Titadyn, el eterno retorno (XIII) por Rasmo

Titadyn, El Eterno Retorno (XIII) por Rasmo

Sigue de Titadyn, el eterno Retorno (XII)

Hemos examinado en anteriores entregas cuánto ha dado de sí el asunto de la metenamina en contacto con una fértil y desinhibida imaginación. No obstante, si hemos de creer lo que el Sr. García Abadillo escribe en el Prólogo de “Titadyn”, nada de esto habría tenido demasiada trascendencia en ausencia de otro gran elemento. En efecto, nos aproximamos al meollo de todos los males: Sánchez Manzano y la referencia a la nitroglicerina en la Comisión de Investigación del 11-M. Así es como lo expone el vicedirector de El Mundo en “Titadyn” (pp. 17-18):

El asunto de los explosivos no habría despertado ninguna polémica si no hubiera sido por la torpeza del propio Sánchez Manzano. Efectivamente, el comisario jefe de los Tedax, en su comparecencia ante la Comisión de Investigación del 11-M, que tuvo lugar el 7 de julio de 2004, a una pregunta del diputado del PP Jaime Ignacio del Burgo sobre la composición del explosivo usado por los terroristas, respondió: «He dicho que los restos de los focos de las explosiones llegan a la unidad a las 12.30; se inicia su análisis y se obtienen los primeros resultados en torno a las 14.00 horas [del 11 de marzo]. En algunos casos (en concreto en ocho de los diez focos), no en todos, cuando se hace el análisis de los restos del foco de la explosión logramos encontrar restos de nitroglicerina, y la nitroglicerina es el componente de todas las dinamitas». Posteriormente, durante el mismo interrogatorio, pero esta vez a preguntas del diputado del Grupo Mixto José Antonio Labordeta, Sánchez Manzano volvió a insistir sobre el mismo tema: «A las 14.00 horas, como son muestras obtenidas en los restos que ha dejado la explosión, lo único que se puede averiguar es que es dinamita, porque lo único que se puede encontrar es nitroglicerina, que es componente común en todas las dinamitas».

¿Que el asunto de los explosivos no habría despertado ninguna polémica sin este incidente? Visto lo visto, me permito dudarlo. A algunos autores no les hace falta estímulo externo alguno para descubrir grandes misterios. De hecho, hemos comprobado en anteriores entregas que el asunto de la metenamina, en realidad, estaba ya resuelto en el seno de la investigación antes incluso de que empezara la algarabía mediática.

Sea como fuere, la referencia anterior abre el camino a un examen minucioso que nos llevará a los orígenes mismos de gran parte del conspiracionismo del 11-M en materia de explosivos. Aunque ello nos apartará temporalmente de la mera discusión lineal del libro que venimos comentando, servirá, a mi juicio, para analizar en detalle sus principales presupuestos y fundamentos, esto es, sus antecedentes y el contexto en que se enmarca. Son muchos y muy diversos los aspectos que quiero abordar de manera coordinada, por lo que la tarea expositiva dista de ser fácil. Trataré, no obstante, de seguir un orden que permita desbrozar la complejidad de los diversos elementos entrelazados y hacerlos razonablemente inteligibles.

Efectivamente, el extenso prólogo de “Titadyn”, firmado por el vicedirector de El Mundo, se ha presentado como “una auténtica hoja de ruta del estado de la cuestión” (Pedro J. Ramírez, citado en EM, 2.6.2009). Como he dicho, centrarme en él ahora permitirá continuar el posterior análisis de los desvaríos del Sr. Iglesias con una mayor comprensión del marco, digamos, “teórico e histórico” en que se inserta. En este sentido, el texto del vicedirector de El Mundo es, en efecto, un compendio sumamente ilustrativo y revelador de casi todos los males del conspiracionismo del 11-M: de su metodología falaz, de su nulo respeto por la verdad de los hechos, de su indistinguible mezcolanza de ineptitud y malicia.

Y es que don Casimiro García Abadillo (CGA, para abreviar) es uno de los personajes más notables de la producción conspiracionista. En particular, destaca por su cínica capacidad fabuladora y autocontradictoria según los intereses del momento. Prácticamente no hay un solo aspecto del 11-M en el que no sea posible hallar una manifestación y su contraria firmadas por él en distintos momentos. CGA, por ejemplo, es quien, en un encuentro digital en elmundo.es de 14.9.2004, cuando un lector le preguntaba precisamente por qué los terroristas de Leganés no se habían inmolado en los trenes si eran tan fanáticos, respondió que porque se trataba de

…la primera de una serie de acciones terroristas. Voy a dar un dato que demuestra que en el atentado del 11-M todavía no habían decidido inmolarse: cuando un terrorista islámico decide suicidarse y graba su mensaje en vídeo, lo hace a cara descubierta, porque no hay ninguna razón para ocultarse ya que va a morir. Los dos vídeos grabados por los autores del 11-M demuestran que todavía no habían decidido cuál sería su última acción.

El mismo CGA que, apenas un par de años más tarde, se olvida de su propia explicación y pasa a preguntarse:

¿Por qué no se suicidaron ‘El Tunecino’, ‘El Chino’ y sus secuaces en los trenes el 11-M? «Porque querían seguir atentando», dicen los exégetas de la teoría oficial. Y se quedan tan contentos. (CGA, EM, 25.7.07).

Además de no leerse su propio periódico:

Los terroristas islamistas no se inmolaron en los trenes de cercanías porque querían concluir su yihad con otras masacres. (Editorial, EM, 11.4.2004)

Podríamos dedicarle un monográfico, pero, para no distraernos en exceso, concluyamos con una muestra más pertinente a los efectos que nos ocupan. Sí, en lo que ahora nos atañe, CGA es también el que escribía que:

Otro explosivo lleva necesariamente a otros autores. Eso es evidente. Y, desde luego, la aparición de Titadyn lleva indefectiblemente a ETA. (CGA, EM, 18.6.2007)

Demostrando, una vez más, que seguía sin leerse su propio periódico:

Para evitar malentendidos, lo primero que cabe decir es que el hallazgo de los peritos no presupone, ni mucho menos, que ETA fuera la autora del 11-M. Otros grupos terroristas pudieron haber tenido acceso al explosivo Titadyn […]. (Editorial, EM, 2.4.2007)

El mismo García Abadillo, que, transcurridos otros dos años, pasaba de la “indefectibilidad” al ¿yo he dicho ETA?:

[N]o estalló Goma 2 ECO, sino que estalló, al menos en uno de los focos, Titadyn, y, por lo tanto, […] tiene que haber unos autores que nunca se han sentado en el banquillo. […] ¿Qué autores? Bueno, pues yo, desde luego, no voy a cometer la torpeza de decirlo sin tener pruebas. (CGA en La Tarde con Cristina, 2.7.2009, 10:55)

En mi opinión, esta maleabilidad narrativa es un rasgo característico de los cuentistas interesados, que ajustan los datos a un marco variable de acuerdo con la conveniencia del momento, de modo que sólo el resultado último se mantiene intacto: denigrar la denominada versión oficial. En lo sucesivo, tendremos ocasión de examinar nuevas manifestaciones de esta característica, así como otros rasgos normalmente asociados a la mendacidad del fabulador profesional.

Siguiendo con nuestra exposición, veíamos que, en “Titadyn”, el vicedirector de El Mundo atribuía el origen de la polémica sobre los explosivos a la “torpeza” de Sánchez Manzano en la comisión de investigación del 11-M, al declarar que, en el análisis de los focos de explosión de los trenes, había aparecido nitroglicerina. Para Luis del Pino, también “son de hecho, estas declaraciones de Sánchez Manzano las que marcaron el principio del fin de la versión oficial” (LdP, “11-M. Golpe de Régimen”, p. 32). ¿Por qué? Muy fácil, porque la Goma 2 ECO no tiene nitroglicerina. A partir de aquí, pueden perfilarse varias historietas. Por un lado, la novela general, compartida por casi todos los conspiracionistas y, en particular, los dos autores que acabo de mencionar, acerca de la supuesta ocultación de los resultados auténticos de esos análisis, la rotura de protocolos, el falseamiento de los datos para vender la Goma 2 ECO a la opinión pública, bla, bla, bla (ya se discutirá más adelante). Por otro lado, no deja de tener interés la historia misma de ese sensacional descubrimiento del desliz de Sánchez Manzano en la Comisión. Y ahí don Casimiro y don Luis no se ponen de acuerdo.

Pero, antes de examinar ambas cuestiones, observemos brevemente un ejemplo (en absoluto aislado) del periodismo que practica el Sr. García Abadillo. Recordemos que este autor atribuye a Sánchez Manzano dos citas literales: la respuesta del Jefe de los Tedax al Sr. Del Burgo y la respuesta al Sr. Labordeta. Así es como el vicedirector de El Mundo reproduce la primera de ellas:

«He dicho que los restos de los focos de las explosiones llegan a la unidad a las 12.30; se inicia su análisis y se obtienen los primeros resultados en torno a las 14.00 horas [del 11 de marzo]. En algunos casos (en concreto en ocho de los diez focos), no en todos, cuando se hace el análisis de los restos del foco de la explosión logramos encontrar restos de nitroglicerina, y la nitroglicerina es el componente de todas las dinamitas».

Por suerte, hoy día cualquiera puede consultar la cita original del ex jefe de los Tedax en el correspondiente Diario de Sesiones sin moverse del sillón (sesión de 7.7.2004; p. 4). Observen las diferencias. He aquí lo que de verdad expuso Sánchez Manzano:

He dicho que los restos de los focos de las explosiones llegan a la unidad a las 12:30; se inicia su análisis y se obtienen los primeros resultados en torno a las 14:00 horas. Tampoco le sé precisar ahora exactamente a qué hora pudo ser cuando se obtuvieron los primeros resultados fiables sobre los que ya se puede pronunciar el jefe de unidad o cualquier especialista, porque si no, no lo hacen. Ahí el resultado que se obtiene es que es dinamita, sin poder precisar la clase comercial de dinamita. Esto es así porque cuando se produce la explosión, la alta combustión destruye todos los componentes de los explosivos. En algunos casos, no en todos, cuando se hace el análisis de los restos del foco de la explosión logramos encontrar restos de nitroglicerina, y la nitroglicerina es el componente de todas las dinamitas.

Para poner las cosas fáciles, he subrayado en el texto referido por García Abadillo la morcillita que éste se permite añadir libremente, dentro de un texto entrecomillado que atribuye literalmente a Sánchez Manzano (también subrayo el pasaje correspondiente en la cita auténtica). [Por cierto, esto ya lo señaló Elkoko en su día y coincido plenamente con su apreciación]. Alguien podría ser benévolo con don Casimiro y pensar que simplemente ha hecho un uso heterodoxo de los paréntesis para su interpolación (“en concreto en ocho de los diez focos”), allí donde la mayoría de los que trabajamos cotidianamente con textos sabemos que deben emplearse corchetes (entre otros, véase el Diccionario de Dudas de la RAE, lema “corchete, punto 2.c): al fin y al cabo, el Sr. García Abadillo sólo es el vicedirector del segundo periódico de España, cargo para el que aparentemente no se exige saber escribir… Pero no, no es posible. Podemos estar seguros de que el Sr. García Abadillo sí sabe que las interpolaciones se escriben entre corchetes, porque, de hecho, los utiliza correctamente dentro de su misma cita para apuntar la fecha “del 11 de marzo”, (texto que más arriba he marcado en color marrón). Por tanto, cuando decide añadir entre paréntesis la frase que he señalado (“en concreto en ocho de los diez focos”), dando a entender que es el propio Sánchez Manzano quien la utiliza, por no mencionar la larga elipsis que el vicedirector de El Mundo también olvida señalar, debemos suponer que lo hace con pleno conocimiento de causa. Y el detalle, pese a lo que pueda pensarse, no es menor, no es una simple minucia estilística o tipográfica. Aunque tendremos ocasión de examinarlo pormenorizadamente, la manipulación es importante porque, refiriéndose concretamente a esta respuesta y ante el incipiente revuelo mediático, Sánchez Manzano trató de excusarse posteriormente ofreciendo en particular la siguiente aclaración ante el juez Del Olmo el día 17 de julio de 2006 (según se recoge en “Titadyn”, p. 20):

Es errónea la afirmación vertida por él en el sentido de que se identifica en los focos de las explosiones nitroglicerina y que tal expresión, en el contexto en que la estaba pronunciando, se estaba refiriendo en general a los focos de las explosiones de cualquier atentado, no en concreto a las del 11-M, en las que intervino su unidad.

Téngase en cuenta que, lo consideremos o no verosímil, el sentido literal de su cita original es susceptible de recibir esta interpretación, mientras que, tras el apósito (y la amplia omisión) de García Abadillo, eso no es posible. Es decir, sea o no convincente esta concreta explicación de Sánchez Manzano para la primera de sus citas (la respuesta a Del Burgo), García Abadillo, artificialmente, la hace imposible. Se trata de una manipulación poco sutil y muy reveladora. Que el vicedirector de El Mundo se permita además apostillar su comentario a las explicaciones del ex jefe de los Tedax con un “se pilla antes a un mentiroso que a un cojo” (p. 21 de “Titadyn”), es una broma de mal gusto.

Con estos antecedentes, ¿qué puede esperarse? Las páginas del prólogo de CGA serían un festival de la risa si el asunto no fuera tan grave. Me permito sugerir inmediatamente una simple reflexión que resultará imperiosa a medida que avancemos en el presente examen: si con referencias públicas, abiertas, perfectamente contrastables, al alcance de cualquiera, el Sr. García Abadillo comete estas evidentes tropelías y tergiversaciones, ¿qué crédito habrá de darse a las remisiones que hace (y son muchas y muy variadas) a fuentes privadas (de hecho, exclusivas, pues sólo él aparece como testigo en la mayoría de los casos), sobre las que nada podemos comprobar de manera independiente? En relación con esto último, Manel Gozalbo hizo en su día una observación muy pertinente que me permito reproducir (“Titadynante es poco”, 6.6.09):

Otro tipo distinto de endeblez formal es el abuso de las fuentes anónimas. Que si un Garganta Profunda en los Tedax; que si un amigo del CNI; que si un alto magistrado; que si un presunto amigo de Gómez Bermúdez; que si uno me dijo en privado; que si yo le dije. En general es una mala práctica que retrata como fabulador a quien la emplea […]

Pues bien, aunque Sánchez Manzano atribuyó insistentemente a un simple error su referencia en sede parlamentaria, decíamos que el dato de la nitroglicerina era muy importante para el devenir de las teorías conspirativas. De hecho, el editorial de El Mundo de 14.7.06 señalaba nada menos que la “nitroglicerina” era “la palabra que puede cambiar la historia del 11-M”. Para Jaime Ignacio del Burgo, “la nitroglicerina dinamita el sumario” (EM, 23.7.06). Y no olvidemos las implicaciones, en relación con la autoría. Así, en una de sus múltiples y volubles manifestaciones, CGA escribía (EM, 20.7.06): “la aparición de nitroglicerina […] llevaba casi necesariamente a que el explosivo fuera Titadyn y, por lo tanto, a la autoría de ETA.” Una afirmación verdaderamente audaz. En la misma línea, Jiménez Losantos (Cope, 11.7.06, Federico a las 6, 5:30) remachaba: “La diferencia entre que haya nitroglicerina o no, es nada menos que […] si pudo volar los trenes la ETA o los islamistas.” Nada menos.

En este sentido, la historieta general a la que antes me refería puede compendiarse acudiendo a multitud de referencias. Para limitar el estorbo documental, no obstante, me ceñiré a un par de ellas, suficientemente representativas. Luis del Pino, en particular, en su conferencia en Málaga de 22 de junio de 2007, señalaba:

[N]os preguntamos dónde estaba el punto original de la mentira, y nos dimos cuenta de cuál era: es que nos habían mentido desde la propia mañana del 11-M con respecto a lo que había aparecido en los trenes. Lo que sucedió a partir de un par de horas después de los atentados es que se inició una operación sistemática de destrucción de las pruebas reales […] y, al mismo tiempo, se empezaron a sacar pruebas falsas de fuera de los trenes: mochila de Vallecas, furgoneta Kangoo, Skoda Fabia, para que fijáramos nuestra vista fuera de los trenes y para vendernos una versión de lo que había pasado basada íntegramente en pruebas falsas aparecidas fuera de los trenes. ¿Qué era lo que había estallado en los trenes? Pues, curiosamente, fue dos años y tres meses después de la matanza cuando nos dimos cuenta de que es que nadie nos había respondido a esa pregunta, y que ésa era la pregunta fundamental: el arma del crimen. En julio de 2006 nos dimos cuenta de que, cuando se había celebrado la comisión de investigación del 11-M, al Sr. Sánchez Manzano, jefe de los Tedax, se le había escapado que en las muestras de los trenes había nitroglicerina, y eso, pues tenía una gran importancia, porque la nitroglicerina no forma parte de la GOMA 2 ECO, que era el explosivo que la versión oficial dice que se utilizó. Por tanto, si Sánchez Manzano, jefe de los Tedax, dijo la verdad en la comisión de investigación del 11-M, toda la versión oficial era falsa. Y, a partir de ahí, ya estalló el escándalo de los explosivos, que ha terminado [motivando] que el Tribunal ordenara que se analicen las muestras que estuvieron en los trenes y, a raíz de ese análisis, resulta que se confirma que aparecen componentes que no forman parte de la GOMA 2 ECO.

Efectivamente, uno de esos componentes era también el DNT, que en 2007 se detectó en muestras de todos los focos, y la nitroglicerina, hallada en una sola muestra de un solo foco (la famosa muestra M-1). ¿Qué podría haber ocurrido? Luis del Pino, nuevamente, nos relata “la película de los hechos” en la entrada de su blog de 31.3.2007:

La película de los hechos se va completando. Aquella mañana del 11 de marzo, estalló en los trenes un explosivo que tenía nitrato amónico, nitroglicol, nitroglicerina y dinitrotolueno. Los análisis realizados a primera hora habrían arrojado la presencia de esos componentes, pero alguien tomó la decisión de ocultar aquellos datos que apuntaban a ETA (porque esos cuatro componentes forman parte, entre otras dinamitas, de la Titadyne) y volcar las elecciones sacando las pruebas falsas necesarias para poder responsabilizar a algún cabeza de turco con perfil islamista.

Para ello, según nuestros pesquisidores mediáticos, se rompieron los “protocolos”, en especial, al retener los Tedax las muestras de los focos en su sede y no enviarlas al laboratorio de la Policía Científica, único, en su opinión, habilitado legalmente y capacitado técnicamente para efectuar análisis periciales válidos (véase, entre otros, CGA, EM, 20.11.2006; parecida cantinela, resumiendo la narrativa del Sr. Del Pino al respecto en su segundo libro sobre el 11-M, puede leerse en un artículo de El Mundo de 5.11.2006). La perito de los Tedax, en cambio, varias semanas después de los atentados, se limitó a enviar al juez Del Olmo un informe donde indicaba que en los focos se habían encontrado “componentes genéricos” de las dinamitas, sin poder especificar la marca comercial, alegando que tal especificación era imposible en dinamitas que habían hecho explosión. Esto, afirman los conspiracionistas, es falso. La Policía Científica habría podido determinar perfectamente la marca de la dinamita a partir de los focos de explosión, pero se le impidió hacerlo. La jugada se destapó cuando, tras las investigaciones periodísticas, el tribunal ordenó realizar nuevos análisis a las muestras de explosivos. Y allí se descubrieron los dos componentes delatores: el DNT y la nitroglicerina. Y ello, a pesar de las acciones “negligentes y aberrantes” de la perito de los Tedax, porque, en efecto, como resume el Sr. Iglesias:

Pues no, [Sánchez Manzano] no se había equivocado [en la Comisión del 11-M], y la prueba, pues son pruebas analíticas, pruebas de una objetividad demoledora. Lo vimos los ocho peritos que intervinimos en la prueba pericial. Los ocho vimos todos los componentes que habían salido en los focos de explosión, entre ellos, la nitroglicerina, que se pudo detectar por análisis cualitativo, de cromatografía de gases, justamente en la única muestra que no había sido lavada con agua y acetona, porque esa cáscara de plátano nos la pusieron debajo de los pies: entregarnos unas muestras metálicas lavadas con agua y acetona. Con lo cual, el agua se había llevado por delante los analitos inorgánicos y la acetona los analitos orgánicos. Es decir, que si hubiera habido nitroglicerina en todas esas muestras, se lo llevó el lavado. Entonces, esto fue una práctica que en análisis no se puede hacer nunca. Sí hay que lavar las muestras para hacer unos extractos, pero luego esos extractos se guardan y se someten a unas pruebas analíticas fehacientes para determinar lo que hay. Lo que no se puede hacer nunca es tirarlo, que es lo que hicieron los TEDAX. [Perito Antonio Iglesias, La Tarde con Cristina, COPE, 2.7.2009, 6:50]

Lo que finalmente se llega a sostener sin ambages es que la divulgación de esos dos elementos, la mera mención de estas dos palabras, nitroglicerina y DNT, en su momento, es decir, antes del 14 de marzo de 2004, habría alterado el resultado de las elecciones, cambiando así la historia política de España. Esto se puso de manifiesto especialmente al hilo del DNT que Alfonso Vega detectó en una revisión (de mayo de 2007) de los resultados del análisis efectuado el mismo día de los atentados sobre la muestra M-3 (muestra patrón de Goma 2 ECO proporcionada por los Tedax).

[Nota: en este episodio, la manipulación de El Mundo alcanzó cotas difícilmente superables, como expuse parcialmente en otro artículo (“Héroes del periodismo patrio”). En particular, el diario de marras se empeñó en atribuir el DNT al resto de explosivo hallado en la Kangoo (es decir, a la muestra M-2), ignorando flagrantemente que Vega hablaba de la M-3, es decir, la muestra usada como cotejo, procedente del almacén de los Tedax y que no tenía estrictamente nada que ver con ningún escenario de los atentados.]

Así, el entonces portavoz del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana, se preguntaba “¿Qué hubiera pasado si ese dato se conoce el 11-M?” (EM, 28.5.2007):

El propio Zaplana se respondió: «Los hechos se habrían producido de otra manera y la valoración que habrían hecho los ciudadanos habría sido otra». El resultado de[l] […] análisis […] de la muestra de la estación de El Pozo [M-1] (en el que la Policía no detectó la presencia de nitroglicerina, que sí aparece en la nueva pericia encargada por el tribunal) y el hallazgo de la mochila de Vallecas en la madrugada del 12-M determinaron la orientación de la investigación hacia el terrorismo islamista.

En coincidencia con lo señalado por el editorial de El Mundo del día anterior (27 de mayo de 2007):

Se nos pretende hacer creer que ninguno de los análisis realizados en aquella jornada [del 11 de marzo] detectó la presencia de nitroglicerina en el polvo de extintor, que se ha encontrado tres años más tarde, ni la de DNT en los restos de la Kangoo. […] Si se hubiera dicho entonces que en los restos de la Kangoo había DNT y en los de uno de los focos, nitroglicerina, ambos componentes del Titadyn, la investigación policial y la opinion pública habrían dirigido sus sospechas en otra dirección [distinta de la islamista].

Acompañando a Jiménez Losantos en los micrófonos de la COPE (29.5.2007, Tertulia, 49:00), el director de El Mundo se expresó igualmente con inequívoca contundencia:

[Pensemos que el 11 de marzo a este hombre, A. Vega, le corresponde analizar] las muestras de lo encontrado en la Kangoo, y de uno de los restos, de los focos de los trenes. Y resulta que este señor pretende que, tres años después, nos creamos que entonces no se dio cuenta de que los cromatógrafos registraron […] la presencia […] del DNT y de la nitroglicerina […], las dos cosas que ahora se han encontrado. Pues es imposible que nos lo creamos. Es… todo indica que este policía, de acuerdo con otros, manipuló, escamoteando a la op… a sus superiores y a la opinión pública, los resultados de esos análisis, que hubieran cambiado, sin duda, la historia política de España en ese fin de semana.

Un día después, en el mismo escenario, también el iniciador de los “Agujeros negros del 11-M” y reportero de El Mundo, Fernando Múgica, insistió en la importancia casi milagrosa que tales elementos habrían tenido para el resultado de las elecciones (Cope, 30.5.2007, Entrevista con F. Múgica y Luis del Pino, 9:22):

Ahora vayamos al principio de todo. El principio de todo es que el día 14 de marzo de 2004 […] el Sr. Manzano, jefe de los Tedax, estaba absolutamente seguro de lo que había explotado, y era Goma 2 ECO. Y no nos olvidemos de una cosa: aquí lo que cambió todo en la sociedad española es que se creyeron esa versión de que lo que había explotado era Goma 2 ECO. Bueno, ahora sabemos que no es verdad. […] Había elementos que no eran de la Goma 2 ECO. ¿Se imagina el oyente, o ustedes, si realmente aquello se hubiera publicado aquel día? Es decir, hubiera cambiado todo […], claro, hubiera cambiado todo. […] Bueno, es que es gravísimo, es que cambió prácticamente la historia de España por esas frases… es decir, hay que pedir responsabilidades.

Y, ¿por qué todo esto? El mecanismo causal, el sustrato “teórico” que engarza todos estos supuestos “hechos” viene a asumir una serie de postulados de los que sus valedores se hacen eco o se desentienden según la conveniencia y adaptable oportunismo del personaje de turno, pero que puede exponerse así: el debate político principal inmediatamente antes de las elecciones se resumía en la incógnita sobre la autoría de los atentados, porque, se nos dice, si era ETA ganaba el PP y, si eran los islamistas, ganaba el PSOE. Que fueran unos u otros dependía, al parecer casi exclusivamente, del tipo de explosivo; más concretamente, titadyn igual a ETA. Y esto, a su vez, dependía, al parecer también de forma casi exclusiva, del resultado analítico. De modo que, en suma: si hay nitroglicerina (y, más tarde, también DNT), es (sólo puede ser) titadyn, y si es titadyn, es (sólo puede ser) ETA. Y, si es ETA, ganaba el PP. De modo que, para que no ganara el PP…

Este apresurado y simplista encadenamiento argumental no es invención mía. En su expresión más elemental:

El explosivo que tenía la ETA en grandes cantidades era Titadyn: nitroglicerina. Lo que se encuentra en los trenes es nitroglicerina, luego la ETA. (Jiménez Losantos, Cope, 11.7.06, Federico a las 6, 32:41)

En las siguientes entregas desgranaré en buena medida los principales puntos aquí esbozados. En cualquier caso, me interesa destacar inmediatamente algunas ideas que, a modo de orientaciones generales, espero que se reflejen en mi análisis, siquiera de manera implícita.

En primer lugar, espero mostrar (quizá con indigesto detalle) que muchos de los “hechos” asumidos por los conspiracionistas en su historieta general son simplemente falsos, es decir, inexistentes, o están gravemente distorsionados. Resulta decepcionante comprobar, sin embargo, que el martilleo continuo de los medios conspiracionistas ha conseguido grabar en el imaginario colectivo con más que moderado éxito ciertas convicciones fácticas, casi como frases hechas, sobre cuya realidad nadie parece formular objeción alguna. Así, incluso personas que no simpatizan con la causa conspirativa comienzan sus razonamientos discrepantes dando por bueno tal o cual “hecho”, del que simplemente extraen distintas conclusiones. En este sentido, constato con desmayo, por poner sólo un ejemplo, que incluso la esposa de Gómez Bermúdez, en su libro “La soledad del juzgador” (en particular, páginas 194 y 195), da por buena la afirmación de que la muestra M-1 era la única que no fue lavada con agua y acetona. Observando al público en general, esta actitud parece plasmarse en comentarios del tipo “vale, la instrucción fue una chapuza, ¿y qué?” No, es que, precisamente, la instrucción no fue ninguna chapuza. Pero ocurre con todo esto como con la expresión “tener más agujeros que un queso de Gruyère”, cuando es sabido que el auténtico queso de Gruyère no tiene agujeros. A golpe de titular sonoro y picando la mina con la pertinacia insomne y eficaz que permiten los ingentes recursos mediáticos, se acuñan máximas facilonas cuya veracidad pocos se molestan en cuestionar.

Seguidamente, y por si lo anterior no bastara, aun cuando los hechos básicos no fueran inexactos, las conclusiones que de ellos se extraen y, en particular, el marco teórico (así como los presupuestos de éste) en que se integran son, en demasiadas ocasiones, francamente absurdos, casi imbuidos de una especie de pensamiento mágico. A modo de analogía anecdótica, esa especie de chamán aventurero y pirado que fue Aleister Crowley (1875-1947), pretendía que determinados ritos esotéricos llevados a cabo por él en París fueron el auténtico origen de la Primera Guerra Mundial. Pues bien, algunos razonamientos conspirativos en materia de 11-M no me parecen mucho menos peculiares: en Leganés apareció un cadáver con los pantalones al revés, luego… allí no se suicidó nadie, sino que se hizo un “teatro” con siete tipos que ya estaban muertos; o la nitroglicerina significa… que el PP habría ganado las elecciones.

En el mejor de los casos, especialmente en el ámbito de los explosivos, la lógica conspirativa incurre en una clara falacia retrospectiva que hace un uso anacrónico de los datos. No estoy produciendo ninguna innovación académica: la psicología lleva años estudiando el sesgo retrospectivo y, más concretamente, la llamada “falacia del historiador”. En suma, los acontecimientos pasados deben examinarse dentro del marco cognitivo contemporáneo de los agentes de que se trate (es decir, teniendo en cuenta quién sabía qué y cuándo), no retrotrayendo conclusiones, valoraciones y conocimientos adquiridos a posteriori.

[INCISO: Por cierto, en esto último coincido con personas tan poco sospechosas como el Sr. Acebes y el Sr. Díaz de Mera (Director General de Policía en el momento de la masacre), quienes, en sus respectivas declaraciones ante la Comisión de Investigación, insistieron en la importancia de analizar los hechos de manera congruente con lo que en cada momento se sabía. Así, el Sr. ex Ministro del Interior, afirmó (sesión de 28.7.2004):

[Dirigiéndose al Sr. Jané i Gulasch] ¿Para usted, que apunta hacia el terrorismo islamista, la aparición de Goma 2 ECO era suficiente para que yo pudiese decir que era preferente el terrorismo islamista? Con lo que sabe usted a día de hoy, puesto el día 12. [p. 22]

[Dirigiéndose al Sr. Olabarría Muñoz] Es que usted cuenta resultados finales de la investigación, los coloca el día 11 y al final extrae una conclusión; usted no se ha colocado de manera intelectualmente honesta en las 17:30 horas de ese día y con la información que había. Usted está utilizando información posterior y la trae, la retrotrae a las 17:30 horas […] [p. 45].

Y el Sr. Díaz de Mera, refiriéndose a un incidente que también se abordará en su momento (el error en la información de que había estallado “Titadyn”) (sesión de 22.7.2004, p. 17):

[A]hora le damos una importancia muy grande a ese hecho, que sin duda lo tiene, pero es una importancia descontextualizada. Tiene una fijación temporal contemporánea, no en aquel momento.

Fin del inciso]

Sin perjuicio de un ulterior análisis más pausado, trataré de explicar brevemente esta observación. No me parece falaz (en abstracto) sugerir que el conocimiento de la presencia de nitroglicerina y/o DNT en los análisis de 2004 (suponiendo que su existencia entonces fuera genuina, algo que no estoy dispuesto a aceptar y que sólo menciono a efectos discursivos) pudiera haber tenido tal o cual resultado. Retrotraer hipotéticamente unos simples datos no tiene por qué ser erróneo cuando lo que se argumenta, precisamente, es que tales datos se ocultaron para evitar ciertos efectos [podemos dejar de lado por el momento el problema de los “contrafácticos”, que son otro cantar]. Lo que me parece falaz es pretender proyectar hacia el pasado unos determinados datos y, además, analizarlos (es decir, analizar sus pretendidos efectos y repercusiones) según un esquema mental actual que es prácticamente imposible que los actores pertinentes tuvieran en aquel momento. Adelantando un poco la cuestión, para ser más explícito, lo que deseo mostrar es que es absurdo pretender que la mera mención de las palabras “nitroglicerina” y/o “DNT” hubiera provocado antes de las elecciones del 14-M el efecto que los conspiracionistas aducen años más tarde. Porque no se trata de que el público tuviera entonces noticia de esos elementos, sin más, sino de que fuera capaz de identificarlos y reconocer inmediatamente su supuesta importancia, según parámetros, esquemas, conocimientos e intereses que sólo han podido desarrollarse mucho después, tras un prolongado proceso de polémicas e investigaciones. Como bien dijo Sánchez Manzano en su declaración ante el tribunal del 11-M (14.3.2007), explicando su desliz parlamentario a cuenta de la nitroglicerina:

Bueno… es eh… es un error… una utilización de… inadecuada de un término, que además salió publicado en la prensa el mismo día 8 [de julio de 2004], y también en Internet y nadie se dio cuenta hasta dos años después. Eso explica lo fácil que era cometer esa equivocación.

Efectivamente, el 8 de julio de 2004, el día después de la declaración de Sánchez Manzano ante la Comisión de Investigación, El Mundo publicó una reseña de su comparecencia en la que explícitamente se recogía la respuesta del Jefe de los Tedax a Del Burgo, nitroglicerina incluida. Y, efectivamente, nadie se dio cuenta de nada en dos años, con las máquinas de las “investigaciones periodísticas” a todo gas. En estas circunstancias, ¿resulta creíble imaginar que, sólo dos o tres días antes de las elecciones, la mención de esa palabra mágica habría transmutado como por alquimia los resultados de la votación?

Todos estos asuntos serán discutidos con la extensión necesaria en próximas entregas.

(Continuará)

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4 Responses to “Titadyn, el eterno retorno (XIII) por Rasmo”

  1. […] ya sugerí en la anterior entrega, la propia historieta del descubrimiento mediático en lo que atañe a la nitroglicerina tiene […]

  2. […] primera vez de nitroglicerina”. Esa primera vez no era otra que la reproducida al inicio de la entrega XIII, en la que Sánchez Manzano, en respuesta a Del Burgo, afirmaba: “En algunos casos, no en todos, […]

  3. […] primera vez de nitroglicerina”. Esa primera vez no era otra que la reproducida al inicio de la entrega XIII, en la que Sánchez Manzano, en respuesta a Del Burgo, afirmaba: “En algunos casos, no en todos, […]

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