Argumentos conspiracionistas contra la mochila de Vallecas

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La Mochila de Vallecas ha sido uno de los blancos favoritos de los conspiracionistas debido a que, a través suyo, se llegó a las tarjetas quese activaron en la casa de Morata, al locutorio de Zougham, y a las primeras detenciones del día 13 de Marzo de 2004, que ellos siempre han considerado detenciones políticas, guiadas por el deseo de dar un vuelco electoral.

Vamos a repasar los principales argumentos que plantean los conspiracionistas. [1] [2]


Tabla de contenidos

[editar] Supuestas diferencias entre las mochilas

Según el enigma nº 5 de Luis del Pino, que otros autores conspiracionistas continuaron y ampliaron, la descripción de los otros dos artefactos explosivos que no llegaron a estallar (uno en Atocha y otro en El Pozo) no coincide con la de la mochila de Vallecas.

Evidentemente, nada obliga a que las trece bolsas fueran iguales, aunque no fuera más que porque en un comercio no siempre tienen un stock tan grande de productos del mismo modelo y color. Sin embargo, basta con acudir al Auto de Procesamiento del Juez Juan del Olmo Gálvez, o a las declaraciones de los agentes que encontraron los artilugios, para darnos cuenta que, por el contrario, la similitud entre las tres bolsas o mochilas es tan grande que no puede tratarse de una casualidad.

Así, en todos los hallazgos, cuando los policías pudieron ver bien el artefacto, se repite el patrón de una bolsa de tipo mochila o escolar, que contiene una bolsa de plástico de color azul claro con asas dentro del cual aparece una masa parecida a la plastilina con un teléfono y cableado.

Sin embargo, en algunas ocasiones los policías no pudieron ver bien el contenido, debido a la natural agitación ante el descubrimiento de una bomba, lo que evidentemente produjo algunas diferencias entre las descripciones. Es el caso de la mochila de Atocha, en la que algunos conspiracionistas niegan que hubiese teléfono móvil, basándose en que el TÉDAX nº 66478[3] no dijo haberlo visto, cuando lo cierto es que el agente sólo abrió la bolsa unos 5 cm, y al comprobar que se trataba de un explosivo cerró la bolsa sin proseguir la inspección. De hecho el agente declaró que el artefacto que le describieron desde “El Pozo”, dotado con teléfono móvil, era “similar” al que él mismo había visto en Atocha, cosa que los conspiracionistas se guardan de contar.

Por otro lado, la descripción de color, tamaño o forma puede cambiar apreciablemente entre los observadores, como es fácil comprobar si comparamos la descripción que de la mochila hallada en Atocha da el agente nº 66478, “una mochila gris con asas negras” (Pg 50 del Auto de Procesamiento), el nº 27600, “mochila del tipo colegial gris oscuro o azul”, (Pg 52 del Auto de Procesamiento) o el nº 82622 “mochila, entre gris y negra” (Pg 53). El contenido era una “bolsa azul transparente con una masa blanquecina o marfil con textura de plastilina” para el agente nº 66478, una “bolsa azul clara y dentro de la misma parecía que hubiera una masilla blanquecina” para el 27600, y simplemente “bolsa azul con una masa” para el 82622. Y eso que en este caso no hay duda de que vieron lo mismo.

Tampoco la diferencia que dice Luis del Pino que existe entre el peso apreciado por las personas que cargaron la mochila resiste el menor análisis. No sólo los objetos eran distintos, sino que la variabilidad en cuanto a la sensación subjetiva de peso referida por un observador es muy grande, e incluso una misma persona, conforme se va cansando, creerá que el peso que soporta es mayor.


[editar] La huella de ADN

Sigue diciendo Luis del Pino: “La ausencia de rastros de ADN también resulta curiosa. En el explosivo del artefacto encontrado en las vías del AVE unas semanas después del 11-M se pudo localizar el ADN de uno de los terroristas, lo que indica que el explosivo fue amasado con las manos desnudas. Sin embargo, la persona que amasó el explosivo de la mochila de Vallecas debió de utilizar guantes (como la persona que conducía la furgoneta de Alcalá), porque no aparecen rastros de ADN en la Goma-2.”

Pero sí aparece una huella de ADN, sin identificar, en el protector de la mochila que nos ocupa. Aunque, en realidad, no es nada extraño ni mucho menos concluyente que no aparezcan huellas.

Para empezar, en lo que toca a loforoscopia o huellas dactilares, dejar huellas nítidas no es tan fácil como cree la gente, ni tan frecuente en las escenas del crimen como nos hacen creer las series policíacas. Todo lo que se agarre con la mano cerrada, o con el puño, (como el asa de una mochila) no dejará huella. Todo lo que se toque con los dedos deslizándose sobre la superficie no dejará huella o será borrosa. Todas aquellas huellas que después sean tocadas por otras manos (en nuestro caso, por un pasajero o policía que moviera la mochila) pueden quedar emborronadas. Tampoco todas las superficies son adecuadas para que queden registradas las huellas dactilares; por ejemplo, las pulverulentas, por razones evidentes, son peores que las metálicas o vítreas. Por eso la policía suele buscar en objetos que se tocan con la punta de los dedos, o, más exactamente, con la yema de los dedos: un vaso, un libro, es un buen sitio para buscar; una mochila, no tanto.

Respecto a los perfiles de ADN, pasa algo parecido. Se necesitan células nucleadas (las de la epidermis superficial o los glóbulos rojos no lo son) y con cadenas de ADN más o menos íntegras para luego multiplicarlas (por PCR u otras técnicas más novedosas) hasta tener un resultado que se pueda valorar. Es por eso que las células que pueden quedar de piel en el asa de la mochila, por fricción con la correa, a lo mejor no son adecuadas. Por eso la policía usa saliva, células de la mucosa bucal (no hay epidermis) o pelo (con bulbo capilar)

Por cierto ¿a alguien le parece extraño que para manipular sustancias explosivas se ponga uno guantes? A mi, la verdad es que no.

En este caso, de todos modos, la mochila si suministró una huella con capacidad probatoria: lo que pasa es que quien la dejó no ha quedado identificado, y por lo tanto hubo que archivar la prueba como Perfil 11 (TE-04-0539-11):(Véase Auto de Procesamiento, página 348)


[editar] La Hora H

Volvemos al enigma nº 5: "En tercer lugar, la hora a la que estaba programado el teléfono de la mochila de Vallecas no era tampoco correcta. En todas las estaciones, los distintos artefactos explosivos estaban programados para activarse a la misma hora, y todos lo hicieron con diferencias máximas de unas pocas decenas de segundos. En la estación de El Pozo (de donde provenía supuestamente la mochila de Vallecas), las dos bombas que estallaron lo hicieron a las 7:38. Sin embargo, la mochila de Vallecas estaba programada para dos minutos después, a las 7:40. No hay una explicación lógica para esta diferencia, a menos que la mochila de Vallecas no fuera preparada por las mismas manos que las que estallaron en los trenes."

Para empezar todo parece indicar que los terroristas no pusieron la misma hora en los teléfonos, o más probablemente el reloj de los teléfonos no fueron sincronizados al segundo, pues las explosiones no se produjeron todas al mismo tiempo. No hay ninguna seguridad de la hora que marcaban los teléfonos móviles que explotaron, pues fueron destruidos. El Auto de Procesamiento habla de explosiones entre las 07:36 y las 07:40", y la Sentencia también recoge varias horas distintas. Nuevamente los conspiracionistas se ven impulsados por su afición al cine de acción, donde vemos sincronizando los relojes a la milésima de segundo, pero en la práctica ello no es necesario. Con uno o dos minutos de diferencia la destrucción es la misma, e incluso, puestos a ponernos en la piel de iun terrorista, el pánico es mayor con varias explosiones sucesivas.


[editar] ¿Estaba preparado todo para que la mochila no estallase?

Volvemos a Luis del Pino:Pero quizá lo que más nos convence del carácter espurio de la mochila es que estaba preparada para no explotar. Durante cuatro meses, el jefe de los Tedax estuvo mareando al juez Del Olmo, proporcionándole explicaciones a cual más absurda sobre los motivos por los que la mochila no había explosionado. Pero lo cierto es que no explotó simplemente porque había dos cables desconectados: ni siquiera se usó un poquito de cinta aislante para poder dar el pego. Y el jefe de los Tedax sabía desde la misma madrugada del 12 de marzo que éste era el motivo por el que la mochila no había explotado.

Que la mochila no explotó, es cierto. Que el Jefe de los Tédax en la madrugada del día tuviera una teoría que explicase el fallo de la mochila, también es muy probable. Pero que “supiera” la causa con absoluta seguridad, (con ese puntillo que traduce la frase de posible complicidad de Manzano) no lo es.

La Sentencia establece “Un estudio posterior en laboratorio determinó que el artilugio no explosionó porque uno de los cables que partían del teléfono estaba desconectado”. Vemos que es un cable el que estaba desconectado, no dos (aunque, evidentemente, dos terminaciones sin enlazar)

Sin embargo, el TEDAX Pedro, que después de todo es la persona que más de cerca vio la bomba antes de desactivarla, opina otra cosa. Durante el Juicio, [4] dijo: “desde mi punto de vista no funcionó porque los cables, los empalmes practicados en los cables, no estaban encintados, no llevaban cinta aislante, en consecuencia si en cualquier momento manipulando la bolsa [...] se juntan los empalmes [...], cuando surge el flujo eléctrico del teléfono móvil, de la batería del teléfono se produce un cortocircuito, salta una chispa y la energía no llega al detonador. En consecuencia no se produce la explosión.”

En todo caso, fuera cual fuera la causa, Luis del Pino dice sospechar que la mochila fue preparada para no explotar. Y la única razón que da para apoyar la sospecha es que el acabado es demasiado burdo. “Ni siquiera se usó un poco de cinta aislante para dar el pego”, dice. Precisamente. Y hay que preguntarse de quién sospecha del Pino como fabricante de la bomba falsa. De los TÉDAX, evidentemente. No en vano sugiere que su jefe “sabía” ya el día 12 por qué no había estallado. Y, por supuesto, Pedro ha sido acusado durante todos estos meses de saber que la mochila era falsa y jugar a engañarnos. Pues, por eso mismo, ¿no cabría un poco más de profesionalidad de los TÉDAX a la hora de montar una bomba falsa? Pedir de ellos que engañaran al menos a del Pino no parece pedir excesivo.

Es más creíble la idea de que dos manos montaron la bomba. La experta, que la dejó sin empalmar, para evitar explosiones accidentales, y la ejecutora, posiblemente uno de los que llevaron la bomba al tren, que tenía que empalmar los cables en el último momento


[editar] ¿Fue detectada la mochila en El Pozo? ¿Revisaron los TÉDAX todos los bultos?

El enigma nº 5, dice: “No se entiende cómo es posible que esa mochila no fuera detectada por nadie durante todo el día 11. En la estación de El Pozo, los Tedax revisaron uno por uno los bultos, y cabe suponer que lo hicieron con especial cuidado, porque precisamente en esa estación acababan de desactivar otra mochila-bomba (la que encontró Jacobo Barrero). ¿Cómo es posible que una mochila que pesaba unos quince kilos no llamara la atención de nadie ni fuera revisada en la estación, ni tampoco posteriormente?”

Es cierto que el Jefe Provincial de los TÉDAX, Cáceres Vadillo (Inspector del C.N.P. nº 28296), declaró (Pg 53 del Auto de Procesamiento) que “tomó la decisión de que se revisaran todos los trenes desde la cabecera a la cola de cada uno de ellos y que se debería hacer por dos veces” debido a haber visto que en la estación de Atocha había aparecido una mochila con explosivo en un vagón. Sin embargo, él no estaba en el Pozo. Dio la orden de revisar los trenes desde Atocha, vía móvil. Dado el estado de catástrofe en que se encontraba la estación, no cabe duda que los TÉDAX hicieron su trabajo lo mejor que pudieron, pero nadie ha declarado que se hubiese cumplido la orden a rajatabla. Por lo tanto, ya podemos apuntar que no hay confirmación absoluta de que esa revisión se llevase a cabo, ni de que fuese tan exhaustiva como para revisar “todos y cada uno de los bultos” como afirman los conspiracionistas. Por cierto, los conspiracionistas suelen pasar por alto (o la citan para denigrarle) la continuación de la declaración de Cáceres Vadillo, donde dice que “tenían claro que no era Titadine”.

Pero, si se hubiera hecho dicha revisión ¿hubieran encontrado la mochila? Pues seguramente, tampoco. Porque es más que probable que para cuando llegaron los TÉDAX la mochila no estuviese en los trenes. Obsérvese la expresión que usa Cáceres Vadillo “que se revisaran todos los trenes” y cómo los conspiracionistas la sustituyen por “revisaron uno por uno los bultos”. Pero eso no es cierto. La orden fue revisar los trenes, y sin duda revisaron los trenes.[5]Vamos a ver, en el Pozo se revisaron todos los trenes, todos los trenes. Si no apareció ninguna mochila, sería porque se la hubiesen, digo yo, es una teoría, se la podían haber llevado antes.. Luego, a preguntas de Gómez Bermúdez, el testigo dijo estar convencido de que "todo lo que hubiera en el andén, si había algo cuando ellos llegaron, lo inspeccionaron". Pero él no estaba allí, y un momento antes dice: no se lo puedo decir porque no sé si había algún montón fuera o no lo había. Basta oír la grabación de la declaración [6] a partir del minuto 40' 40 para apreciar que el Jefe Tédax titubea, no sabe siquiera si existió un montón o no, pero prefiere apostar por la profesionalidad de sus hombres y sacar la cara, aunque no esté seguro y aunque en realidad las órdenes incluidas incluían sólo los trenes, y es razonable no revisar unas bolsas que ya claramente alguien habia transportado, y posibemente revisado. En todo caso, el tiempo y los protocolos no favorecen que se tomen iniciativas por cuenta de los técnicos de explosivos.

Pues ¿qué trascendencia tiene esto? Si no estaban en los trenes ¿dónde estaban las mochilas? Acudamos otra vez al Auto de Procesamiento. Los primeros en acudir a la estación de El Pozo fueron los miembros de la Policía Municipal, y de hecho uno de ellos, concretamente el agente 7801-3 (página 53-54.) fue el que encontró la bomba que desactivaron aquella mañana en el Pozo.

Poco después, o casi simultáneamente, acudieron también miembros de la Policía Nacional. Tengamos en cuenta que aquel día acudieron todos los policías que pudieron, incluso muchos que libraban. El agente del C.N.P. 86.218 declara que “cuando llegaron a la Estación de El Pozo había varias mochilas y empezaron a inspeccionarlas”.(Pg 56)

Al menos parte de los objetos fueron retirados de los trenes por los bomberos, según testimonio del inspector-jefe Miguel Ángel Álvarez, que fue el responsable de coordinar la recogida de los objetos personales en la estación de El Pozo: “Que en relación con los objetos que se recuperaron se encargaron el Cuerpo de Bomberos, al dicente le encomendó su jefe que se encargara de organizar los objetos que se iban sacando y el declarante le dio la orden a los bomberos, quienes los sacaban del tren y los depositaban en el propio anden de la estación, a unos 3 o 4 metros del vagón más próximo."(Auto de Procesamiento, Página 59)

Finalmente llegaron los TÉDAX, que habían estado ocupados en la estación de Atocha y otros servicios. El Sub-inspector TÉDAX del C.N.P., con carné 54.868, declaró que “vio el contenido de la mochila porque le llamó la atención, ya que se encontraba distante de los demás objetos y enseres que se encontraban amontonados”. (Pg 55) Es decir, que los bultos, todos o gran parte de ellos, estaban fuera de los trenes cuando llegaron los TÉDAX, y cuando cumplieron la orden de Cáceres Vadillo de explorar los trenes, la mochila seguramente ya no estaba allí.

Tampoco es cierto que nadie se fijara en la mochila. Digamos que, en realidad, tampoco tendría tanta trascendencia que en un día como aquel, con el dantesco espectáculo de los cadáveres, los heridos, la sangre, y el pánico a que estallara otra bomba, los que procedieron a la retirada de objetos no distinguieran en su recuerdo una mochila de otra. Pero el caso es que, por ejemplo, el Inspector Álvarez, del C.N.P. con nº 16132, “recuerda una bolsa de deportes de estilo antiguo[...] en el momento en que la ve en el andén de la Estación de El Pozo cuando iba a ser introducida en un bolsón, coincidió que tuvieron que cambiar la bolsa porque ya no entraba en el bolsón por el tamaño y el peso, y porque apreció en ella un peso que no se correspondía con los objetos y efectos que estaba viendo en la labor que previamente se estaba realizando, de introducción de efectos en los bolsones de basura.” (pg 60)

Destaquemos que cuando la mochila llamada “de Vallecas” fue encontrada, por la madrugada, la agente de policía nº 88163 [7] refiere que se trataba del último efecto del bolsón que estaba vaciando, lo que coincide con que fue el primer artículo que se metió en el bolsón correspondiente, como dijo el Inspector Álvarez.


[editar] El viaje a ninguna parte

Otro de los temas favoritos de los conspiracionistas en lo que a la mochila de Vallecas se refiere es el viaje que efectuaron los objetos hasta recalar en la Comisaría de Puente de Vallecas, donde fue descubierto el aparato explosivo mientras se hacía un inventario. El viaje tal y como lo recoge la sentencia puede consultarse en Mochila de Vallecas

Recordar que, según la sentencia:

-Pasadas las 15 horas el policía con carné profesional número 24420, de la Comisaría de Puente de Vallecas, junto a otros tres compañeros -números 88659, 89324 y 87750-, se dirigieron a la estación de El Pozo a recoger los efectos recuperados del tren, que habían sido metidos en grandes bolsas de plástico.

-En la estación, cargaron entre 12 y 14 bolsones por furgoneta, ordenándoseles que los llevaran a la Comisaría de Villa de Vallecas. (Según el COMISARIO DE POLICÍA nº 14296 la orden partió del Comsiario General, y al parecer el motivo era la cercanía a la estación de El Pozo).

-Cuando llegaron a la comisaría de Villa de Vallecas el jefe de guardia se negó a hacerse cargo de los efectos por lo que los dos vehículos, con los cuatro funcionarios, reemprendieron la marcha hasta la Comisaría de Puente de Vallecas.

-El comisario jefe de la comisaría -número 14296- que estaba en compañía de un inspector de apellido Alvarez, les mandó que llevaran los efectos a IFEMA. Se produjeron algunos relevos en los agentes que formaban la misión.

-Finalmente, el comisario de la Comisaría de Puente de Vallecas se enteró de que la Juez del Juzgado de instrucción núm. 49 de Madrid había ordenado que los efectos se depositaran en la Comisaría de Puente de Vallecas y no en IFEMA por lo que, ya de noche, fueron recogidos los efectos de IFEMA y llevados a la comisaría.

El viaje, con todas sus vicisitudes, es producto de una tarde-noche llena de terror, nervios, emoción, tristeza, con órdenes a veces contradictorias. Y lo importante no es que hubiera, a veces, confusión, sino que la cadena de custodia no se rompió en ningún momento, como certificó el Juez Del Olmo, y también el Tribunal del 11-M, al incluir el periplo entre los hechos probados y la mochila ente las pruebas de cargo más importantes.

Dice el Juez del Olmo, en la página 71: “La cadena de custodia de evidencias la considera este Instructor no sólo aclarada y precisada, sino preservada, tal y como se ha reflejado hasta ahora, y concluye con las declaraciones que a continuación se exponen (complementadas con los Informes periciales emitidos por T.E.D.A.X. y otros Servicios Policiales),”

En el relato de las peripecias de la mochila que realizan los conspiracionistas dse deslizan muchos errores y falsedades. Así, por ejemplo, en “Las miguitas de Pulgarcito” dice Luis Del Pino cosas como:

-“a pesar de que las instrucciones de Del Olmo eran llevar todos los objetos al pabellón 6 de IFEMA”. En el Juicio no se ha demostrado que del Olmo diera esa orden; el propio Juez no lo dice, y desde luego si lo hizo no le dio la menor importancia. Lo que sí parece que dio es orden de proceder a su inventario. Según el Comisario de Policía, nº 14296, esta orden la dio cuando los objetos estaban ya en Puente de Vallecas.[8] Si Del Olmo pensaba llevarlos luego a otro sitio, parece que el hallazgo de la bomba trastocó todo el escenario.

-“comenzaron a descargar las bolsas, pero llevaban descargadas tres o cuatro” No es exacto. El agente 87141 dijo exactamente “En la Comisaría no se llegaron a bajar las bolsas de la furgoneta, y si lo hicieron bajarían 3 o 4”, lo que parece una manera de cubrir por si acaso se llegó a mover alguna. (Pg 62 del Auto de Procesamiento)

-“Primera contraorden, que está en línea con lo que Del Olmo había dictado” Ya he dicho que no hay constancia de tal orden

-“Se encontraban trasladando a los recintos feriales esa segunda carga de objetos”: No hubo dos viajes. Lo que sí ocurrió es que hay algunas discrepancias entre los policías que realizaron el traslado (el agente nº 87141 parece recordar mal las cosas, es posible que estuviese conmocionado.)

-“Segunda contraorden, pero esta vez contraviniendo claramente las instrucciones del juez.” Todo parece indicar, y así se recogía en el Auto de Procesamiento y lo considera hecho probado la sentencia, que fue la Juez del Juzgado nº 49 de Madrid quien ordenó que fueran llevados a Comisaría de Puente de Vallecas. La orden anterior de llevarlos a Villa de Vallecas (por ser la más cercana a El Pozo) partió de un Comisario, luego quedó anulada por simple cuestión jerárquica.

Pero todo esto, quién dio la orden, dónode fue o dejó de ir el convoy, es en realidad lo de menos y ciertamente resulta difícil aclarar los sucesos de aquella noche. Lo que importa es ¿Pudo algien introducir una mochila de 15 kg con una bomba entre los objetos?

El final de la información que recoge el enigma nº 5 sobre el recorrido de la mochila hasta llegar a Puente de Vallecas es un embrollo, posiblemente intencionado, pues quieren dar a entender los conspiracionistas que con tanta orden y contraorden se pretendía crear un estado de confusión para que alguien (¿quién? La cadena de custodia ha sido declarada válida nada menos que por dos jueces. Y en todo caso se tienen todos los números de las personas que se acercaron a ls bolsas) deslizara entre los efectos de del Pozo una mochila de 15 kilogramos. Sin embargo, salvando las inevitables inexactitudes entre las declaraciones de los policías que participaron, la sentencia ha podido reconstruir poco más o menos el viaje de los efectos de El Pozo (Pg. 10 y ss de los Hechos Probados-1)

[editar] El Policía que mandó una carta

El inspector Miguel Ángel Álvarez, Inspector Jefe del C.N.P. con nº 16132, dirigió un escrito con fecha 25 de Octubre de 2004 al Excmo. Director General de la Policía. El escrito puede leerse, al menos en sus partes más interesantes, en el Auto de Procesamiento, (Página 57 y ss). y no recibió excesiva atención hasta que el diario “El Mundo” le dedicó honores de portada y editoriales, el día 6 de Marzo de 2006. [9] [10]

De hecho, y pese a que en el diario “El Mundo” y en los medios conspiracionistas se insistió en que era una carta de denuncia y que se había ocultado durante 17 meses al juez, la realidad es que se trata de una petición o queja como las que a diario entran en la Jefatura Superior de Policía para reivindicar los méritos que hacen apto a un policía para obtener una distinción, como acabó por reconocer el Mundo del 15 de Marzo de 2006, aunque escondiéndolo en el cuerpo de una noticia [11]

Según parece, el funcionario había recibido una condecoración, la Cruz del Mérito Policial con Distintivo Blanco, de categoría inferior a la que creía merecer (la misma con distintivo blanco, que lleva consigo un premio económico) por lo que escribió la carta, con intención de poner en claro los méritos que alegaba, y que si hubo descontrol o confusión no fue por su culpa. También puede que hubiera algo de resentimiento por la ingratitud que creyó ver en el Ministerio del Interior (“Una Historia del 11-M que no va a gustar a nadie” de Rendueles, L y Marlasca, M., ed.Temas de Hoy, 2007).

Sin embargo, entre largos párrafos que relataban el trabajo llevado a cabo por Álvarez, siempre desde su punto de vista, lógicamente de autoalabanza y justificatorio, en dicha carta se leían expresiones como “Dichos objetos y efectos sacados del tren siniestrado no fueron supervisados por el Funcionario actuante, a pesar de su interés meramente profesional y tratando de evitar males mayores, debido a su gran y dilatada experiencia profesional, al no considerarlo oportuno la Autoridad Judicial competente presente en el lugar de dichos hechos”. [...]

Ante la sorpresa del Funcionario que suscribe dichos objetos y efectos son llevados al Parque Ferial Juan Carlos I, donde se encontraban el resto de objetos y efectos de los otros lugares siniestrados por cuyo motivo se pone en conocimiento del Magistrado Juez del Juzgado Central de Instrucción Número 6 de la Audiencia Nacional dicha anomalía, disponiendo la Autoridad Judicial que los objetos y efectos recogidos en la Estación de Ferrocarril de El Pozo sean llevados a la Comisaría de Policía de Puente de Vallecas”.[...]

se retira a las 00,30 horas (..,), es alertado a las dos horas e informado por el Subinspector comisionado para efectuar el recuento de los objetos y efectos aludidos en el sentido que en el interior de una de las bolsas de plástico recogidas en la estación de ferrocarril han encontrado una bolsa de deportes en cuyo interior hay un artefacto explosivo, acudiendo a la mayor brevedad al lugar donde se encuentra dicho artefacto, en tanto el Subinspector disponía las pertinentes medidas de seguridad en las dependencias policiales y alertaba al resto de servicios policiales”.

En realidad Álvarez se quejaba de que la confusión existente, las interferencias de Jueces, Comisarios, y otras circunstancias, no le habían dejado realizar su trabajo con el celo profesional que el Inspector Jefe alegaba poner siempre en su cometido, lo que posiblemente, según él, le había costado no obtener una condecoración superior.

Era suficiente. Para “El Mundo”, informado de la carta, el Inspector Jefe no podía certificar que no hubiese existido manipulación en los objetos. Y, lógicamente, no podía dar fe del hallazgo de la mochila, pues se encontraba descansando. "Nadie puede certificar con certeza que la bolsa en la que dos funcionarios de la comisaría de Puente de Vallecas localizaron la bomba número 13 fuera una de las que se encontró entre los objetos recogidos en la estación de El Pozo.”, dice Casimiro García Abadillo en el artículo citado arriba. “Sin embargo, como hoy revela Casimiro García-Ababillo, es imposible asegurar que la mochila hallada en Vallecas estuviera en los trenes.” “Pero si el juez lo tendrá muy difícil para sostener la validez probatoria de la mochila, demostrar la procedencia de los explosivos le será aún más complicado.”, contesta en el Editorial, con mal disimulado regocijo, el periódico.

Recordemos que el Sumario era secreto y lo siguió siendo un mes más, por lo que las informaciones ofrecidas por la prensa no podían ser contrastadas por la población.

Ante el revuelo que se organizó, el Juez del Olmo interrogó al policía, el 9 de Marzo de 2006. Este puso las cosas en su sitio.

“.Que en todo momento las furgonetas son las mismas y custodiadas por las mismas personas; que habló con los funcionarios y sus superiores y les comentan que esas furgonetas deben de ir a Comisaría de Vallecas para hacer el recuento pertinente, y las recepcionó en la Comisaria (de Puente de Vallecas) sobre las 21.30 horas o 22 de la noche.[...] Que el dicente no pudo observar (no observó) que se hubieran manipulado los bolsones desde que se introducen en las furgonetas hasta que se descargan en Comisaría, e incluso nadie le indica ni reseña ninguna anomalía que estuviera fuera de lo común, nadie detectó nada que les llamara la atención”...

O sea, nada de lo que vio ni de lo que se le comunicó hace pensar al Inspector que hubiese una manipulación. Lógicamente, de lo que él no presenció no puede dar fe, pero también añade que nadie le señaló ninguna anomalía ni nada fuera de lo común. Resulta hasta ridículo imaginar justificándose a Álvarez (imagino que cuando escribió su carta nunca creyó que pudiese dar lugar a semejante revuelo) explicando al Juez que cuando dijo que él no vio descubrir la mochila quería decir sólo ésto: que no lo vio porque estaba descansando.

Para cubrir todo el período de tiempo que el Inspector Jefe no pudo seguir la pista de la mochila, el Juez del Olmo habló con todos los policías que llevaron y trajeron los enseres de El Pozo, y su relato terminó de convencer al Juez de que la cadena de custodia no se había roto.

[editar] La Segunda Mochila

Pero ahí no termina el asunto. El Inspector Jefe, precisamente, había visto una mochila de un tamaño y aspecto compatible con la que luego se encontró en Puente de Vallecas: “quiere dar los detalles de la bolsa que vio en la Estación del Pozo que era de unos 50 cm. de longitud y unos 20 o 30 de alto, de color azul desteñido, con asa corta”. El Juez del Olmo, pensando salir de dudas, le mostró la que él creía que era la que contuvo el explosivo y que fue descubierta en la madrugada del 12 de Marzo de 2004. Dicha mochila, tras ser desactivada por “Pedro” y analizada e investigada para obtener los datos que llevaron a la detección de todo el comando, la habían tenido en custodia hasta que el Juez la solicitó (sobre eso volveremos luego).

Pues bien, el Juez le mostró la mochila que él tenía. En realidad no había ninguna prueba que la mochila que vio Álvarez el día 11 por la mañana fuera la que contenía el explosivo, pero quien más quien menos todos estaban convencidos de que lo era. Por eso resultó mayúscula la sorpresa cuando el Inspector Jefe negó categóricamente que lo fuera : “MANIFIESTA que no es la que él recuerda haber visto en la Estación del Pozo. Que por sus características no es.”

Entonces, la mochila vista por el inspector Álvarez, que los conspiracionistas habían desdeñado o habían rechazado directamente (para ellos no había ninguna mochila en los enseres de “El Pozo”. Fue colocada en IFEMA) pasó a ser un punto clave. Para los conspiracionistas, "La mochila que vio Álvarez era auténtica, hubo manipulación, se cambió por otra en IFEMA".

¿Qué había pasado? Pues que el objeto que se mostró al agente fue una bolsa muy parecida a la encontrada en Vallecas, que fue adquirida por la UCIE (que se encarga del terrorismo islámico) tras los atentados para realizar distintas comprobaciones.[12] La bolsa fue etiquetada inapropiadamente por la UCIE como bolsa Vallecas. Y cuando la Audiencia Nacional pidió a la UCIE que le remitiera la mochila, ocurrió el error.

¿Dónde estaba la verdadera? Pues en las dependencias de los TÉDAX, custodiada junto con miles de otras pruebas, donde había sido llevada tras la desactivación, estudio y análisis. El propio Jefe de los TÉDAX, Juan Jesús Sánchez Manzano, telefoneó al Juez del Olmo en cuanto supo de la confusión, para poner la mochila a su disposición.

Y ése es el origen de otro bulo, casi leyenda urbana, de los conspiracionistas: que Sánchez Manzano guardaba la Mochila de Vallecas en su cocina. Surge de una conversación en la COPE durante la cual Federico Jiménez Losantos dijo que Manzano “tenía la mochila en su poder” a lo que César Vidal, con la intención de hacer una gracia, apostilló “¿Qué? ¿En su casa? ¿En la cocina?

Para entender bian la relevancia que tuvieron las declaraciones de "El Mundo" hay que recordar otra vez que el Juez del Olmo no gusta de repercusión mediática mientras instruye un caso. La prensa, a excepción de la que apoyaba las Teorías de la Conspiración, tampoco mostró interés por informar de los avances que se iban conociendo, por lo que, prácticamente las únicas noticias que se iban conociendo estaban filtradas por el tamiz de la Conspiración y presentaban una visión tan parcialmente construida que se permitió que proliferara y medrara a sus anchas una maraña de teorías, a cual más abstrusa, absurda y falta de rigor, pero que nadie podia rebatir, entre el desinterés de unos (los medios de comunicación contrarios a los conspiracionistas) y la falta de medios de otros (por la oscuridad que el secreto de Sumario les imponía.

El asunto de la mochila de Vallecas fue tan magnificado, las informaciones que hablaban de trampa y de manipulación en el Sumario del 11-M tan desmesuradas, que el líder del PP, Mariano Rajoy, cayó en la trampa [13] y exigió explicaciones, llegando a cuestionar toda la investigación por los atentados. El juez del Olmo, (que ya se había visto obligado al levantamiento parcial del Sumario, que mostraba cómo, pese a las sospechas de Álvarez, en ningún momento se rompió la cadena de custodia), y el Fiscal General dieron explicaciones al líder del PP, y éste se dio por satisfecho. El Sumario siguió adelante.


[editar] Enlaces externos

1-Auto de Procesamiento del Juez del Olmo

2-Hechos probados (1) en la Sentencia del Tribunal que juzgó los atentados del 11-M

3-Transcripción de la declaración del agente del C.N.P. TÉDAX nº 66478

4-Transcripción de la declaración del agente del C.N.P. TÉDAX "Pedro"

5-Transcripción de la declaración del Jefe Provincial Tédax Cáceres Vadillo a preguntas de las Acusacones Particulares

6-Grabación de la Declaración del Jefe Provincial TÉDAX Cáceres Vadillo

7-Transcripción de la declaración de la agente del C.N.P. 88163, que halló la bolsa

8-Grabación de la Declaración del Comisario de Policía nº 14296

9-"Trampas en el caso 11-M", artículo de Casimiro García Abadillo del 6 de Marzo de 2006

10-"Ni Mochila ni explosivos, Editorial del 6 de Marzo de 2006"

11-"El director de la Policía dice que no recibió la carta del inspector jefe", artículo de Fernando Lázaro el 15 de Marzo de 2006

12-Acta de levantamiento parcial del sumario de febrero 2005

13-Entrevista a Mariano Rajoy el 13 de Marzo de 2006

14-Rajoy da por zanjado el tema de la manipulación de la mochila de Vallecas


[editar] Véase También

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