Mochila de Vallecas
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[editar] Trece mochilas
Para todo el artículo, ver [1] [2] [3]
Según ha quedado probado en la Sentencia dictada por la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional,[4] presidida por el Juez Javier Gómez Bermúdez, “Sarhane Ben Abdelmajid Fakhet, Jamal Ahmidan, alias El Chino, Mohamed Oulad Akcha, Rachid Oulad Akcha, Abdennabi Kounjaa, Asrih Rifaat Anouar, Allekema Lamari, [...] en la mañana del día 11 de marzo de 2004 colocaron, en cuatro trenes de la red de cercanías de Madrid, trece artilugios explosivos de iniciación eléctrica compuestos por dinamita plástica y detonador alimentados y temporizados por un teléfono celular o móvil.”
Se ha especulado con la posibilidad de que la intención de los terroristas fuera colocar 16 artefactos (4 trenes por 4 bombas); el número 4 tiene un especial significado para los integristas islámicos, como quedó demostrado en los atentados del 11-S, en los de Londres, Bali, etc. Se afirma, incluso, que los terroristas buscaron adeptos que abandonaran mochilas en los trenes, sin conocer su contenido, a cambio de retribución, pero al fin y al cabo sólo 13 fueron los reclutados.
-Cuatro cargas explosivas fueron colocadas en los vagones que, según el sentido de marcha, ocupaban el primer, cuarto, quinto y sexto lugar del tren número 21431. De ellas, no explotó la colocada en el primer vagón.
-Otros cuatro artefactos se depositaron en los mismos vagones (primer, cuarto, quinto y sexto) del convoy número 17305.
-Otras cuatro bolsas o mochilas con explosivos fueron colocadas en el tren 21435, con salida de Alcalá a las 7:10 h, que contaba de vagones con dos plantas. Dos, puestas en el piso superior de los vagones cuatro y cinco, explosionaron a las 7:38 h. en la estación de El Pozo. Las otras dos, dejadas en los pisos inferiores de los vagones segundo y tercero, no llegaron a explosionar. Una de éstas últimas es la mochila cuyo artefacto explosivo fue desactivado por el TEDAX “Pedro” durante la madrugada siguiente en el Parque Azorín.
-El último artilugio explosivo, según la Sentencia citada, fue colocado por Jamal Zougam en el cuarto vagón del tren número 21713.
[editar] Las bombas que no explotaron
Tenemos, pues, tres mochilas explosivas que no estallaron: una de las colocadas en el tren número 21431, y dos de las colocadas en el tren 21435.
La primera fue localizada en Atocha, en el centro del vagón donde debería haber estallado, por el miembro de la unidad central de desactivación de explosivos con número 66478[5], la mañana del día 11 de Marzo de 2004. Se intentó su desactivación, mediante una carga de agua de alta potencia, pero no funcionó, y estalló.
La segunda bomba se encontró también durante esa mañana del día 11, mientras se procedía a la revisión de los objetos que se encontraban en el tren siniestrado en la estación de El Pozo del Tío Raimundo. Fue hallada por los funcionarios 9273-3 y 7801-3 en el piso inferior, bajo los asientos. El intento de desactivación por el mismo procedimiento que la bomba anterior, se saldó con el mismo resultado: la explosión y destrucción de la bomba.
Los efectos de la Estación de El Pozo son sacados por los bomberos y son amontonados en el exterior del tren, según órdenes de la Magistrado-Juez de Instrucción nº 49 y se metieron, como recoge la Sentencia, “en grandes bolsas de basura, cerradas con cuerdas o con cinta aislante o de precinto, para poder ser transportadas a otro lugar e inventariarlos”.
[editar] Traslado de los efectos de El Pozo del Tío Raimundo
Poco más tarde de las 15 horas el policía número 24420,[6] de la Comisaría de Puente de Vallecas, recibió la orden de su jefe de grupo de dirigirse, acompañado (según la Sentencia) de los agentes 88659,[7] 89324 [8] y 87750, en las dos furgonetas Combi de mediano tamaño de la Comisaría a la estación de El Pozo a recoger los efectos recuperados del tren, que habían sido metidos en grandes bolsas de plástico.
Las bolsas estaban en dos grandes montones, en el andén, y procedieron a cargarlas en la furgoneta. Por estar todos a la vista de todos, y las bolsas cerradas o anudadas, no hubo posibilidad de introducir ningún objeto voluminoso en ellas.
Inicialmente las furgonetas, cargadas, fueron a la Comisaría de Villa de Vallecas. Según declaró en el Juicio por el 11-M el agente 24420, la orden la había recibido del Comisario Jefe de la Comisaría (nº 14296) y el Inspector Jefe del Grupo de Investigación Miguel Ángel Álvarez (nº 16132). Durante el traslado ambas furgonetas no pararon ni se perdieron de vista, y menos aún pudo introducirse ningún objeto.
En la Comisaría de Villa de Vallecas no se habían recibido instrucciones y se negaron a aceptar la descarga; bajó de la furgoneta sólo el agente 24420, y no se abrieron ni cerraron otras del puertas, ni se metió ni sacó ningún bulto.
Por consiguiente, los agentes encargados de la custodia de los bultos, que no podían abandonarlos sin que alguien los recibiese oficialmente, continuaron viaje a la Comisaría de Puente Vallecas, para recabar nuevas instrucciones. Allí se encontraban el Comisario y el Inspector Jefe Álvarez, a quienes refirió lo ocurrido.
Estos dos mandos dirigieron las furgonetas hacia IFEMA, sin dejar cargar ni descargar ninguna bolsa ni paquete. Nuevamente, la presencia de múltiples policías en la Comisaría, así como la declaración jurada de los policías que custodiaban las furgonetas, hace imposible que existiera manipulación de pruebas.
En el convoy, el agente 24420 fue relevado por el número 87843, y el 88941 sustituyó a otro compañero. Partieron hacia IFEMA, donde al parecer llegaron sobre las 16’30 a 17’00. Allí, “los efectos fueron depositados en el pabellón 6, a la derecha de la entrada, en un lugar acotado junto a un muro, con un cartel que indicaba su procedencia, quedando bajo la custodia de la Unidad de Intervención Policial.” El agente número 87843 [9] añade: “ en un lugar acotado, estaba la UIP, tenía una cinta, que rodeaba la zona”
Pero ocurrió que el comisario de la Comisaría de Puente de Vallecas se enteró de que la Juez del Juzgado de instrucción núm. 49 de Madrid, que estaba auxiliando en el levantamiento de cadáveres y en la recogida de vestigios y efectos al Juzgado Central de Instrucción número 6, había ordenado que los efectos se depositaran en la Comisaría de Puente de Vallecas y no en IFEMA por lo que, ya de noche, fueron recogidos los efectos y llevados a la comisaría, donde llegaron sobre las 21’30 a 21’45, según el agente nº 87141.[10] Los propios policías que realizaron este traslado, con alguno de la comisaría, formaron una cadena, descargaron los objetos y los encerraron bajo llave en Puente de Vallecas, en la habitación donde se realizan las reuniones matutinas, de la que no salieron hasta proceder a su inventario. La habitación quedó custodiada en todo momento por agentes de la comisaría, como declaró el nº 87843 al Juez del Olmo.[11] Recordemos que las bolsas iban cerradas y era imposible ver el interior; con más motivo resultaba imposible introducir una mochila sin que se percatasen todos los policías.
Los conspiracionistas han insistido mucho en el complicado periplo que siguió la mochila con el explosivo (hasta entonces enterrado entre una multitud de efectos personales de los viajeros) pero lo cierto es que están identificados perfectamente los agentes que intervinieron en los traslados. Todos ellos fueron interrogados por Juan del Olmo Gálvez, y todos ellos garantizaron la cadena de custodia durante el traslado. Se trata de los agentes con números: 24420, 87843, 88659, 87750, 89324 , 88941, 87141 y 87407. [12]
[editar] Revisión en IFEMA. Hallazgo del explosivo.
Para realizar el inventario se formaron dos grupos de dos funcionarios cada uno: uno de ellos era el formado por los policías con número 79046 [13] y 88163 [14]. Ésta última era una agente recién incorporada al C.N.P. Sólo llevaba dos días. Era su segundo servicio. Se incorporó al trabajo sobre las 22’00 y fue destinada a inventariar y clasificar objetos personales de entre las bolsas.
En torno a la 1:30 h., ya del 12 de marzo, la agente 88163 extraía objetos de las bolsas, los describía, y su compañero anotaba en el ordenador. Llegando al fondo de uno de los bolsones de basura, abrió la última bolsa: una bolsa de deportes, azul marino, con asas de cuero marrón, de 25 centímetros de ancho por 25 de alto y 45 de largo. Metió la mano y sacó un pequeño aparato: un teléfono móvil; hasta que no lo tuvo fuera no apreció que de él salían unos cables que lo comunicaban con un paquete envuelto con plástico.
Alarmada, comprendió que se trataba de una bomba y se lo comunicó a la subinspectora de servicio -número 66875- que suspendió inmediatamente el inventario, desalojó la comisaría y avisó a los especialistas.
Es interesante hacer hincapié en que la bolsa o mochila con el explosivo estaba en el fondo –de hecho era la última- de uno de los bolsones que contenían los efectos de El Pozo. Las bolsas no se habían abierto desde que se habían recogido los efectos de la estación, por la mañana, pero si alguien hubiera introducido posteriormente a la recogida la mochila como prueba falsa, hubiera tenido que sacar previamente todos los objetos contenidos en el bolsón y volverlos a meter luego, ante la vista de policías, bomberos, servicios de limpieza, funcionarios de Justicia, etc.
[editar] Desactivación de la bomba
Los subinspectores especialistas en desactivación de explosivos de la Brigada Provincial de Información de Madrid que se encargaron de este caso tienen los números profesionales 64.501 (“Pedro”)[15], 66.618 y 65.255[16]. El operador nº 1, en este caso “Pedro”, es quien decide cómo se aplican las medidas de seguridad y da las órdenes necesarias para proceder a la desactivación de la bomba, para hacer explotar fuera de peligro la bomba, o para actuar como crea oportuno. Su autoridad es absoluta y sus órdenes no pueden ser discutidas, sin excepción de rango, cargo político, edad ni antigüedad.
Para más profundidad en el episodio de desactivación de la bomba, ver la página Desactivación de la bomba de la estación de El Pozo.
Los tres especialistas hicieron una inspección técnica de la bolsa y comprobaron que contenía un dispositivo explosivo, por lo que decidieron trasladarla a algún lugar de las proximidades que estuviera lo suficientemente alejado de los edificios para no causar víctimas en caso de explosión. Preguntando a los funcionarios de la Comisaría, aconsejaron elegir el parque Azorín, cerca de allí, y vacío a esas horas, para intentar desactivarla con el mínimo riesgo. A la decisión de “Pedro” se le han opuesto absurdas objeciones, como que podría haberse desalojado el bloque de edificios. Sin embargo, como atinadamente pensó el TÉDÁX, desalojar a tantas personas, de madrugada, con el pánico a flor de piel en los habitantes de la ciudad, hubiera sido sin duda una empresa muy difícil, que sin duda hubiera conllevado una elevadísima alarma en el vecindario, y se hubiera perdido un tiempo precioso. No olvidemos, además, que la bomba podía haber estallado durante el tiempo perdido en el desalojo, cusando otro desastre.
Decidida la evacuación de la bomba, se formó un convoy de tres vehículos; en el central iba “Pedro”, sólo, con la mochila.
Llegados al lugar de la desactivación, se hizo una radiografía, que salió velada, y “Pedro” mandó hacer una segunda, pero tampoco proporcionó información suficiente para la desactivación, pues el artefacto no tenía un estructura lógica y sólo se apreciaba una maraña de cables que se perdían en una zona oscura que era la masa explosiva.
Llegados a este punto, “Pedro” decidió desactivar la bomba manualmente. Ello suponía correr un riesgo de muerte segura si se detonaba el explosivo, pero en caso de tener éxito permitiría disponer de información sobre los atentados y sobre los terroristas que permitiría capturarlos antes de que siguieran cometiendo crímenes.
La otra opción era haber hecho explosionar la bomba, como las otras dos que se habían encontrado por la mañana. Eso hubiera sido mucho más seguro para “Pedro”, pero hubiera dado tiempo a los terroristas para continuar su cadena de atentados criminales. Sin colocarse casco ni equipo protector, para no verse entorpecido, Pedro introdujo las manos y consiguió desactivar la bomba.
El artefacto era en su concepción, composición y estructura igual a los hallados en el primer vagón del tren de Atocha y en el vagón número 3 del tren de El Pozo que explosionaron ambos al intentar los técnicos desactivarlos. Contenía un mecanismo temporizado y de iniciación eléctrica proporcionado por un teléfono móvil marca Mitsubishi Trium con dos agujeros en la carcasa de los que salían dos cables de color azul y rojo que iban a un detonador de cobre que estaba introducido dentro de 10.120 gramos de dinamita plástica. Además, contenía unos 640 gramos de tornillos y clavos para que actuaran como metralla, y un cargador válido para el móvil Trium.
El teléfono móvil llevaba dentro una tarjeta de la compañía AMENA-AUNA con el número 652 28 29 63 y tenía programado el despertador a las 7:40 horas. Al seguir la pista de la tarjeta, se consiguió llegar a Jamal Zougham, y a través de él, al resto del grupo.
Aunque un estudio de laboratorio que queda recogido en la Sentencia opina que la causa del fallo de la bomba estaba en que uno de los cables que partían del teléfono estaba desconectado, la opinión personal de “Pedro” (que después de todo fue el único que apreció la bomba de cerca antes de quedar desactivada) es que, por un error incomprensible en alguien experto, los extremos de dos cables estaban sin aislar, por lo que al rozar producían cortocircuito y no llega la de energía al detonador. Esto hace pensar que seguramente la bomba la fabricó alguien diferente de la persona, inexperta, que luego la colocó, que posiblemente sólo tenía que unir con cableado el detonador al resto del explosivo y abandonar la mochila en los trenes.
[editar] Enlaces externos
1- "La dichosa mochila" Peón Gris
2- "La mochila del 11-M explota en las manos de El Mundo", de Periodista Digital
3- Blog de Desiertos Lejanos, desde donde se puede enlazar a las FAQ sobre la bolsa de Vallecas
4- Hechos probados de la Sentencia del 11-M
5- Declaración del TÉDAX nº 66478
6- Transcripción de la declaración del funcionario del CNP nº 24420
7- Transcripción de la declaración del funcionario del CNP nº 88659
8- Transcripción de la declaración del funcionario del CNP nº 89324
9- Transcripción de la declaración del funcionario del CNP nº 87843
10- Declaración del funcionario del CNP nº 87141 ante el juez Del Olmo
11- Declaración del funcionario del CNP nº 87843 ante el juez Del Olmo
13- Transcripción de la declaración del funcionario del CNP nº 79046
14- Transcripción de la declaración del funcionario del CNP nº 88163
15- Transcripción de la declaración del TÉDAX "Pedro"
16- Transcripción de la declaración del TÉDAX "Pablo"
[editar] Bibliografía
- 1- Para la desactivación de la bomba por Pedro, véase un emotivo relato en "Conspiranoia" de Enrique de Diego, Ed. Rambla, 2007
- 2- Para la génesis de las dudas conspiracionistas sobre la mochila, "Una historia del 11-M que no va a gustar a nadie" de Marlasca, M y Rendueles, L. Ed. Temas de hoy 2007
