El affair del ácido bórico (I)

Se está celebrando estos días el juicio contra cuatro responsables de la Policía Científica acusados de la falsificación de un informe pericial: el informe del ácido bórico. Si bien tiene una relación tangencial con los atentados del 11-M, porque ni fue solicitado por el juez Del Olmo ni está incluido en el sumario del caso, el affair del bórico es la muestra palmaria de la existencia de una ofensiva político-mediática planeada para implicar a ETA en los atentados del 11-M y desacreditar al Ministerio del Interior responsable de las investigaciones y merece un comentario.

Los Tedax, su jefe, Sr. Sánchez Manzano, y la jefa del laboratorio de la Unidad, ya habían sido machacados durante el verano de 2006 para tratar de demostrar que el explosivo empleado en los trenes no fue dinamita Goma 2 ECO sino Titadine, la dinamita empleada hace años por ETA y poner en duda su honradez y honorabilidad. Ahora le tocaba el turno a la otra pata principal de la investigación: la Policía Científica.

A raíz de la detención de Hassan El Haski en Lanzarote a finales de 2004, en busca y captura por orden de los juzgados nº5 (juez Garzón. Atentados de Casablanca) y nº 6 (juez Del Olmo. Atentados del 11-M), la Unidad Central de Información Exterior de la Comisaría General de Información solicitó a la Policía Científica el análisis de un polvo blanco encontrado en la vivienda del detenido.

Los peritos Manuel Escribano, Isabel López Cidad y Pedro Manrique redactaron un informe pericial en marzo de 2005, en el que además de determinar la naturaleza de la sustancia en cuestión “ácido bórico”, incluyeron unas observaciones que fueron consideradas improcedentes por su superior, Sr. Ramírez, quien ordenó a Escribano que las eliminara.

Garzón refleja en su primer auto que Escribano se negó a modificar el informe y sugirió a Ramírez El Malo (no confundir con el santo Ramírez, director de El Mundo) que “reasignara el caso a otro perito”. Así lo hizo El Malo, se lo reasignó a sí mismo, lo cual estaba dentro de sus competencias a criterio de Garzón y, eliminadas las extrañas observaciones, remitió el informe oficial a la UCIE con fecha de 22 de marzo de 2005.

Este rifi-rafe nunca hubiera debido salir, en buena lógica, del ámbito laboral en el que se produjo, pero la lógica venía torcida por intereses espurios que superaban con mucho las diferencias entre un empleado y su jefe.

Fíjense que estamos hablando de marzo de 2005. Tendremos que esperar al 9 de septiembre de 2006, el “septiembre de la infamia” para que salte a la palestra un personaje que pocos conocíamos entonces: Don Agustín Díaz de Mera, quien fuera Director General de la Policía cuando se produjeron los atentados, y en la actualidad eurodiputado por el Partido Popular.

Pero no adelantemos acontecimientos…

El día 11 de julio de 2006, el Ministerio del Interior pidió a las unidades dependientes de la Comisaría General de Información que le remitieran todos los informes realizados sobre sustancias explosivas en relación con los atentados de Madrid.

El perito Manuel Escribano entra en liza de nuevo.

Aprovechando que Ramírez El Malo está de vacaciones imprime con fecha 21 de marzo 2005 el informe que en esa fecha le fue rechazado, se lo pasa a la firma a los otros dos peritos, y se lo presenta a su superior, en aquel momento el Sr. Andradas, como si del original se tratara.

Así viene recogido en el primer auto del juez Garzón:

El documento de fecha 21 de marzo de 2005 fue extraído de un archivo (…) informático por el Sr. ESCRIBANO y firmado el día 11 de julio de 2006 por los tres peritos, para ser entregado por medio de fotocopia al Sr. ANDRADAS, Jefe de la Unidad de Análisis Científico de la Comisaría General de Policía Científica en ese mismo día, como así consta en el documento o “recibí” que el Sr. ANDRADAS les firmó, sin que en ningún momento aludieran los ahora imputados a que no era el documento entregado por ellos el 21 de marzo de 2005 sino otro preparado al efecto en el mes de julio de 2006. Con ello queda indiciariamente acreditada la intención de producir un efecto oficial de un documento que nunca lo fue y que jamás fue autentificado con los sellos oficiales de la Comisaría General Policía Científica.

Ya tenemos el informe rechazado en marzo de 2005, que “relacionaba a los islamistas con ETA”, “colado” en julio de 2006 como auténtico, aunque no les puedo asegurar si el Sr. Andradas lo envió al Ministerio del Interior porque no he encontrado donde aclarar este extremo.

¿Por qué y para qué se tomó el perito Escribano tantas molestias?

Dos meses más tarde, el 9 de septiembre, Don Agustín Díaz de Mera se presentó en la COPE asegurando que la Comisaría General de Información poseía “un informe sobre las «conexiones» entre los atentados del 11-M y el terrorismo de ETA”. ¡Qué coincidencia!

El Mundo publicó una escueta nota sobre el asunto, otra de tantas, sin darle demasiada importancia…

¿A qué informe se refería De Mera, al del ácido bórico, que al menos existe, o a ese otro que le supuso el escarnio ante el Tribunal del 11-M y el repudio de sus antiguos subordinados? No lo sabemos, de momento, aunque no perdemos la esperanza de saberlo en un futuro no muy lejano.

Cinco días después, Don Agustín retornó a los micrófonos de la COPE desde los cálidos despachos y las jugosas dietas de la Eurocámara, merecido premio a la impecable labor realizada al frente de la Policía, flanqueado por Ramírez El Bueno y Federico Jiménez Losantos. Y no era para menos, la sarta de patrañas que Don Agustín venía a contar necesitaba de dos profesionales del embuste y el engaño de reconocido prestigio para que el eurodiputado popular se sintiera cómodo en la impostura que iba a perpetrar.

Don Agustín, insistió en el informe que relacionaba a los islamistas con ETA, ampliando lo manifestado cinco días antes con detalles que preparaban el terreno para la operación que se cocinaba en los despachos de El Mundo:

-“Ha desaparecido un informe que relaciona a los islamistas con ETA”.

-“Fue encargado por la Unidad Central de Información (UCI)”. La Unidad Central de información Exterior (UCIE), quien solicitó el informe sobre el ácido bórico, forma parte de la UCI.

-“Fue redactado por un hombre y una mujer” ¿Se refiere a Manuel Escribano Escribano e Isabel López Cidad?

Estamos a 15 de septiembre de 2006. Seis días después El Mundo saca el as que el perito Escribano le metió en la manga, cabecea como si Rusia hubiera declarado la guerra a los Estados Unidos y De Mera desaparece:

Interior falsificó un documento para ocultar al juez lazos entre el 11-M y ETA

Seguido de un editorial cargado con toneladas de cinismo e hipocresía escondidas bajo un burdo manto de compromiso social y responsabilidad cívica:

Por la independencia judicial, por la legitimidad de las instituciones democráticas. (Ahí es na, parecería que el Tribunal Constitucional hubiera sido asaltado por una horda etarra y sus miembros tomados como rehenes)

Merece la pena leer un fragmento:

Somos conscientes de la enorme trascendencia política y penal de la información que hoy ponemos a disposición de la opinión pública. Los hechos que describimos tienen toda la apariencia de sendos delitos de falsedad en documento oficial y de ocultación de pruebas a la Justicia. Pero no somos nosotros quienes acusamos, sino los elocuentes documentos que, tan pronto como hemos lícitamente obtenido, trasladamos al conocimiento de los lectores.

Como en otras ocasiones de infausto recuerdo nuestra primera decisión ha sido entregarlos también a la Justicia. Anoche antes de que comenzaran a rodar nuestras rotativas quedaron depositados en el registro de entrada de la Audiencia Nacional a la atención del magistrado Juan del Olmo. Es cierto que nuestra opinión sobre su forma de instruir el sumario del 11-M ha sido y continúa siendo extremadamente crítica. Es cierto que llegó a imputar un delito de desobediencia a nuestro director por negarse a entregarle una documentación de la que luego dispusieron los demás medios sin que él los tratara por el mismo rasero. Es cierto que la reciente resolución auspiciada por los vocales del PSOE en el Consejo General del Poder Judicial, librándole de un expediente por falta muy grave, puede llevar a pensar que tal vez actúe condicionado. Sí, todo eso es cierto… pero él es el juez. Y el juez, cada juez, sometido a la revisión jurisdiccional de sus decisiones, encarna la Justicia. O sea el Estado de Derecho, o sea el sometimiento al principio de legalidad, o sea la tutela efectiva de los derechos constitucionales de todos los españoles. O sea todo aquello en lo que siempre hemos creído. Todo lo que constituye nuestro faro, nuestro afán y nuestra guía…

Cágate, lorito, con los falsarios de El Mundo.

(continuará…)

Comments

3 Responses to “El affair del ácido bórico (I)”

  1. Mangeclous dice:

    Creo que Andradas también se negó a dar curso a aquello…

Leave a Reply