Titadyn, El Eterno Retorno (XII) por Rasmo

Titadyn, El Eterno Retorno (XII) por Rasmo

Para mentís de agoreros contrincantes, que no se molestaron en comprobar si nuestro Foro seguía vivo, publicamos aquí la esperada siguiente entrada de las Aventuras de Tytadin, la roca de Sísifo de los tiempos modernos de nuestro amigo Rasmo

(Continúa del anterior capítulo)

La presente entrega constituye un excurso respecto del hilo principal, aunque espero que su conexión con los puntos tratados en las páginas inmediatamente anteriores quede fácilmente de manifiesto. En último término, pretendo ilustrar la actitud informativa de El Mundo y allegados, que considero deleznable, y el uso y abuso que hacen del pretendido carácter científico de “Titadyn” y de sus hallazgos.

En esta pieza seguiré mi costumbre de documentar cada una de mis afirmaciones de hecho en la medida de lo posible, aunque, sobre la base de tales hechos, admito que me permitiré alguna que otra inferencia más o menos especulativa, en las proximidades de una práctica que no goza de mi favor: la atribución de intenciones. Creo sinceramente que efectuaré atribuciones verosímiles y en cualquier caso más prudentes y articuladas que cualquier ejercicio de hermenéutica malévola al que nos tienen acostumbrados las fuentes habituales en todo lo que afecta a la versión oficial. Pero, sea como fuere, dado el carácter incidental y accesorio de estas reflexiones, su mayor o menor grado de acierto no tiene en última instancia gran influencia sobre la valoración de fondo que vengo desarrollando respecto al libro examinado.

Concluía mis anteriores reflexiones en torno a la metenamina y la supuesta “granulometría” del almidón señalando las absurdas conclusiones a las que necesariamente conduce la argumentación del Sr. Iglesias. Señalé, además, que buena parte de estas conclusiones no necesitan ser extraídas por ningún observador externo, sino que se ofrecen de manera explícita en la obra discutida, sin mediación interpretativa alguna. Siendo así, resulta llamativa la simple constatación de que nadie que se haya informado del libro de manera periférica, es decir, sin leer detalladamente su texto, sino a través de la prensa afecta, podría conocer la existencia de tales conclusiones expresadas en el “informe” que supuestamente ha de reabrir la investigación del 11-M. Ello es particularmente relevante por cuanto cabe suponer que el número de compradores y lectores atentos de “Titadyn” (porque realmente hay que ser minucioso en la lectura para caer en la cuenta de determinados datos) será inmensamente inferior al número de usuarios de los medios que han dado cobertura y apoyo a dicho libro. Es decir, gran parte del público se habrá visto expuesta, voluntaria o involuntariamente, a la presentación mediática de las conclusiones supuestamente más relevantes del libro de referencia, pero muy pocos habrán tenido ocasión de contrastarlas de primera mano con la fuente original.

Curiosamente, dichas conclusiones, tal como las presentan El Mundo y compañía, coinciden punto por punto con lo publicado durante años por tales medios: concretamente, en lo que atañe a la metenamina y sus consecuencias, que la muestras M-2 (resto de explosivo hallado en la Kanggo) y M-3 (explosivo de cotejo aportado por los Tedax) tienen la misma procedencia. Si bien se añaden, aparentemente, nuevas razones, las conclusiones extractadas permanecen básicamente inmutables. Y digo que esto es curioso porque, como espero haber mostrado sobradamente en las entregas precedentes, el libro del Sr. Iglesias va mucho más allá de las alegaciones tradicionales. Mucho, mucho más allá.

Permítanme que haga un símil un tanto burdo. Supongamos que mi gato desaparece un buen día. Yo sé que tengo un vecino gruñón al que nunca le gustó mi gato. En consecuencia, empiezo a acusarle pertinazmente de haber sido el responsable de la desaparición de mi mascota. Finalmente, se produce un registro en casa de mi vecino y, efectivamente, en un armario aparece mi gato disecado. Pero, y esto es lo importante, junto a mi querido animal se encuentran decenas de cadáveres de personas cuyo paradero se desconocía desde años atrás. De hecho, ese descubrimiento supone que mi vecino es uno de los mayores criminales de la historia reciente del país. Ahora, imaginemos cuál sería el titular más lógico al día siguiente en el periódico local: A) “Demostrado. Rasmo tenía razón: su vecino mató al gato”, sin la menor alusión (repito: sin la menor alusión) al resto del macabro hallazgo. O bien algo así: B) “La casa de los horrores: la Policía detiene a un brutal asesino en serie que escondía los restos de sus víctimas en su apartamento”; si se quiere, con alguna alusión a que “todo empezó con la mera sospecha de un vecino sobre la desaparición de su gato”.

En serio: ¿Ustedes verían normal que un periódico se quedara únicamente en la desaparición de una simple mascota, ignorando por completo el terrible crimen que acabo de plantear? Pues bien, eso, eso exactamente, es lo que El Mundo ha hecho al informar sobre la obra que tanto fervor parece haber causado en sus filas.

En efecto, ¿qué ha extraído El Mundo del libro del Sr. Iglesias (a medias con su propio vicedirector)? La misma conclusión última que ha estado vendiendo durante años: que el resto de Goma 2 ECO de la Kangoo y la muestra de cotejo enviada por los Tedax procedían del mismo cartucho o, al menos (y esta es la única novedad aparente, aunque sin la menor trascendencia práctica), del mismo almacén: el de los Tedax. Con un ropaje pretendidamente científico y alguna pincelada novedosa en cuanto a los argumentos, pero el mismo producto noticioso al fin y al cabo. Es decir, El Mundo se limita a “confirmar” sus alegatos tradicionales [véase, por ejemplo, el editorial de 12 de mayo de 2009].

Pero, con ser grave que esa supuesta manipulación de pruebas tantas veces invocada se hubiera producido, en sí misma nada dice sobre los demás restos de explosivos. Si la mochila es auténtica y contiene Goma 2 ECO, por ejemplo, el fondo de la cuestión, el “arma del crimen”, sigue inalterado, por mucha enjundia político-mediática que el anterior episodio pudiera tener. Por tanto, si bien el libro que discutimos, a ojos de sus propagandistas, corrobora y reafirma una vieja y conocidísima alegación, nada parece aportar en forma de nuevos descubrimientos, tal como dichos propagandistas lo presentan. Sin embargo, como ya hemos visto, el libro sí contiene explícitamente “nuevos descubrimientos”, es decir, nuevas conclusiones, más allá de las manidas afirmaciones de antaño. Espectaculares descubrimientos, de hecho. Y la cuestión no es baladí. No lo digo yo, lo planteaba el propio Pedro J. Ramírez en la Tertulia de la COPE de 29.3.2007 (min. 38:20):

Pero, Federico […], esas pruebas falsas, como bien has dicho esta mañana, se referirían a todos aquellos soportes en los que aparece la Goma 2 ECO: desde luego, la mochila de Vallecas, desde luego, la furgoneta Kangoo y, tal vez, y tal vez, el propio piso en el que tiene lugar la muerte de los islamistas en Leganés.

Pues bien, ya hemos visto que el libro que este periodista ahora publicita con tanto entusiasmo sostiene que toda esa Goma 2 ECO tiene efectivamente un origen común. Lo sostiene de manera expresa en el caso de lo que antes denominé “versión débil” de esta alegación (es decir, que las muestras proceden de un mismo almacenaje antes de su aparición como “presuntas pruebas”) y lo implica de forma lógicamente necesaria en el caso de lo que denominé “versión fuerte” (procedencia del mismo cartucho). Insisto en que, como también señalé, aunque adoptáramos la postura más favorable al perito Iglesias, esto es, ignorar la versión fuerte (él mismo no la explicita, pese a deducirse forzosamente de su razonamiento), esa versión débil no requiere elaboración lógica ni interpretación alguna. Basta con leerse el libro, algo que, supongo, habrán hecho los periodistas que lo pregonan. Con objeto de paliar la desmemoria o la pereza, reproduzco aquí extensamente un pasaje incluido en una entrega precedente:

Al hablar de la muestra M-4-1, correspondiente al explosivo hallado en la mochila de Vallecas, Iglesias concluye (pp. 254-255):

La presencia anómala de metenamina, compuesto ajeno a la Goma 2 ECO, que hemos detectado asimismo en M-4-1, apunta a la posibilidad de que la dinamita con la que se compuso el artefacto de la mochila de Vallecas estuviera almacenada junto a las muestras M-2 y M-3 antes de su aparición como presuntas pruebas. O bien que quien compuso ese artefacto trabajó también con las muestras M-2 y M-3 […].

Oh. Ya no son sólo las muestras de siempre (M-2 y M-3) las que salieron del mismo almacén. La mochila de Vallecas también. Para que no quede duda, las conclusiones de este perito sobre la muestra M-10-1-A (también correspondiente al explosivo de la citada mochila) son de este tenor (p. 268):

La presencia de metenamina, aunque anómala por ser ajena a la composición de la Goma 2 ECO, es coherente con su aparición en M-4-1 (de la que esta muestra es un duplicado) en nuestra pericia. Los comentarios que hacemos en ese apartado son extensivos a la muestra M-10-1-A.

Y, por si hiciera falta señalarlo, recordemos que la M-3 procede de la Unidad de los Tedax, como Iglesias conoce perfectamente. Sabiendo que sólo ellos “trabajaron” antes con dicha muestra, la afirmación según la cual quien compuso la mochila de Vallecas “trabajó también” con la muestra patrón no puede ser tomada a la ligera. Pero sigamos, que las revelaciones no acaban aquí.

En efecto, hablemos del explosivo hallado en la vía del AVE. En concreto, de las muestras M-9-5 y M-10-2. La segunda es un duplicado de la anterior y, según recogen tanto el informe presentado en su día al tribunal (p. 103) como el libro del Sr. Iglesias, “en origen, las […] evidencias eran iguales” (p. 255). Concluye este químico (p. 258):

La presencia de metenamina (como en M-2, M-3 y M-4 y sus duplicados o sobrantes) refuerza la idea de que también la dinamita de esta muestra M-9-5, aparecida en el AVE, haya estado almacenada junto a aquéllas antes de ser envasada la muestra en el tubo Falcon de la Guardia Civil.

La cosa se pone asimismo caliente cuando llega el turno de las conclusiones sobre la M-10-2, duplicado de la anterior (p. 264):

La presencia anómala de metenamina, como en las otras gomas relacionadas, sugiere que la dinamita encontrada en el AVE ha estado almacenada en el mismo lugar y muy próxima a aquéllas antes de su aparición en la vía del AVE como presunta prueba.

Resumiendo: la presencia de la indiscreta metenamina sugiere que el explosivo de la Kangoo, de la muestra patrón, de la mochila de Vallecas y del intento de atentado en las vías del AVE han salido del mismo almacén.

Y, puesto que, como conocen y reconocen, la M-3 (muestra patrón) salió del almacén de los Tedax…

Una vez más, si los periodistas que glosan y cantan las alabanzas de “Titadyn” realmente se han leído el libro, condición no sólo esperable de cualquier profesional diligente, sino estricta y absolutamente exigible de quien pretende esgrimir dicha obra para declarar la falsedad del sumario, no es concebible que hayan pasado por alto estas conclusiones explícitas y literales de la mentada publicación. Y aquí tiene Pedro J. la “demostración científica” definitiva de que, como ya sospechó en su momento, “esas pruebas falsas […] se referirían a todos aquellos soportes en los que aparece la Goma 2 ECO”.

Y es que, al fin y al cabo, no soy yo quien insiste en el carácter pretendidamente científico, serio y riguroso (por no mencionar heroico) de la obra. De hecho, a mí me parece una manifiesta chapuza, cuando no un fraude intelectual. Pero es El Mundo el que considera que “Titadyn” es la voz de la “ciencia” que “refuta la sentencia” (editorial de 11 de mayo de 2009). Es El Mundo el que ha insistido e insiste con machacona pertinacia en su infatigable compromiso con la búsqueda de la verdad del 11-M; el que presume de sus esfuerzos en ese sentido, de ser el periódico que publica lo que los demás no publican (EM, 25.7.2009), de haber cambiado (para bien) la historia misma de España y de su promesa de publicar toda noticia importante de cuya veracidad estuviera convencido (PJ, EM, 25.10.2009). Y, sin embargo, este medio de comunicación, que no deja escapar una sola ocasión de aludir a los grandes hitos del periodismo de investigación propios y ajenos (Watergate, GAL, etc…), se conforma con abrir sus portadas y rellenar páginas con la confirmación de su añeja cantinela y olvidan referir la novedosa, sensacional, inédita prueba palmaria, científica e irrefutable, de la falsedad de TODA la Goma 2 ECO intervenida y, por ende, del sumario. ¿Que la muestra patrón y resto de cartucho de la Kangoo salieron del almacén de los Tedax? Bah, eso ya lo hemos leído y escuchado cientos de veces. Pero que la mochila de Vallecas, nada menos, y la dinamita del AVE también la han colocado Sánchez Manzano y sus secuaces y finalmente existen “pruebas científicas” de ello… Eso sí que sería un titular explosivo (nunca mejor dicho) una fantástica primicia. ¡Hablamos del mayor atentado de nuestra historia!

Si realmente se creen lo que dicen, si realmente están convencidos de la veracidad del libro que promocionan, si realmente creen en sus bondades y, sobre todo, si realmente no tienen otro interés que la búsqueda de la verdad, su actitud periodística me resulta incomprensible. Repito: nadie que se haya limitado a leer El Mundo sabrá que el Sr. Iglesias ha hecho algo más que limitarse a “confirmar” lo que ya sabíamos respecto a las muestras M-2 y M-3. Nadie sabrá que este perito ha “probado científicamente” el origen común de la Goma 2 ECO y, por tanto, la falsedad (atribuible a personas fácilmente adivinables) de la mochila que cambió la historia de España (EM, editorial, 1.9.2006).

Cazan al matagatos, pero se olvidan del asesino en serie…

A menos, claro está, que el interés de El Mundo por el libro que su propia editorial publica sea otro. Los periodistas de marras no pueden desconocer las referidas conclusiones (de ser así, su incompetencia e ineptitud serían casi más preocupantes que su malevolencia). Si El Mundo no publica los resultados más “atrevidos” de Iglesias por considerarlos desmesurados o delirantes (como sin duda lo son), estaría admitiendo con su propia actitud la falta de credibilidad del libro que defiende de manera conspicua. Publicar escogida e interesadamente algo a lo que en el fondo no se da crédito (o con absoluta indiferencia respecto a su veracidad), pero afirmando abiertamente con denuedo su rigor y fundamento sería… una buena muestra de cinismo; cinismo que, según Pedro J. Ramírez, constituye una “infección profesional” que combatirá mientras viva (PJ, EM, 20.1.2008).

A este respecto, y sobre la base de los hechos expuestos, mi opinión personal es clara. Aquí es donde me voy a permitir algunas elucubraciones hipotéticas que no pretendo necesariamente exactas, pues no me es posible demostrarlas irrebatiblemente. Creo, sin embargo, que son hipótesis verosímiles y plausibles y no veo por qué no podría expresarlas, subrayando ese carácter tentativo y potencial que tanto echo de menos en las audaces formulaciones conspiracionistas.

Lo expondré sin circunloquios: creo que la publicación de “Titadyn” y toda la campaña mediática conexa, sin olvidar incluso la oportuna presentación de la querella de la AAV11-M contra Sánchez Manzano y la perito 17632, obedece a una muy poco inocente estrategia de El Mundo en defensa de intereses bastante alejados de la noble búsqueda de la verdad. ¿Será que todo se pega y me hallo aquí esbozando mi propia teoría conspirativa…? Que cada cual juzgue o no su consistencia.

Tratándose de ciertos personajes, algunas casualidades son demasiado casuales. “Titadyn” salió a la venta el 26 de mayo de 2009, precedido de la ya conocida fanfarria. Esa fecha era coincidente o muy próxima en el tiempo a la del primer señalamiento para la celebración del juicio en el marco de la demanda interpuesta por Sánchez Manzano contra El Mundo y varios de sus periodistas. Tras diversas incidencias procesales, la vista se retrasó hasta el día 8 de julio de ese mismo año. Si el best-seller químico apareció en fecha a priori procesalmente oportuna (aunque finalmente pospuesta), la celebración efectiva de la vista se vio acompañada asimismo de otro acontecimiento también muy casual: la interposición de la querella de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M contra Sánchez Manzano y la perito 17632.

Esta última circunstancia se presentó desde El Mundo como una especie de feliz e inesperada coincidencia. Así, en su editorial del día 9 de julio de 2009:

Dos acciones judiciales coincidentes casualmente en el tiempo han resucitado la actuación judicial sobre el 11-M. La primera es la acción civil interpuesta por el comisario Sánchez Manzano contra EL MUNDO, que ha aprovechado esta demanda para presentar nuevos documentos, testimonios y pruebas periciales […].

La segunda de esas acciones judiciales es la interposición de una querella criminal por parte de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M contra Sánchez Manzano por tres presuntos delitos en la investigación de los atentados de Madrid, tal y como anunciaba nuestro periódico el pasado lunes.

De igual manera, Pedro J. Ramírez, en la entrada de su vídeo-blog del mismo día 9, insistía:

Como los cadáveres arrojados al mar, que se empeñan en reaparecer una buena mañana sobre la arena de la playa, el 11-M está de nuevo en los juzgados. Y por partida doble. La casualidad ha querido que el mismo día en que se celebraba la vista oral de la demanda civil por la que el comisario Manzano nos reclama más de trescientos mil euros a El Mundo por atentar contra su honor, el mismo día, la Asociación de Ayuda a las Víctimas presentara su querella criminal contra el propio comisario Manzano.

Pretensión que no deja de ser curiosa, puesto que, de hecho, El Mundo anunció y adelantó con precisión el contenido de dicha querella unos días antes (como, por otro lado, expresamente admite el citado editorial).

Que El Mundo finja inocencia donde hay frío cálculo no debería ser sorprendente. Una ligera anécdota me permitirá a continuación ilustrar y documentar un claro precedente de esta actitud. Aunque, insisto, se trate de un caso de exigua relevancia, nos permitirá mostrar de forma inequívoca que determinados comportamientos no son en absolutos ajenos a este periódico.

Así, es conocida la defensa continua que desde El Mundo se prodiga a Jamal Zougam, condenado como autor material de los atentados a miles de años de cárcel. Y, quizá muy a tono con el estilo de los personajes, tal defensa se ha asociado repetidas veces a determinados referentes cinematográficos. El vicedirector de El Mundo y coautor de “Titadyn”, Casimiro García Abadillo, escribía en un artículo de 14 de marzo de 2009 acerca de una película dirigida por Henry Hathaway y protagonizada por James Stewart: “Yo creo en ti” (“Call Northside 777”, en su versión original). La película se basa en la historía real de un inmigrante polaco (Majczek) condenado falsamente en Estados Unidos por el asesinato de un policía. Un perseverante periodista consigue finalmente demostrar su inocencia y aportar pruebas de cómo la policía había manipulado las declaraciones de una testigo clave. Con la grandilocuencia habitual de la casa, el vicedirector de El Mundo señala:

Yo creo en ti nos trae a la memoria procesos tan relevantes para la vida política española como el GAL y nos retrotrae al más famoso de toda la historia: el caso Dreyfuss.

Y, como era previsible, añade:

A mí, la historia de Majczek me recuerda la peripecia de Jamal Zougam. Defender a Zougam hoy en España es políticamente incorrecto, como defender al emigrante polaco en la película de Hathaway (los políticos acusan al periódico de tratar de «destruir la confianza del público en las instituciones» para vender más ejemplares). […] Su culpabilidad se basa tan sólo en unos testimonios más que dudosos. Sin embargo, Zougam es el hombre que sostiene el carácter islamista del atentado. Cuando terminé de ver Yo creo en ti, me sentí satisfecho de trabajar en un periódico en el que se puede seguir siendo políticamente incorrecto.

Bien, no me entretendré aquí con “detalles” sobre si el carácter islamista del atentado se basa únicamente en Zougam (afirmación pintoresca por lo demás) o sobre si los testimonios que lo implican son o no dudosos. Lo que me interesa es este otro pasaje de muy mejorable sintaxis:

No sé si la casualidad ha querido que esta película, distribuida con EL MUNDO dentro de la serie para celebrar nuestro XX aniversario, que su entrega coincida con la semana en la que se cumplen cinco años del mayor atentado de la historia de España: el 11-M.

¿Otra de esas estupendas y fortuitas casualidades? Lo cierto es que, en este mismo artículo, don Casimiro señala lo siguiente:

Hace casi un año le llevé a Pedro J. el DVD a sabiendas de que iba a disfrutar casi tanto como desgranando los detalles de una próxima exclusiva. Y dejó constancia de ello en un delicioso artículo […]

Parece obvio que el Sr. García Abadillo lee a su director y se comunica con él, como debe ser. Y, en efecto, delicioso o no (la adjetivación va en gustos; yo habría elegido otros calificativos) el Sr. Ramírez inició su carta del día 20 de julio de 2008, a la que se refería el vicedirector, con las siguientes palabras:

Tengo que preguntarle a Casimiro García-Abadillo si el motivo último que le impulsó a traerme el otro día un DVD con la película Call Northside 777 -«Mírala cuando puedas…te va a encantar»- fueron las artimañas del director del Chicago Times […] para motivar a su equipo en el periodismo de investigación o más bien la evolución del reportero que lleva el peso del caso […], al pasar de un distanciado escepticismo inicial al obsesivo compromiso con la búsqueda de una verdad que percibe y no termina de encontrar.

Y proseguía trazando analogías con la situación del 11-M. Tampoco me detendré en ello. Pero no quisiera pasar por alto una menudencia a la que no concedo la menor importancia: Ramírez habla del “otro día” y, apenas ocho meses más tarde, su segundo de a bordo lo convierte en “hace casi un año”. Ya digo, una tontería irrelevante, pero no está de más recordar que algunos de estos corajudos periodistas han construido grandes enigmas a partir de divergencias cronológicas de cincuenta minutos en distintas fuentes del sumario. Que conste.

La película de marras fue objeto de nuevas referencias por parte del director de El Mundo (e incluso Luis del Pino le dedicó en su blog la entrada de 21.7.2008). La última (salvo error por mi parte), un día después del ya referido artículo del Sr. García Abadillo, es decir, el domingo 15 de marzo de 2009, coincidiendo con la entrega de la película y sin olvidar la enésima alusión al caso Dreyfus:

Las pruebas contra él [Dreyfus] eran en apariencia mucho más consistentes que las que han permitido sentenciar a Jamal Zougam a 40.000 años de cárcel. La historia de ambos está muy bien reflejada en Call Northside 777, la película que hoy les entregamos. No dejen de verla.

¿A qué viene todo esto? En realidad, la referencia más interesante a los presentes efectos es la de la carta del director del día 4 de enero de 2009. Recordemos que Casimiro G. Abadillo indicó meses más tarde que “no sabía” si la coincidencia entre el aniversario de los atentados y la entrega de la película era mera “casualidad”. Pues, bien, en esta carta del director de principios de 2009, el Sr. Ramírez lo anuncia con toda claridad:

Desde el próximo domingo, en que nos reiremos de nosotros mismos con The Front Page, hasta el 15 de marzo, en que con plenitud de intención y propósito haremos coincidir el quinto aniversario del 11-M con la entrega de Call Northside 777 -la estimulante película de Henry Hathaway, traducida en España como Yo creo en ti, de la que ya les hablé hace unos meses-, cada semana compartiremos las grandezas y miserias del periodismo […].

Para que luego nos hablen de coincidencias. O Don Casimiro es tan despistado que no se lee ni su propio periódico o no le importa contar cualquier milonga que le venga bien. Yo tengo mi propia opinión al respecto y probablemente algún día le dedique algunas páginas. Me conformo ahora con señalar que esta anécdota banal, apenas una fruslería intrascendente, sirve al menos para ilustrar y documentar dos cosas: 1) que El Mundo es perfectamente consciente del uso estratégico de los tiempos de publicación incluso en detalles nimios; 2) que desde su dirección no hay reparos en jugar al despiste respecto a dicho uso estratégico.

Y si lo anterior ocurre con una insustancial promoción cinematográfica, no me parece en absoluto injustificado albergar algunas sospechas, por principio, respecto a las pretendidas y curiosas “coincidencias” de determinadas maniobras procesales y mediáticas en las que El Mundo puede razonablemente suponer que se juega su prestigio.

Así, no podría sorprender a nadie que tanto el libro como la condición de acusado por la querella de la AAV11M se invocaran en el marco del procedimiento iniciado por Sánchez Manzano contra El Mundo. De este modo, el rotativo de marras y sus aledaños generan  y retroalimentan casualmente un contexto a la carta que arropa y publicita sus intereses. Hacer coincidir estas maniobras con las vistas judiciales, junto a la trompetería mediática habitual, garantiza el máximo impacto (y presión) en el momento en que se están juzgando los hechos, a la vez que se minimiza la capacidad de respuesta del oponente en tiempo socialmente y quién sabe si jurídicamente útil [¿acabaré yo mi serie antes de que pase un año de la publicación de “Titadyn”? Menos mal que los principales argumentos ya fueron diligentemente indicados en su día por compañeros del foro más raudos].

Lógicamente, para que estos manejos surtan efecto, es importante vender un producto que no apeste a primera vista. Ello supone un acicate para moverse dentro de márgenes más o menos controlados y circunscritos, para resaltar lo viejo conocido, ahora dotado de un aparente ropaje científico, en detrimento de las novísimas afirmaciones estupefacientes frente a las que el público medio podría mostrarse inmediatamente suspicaz. Para decirlo pronto y mal: si El Mundo publicara las conclusiones ineludibles de “Titadyn” en toda su extensión y crudeza, al estilo “demostrado científicamente que Sánchez Manzano y/o sus esbirros colocaron toda la Goma 2 ECO del 11-M”, gran parte de sus potenciales lectores abandonarían el kiosco con la incrédula y apresurada excusa que se dedica a esos abnegados muchachos que intentan venderle a uno su peculiar evangelio en una parada del autobús (dicho sea sin ánimo de ofender a nadie).

Y esto, el mantenimiento de una mínima traza de credibilidad prima facie es una necesidad particularmente apremiante en un panorama post-sentencias del 11-M. Porque, lo admitan o no, y por mucho contorsionismo verbal con el que intenten hacer pasar la noche por el día, lo cierto es que la sentencia de la Audiencia Nacional y la posterior del Tribunal Supremo supusieron un enorme jarro de agua fría para las huestes conspiracionistas. Sin una sola prueba declarada falsa [no, amigos, las sentencias no dicen que el Skoda Fabia sea una prueba falsa] y, por tanto, sin un solo policía con deducción de testimonio, magro consuelo es dedicarse a salvar los muebles aludiendo a no se sabe qué autores intelectuales y demás rocambolescas interpretaciones a beneficio de inventario. Ya decía el director de El Mundo que Gómez Bermúdez les había hecho una “cabronada” (PJ, EM, 11.11.2007); y Jiménez Losantos pensaba que el mismo juez “nos la dio con queso, pero bien dada” (LS, La hora de Federico, LD TV, 7.2.2008, 14:57). Resulta, pues, importante no terminar de enajenarse el apoyo de determinados sectores políticos. Porque muy distinta es la actual coyuntura respecto a aquellos tiempos en que el principal partido de la oposición seguía casi a pie juntillas los toques de corneta del rotativo en cuestión. Entonces se inundaba la sede parlamentaria y se atosigaba al Gobierno con centenares de preguntas literalmente basadas en los enigmas y agujeros negros de turno. Los Zaplana, Del Burgo, Castro… andan desaparecidos en combate y, desde hace bastante tiempo, no parece que, en materia de 11-M, el caladero político natural de El Mundo vaya más allá de un incómodo silencio, a lo sumo ambiguo y cortés. Así, resultaba casi enternecedor el patetismo mendicante y contrariado con el que Pedro J. Ramírez se dirigía a una Soraya Sáenz de Santamaría todavía bisoña como portavoz del Grupo Popular, ante la banal tibieza de las generalidades con la que ésta acogía una nueva “revelación” de El Mundo [demasiado ridícula como para entretenernos siquiera en comentarla]:

Pero eso está bien como declaración de intenciones, está bien, perfecto, lo que usted acaba de decir como declaración de intenciones… Ahora bien, obras son amores. Yo lo que le pregunto a ese… de manera muy concreta: ¿Por qué entonces ningún portavoz, ningún representante del Partido Popular ha dicho una sola palabra cuando hace unos días, con enorme notoriedad, la viuda de Jamal Ahmidan ha declarado públicamente al diario El Mundo que sus declaraciones, ha relatado, que sus declaraciones ante el tribunal fueron inducidas por un miembro de la acusación, de la fiscalía, de la acusación? ¿Por qué nadie del Partido Popular ha reaccionado ante lo que lleva glosando Federico desde hace dos días […]? ¿Por qué no ha habido ninguna iniciativa, ni siquiera una reacción pública a hechos de tanto calibre? Si ustedes están, como dice Rajoy, de verdad dispuesto a mantener la búsqueda de la verdad, ¿por qué no lo demuestran…? Eh… usted ha dicho que el movimiento se demuestra andando. Pues anden un poco… ¡narices! [PJ Ramírez, Entrevista a Soraya Sáenz de Santamaría, COPE, 1.4.2008, 36:35]

Por no mencionar la pueril pataleta con la que se cerraba el propio editorial de El Mundo de 12 de mayo de 2009. En efecto, tras ofrecer su oportuna versión de las conclusiones de “Titadyn”…

[E]n el mismo estudio, el químico [Iglesias] prueba [sic] que la muestra patrón policial y los restos de Goma 2 ECO encontrados en la Renault Kangoo utilizada por los terroristas tenían el mismo origen. Es decir, o ambos explosivos salieron del mismo cartucho, o habían estado juntos en el almacén de los Tedax.

… el diario buscador de la verdad se lamentaba:

Pero, claro, nadie hablará de esto hoy en el debate [sobre el Estado de la nación].

O sea, un quejumbroso “nadie nos hace caso”.

No, en esas circunstancias, difícilmente se podía vender una baladronada del estilo “Acebes no mintió, pero de Astarloa para abajo…” (Losantos dixit). Ello hace aún más conveniente una aproximación como la escogida para informar de las novedades del Sr. Iglesias: nuevo envoltorio, mismas conclusiones, sospechosos habituales, terreno conocido, mucho ruido, pero sin asustar a los de casa. Y todo esto, repito, tiene más que ver con cínicas estrategias empresariales y control de daños que con la búsqueda de una noble verdad y la auténtica creencia en las virtudes de la obra que se dice apoyar, pero que se extracta de manera cuidadosamente limitada.

Y no quisiera dejar sin comentario ciertos detalles relacionados con la cronología y la factura de “Titadyn”.

Cualquiera que se aproxime al libro con atención y conocimiento de causa podrá advertir el número inusitadamente alto de incoherencias, errores, imprecisiones, contradicciones e inexactitudes de la obra. Ya he señalado algunos y volveré a hacerlo, sin duda. No hablo de aspectos de contenido sujetos a opinión variable. Hablo de hechos objetivos como, por ejemplo, dar tres fechas distintas (e incompatibles) para un mismo dato y otros gazapos, incluso erratas, impropias de un estudio que se pretende mínimamente riguroso. Sin ir más lejos, la primera frase del libro, en el Prólogo del Sr. G. Abadillo (p. 13):

Conocí a Antonio Iglesias […], cuando el autor del informe que tienen en sus manos ya había concluido mi trabajo como perito para el tribunal […].

Son características más propias de la improvisación y el apresuramiento que de un cuidadoso examen. Se supone que los autores leen y releen sus manuscritos y las pruebas de impresión antes de que un libro salga a la calle. Se supone que, si además pretenden poner en solfa la investigación policial del mayor atentado de nuestra historia, con ominosas acusaciones, el celo y la atención deben ser mayores.

Hablamos, además, de un libro que en una considerable proporción, se compone casi exclusivamente de un copia-pega del informe oficial presentado al tribunal en mayo de 2007. Salvo los capítulos “originales” (relativamente breves), el grueso de la obra, su apartado técnico, es prácticamente una reproducción literal del mencionado informe, aderezado con algún que otro comentario aquí y allá. En estas circunstancias, la incuria de su autor (o autores) resulta doblemente notoria.

Una posible explicación (aparte de la mera incompetencia), iría en la línea de lo sugerido en estas páginas: una obra de producción relativamente acelerada con un horizonte temporal estratégicamente calculado, con un objetivo muy claro, al que se supedita cualquier otra consideración de exactitud y precisión.

Repito que la falta de edición diligente es flagrante. En este sentido, señalaré algunas curiosas y muy reveladoras referencias. En efecto, Don Casimiro, como de costumbre, apunta en una dirección autocomplaciente no muy sólidamente sustentada en los datos disponibles. Así, indica en la página 14 de su prólogo:

Un año después de que se emitiera la sentencia, en el otoño de 2008, durante el curso de un almuerzo, Iglesias me comentó que estaba a punto de concluir un trabajo al que había dedicado casi un año y que suponía una revisión del informe que en su día se presentó ante el tribunal.

A veces no sé si es peor la mala fe o la incompetencia. Porque si la referida dedicación es cierta, lo mínimo que puede decirse es que algunas obras son un baldón para el desempeño editorial. Si hemos de creer al vicedirector de El Mundo, un año después de la sentencia (leída el 31 de octubre de 2007), el perito Iglesias todavía estaba ultimando su revisión. Sin embargo, diríase que este químico no “revisa” su propia obra con la misma intensidad asfixiante que aplica a la versión oficial, pues en las páginas de “Titadyn” se deslizan al menos dos curiosidades cronológicas.

En la página 80 del libro, el perito Iglesias muestra una ecuación por la que se crea metenamina haciendo reaccionar el formaldehído y el amoníaco y añade que dicha ecuación “es la única a la que la literatura científica hace referencia al día de la fecha”. ¿Y cuál es “el día de la fecha” en que esto se escribe? La nota al pie número 6 lo aclara inmediatamente: “Mayo de 2007”. Es decir, dos años antes de la publicación de “Titadyn”.

Por otro lado, en la página 133, nota al pie número 15, se desliza el siguiente comentario:

En la lectura de la sentencia […] el juez Gómez Bermúdez manifestó que habían llegado a su poder algunas facturas de venta de este explosivo [Goma 2 EC] datadas de 2004. A fecha de 17 de noviembre de 2007 desconocemos la procedencia de tales facturas.

De modo que, en otoño de 2008, según don Casimiro, Iglesias todavía estaba trabajando en un informe que, sin embargo, según este último apunta, no parece haberse renovado más allá de mediados de noviembre del año anterior. Insisto: o alguien está haciendo un uso liberal de la verdad al hablar de fechas de trabajo y estudio, o algunos autores son tan chapuceros que los meses de aplicación y esfuerzo les cunden muy poco. Cualquiera que sea el motivo, el resultado se aleja tanto de los usos académicos y científicos más elementales que produce sonrojo. Decía el Sr. Iglesias en La Hora de Federico (28.5.2009):

Si me permites, quiero añadir que sin el impulso de El Mundo, concretamente de Casimiro, me temo que este informe hubiera quedado durmiendo la siesta eterna en algún cajón. Me congratulo que haya salido a la luz.

¿Es eso lo que ha ocurrido? ¿Que, acercándose determinadas fechas judiciales, ha habido que desempolvar y pasar a limpio unos cientos de páginas sin un momento siquiera para ajustar las referencias temporales? De otro modo no me explico, salvo por una negligencia rayana en la incapacidad intelectual, un comportamiento tan incompatible con el rigor, la seriedad y la paciencia (y lo que esto significa en cuanto a manejo pausado de los tiempos) que deberían acompañar a un genuino compromiso con la verdad en una materia tan grave.

Y, como fugaz referencia, para concluir, cabe recordar asimismo que el letrado de la AAV11M y autor de la oportuna querella de julio de 2009 contra Sánchez Manzano, José María de Pablo, ya había perfilado y anunciado exactamente los argumentos esenciales de su escrito en el programa La Linterna de la COPE, dirigido por César Vidal, el mismo día de la lectura de la sentencia, es decir, el 31 de octubre de 2007 [incluyendo alguna interesante hipérbole, como cuando afirmaba, nada menos, que el 11-M era “la única vez en la historia del terrorismo en España que las muestras del explosivo explosionado no se envían a la Policía Científica”].

Lógicamente, puede que me equivoque y que un estudio que no parece haberse renovado desde noviembre de 2007 se haya presentado como libro “por casualidad” en mayo de 2009 en la fecha prevista para el juicio a El Mundo. Y también es posible que una querella cuya argumentación casi literal ya se había adelantado básicamente el mismo día de la lectura de la sentencia de la Audiencia Nacional tuviera igualmente que esperar más de un año hasta “coincidir” precisamente con el día exacto de la vista…

En cualquier caso, sean o no verosímiles las hipótesis que planteo, el hecho fundamental permanece inalterable e inexplicado: El Mundo y compañía silencian las conclusiones más llamativas y demoledoras de la obra que dicen suscribir, lo cual se compadece malamente con la ecuanimidad o la diligente y rigurosa exploración de la realidad tantas veces pregonadas.

(Continuará…)

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4 Responses to “Titadyn, El Eterno Retorno (XII) por Rasmo”

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