Posts Tagged ‘Muestra M-1’

Titadyn, el eterno retorno (LIV) por Rasmo

martes, octubre 15th, 2013

Titadyn, el eterno retorno (LIV) por Rasmo

(Continúa de la entrada anterior)

Podemos seguir el examen de la postura conspirativa iniciado en la anterior entrega subrayando nuevamente que la confiada identificación del explosivo por parte de Antonio Iglesias y compañía se hace, pues, sobre la base de un listado de componentes detectados en el análisis: eso es lo que significa su reiteración de la suficiencia de un análisis cualitativo.

Así, en la famosa muestra M-1, en los análisis ordenados por el tribunal del 11-M, se habían hallado componentes comunes a la Goma 2 ECO y al Titadyn, como el nitroglicol (EGDN) y el nitrato amónico. [1] Pero, como recoge el perito Iglesias en sus conclusiones en el informe de 2007 (p. 202):

La presencia conjunta en la muestra M-1 de DNT, EGDN, NG, componentes de TITADYN, indica que es altamente probable que este explosivo haya estallado en el foco nº 3 de la estación de El Pozo.

Y, en su libro, reproduce más extensamente esta conclusión, tanto en la página 151:

La presencia conjunta de nitrato amónico (AN), dinitroetilénglicol (EGDN), dinitrotolueno (DNT) y nitroglicerina [NG] confieren a esta muestra [M-1] la característica de permitir discriminar el tipo de dinamita utilizado en el foco de donde fue extraída.

Como en la página 416:

[L]a M-1, procedente del foco 3 de la estación de El Pozo, […] ha revelado en su análisis, además de la presencia de compuestos comunes a Goma 2 ECO y Titadyn (nitrocelulosa, dinitroetilenglicol), la de otros que permiten discriminar el tipo de explosivo, a saber: dinitrotolueno y nitroglicerina (componentes de Titadyn y no de la Goma 2 ECO).

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Titadyn, el eterno retorno (LIII) por Rasmo

lunes, octubre 14th, 2013

Titadyn, el eterno retorno (LIII) por Rasmo

(Continúa de la entrada anterior)

Las anteriores entregas han servido para mostrar el contenido preciso y constante de las explicaciones oficiales acerca de por qué resultaba imposible establecer la marca comercial de la dinamita que había estallado en los trenes. Básicamente, cuando se trabaja sobre meras impregnaciones, sin sustancia intacta, no es posible hallar todos los componentes ni sus respectivas proporciones, lo que impide ir más allá de una genérica denominación del tipo de explosivo.

Corresponde ahora, y en sucesivas entregas, acreditar que esa explicación es cierta, según todos los elementos a nuestro alcance, de modo que las pretensiones en sentido contrario de los críticos de la versión oficial se revelarán ayunas de todo sustento. El bloque argumental que aquí se inicia pretende mostrar que las objeciones de los comentaristas habituales son inatendibles ya que, por un lado, son inconsecuentes y, por otro lado, no se corresponden con hechos fácilmente constatables. Son inconsecuentes (aparte de sus fallos lógicos) en el sentido de que los propios críticos, y en particular los “peritos independientes” no son capaces en su propia praxis de hacer lo que aseguran que puede (más bien debe) hacerse; son, además, poco acordes con la realidad, en la medida en que un examen de la casuística y antecedentes en la materia desmiente los principales asertos que se aducen frente a la versión oficial. El análisis de restos explosionados (no de sustancia intacta) nunca ha sido una técnica infalible para la determinación de marcas comerciales, como los conspiracionistas alegan (con cierta confusión, por lo demás) repetidamente. Asimismo, de manera análoga a la reducción al absurdo, aplicar sus argumentos a casos reales, autóctonos y extranjeros, lleva a resultados inasumibles, lo cual, como mínimo, revela que sus posiciones carecen de solidez y están contaminadas de una parcialidad poco laudable.

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