vemos?

    Pero el problema es que no hay indicios sólidos; no he hallado ese algo. Y por cierto que el juez tampoco. Lo que usted comenta, según yo, no es tan difícil. Alguna vez hice un cálculo (todo lo arbitrario que usted quiera) que decía que la probabilidad de tal coincidencia era del orden de un 17%. Mejor que ganar un reintegro de la lotería. De todas formas, nadie ha sabido nunca explicarme qué propósito tendría dicha coincidencia. ¿Sacrificar dos comandos propios para supuestamente –no sé bien a bien cómo– salvar a mercenarios? No tiene mucho sentido..

    Un saludo.

  27. Cero007 dice:

    Aguijón,

    Existe un informe muy detallado de Comisaría General de Información sobre las llamadas “Caravanas de la muerte”. Es público desde que el Sr. Rodríguez Zapatero lo leyera íntegro durante su comparecencia ante la Comisión del 11-M para desesperación del Sr. Zaplana.

    Por desconocimiento o mala fe, los conspiracionistas se olvidan una y otra vez de dicho informe o lo desacreditan, no por su contenido que no mencionan, sino porque está elaborado por la Comisaría General al mando del Sr. Telesforo Rubio.

    Puede leerlo en el Diario de Sesiones del Congreso, en la comparecencia de fecha 13-12-2004, en la página 31 y siguientes:

    http://www.congreso.es/publicaciones/ds11marzo.htm

    Saludos

  28. Cero007 dice:

    Aguijón,

    Existe un informe muy detallado de Comisaría General de Información sobre las llamadas “Caravanas de la muerte”. Es público desde que el Sr. Rodríguez Zapatero lo leyera íntegro durante su comparecencia ante la Comisión del 11-M para desesperación del Sr. Zaplana.

    Por desconocimiento o mala fe, los conspiracionistas se olvidan una y otra vez de dicho informe o lo desacreditan, no por su contenido que no mencionan, sino porque está elaborado por la Comisaría General al mando del Sr. Telesforo Rubio.

    Puede leerlo en el Diario de Sesiones del Congreso, en la comparecencia de fecha 13-12-2004, en la página 31 y siguientes:

    http://www.congreso.es/publicaciones/ds11marzo.htm

  29. Fumanchu dice:

    Aguijon:
    vamos a suponer una posible colaboracion con ETA. ¿Exactamente a cuento de que tenian que hacer un traslado de explosivos el mismo dia? sobretodo teniendo en cuenta que su origen y su destino era completamente diferente. espero que no fueran tambien juntos al lababo como las chicas 🙂

  30. vapo dice:

    Lo verdaderamente increible es que Luis del Pino, con la cantidad de tonterias que ha dicho, no ha acertado ni en una y eso que en mi opinion es casi tan dificil equivocarse en todo como tener la verdad absoluta.

  31. Os recomiendo ampliamente el fisking de Manel Gozalbo en Hispalibertas. Ha contestado el propio Del Pino. Algunos le hemos retado a debatir, pero ha hecho mutis después de su primera contestación…

    P.D: Muy cierto lo de Fumanchu. ¿Para qué diablos iban a ir el mismo día? Difícil que fuese para atentados simultáneos; la bomba de ETA ya estaba montada, las otras no…

  32. absurdo dice:

    No se si alguien ha señalado, ya que se deduce facilmente de lo que dice Luis Fernando, que una cosa en común de todos las teorías de la conspiración, es que los supuestos conspiradores son tan listos como para engañar a todo cristo y tan tontos como para dejarse cabezas de turco con los pantalones al reves.

  33. Buen punto, Absurdo…

  34. quijotin dice:

    Ante todo, espero que nadie me confunda con un paranoico, o «conspiranoico». Simplemente, parto de la base de que, cuando un tema se politiza tan fuertemente, es muy difícil ser objetivo, mucho más de lo que muchos creen. Podemos ser intelectualmente honestos, pero inconscientemente no objetivos (o no al cien por cien). Y resulta que ambas cosas están siempre entre mis máximas aspiraciones personales (intelectualmente honesto, y objetivo). Por eso, ante temas de este calibre, me esfuerzo en hacerme preguntas, en plantearme hipótesis, que a mí mismo me resultan incómodas, en las que no quisiera creer. Y en ese preciso momento cuando me doy cuenta de que mis sentimientos personales me condicionan -y en cierto modo me limitan- a la hora de pensar. Las pasiones y el raciocinio no son buenos compañeros de viaje. Tampoco yo soy objetivo; pero al menos me esforzaré en acercarme a ese ideal.

    Hecha esta pequeña reflexión, entraré en materia. Cero, gracias por el informe; no lo conocía (ni creo que sea muy conocido, lo cual es bastante inexplicable) y me ha resultado muy clarificador. En líneas generales resulta bastante convincente, y el argumento de que a ETA le interesaría también un atentado en plena campaña, si lo aceptamos como válido, multiplica enormemente la probabilidad estadística de coincidencia de las dos caravanas, hasta un grado aceptable, posiblemente en torno a ese 17% del que habla Luis Fernando.

    Grado éste que podría ser incluso mayor, pues el deseo de conseguir el máximo impacto psicológico podría llevar a los terroristas a elegir las fechas lo más cercanas posible al fin de la campaña – pero dejando un intervalo mínimo de días para que la ciudadanía «interiorice» y reflexione sobre las «significaciones» del atentado-, lo que condicionaría a su vez la fecha del trasporte de explosivos. En el caso de los islamistas sabemos que fue así. La elección del penúltimo día de campaña parece una magnífica elección – a los ojos del terrorista, claro está- y garantiza un caos absoluto. Pero, ¿y en el caso de los etarras? Sería de gran interés – pues se trata de un dato que no he visto en el informe – saber que día pensaban cometer el atentado. Hay que tener en cuenta que la furgoneta-bomba estaba preparada para explotar – sólo faltaría colocar los detonadores- , lo que hace prever que su atentado sería anterior varios días al islamista. El segundo aspecto fundamental que parece no aclarado es el objetivo, el punto de colocación de la bomba. ¿No se consiguió aclarar este aspecto en los interrogatorios? Si alguien sabe algo sobre ambos aspectos (objetivo y fecha) le agradecería que me lo haga saber.

    Ahora bien, llegados a este punto, la aceptación como ciertos de los hechos objetivos que señala el informe (dejando a un lado los meramente interpretativos), léase:
    – ETA tenía un interés propio en atentar en Madrid durante la Campaña Electoral.
    – Tal atentado tendría como objetivo causar pánico y no muertes, como se desprende de pruebas objetivas y del propio «modus operandi» en aquella época.
    – De las pruebas obrantes en poder de la Policía, se desprende que no existe una coordinación operativa entre ambas caravanas.

    Todo esto, decía, nos podría llevar a alguna conclusión a mayores, aunque ésta entrada no sea demasiado evidente. No lo fue, desde luego, para el redactor del informe policial, quien interpreta la coincidencia de los grupos terroristas en Campaña de la siguiente manera:

    » (…)en plena campaña de las elecciones generales en España, Madrid tendría que ser un punto de referencia para la actuación de cualquier grupo terrorista que quisiera publicidad y notoriedad».

    Publicidad y notoriedad. ¿No es esto demasiado simplista? ¿Acaso las organizaciones terroristas no interpretan su actividad cómo una «guerra», de ahí que ahora estemos hablando de un «proceso de paz»?. Acaso el propio Bush, y con él, el mismísimo Aznar, no asumieron como propio el término «guerra contra el terrorismo»? En realidad estoy de acuerdo con unos y otros. Son guerras, si bien atípicas.

    Pues bien, en las guerras el objetivo no es meramente «publicidad» – aunque también- sino dañar al enemigo; si no necesariamente el máximo daño posible, si en sus puntos neurálgicos o estratégicos. Está claro que el atentado islamista es un acto de guerra «total» (máximo daño al enemigo). ETA siempre ha sido más selectiva, lo que no obsta que se consideren a si mismos combatientes contra el Estado Español.

    El hecho, dificilmente soslayable, es que un atentado en Campaña es algo muy poco inocente. Tiende a distorsionar el funcionamiento de las instituciones democráticas, es decir, del mismo Estado de Derecho; no voy a decir influya necesariamente en el resultado de las elecciones, pero hemos de aceptar que, dada la especial coyuntura de la política internacional española en aquel momento, podemos dar por descontado que un atentado islamista tendría ese efecto, si bien los errores propios del Gobierno los magnificaron. ¿Tanto cómo para invertir los resultados? nunca lo sabremos con total seguridad, pero sí de que se consiguió distorsionar el clima político y el funcionamiento de las instituciones democráticas, con lo que la sospecha será siempre inevitable.

    Debemos reflexionar sobre lo que supone conseguir est o para un grupo terrorista. Significa que ha conseguido influir en el devenir normal de la nación, quizá decisivamente, lo que demuestra su fuerza ante el enemigo, que queda largamente tocado, y refuerza la moral propia. Si consigue el cambio de Gobierno, el efecto es doble. Psicológicamente, me atrevería a decir que es lo equivalente a la eliminación o detención de la cúpula de una organización terrorista; por otra parte, el Gobierno entrante nace debilitado, con la poco deseable sospecha de deber parte de su acceso al poder a los terroristas. Si se consigue el enfrentamiento interno y la desunión del enemigo, el éxito ya es máximo.

    Así pues, ¿que organización en «guerra» con España no desearía todo esto? Aún más, y según lo que acabo de decir: el objetivo lógico de un atentado de ETA en plenas elecciones no es, por su propia naturaleza, distorsionar el funcionamiento de las elecciones democráticas? Si aceptamos todo esto, debemos aceptar que los objetivos de ETA y de Al Qaeda son «potencialmente» coincidentes. Naturalmente el papel desempeñado por unos y otros no sería de igual importancia; el de ETA sería coadyuvante, pero no insignificante si pensamos en los 600 kg de explosivos. No estoy afirmando nada, sólo que, según veo, no es una idea tan disparatada.

    Desde luego, no hay pruebas concluyentes de ésto, pero ¿En qué medida es probable? la coordinación en la ejecución, o en la planificación logística parece bastante improbable, y el informe policial deja pocos resquicios al respecto, pues queda claro que ETA tiene su propio aparato de logística, su propio arsenal, etc.

    Pero cuidado, éstas podrían no ser las únicas formas posibles de colaboración. Ni la más deseable, por elementales razones de seguridad, especialmente para los etarras. Cómo dice don Telesforo Rubio, actúan solos, no se mezclan con delincuentes comunes. Por otra parte, consideremos que ocurriría si los explosivos de ETA se usasen en los trenes: fácilmente se deduciría la participación de dos núcleos diferenciados, y estoy convencido de que el descubrimiento de la participación de ETA en una masacre sería para ETA su desastre definitivo.

    No. En mi opinión, la posibilidad más real está en la connivencia; en la complicidad. Aunque no muy abundantes, sabemos que han existido contactos entre etarras e islamistas. Aunque totalmente distintos, saben que son aliados naturales (cómo lo fueron la Alemania nazi y Japón). No es por tanto tan improbable que algún islamista -más que los discretos etarras- hubiese hecho confidencias, recabado algún apoyo dada su debilidad orgánica y logística. Una información así es muy probable que llegase a la dirección etarra. Que no prestaría tal apoyo directo, pero tampoco haría nada para su salvar a su enemigo de tal desastre, y lo que es más importante, podría trazar planes propios en función de ello.

    Me imagino que me respondereis que no hay pruebas de todo esto, y es cierto: no hay pruebas concluyentes. Pero creo que al analizar temas de este cariz (de seguridad del Estado), nuestro objetivo debería ser, no sólo obtener conclusiones lógicas irrefutables, sino también identificar riesgos, peligros reales que por mera ley de probabilidades hayamos de tener presentes. Especialmente en estos tiempos de «negociación» que corren. Porque aunque busquemos un armisticio con el enemigo, y mientras no se alcance, éste sigue siendo tal.

  35. La furgoneta…

    Es falso que algun policia haya dicho en el auto, la comision o a periodistas de El Mundo que la furgoneta Kangoo estaba vacia cuando la encontraron en Alcala….

  36. quijotín dice:

    Bien, he pasado a recoger impresiones de lo que he dejado escrito hace un par de días -esperaba, quizá, alguna reacción de sorpresa de alguien que me conozca de otros foros-. Intentaré explicarme: lo que he hecho es un pequeño ejercicio de masoquismo intelectual. Intentar ponerme en la piel del contrincante ideológico, manejar sus temores, pero procurando sustituir sus «actos de fe» por una mínima argumentación lógica. Tomando de la compleja constelación de teorías conspirativas -que se entrecruzan y a la vez se desdicen, hasta el infinito- la que a priori parece menos paranoica y que es a la vez la primigenia, la de ETA; y aislándola por un momento de las múltiples contradicciones que la desprestigian desde su misma génesis.

    Y lo cierto es que, abstrayéndome lo más posible de mis propios prejuicios y posición ideológica, veo totalmente imposible con los datos que se manejan llegar a ver a la banda vasca como autora o co-autora del atentado. A lo más que he llegado es a la posibilidad (que no es más que eso, una posibilidad) de que la banda tuviese algún tipo de información privilegiada acerca de que se estuviese cocinando algo gordo, y intentase pescar en río revuelto (por ejemplo, aumentando el efecto caos con su propio atentado).

    ¿Modificaría ésto sustancialmente el estado de las cosas? La verdad es que no. No me escandalizaría especialmente que una organización que está en lucha contra España aprovechase una oportunidad para colocar mejor sus peones en el tablero. Lo que quiero, en realidad, es hacer una llamada de atención para que las propias fobias, prejuicios o paranoias del Partido Popular no nos cieguen. Zapatero hace bien en negociar porque es el juego de la política, con Eta y con el mismísimo diablo si fuese necesario, pero sin olvidar que es el diablo. Si una negociación política es como una partida de ajedrez (y no una partida amistosa), es importante adelantarse a la jugada del rival, manejando una variable de posibilidades. Y es importante conocerle.

    Lo que me planteo no es averiguar a ciencia cierta si eta tenía alguna información sobre el 11-M, pues seguramente nunca lo sabremos. Me planteo: si yo fuese el jefe de eta y existiese alguna posibilidad no desdeñable de que esa información llegase a mis manos, ¿qué haría? Posiblemente nada. No querría tener nada que ver. Tampoco lo impediría. Pensaría, tal vez, que la aparición de un poderoso y sanguinario terrorismo internacional impulsaría al Estado a cerrar un frente interno y menor; que haría aparecer a Eta incluso, si se me permite, con una cara más amable, menos odiosa, sobre todo a través de sus representantes políticos. Pensaría, a su vez, si fuese Presidente del Gobierno -el otro actor de la partida- que tal vez esta crisis haya propiciado una oportunidad para Eta, pero también para el Estado: al fin y al cabo, de sus comportamientos (los de Eta) se deduce una disposición casi desesperada a la negociación como única salida airosa, que es posible aprovechar.

    Pensaría también, si estuviese en la piel de Zapatero (y estoy seguro de que lo tiene presente, como todo lo anterior) que el razonamiento antes apuntado como válido para Otegi y su gente lo es también, con ligeras variantes, para España: ante la irrupción de un terrorismo tan peligroso como el islamista, la presencia enquistada de un terrorismo interno, local,
    es un peligroso flanco abierto para la seguridad del Estado. No se trata, como hizo Aznar en su día, de insinuar insidiosamente que Eta estaba implicada en el 11-M con aquello de «todos los terrorismos acaban colaborando». Se trataba, creo, de una media verdad, extendible en realidad a todos grupos de clandestinidad, de delincuencia organizada: con el tiempo, y si no existe un absoluto antagonismo entre ellos, «existe el riesgo» de que acaben colaborando.

    Coloquemos pues a Eta en su justo lugar, con su problemática específica, pero exorcizando esa alucinación colectiva de muchos que se empeñan en atribuirle el papel de «gigantes», y centrémonos en los mucho más peligrosos molinos que nos traen los vientos de la «yihad»; al menos eso es lo que haría cualquier pais medianamente centrado, pero aquí, en España, resulta penoso -aunque por desgracia, necesario- que tengamos que seguir malgastando las energías en combatir diatribas, insidias y demás bajas pasiones sin cuento.

  37. Jesús dice:

    Bien. ¿Y que hay de la declaración del Jefe de la Policía Científica de Alcalá de Henares sobre que el no vió nada en la furgoneta de marras?
    Segundo vídeo en este enlace:
    http://www.plus.es/codigo/noticias/especiales/fichanoticia.asp?id=352193&noti=400927
    Podriamos decir que sencillamente donde dice «No había nada» podemos interpretar como «No he visto nada». Pero ¿Como se refuta una declaración de estas aracterísticas?

  38. Jesús:

    Simplemente, lo que usted dice no es verdad. Dicho policía aclara por activa, pasiva y perifrástica que cuando entró en la furgoneta lo hizo para quitar la marcha, no para inspeccionarla, que estuvo tres segundos dentro de cabina, y, finalmente, que no sólo no era su intención llevar a cabo una inspección, sino que lo evitó conscientemente porque tenía la orden de que la Inspección se llevaría a cabo en Canillas (en el momento en que accede a la furgoneta es porque la grúa ya está ahí) y porque sabe que toda inspección puede destruir evidencia. En ningún momento afirma taxativamente que no hubiera nada. De hecho, es bastante enfático en el momento de declarar que no podría afirmarlo, precisamente porque no hizo la inspección y porque estuvo muy poco tiempo dentro de la furgoneta.

  39. karina dice:

    hla super buena pagina felicitacionesssssss buenna

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