Declaración de peritos (Estado mental de José Emilio Suárez Trashorras)

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La Declaración Pericial Psiquiátrica sobre el estado mental del procesado José Emilio Suárez Trashorras fue realizada por los peritos:

- Juan Miguel Monge Pérez (médico forense de la AN)
- Sira Peña López(médico forense de la AN)
- José Moran Junquera (psiquiatra que le trató entre 1997 y 1993)
- Julio Bobes García. (psiquiatra propuesto por la defensa)[1] [2]

Las frases en cursiva son aclaraciones que, dado el carácter técnico de la pericia, he creído oportuno realizar.


Tabla de contenidos

[editar] Declaración del Dr. Monge y Dra Peña

En primer lugar intervinieron los doctores Monge y Peña, médicos forenses, quienes habían realizado un informe con fecha de 27 de septiembre de 2005 sobre la supuesta enfermedad psíquica de Suárez Trashorras, y basado en informes oficiales correspondientes al explorado, tanto de la Seguridad Social como del Centro Penitenciario, así como un diagnóstico de valoración y seguimiento de su psicobiografía hasta esos momentos. La entrevista que se realizó duró varias horas, y en ella no se le realizó ningún test psicométrico, ya que no son imprescindibles (sus resultados, caso de hacerse, sólo constituyen una ayuda para el examinador, pero tienen el grave defecto de necesitar sinceridad del entrevistado, y, aunque contienen preguntas que exploran la sinceridad, son fáciles de burlar)

El doctor Monge declara (y lo haría varias veces durante la pericia) que, pese a que el acusado estaba diagnosticado de esquizofrenia paranoide, [3] él no pudo encontrar ningún síntoma psicótico. No encontró, pues, signos de

1-actividad alucinatoria,
2-ideas delirantes (ideas claramente equivocadas pero que el paciente cree firmemente, por lo que son irreductibles al razonamiento),
3-comportamiento o lenguaje claramente desorganizado o extraño.
4-abulia, apatía o su aparición en mayor grado, que constituye una auténdica catatonia o desconexión del mundo.
5-Preocupación por una o más ideas delirantes o alucinaciones auditivas frecuentes, que, dentrfo de la esquizofrenia, orientaría al tipo paranoide

En cambio sí se mostró de acuerdo en que el paciente mostraba rasgos de personalidad antisocial. [4] Los características de esta alteración de la personalidad son:

1-fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como lo indica el perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención
2-deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal o por placer
3-impulsividad o incapacidad para planificar el futuro
4-irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones
5-despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás
6-irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas
7-falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otros

(Añado aquí que no todo el mundo está de acuerdo en incluir los transtornos de personalidad como enfermedades. Aunque sean considerados “desórdenes mentales”, su presentación puede ser considerada como “formas de ser de la persona”, si bien fuera de lo que acepta el conjunto de la sociedad como normal, y de hecho su tratamiento, si tal se puede llamar, tiene unos resultados descorazonadores. Como dijo el doctor Monge, “no es una forma de padecer, sino de ser”)

José Emilio Suárez Trashorras, en atención a que al parecer padeció un episodio depresivo mayor y tuvo al menos un intento de suicidio, y también episodios de euforia y megalomanía, ha sido diagnosticado en alguna ocasión de Transtorno esquizo-afectivo, o Psicosis esquizo-afectiva [5]:

1-se presenta en algún momento un episodio depresivo mayor, maníaco (euforia excesiva, incongruente, con fuga de ideas, hiperactividad, etc) o mixto
2-Durante el mismo período de enfermedad ha habido ideas delirantes o alucinaciones durante al menos 2 semanas en ausencia de síntomas afectivos acusados.

(por complicado que parezca todo esto, hay que tener en cuenta que la Medicina, y mucho más la Psiquiatría, no debe considerar enfermedades, sino enfermos. Los criterios que las distintas clasificaciones propugnan (DSM-IV, CIE-), etc. son sólo un intento de sistematizar estas enfermedades, de agrupar en categorías a los enfermos, sólo para permitir plantear una estrategia terapéutica adecuada, Nunca deben tomarse como una etiqueta que poner a los enfermos.

Por otro lado, pero no menos importante, en todas las categorías de las clasificaciones de las enfermedades mentales incluyen siempre el siguiente criterio: “La alteración no es debida a los efectos fisiológicos directos de alguna sustancia (p. ej., una droga de abuso o un medicamento) o a enfermedad médica.”. En el caso del acusado Emilio Suárez Trashorras, era habitual el consumo de sustancias psicoactivas, incluso varias a un tiempo, con lo que no es extraño que aparecieran síntomas de alguna de dichas enfermedades debido a la droga.)

También añadió, respecto a los hechos imputados que en su opinión, con los datos conocidos y la exploración realizada el día del examen, el paciente no presentaba ningún transtorno que le impidiese conocer las consecuencias de sus actos ni le alterara su voluntad


[editar] Declaración del Dr. Bobes y el Dr. Morán

Posteriormente, el doctor Bobes, interrogado por el Ministerio Fiscal, declaró que un enfermo psicótico, en pleno brote de su enfermedad, no es capaz, según su opinión, de planear y coordinar una operación complicada de tráfico de drogas, explosivos, etc, aunque pudiera verse implicado en ella.

El doctor Morán declaró haber tratado al acusado desde Septiembre del 1997 hasta diciembre del 2003, en total seis años y cinco meses. Firmó una certificación donde constaba el trastorno psicoafectivo bipolar y los trastornos de personalidad, para la Incapacidad laboral permanente por enfermedad.

El diagnóstico que él realizó, a lo largo de los años que trató al paciente, es :trastorno de personalidad doble, esquizoide y antisocial, y trastorno esquizo-afectivo bipolar, además de presentar en los últimos años transtornos psicóticos inducidos por las drogas.

El transtorno de personalidad esquizoide, que según el doctor Morán se asociaba al antisocial, se caracteriza por los siguientes síntomas: [6]

1-ni desea ni disfruta de las relaciones personales, incluido el formar parte de una familia
2-escoge casi siempre actividades solitarias
3-tiene escaso o ningún interés en tener experiencias sexuales con otra persona
4-disfruta con pocas o ninguna actividad
5-no tiene amigos íntimos o personas de confianza, aparte de los familiares de primer grado
6-se muestra indiferente a los halagos o las críticas de los demás
7-muestra frialdad emocional, distanciamiento o aplanamiento de la afectividad

(Nuevamente tenemos aquí una contradicción entre las características que observó su psiquiatra Y lo que conocemos de Suárez Trashorras (que manejó y manipuló una banda de adolescentes, controlaba la pequeña delincuencia en su barrio, mantenía relaciones sexuales y afectivas con facilidad. Pero no olvidemos que la entrevista psiquiátrica es muy esclava de la sinceridad del paciente, y que los síntomas que presente el enfermo son muy variables a lo largo de los años.)

El doctor Bobes declaró ser catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo y Jefe de Servicio de Psiquiatría del Area Sanitaria de Oviedo. Evaluó a Suárez Trashorras por razones periciales en el centro penitenciario de Madrid-2 el día 20 de Julio de 2005.

Recuerda que, al estar en una institución cerrada, el paciente está bajo tratamiento antipsicótico, por lo que pueden modificarse los síntomas observados. Por ello recogió, y en cierto modo se basó, en informes anteriores, como el Ministerio de Defensa que lo declaró exento para el servicio militar, los psiquiatras que lo atendieron al inicio de la enfermedad, en 1996, la Secretaría de Asuntos Sociales de Asturias y la Dirección General de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, que le concedieron una minusvalía de un 65 %, e incluso el médico de familia que reconoce que se trata de un enfermo mental.

Basándose en dichos antecedentes, así como en su entrevista personal, y un test psicométrico para evaluar el tipo de psicosis que se padece (el doctor Bobes había llegado a la conclusión, al parecer, que era una psicosis), su opinión fue coincidente con los psiquiatras que lo trataron previamente, en el sentido de encontrarse ante un enfermo mental grave (el doctor Bobes, efectivamente, considera, al menos en este caso, que el transtorno de personalidad debe ser considerado como enfermedad mental grave) aunque no aventuró un juicio personal sobre el tipo de psicosis de que se trataba, recordando el hecho ya referido de que se encontraba en tratamiento antipsicótico y de que varios psiquiatras que lo conocieron antes le habían diagnosticado de esquizofrenia paranoide y de psicosis esquizo-afectiva. En su opinión, basada, según dijo, en “ lo que está reconocido antes de los hechos” esto es, en los diagnósticos previos, se trataba de un enfermo con una psicosis grave, y un transtorno de la personalidad doble, más esquizoide que antisocial, y que recientemente habría presentado probablemente episodios de psicosis inducidas por las drogas. En todo caso, testifica, un enfermo mental grave con incapacidad social, laboral y militar importante.

(En realidad, no es tan imposible que dos psiquiatras den diagnósticos diferentes: el enfermo es un individuo, con sus características inimitables, y las categorías diagnósticas no han sido hechas más que para facilitar el tratamiento de los enfermos.)

(Y una cosa que pienso hay que aclarar: el término anti-psicótico puede inducir a error por hacernos creer que cura o mejora la evolución de la enfermedad, cuando lo único que hace es controlar los síntomas y es poco probable que consiguieran que una esquizofrenia paranoide de tan larga duración y síntomas floridos como el acusado pasara desapercibida para los forenses. Los fármacos que controlaban la enfermedad se llamaban neurolépticos, y a partir de la década de los 90, con la aparición de nuevos medicamentos dedicados al tratamiento de estas enfermedades, la industria farmacéutica los lanza con una agresiva campaña de marketing, que incluye popularizar el término “antipsicóticos” para estas sustancias, como un mensaje subliminal de que pueden revertir la enfermedad. Huelga decirlo, estos fármacos son mucho más caros.)


[editar] El problema de la capacidad volitiva

En realidad el problema no es tanto su incapacidad laboral o militar (que la tiene ¿quién confiaría un arma o el trabajo en una mina a una persona con los antecedentes del acusado, sea cual sea su diagnóstico?)como si tenía capacidad para distinguir el bien del mal, si tenía capacidad para comprender que sus actos eran nocivos y peligrosos, y si podía controlar sus actos, si su voluntad no estaba abolida.

El doctor Monge, que insistió en que tanto él como la doctora Peña no habían apreciado ningún síntoma psicótico, declaró que, en su opinión, los transtornos de la personalidad que modifican el control de los impulsos (como el antisocial) se manifiestan como incapacidad para controlarse en reacciones explosivas (agresividad, reyertas, compulsiones, etc) pero no en conductas elaboradas como organizar y llevar a cabo una venta de drogas o explosivos. Por lo tanto, en su opinión, la capacidad volitiva, en relación con los hechos imputados, no estaría sustancialmente alterada.

El doctor Bobes y el doctor Morán opinaron que, puestos que los transtornos de la personalidad se caracterizan por una alteración de la voluntad, su voluntad estaría anulada o gravemente disminuida. El doctor Morán añadió que, por el tiempo en que él lo atendía, presentaba episodios con ideación delirante y alucinaciones auditivas, por lo que en esos momentos (le atendió hasta diciembre de 2003) según su opinión la capacidad volitiva estaría muy afectada. En caso de seguir presentando dichos episodios alucinatorios y delirantes, el resto de los peritos estimaron muy improbable que hubiera podido realizar los hechos que se le imputan.

En cuanto a su capacidad cognitiva, que en este caso supondría si discernía entre el bien o el mal, todos los peritos se mostraron de acuerdo en que básicamente estaría preservada. También opinaron que no se encontraba manipulado por ninguna persona.

A preguntas de los abogados de los procesados, el doctor Bobes (preguntas de la defensa de Zouhier) consideró probable que un paciente con las alteraciones mentales de Suárez Trashorras fabulase (fabulaciones, en este contexto, son historias contadas para impresionar, para superar estados de ánimo deprimidos, etc, que el paciente termina por creerse) y el doctor Monge consideró (pregunta de la defensa de Iván Granados) que una personalidad como la del acusado, de coincidir con otro individuo influenciable, podría manipularlo.


[editar] Véase también:

Emilio Suárez Trashorras
Intervenciones de los peritos


[editar] Enlaces externos

1.- Página desde la que se puede enlazar con las declaraciones hechas con los peritos

2.-Transcripciones de las declaraciones de los peritos

3.-Criterios DSM IV para el diagnóstico de esquizofrenia y esquizofrenia paranoide

4.-Criterios DSM IV para el diagnóstico de transtorno antisocal de la personalidad

5.-Criterios DSM IV para el diagnóstico de transtorno o psicosis esquizoafectiva

6.-Criterios DSM IV para el diagnóstico de transtorno esquizoide de la personalidad


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