LA SENTENCIA: (1) La agenda de Carmen Toro.

(Sigue de LA SENTENCIA: El imposible desempate. (0) Introducción)

Para mayor facilidad, las citas sacadas de la Sentencia de la juez Lledó irán en azul.

(Artículo colectivo)

Dice el Presupuesto fáctico nº 1 de la Sentencia de la juez Lledó sobre la demanda de protección al honor de Sánchez Manzano:

Que en el curso de la investigación policial sobre la trama de explosivos, la Guardia Civil interviene en un registro en Asturias una agenda a Carmen Toro, esposa del confidente Trashorras, que contenía un número de teléfono correspondiente al complejo de Canillas con la palabra “Manzano” al lado del mismo, lo que motivó que por el propio magistrado instructor se indagara al respecto y efectuase personalmente llamada telefónica a ese número, resultando que “Manzano” era el pseudónimo o alias utilizado por un inspector de policía, el cual facilitó tal número como contacto a dicha confidente.

Sobre esta cuestión declaró el demandante en la Comisión de Investigación Parlamentaria.

¡Un momento!  Carmen Toro ¿era confidente? De las declaraciones durante el juicio por el 11-M  de Carmen Toro y de “Manolón”,  el atribulado Jefe de Estupefacientes de Avilés, no se sigue eso, ni tampoco se deduce de que haya declarado ante un Policía y este le diera su teléfono, por si se le ocurría algo. Parece que los conspiracionistas, que declararon confidentes a casi todos los acusados y a medio centenar de testigos, con intención de probar que las fuerzas de Seguridad del Estado estaban involucradas, han introducido una cuña en el cerebro de la juez.

Sánchez Manzano no tuvo ninguna relación con lo sucedido, y la Sentencia no lo discute. La Sentencia sólo considera que la información de “El Mundo”, que es lo que se está juzgando, fue “veraz y verídica” por basarse en los hechos reales que se han expuesto, y haber tenido la diligencia necesaria para averiguar la verdad. Determinados errores, que la Sentencia reconoce, son considerados “circunstanciales” e “intrascendentes”, y por lo tanto no exceden los límites de la Libertad de Expresión y Opinión.

Los hechos fueron los siguientes: en la agenda de Carmen Toro, o en un papel dentro de la agenda, apareció un papel con la anotación “Manzano y un número de teléfono, atención aquí, con una extensión. Dado que en Canillas trabajan miles de funcionarios, podría existir una fácil confusión de identidades pero, con la extensión acompañante, tal referencia correspondía -según averiguó el juez del Olmo con una simple llamada telefónica (¡toma ya diligencia en averiguar la verdad!)- a un inspector de la UCIE llamado Jesús Parrilla. Este policía venía usando ese alias desde hacía tiempo, lo cual descarta que se lo pusiera tras los atentados del 11-M para llamar la atención sobre Jesús Manzano, a quien no conocía.

Veamos ahora cómo fue informando “El Mundo”.

El Mundo”, en el primer artículo que mencionaba el equívoco, el 18 de Junio de 2004, informó más o menos correctamente (como el propio Sánchez Manzano reconocería ante la Comisión de Investigación) pero con un titular claramente capcioso: «Carmen Toro tenía un teléfono con un nombre igual al del jefe de los Tedax». Sin embargo, en el mismo cuerpo de la noticia se aclaraba que Sánchez Manzano no tenía nada que ver, y en otros artículos del periódico de la misma fecha como aquí, y aquí, también se informaba de que el teléfono no era de Sánchez Manzano, ni había sido él quien había elegido el «nick» para el policía de la UCIE. O sea, toda la redacción sabía que Sánchez Manzano no estaba en el ajo.

Casimiro García Abadillo cometía también el error de publicar que el nombre anotado era “Sánchez Manzano”, en lugar de “Manzano”, lo que -por supuesto- ponía la diana mucho más sobre el Comisario, e incluso recogía el rumor de que existían grabaciones de conversaciones entre Carmen Toro y el poseedor del teléfono («Sánchez Manzano«, of course).

Al día siguiente, Casimiro publicó una rectificación donde pedía disculpas a los lectores (inútil empeño, porque los lectores nunca parecieron enterarse de la rectificación y siguieron dando estopa de lo lindo a Sánchez Manzano), pero no al principal perjudicado, y se deshacía en justificaciones de su propio error, que calificaba de “entendible”.

Sorprendentemente, la diligencia en conocer la verdad no parece extenderse a que los redactores de “El Mundo” sigan su propio periódico, porque continuaron martilleando con el -para ellos- irresoluto error.

El mismo día 19 de Junio Manuel Cerdán publica un artículo lleno de imaginación y colorido. Por ejemplo, dice que Del Olmo, primero, y luego la Policía Nacional, estaban indignados con la Guardia Civil por no haber hecho ellos la averiguación del propietario del teléfono. A nadie parece habérsele ocurrido que, a lo mejor, no llamaron porque no se les ocurrió pensar en ninguna confusión con Sánchez Manzano, o porque quizas ya supieran a quién pertenecía el teléfono. Otro ejemplo de ingeniería creativa del artículo es el esbozo dibujado de Del Olmo: sorprendido, casi preocupado, llamando personalmente a Sánchez Manzano y citándole para aclarar el embrollo, cuando lo cierto es que el Jefe de los TEDAX tenía cita previa con el juez y Del Olmo nunca mostró ninguna clase de alarma por este asunto. O, también, la afirmación de que el policía de la UCIE se hizo pasar por Sánchez Manzano, lo cual es completamente falso.

Como vemos, no hay hasta ahora muestras de inquina hacia Sánchez Manzano. Las distorsiones de la información de «El Mundo» parecen más destinadas a llamar la atención de sus fieles, y vender con ello más ejemplares, que a dañar a nadie. La cuestión se aplacó hasta la semana en que se produjo la declaración de Sánchez Manzano ante la Comisión de Investigación.

El día 6 de Julio de 2004, víspera de la declaración de Sánchez Manzano, “El Mundo” decidió resucitar la polémica, y Manuel Cerdán  incluyó el asunto de la agenda de Carmen Toro entre los “asuntos a aclarar por la Comisión”, como si no lo hubiese sido ya:

Sánchez Manzano tendrá también que aclarar por qué Carmen Toro, la esposa de Suárez Trashorras -el ex minero asturiano acusado de haber robado y vendido los explosivos utilizados en el 11-M-, tenía en su poder una nota con un número telefónico de las dependencias policiales de Canillas con la leyenda Manzano. Ese dato hizo pensar al juez Juan del Olmo que el número pertenecía al propio jefe de los TEDAX, aunque éste lo negó.

Inopinadamente, el artículo de Manuel Cerdán decía (sin que se le escapara la risa, que se sepa) que era Sánchez Manzano quien tenía que aclarar por qué otra persona había usado el alias de “Manzano”, e insistía en que el equívoco había hecho creer a Del Olmo que el número pertenecía al Jefe de los TEDAX, como si no hubiera sido el juez quien, con una simple llamada, (el mismo juez al que luego tildaban de tonto hasta que se les caía la pluma) terminase con el mini-enredo.

Pero, a lo mejor me equivoco, a mi me parece el mismo Manuel Cerdán que, menos de 20 días antes, decía…

El inspector de la UCIE ha reconocido que se hizo pasar ante Carmen Toro por Manzano para ocultar su verdadera identidad. Esa vieja costumbre de los policías de identificarse en sus operaciones con un alias ha ido perdiéndose, aunque algunos agentes, dedicados a investigaciones sobre terrorismo o narcotráfico, la siguen usando como medida de seguridad.

La diligencia en la averiguación de la verdad, necesaria para que una trola no sobrepase los límites permitidos  ¿se extiende a leer, o recordar, lo que uno mismo ha escrito en el último mes?

Sánchez Manzano se indignó al ver reabrirse, y con tintes ya perniciosos para su nombre (ya no era el policía de la UCIE, era él quien tenía que dar explicaciones), un asunto en el que no había tenido absolutamente nada que ver y, ante la Comisión de Investigación -a preguntas de Jaime Del Burgo- expresó su malestar contra el periódico, sin nombrarlo. Varios parlamentarios expresaron su simpatía por él, como perjudicado en toda esta historia.

Poco importó que no fuera él quien sacara el tema ni que no nombrara al diario. Al día siguiente, “El Mundo” desplegó toda su artillería: una furibunda diatriba firmada por Manuel Cerdán, dos artículos que recogían las dudas de Zaplana, ya haciendo sus pinitos conspiracionistas, y el más significativo de todos:

Todo sugiere, pues, que Sánchez Manzano no dijo toda la verdad ante la Comisión, a la que, por el contrario, utilizó como escaparate para lanzar absurdas acusaciones contra EL MUNDO -dijo que «lo único que están sembrando» las informaciones que publicamos «es la desconfianza de los ciudadanos en las fuerzas de seguridad del Estado»-, sin por ello ofrecer una explicación verosímil acerca de por qué la confidente Carmen Toro tenía en su poder un papel en el que figuraba su apellido junto al teléfono de uno de sus subordinados.

Para darse cuenta exacta del alcance de las acusaciones de «El Mundo» contra Sánchez Manzano, recomiendo leer los artículos en su totalidad, pues de aquí salen también acusaciones tan peregrinas como que fue él quien tuvo la culpa del error en la transmisión de la marca de explosivos a la Cúpula del Ministerio del Interior, ya saben, cuando Cuadro Jaén y Díaz Pintado se pusieron a jugar al «Teléfono roto«.

Pero, centrándonos en la agenda de Carmen Toro, imagino que se habrán percatado que, de repente, el «inspector de la UCIE que había reconocido que se hizo pasar ante Carmen Toro por Manzano» de Cerdán el día 6 de Julio se ha transformado en la «confidente Carmen Toro que tenía en su poder su apellido (ya no es un apodo) con el teléfono de uno de sus subordinados»

Resulta difícil asegurar al 100 % que el rencor del diario “El Mundo” parte de este hecho, de que Sánchez Manzano les pusiera en evidencia en público, pero sí es cierto que se aprecia un claro cambio en los artículos del periódico entre antes y después de la declaración ante la Comisión. Antes del 7 de Julio, “El Mundo” saca todo el partido que puede de un dato irrelevante, como tantas veces haría después, pero no se nota animadversión real contra el Jefe de los TEDAX. Tras el 7 de Julio, hay ataques feroces contra Sánchez Manzano. Se le acusa de todo: informaciones falsas, juegos de prestidigitación con explosivos, ocultación de pruebas, perjurios varios, conservación de explosivos en su cocina, informes falsificados, de todo un poco, chulería, gandulería. Es uno de los puching-balls preferidos de “El Mundo” y, puesto que se atrevió a querellarse contra ellos, el favorito actual.

Vamos a ver cómo continuó la información de “El Mundo” en lo referente al tema de la anotación “Manzano” con el teléfono de Parrilla. Cuando leamos los párrafos que hacen referencia a este punto, tengamos presente esta realidad: “El Mundo” sabe que Sánchez Manzano no tiene nada que ver con la anotación de la agenda de Carmen Toro, y sabe que, tanto el juez del Olmo como los policías que llevaron la investigación, nunca han pensado otra cosa.

El día 11 de Julio. Cayetana Álvarez de Toledo:

…Aunque para conductas sorprendentes ya está la de Sánchez Manzano al ser interrogado acerca de la información publicada por este diario de que Carmen Toro -esposa del proveedor de explosivos Emilio Suárez Trashorras- tenía una agenda en la que figuraba su segundo apellido junto a un número de teléfono correspondiente a una extensión del complejo policial de Canillas, donde están también los Tedax.

Manzano arremetió contra EL MUNDO, al que acusó de dañar a su familia y a su entorno, y de «sembrar la desconfianza de los ciudadanos en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado». Pero, a la hora de valorar el contenido de la información, no pudo más que reconocer su veracidad: «La noticia contenía la verdad y luego se ponía un título con cierta intencionalidad». Lo que no hizo fue ofrecer a la Comisión una explicación convincente de este hecho. Sánchez Manzano insistió en que «alguien de la UCIE» utiliza su segundo apellido como alias. La relación entre la confidente Carmen Toro y el comisario Sánchez Manzano también queda, pues, pendiente de ser aclarada.

La noticia muta que da gusto, y sólo en 72 horas: ya no se cita ni al subordinado (que técnicamente no lo es), el teléfono se dice «de Canillas, donde también están los TEDAX» y sólo se pone «alguien de la UCIE» en boca de Sánchez Manzano, como si fuera una más que imprecisa alegación que luego se califica como «no convincente«, quedando pues como una excusa inverosímil. Sin embargo, en el periódico se conoce perfectamente la realidad de los hechos, y que éstos no tienen que ver con el Comisario.

A partir de ahora, para «El Mundo«, la norma es que la anotación era el apellido de Sánchez Manzano, y el teléfono era el de uno de sus subordinados. Y todo lo que diga Sánchez Manzano, excusa inverosímil.

Y, atención, ha aparecido una «relación entre la Confidente (?) Carmen Toro y Sánchez Manzano que hay que aclarar»

Desde luego, si algo transpira toda esta historia es diligencia informativa y ganas de averiguar la Verdad.

En los meses siguientes la historia de la confidente Carmen Toro y el teléfono de Sánchez Manzano dio menos de sí.

No por eso hemos de pensar que “El Mundo” dejó en paz a Sánchez Manzano. Simplemente, encontró otros puntos débiles para acosarle: la metenamina, la nitroglicerina, la mochila, la radiografía, y guardó el asunto de la agenda de Carmen Toro para la recopilación de Grandes Éxitos conspiracionistas; de vez en cuando, Pedro Jota, Casimiro, o Múgica recordaban las fechurías de Sánchez Manzano, y metían entre ellas la cantinela de la agenda de Carmen Toro, como la levadura para hacer subir el pan.

18 de Julio de 2004; Cayetana älvarez de Toledo:

Por otra parte, lo que sí ha quedado corroborado es que el jefe de los Tedax, Sánchez Manzano, se precipitó al asegurar ante la Comisión que «ningún miembro» de su unidad había dicho Titadine. El juez Garzón reveló que al menos un Tedax sí lo hizo, a las 12.20 horas del 11-M junto a las vías de Atocha. El PP ha solicitado que el magistrado identifique al agente en cuestión para que luego se le interrogue sobre si trasladó su percepción a su superior. Esto es fundamental para determinar si Sánchez Manzano -cuya explicación de por qué su nombre figuraba en la agenda de la confidente Carmen Toro, resultó poco verosímil- engañó o no a la Comisión.

El subordinado ya ha desaparecido del todo. Y, aunque en este hilo no lo trataremos, obsérvese que aparece otra absurda acusación falsa: Sánchez Manzano mintió, porque un TEDAX le dijo al juez Garzón que “parecía Titadyn”.

14 de Noviembre de 2004; el propio boss, Pedro J. Ramírez:

¿Cómo es posible que el juez Del Olmo se haya creído el cuento chino de que si tenía en su agenda el teléfono del jefe de los Tedax era porque un policía de los que la visitaron utilizaba como alias el segundo apellido del comisario Sánchez Manzano y que la Comisión parlamentaria no haya ni siquiera tratado de aclarar el enredo?

Aportación: la versión verdadera es un «cuento chino» e imposible de creer, y el teléfono pertenece ya a Sánchez Manzano.

Siguiente estación: 16 de Mayo de 2005. Este artículo merece una atención especial que daremos al final del hilo.

14 de Agosto de 2005; nuevamente Pedro J. Ramírez:

…O al menos tratar de aclarar quién y por qué permitió al ex minero telefonear a su mujer en las decisivas primeras horas tras su detención, desde un número junto al que ella apuntó el segundo apellido del jefe de los Tedax, Jesús Sánchez Manzano.

Pero esto no tiene el menor viso de suceder pues, a la vista de ciertos contenidos del sumario, cualquiera diría que una de las más contumaces aficiones del juez instructor es la de ser engañado por el comisario Manzano. Todo sugiere que eso ya ha ocurrido en al menos tres ocasiones y que Su Señoría se ha tragado la ocurrencia de que un policía de base que se trasladó a Asturias usaba como alias el frutal apellido de su jefe, ha dado por buena la explicación de que a los Tedax se les olvidó advertirle de que los cables del detonador de la bomba de Vallecas estaban desconectados y ahora parece comulgar con la rueda de molino de que si Manzano le informó falsamente de que en la mochila en cuestión había metenamina -explosivo militar hallado en la furgoneta de Alcalá- y de que éste es un componente específico de la Goma 2 -cosa que, atención, no es así- fue por un «error de transcripción».

Disparate tras disparate; ahora Carmen Toro llamó «desde el teléfono junto al que apuntó el segundo apellido del Jefe de los TEDAX«, y el policía es «de base»

Curiosamente, el 2 de Octubre de 2005, Manuel Marraco escribe un artículo contra Sánchez Manzano por haberse negado -dice Marraco- a reproducir las explosiones. Al tratar de recopilar otras atrocidades cometidas por Sánchez Manzano, parece ser que tiró de Hemeroteca y cayó sobre el artículo del 18 de Junio de 2004 o así, porque lo reproduce casi fielmente, eso sí, con titular capcioso de bonus:

El contacto de Carmen Toro

En un registro a la imputada Carmen Toro se halló un número de teléfono junto a un nombre: «Sánchez Manzano (Canillas)». Cuando el juez llamó, respondió un agente de la UCIE integrado en la investigación del 11-M. Le dijo que en varias ocasiones había empleado el nombre Sánchez Manzano como alias y que le había proporcionado el teléfono a Carmen Toro por si recordaba algún detalle relevante.

O sea, que si alguien soñaba con que la mutación de las versiones de “El Mundo”, la imposibilidad de contrastar sus propios artículos con la diligencia a que nos tienen acostumbrados, se debía a algún incendio que hubiera destruido los archivos del periódico, que lo vaya olvidando.

Excepto por esta última entrada, es evidente la deriva que han ido cogiendo las insinuaciones de “El Mundo”: de “Un policía usaba como apodo un alias que coincide con el segundo apellido de Sánchez Manzano” se ha pasado a “Un subordinado usaba el segundo apellido del Jefe de los TEDAX como apodo” o “Un subordinado se hizo pasar por el Jefe de los TEDAX” y luego a «La confidente Carmen Toro tenía anotado el teléfono de Manzano«.

Sólo el tiempo y el hallazgo de nuevos terrenos de predación, más eficaces para «El Mundo«, en su cacería de manzanos (dicho sea con todo el cariño) impidieron que viéramos joyas como «Carmen Toro tenía la llave de casa de Manzano» o «Manzano guardaba la agenda de Carmen Toro en la cocina».

Pero, recapitulando, ni Sánchez Manzano sabía nada de todo esto, ni Jesús Parrilla eligió ese seudónimo por nada relacionado con el Jefe de los TEDAX, ni Parrilla, aunque inferior en graduación,  es “el subordinado” de Sánchez Manzano. Ni siquiera pertenecen a la misma unidad, ni consta que se hubieran conocido antes del 11-M. El hecho de que Parrilla diese un teléfono de Canillas, donde trabaja Sánchez Manzano, tampoco es ninguna casualidad memorable: hay miles de Policías que trabajan allí. Y, por último, resulta de un patético subido pretender que alguien se esté haciendo pasar por otro cuando se ha identificado como de otra unidad, otra graduación, y da un teléfono con extensión que, a la primera llamada, desvelaría una supuesta suplantación.

Ignoro qué grado de “diligencia” se exige para que una noticia pase el umbral de veracidad que marcan los jueces. El de la juez Lledó parece muy bajo, pues ni siquiera exige a los periodistas que lean sus propios artículos…

El Presupuesto Fáctico nº 1 acaba con el reconocimiento –y la condonación- de un “error

La mención contenida en el artículo de D. Fernando Múgica, publicado el 16 de Mayo de 2005, relativa a que “él acudió a Asturias y participó sobre el terreno en la investigación del entorno que presuntamente proporcionó los explosivos a los terroristas…”, es un error meramente circunstancial e intrascendente que no afecta a lo esencial de lo informado, que en definitiva lo constituye la relación entre la agenda intervenida a una persona investigada en la trama de explosivos y la anotación en ella de un teléfono de Canillas al que se le asocia un término coincidente con el segundo apellido del demandante.

El artículo entero no hay por donde cogerlo. Es un cúmulo de errores, invenciones e insinuaciones malevolentes, intencionados, o no. Ciñéndonos a lo citado por la juez Lledó, pongamos el párrafo entero, que es más clarificador:

Es más, el propio Manzano acudió a Asturias y participó sobre el terreno en la investigación del entorno del que presuntamente proporcionó los explosivos a los terroristas, Emilio Suárez Trashorras.Y todo ello cuando el juez Del Olmo ya había encargado oficialmente la investigación de los explosivos a la Guardia Civil. Fueron miembros de la Benemérita los que resaltaron que en casa de la mujer de Emilio, Carmen Toro, se había encontrado una agenda en la que estaba apuntado junto al nombre de Manzano un número de teléfono. El comisario salió al paso diciendo que el número correspondía a un inspector al que llamaban por ese nombre. Los guardias civiles que llegaron desde Madrid a Asturias para investigar la trama de explosivos jamás se creyeron esa versión.

Sánchez Manzano fue a Asturias, aun cuando el juez del Olmo había encargado la investigación a otro Cuerpo, participó en la investigación, la Guardia Civil se dio cuenta de que había apuntado un número de teléfono junto al “nombre de Manzano” (Múgica, además llama a Sánchez Manzano por su segundo apellido durante todo el párrafo, para acentuar el equívoco ), Sánchez Manzano “salió al paso” (cuando fue el juez del Olmo quien aclaró la irrelevante confusión) y la Guardia Civil jamás se creyóesa versión”.

Siete errores en un párrafo. Uno de ellos, el viaje de Sánchez Manzano a Asturias, que es el único citado por la juez -aunque sea para restarle  importancia-  no parece tan inocente como Su Señoría, en su candor, cree. Si leemos la frase siguiente, que la juez ha omitido -sin duda por no advertir su importancia- encontramos que Sánchez Manzano hizo este viaje a pesar de que el juez Del Olmo había encargado la investigación a otro Cuerpo. La insinuación está clara: ¿qué interés tenía Sánchez Manzano en ese viaje, a espaldas del juez Del Olmo?

¿No les suenan estas malas artes? Revisen la historia del Golpe de mano protagonizado por Prieto en el Instituto Anatómico Forense para apoderarse de las autopsias de los suicidas de Leganés a espaldas de Carmen Baladía y Cristóbal Pera… “Nada hay nuevo bajo el Sol”, como dice el Eclesiastés.

¿Errores circunstanciales, todos en perjuicio de la misma persona? ¿Errores intrascendentes, cuando sobre esa historia -que ya sabían falsa- han construido una falsa acusación contra Sánchez Manzano? ¿Errores, cuando los vemos repetirse, con pequeñas variaciones, contra todas las bestias negras de “El Mundo”?

Tch, tch…

(Siguiente entrada: LA SENTENCIA: (2) Los móviles de ETA)

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8 Responses to “LA SENTENCIA: (1) La agenda de Carmen Toro.”

  1. Errante dice:

    El artículo de 14 de Noviembre de 2004 de Pedro J. Ramírez:

    ¿Cómo es posible que el juez Del Olmo se haya creído el cuento chino de que si tenía en su agenda el teléfono del jefe de los Tedax era porque un policía de los que la visitaron utilizaba como alias el segundo apellido del comisario Sánchez Manzano y que la Comisión parlamentaria no haya ni siquiera tratado de aclarar el enredo?

    …contiene otra falsedad -un error insustancial, que justificaría Lledó- que habría que añadir: «…tenía en su agenda el teléfono del jefe de los Tedax». NO es el teléfono de Sánchez Manzano, sino de quien usa el apodo en el complejo de Canillas.

    Y en el artículo de 14 de Agosto de 2005, Pedro J. Ramírez infiere conducta dolosa a Sánchez Manzano por haber engañado al juez del Olmo con el asunto de la agenda de Toro, entre otros engaños:

    «…O al menos tratar de aclarar quién y por qué permitió al ex minero telefonear a su mujer en las decisivas primeras horas tras su detención, desde un número junto al que ella apuntó el segundo apellido del jefe de los Tedax, Jesús Sánchez Manzano.

    Pero esto no tiene el menor viso de suceder pues, a la vista de ciertos contenidos del sumario, cualquiera diría que una de las más contumaces aficiones del [b]juez instructor es la de ser engañado por el comisario Manzano[/b]…»

  2. Errante dice:

    Ah, y en el presupuesto fáctico la juez no dice que Carmen Toro sea confidente, sino la esposa del confidente. Eso habría que corregirlo en tu comentario posterior, en que preguntas retóricamente si Carmen Toro era confidente a colación de lo dicho por la juez.

  3. Errante dice:

    «Determinados errores, que la Sentencia reconoce, son considerados “circunstanciales” e “intrascendentes”, y por lo tanto no producen vulneración de la Libertad de Expresión y Opinión .»

    Aqui hay un lapsus. Sería «no exceden (o no limitan) la libertad de expresión y opinión.» O bien «no producen vulneración en el derecho al honor y la imagen».

    😉

  4. morenohijazo dice:

    He corregido algunas de las cosas que propones,. Errante, pero no lo he hecho con lo de la confidente, porque en el presupuesto fáctico la primera vez la juez llama «esposa del confidente» a Toro, pero la segunda vez ya dice directamente «dicha confidente»

    Yo creo que lo redactó la juez sin darse mucha cuenta. Por eso pongo que es como un virus subliminal que se infiltra en el coco de la juez.

    En los post de verano 2004 a 2005 no traté de hacer un comentario de texto de los artículos, porque el post se hacía kilométrico. Por eso intenté citar, simplemente, las «aportaciones» de cada artículo, aunque alguna se me escapara, como la del «teléfono de Sánchez Manzano» por Pedro J. En cambio, lo del dolo por lo de la llamada de Carmen Toro no lo incluí porque las acusaciones a Sánchez Manzano eran ya moneda común por aquel tiempo y la acusación de Pedro J, de todos modos, no está muy definida en ese estilo plúmbeo lameculos que le caracteriza.

  5. nituniyo dice:

    desbrozada la maleza de la confusión y el enredo, la insidia aparece desnuda, transparente

    pero en esto de la libertad de «expresión», la justicia se parece a los súbditos del rey desnudo, que por miedo alababan las hechuras del ropaje. Esta sociedad debería reflexionar sobre a qué le tiene miedo

    enhorabuena y gracias una vez más y las que hagan falta

  6. […] Sigue de: LA SENTENCIA: El imposible desempate. (1) La agenda de carmen Toro. […]

  7. Errante dice:

    Es verdad, Moreno, se me había pasado ese detalle: la juez sí le atribuye la condición de confidente a Carmen Toro, lo cual es un dato falso que se establece, erróneamente, en los hechos. Gran trabajo el tuyo, amigo.

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