Titadyn, el eterno retorno (XL) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (XL) por Rasmo

(Sigue de la entrada anterior)

Terminé la anterior entrega señalando que lo más preocupante no era tanto la insistencia mediática del Sr. Iglesias en una ficticia obligación de los Tedax de guardar los “líquidos” de lavado, cuanto el hecho de que declarase tal cosa ante órganos jurisdiccionales, llegando incluso a conseguir plasmar tal falacia en una sentencia.

En efecto, la resolución que desestimó la demanda de Sánchez Manzano contra El Mundo, contiene, entre sus “presupuestos fácticos”, este doloroso pasaje (p. 34):

Que siendo correcto el lavado de los restos de los focos de las explosiones con agua y acetona como técnica que permite el arrastre y disolución de algunos componentes y, por ende, su detección con el análisis posterior de las aguas del lavado, y refiriendo la perito tedax en el plenario haber llevado a cabo tal técnica, no obstante reconoció que no guardó muestra alguna de esas aguas, lo que impidió un contranálisis por los peritos designados en el plenario, como admitieron los dos que en el presente juicio testificaron […].

Esto es lo que la Sra. Juez consideró un presupuesto fáctico “constatado”, que más adelante incluyó entre las “anomalías y disfunciones de diverso signo” (p. 36) que a su entender justificaban la absolución de El Mundo. Y “los dos que en el presente juicio testificaron” no fueron otros que los peritos Iglesias y Romero Batallán, que lograron convencer (aunque no parece que necesitaran esforzarse mucho) a la juez de que, efectivamente, la perito 17632 tenía la obligación de conservar esas “aguas” y, ellos, la facultad de realizar un “contraanálisis” de su trabajo.

A este respecto, es interesante echar un vistazo a la transcripción del testimonio del Sr. Iglesias en dicho procedimiento, que me ha sido facilitada por fuentes anónimas [a las que cierto sentido del ridículo me impide llamar “Garganta Profunda”, como hace García Abadillo en su Prólogo].

Abogado EM: Desde su experiencia como científico o como químico, ¿usted considera que el laboratorio de los TEDAX guardó o respetó los protocolos químicos en su actuación, para garantizar la eficacia de los informes que en su día pudiera realizar?

D. Antonio Iglesias: No guardó los protocolos químicos.

Abogado EM: Bien. ¿Es cierto…?

D. Antonio Iglesias: No hablo de otro tipo de protocolos, los químicos, desde luego, no.

Abogado EM: ¿Es cierto que ni hizo un informe detallado de los componentes que había analizado, analíticos, ni tampoco, y sobre todo, guardó como elemento esencial el agua y acetona de las muestras de los focos?

D. Antonio Iglesias: Ni hizo informe ni guardó los extractos testigo de los lavados o tratamientos de agua y acetona.

[…]

Fiscal: La perito dio una explicación de por qué no se había conservado esos restos del lavado, ¿no?

D. Antonio Iglesias: No. Bueno, dio alguna explicación que me parece que no compete a un perito opinar sobre ello, porque son cosas ya de tipo jerárquico, de tipo institucional, y ahí no me voy a meter, señora.

¡¿Que no dio una explicación?! ¿Cosas de tipo jerárquico e institucional? ¿Es que este señor estuvo dormido mientras la perito Tedax, en su presencia, explicó repetidamente las razones técnicas por las que no se conservaban esos extractos?

Hay algo que ya he dicho en varias ocasiones y no me importa reiterarlo. Me parece muy bien que cada uno tenga su criterio. Me parece legítimo que alguien dude de tal o cual versión y se esfuerce, en consecuencia, por refutarla. Pero una cosa es decir que no se está de acuerdo con la explicación ofrecida y otra, muy distinta, afirmar que no se dio explicación alguna. Eso, en sede judicial, es faltar gravemente a la verdad. Y de manera bastante efectiva, a juzgar por los resultados.

A nadie se le escapará la sangrante ironía de que este perito sea también testigo de cargo en una querella, en particular, por falso testimonio. Querella en la que ha vuelto a las andadas, como puede comprobarse en su declaración de 21.10.2009 ante la juez instructora, Coro Cillán:

De Pablo: El hecho de que las muestras estén previamente lavadas con agua y acetona, ¿tuvo alguna trascendencia de cara al desarrollo de la pericia, a la calidad de la pericia?

Antonio Iglesias: Bien. Debo explicar ante todo que es una práctica analítica común y ortodoxa cuando se tiene una muestra lavarla con agua para extraer los componentes inorgánicos y lavarla con acetona para extraer los componentes orgánicos. […] Ahora bien, lo que en modo alguno es concebible es que no se conserve para un contraanálisis los extractos de las muestras, y a nosotros no nos fueron entregados.

De Pablo: No les fueron entregados.

Antonio Iglesias: Lo que perturbó enormemente el alcance de la pericia y el poder cumplir…

¿Cumplir qué? ¿Esa particular misión de “contraanálisis” que él mismo se atribuye por sí y ante sí?

Hasta ahora, he indicado la inexistencia de esos “contraanálisis” en general y, concretamente, entendidos como revisión de los líquidos de “lavado” de las muestras, basándome en las declaraciones en el juicio del 11-M de la Inspectora 17632 y de algún perito de la Guardia Civil. Esto no es poco en sí mismo, pero hay otros testimonios que no han encontrado ningún hueco en algunos medios demasiado atareados eludiendo cualquier realidad que pudiera arruinarles un titular. Así, el que fuera director de la pericial ordenada por el tribunal del 11-M, el Sr. Alfonso Vega, de la Policía Científica, en su declaración ante la instructora de la querella de la AAV11M (15.12.2009), coincidió con la perito Tedax y su colega de la Guardia Civil. Para quien sienta curiosidad, he aquí un pasaje que nunca podrá leerse en el diario de García Abadillo:

Defensa: En relación con su experiencia previa en este tipo de asuntos, se ha hablado mucho de los lavados de las muestras con agua y acetona. Ustedes en Policía Científica, esos lavados que son las técnicas de separación —es una técnica química para analizar explosivos—, ¿los guardan ustedes?

D. Alfonso Vega: No. El protocolo que se realiza en los análisis es el siguiente. Una vez que la muestra llega al laboratorio se observa y se decide, en principio, por esa experiencia que uno tiene evidentemente, qué hacer con la muestra. El protocolo en policía científica es el siguiente. La muestra se divide en dos partes si se puede. Con una parte se hace un extracto acuoso, es decir, un lavado con agua, por decirlo así, extracto en términos químicos. Un extracto acetónico, es decir, un lavado con acetona o con otro disolvente orgánico por si el explosivo está soportado sobre plásticos; se pueden utilizar lavados con metanol también. Después se concentran los extractos y se analizan.

Defensa: Y esa agua donde se concentran los extractos, ¿la guardan?

D. Alfonso Vega: Esa agua habitualmente no se guarda. ¿Por qué le digo que no se guarda? Porque según método validado que tenemos, el resultado analítico valida lo que había en ese vial. El resultado analítico que nos dé la muestra valida lo del vial. Otra cosa es en otro tipo de análisis —por poner un ejemplo yo diría el antidoping— en los cuales se toman dos muestras distintas a la vez del mismo deportista para un posible contraanálisis, que determina la ley. En este caso, yo me he leído la normativa, no determina que se hagan

Defensa: ¿Que se guarde el agua como muestra?

D. Alfonso Vega: …que se guarde en agua para hacer posteriores análisis, porque realmente ya es una modificación; tú ya has modificado la muestra. Has hecho un extracto de esa muestra.

Pero, un momento… esto es sólo lo que dicen ellos. Sin embargo, los amigos del Titadyn ya “saben” que la perito Tedax es una mentirosa. Los peritos de la Guardia Civil, por su parte, empezaron siendo unos tipos honrados cuando supuestamente trataron de advertir (“sibilinamente”, “con muy mala intención” hacia la versión oficial) al juez instructor Del Olmo sobre el problema de la metenamina (los mismos peritos de la Guardia Civil que intervinieron en el juicio fueron quienes hicieron notar en 2005 la conveniencia de aclarar si en las muestras de explosivos del 11-M había aparecido esa sustancia), para acabar siendo unos vendidos, en una trayectoria que recuerda a la recorrida por el propio Gómez Bermúdez en los medios que investigan el 11-M. En cuanto a Alfonso Vega, Pedro J. Ramírez ya señaló en su día que debería haber salido esposado del tribunal (Tertulia Cope, 29.5.2007, min. 32).

Ah, pero nos queda alguien de virtud irreprochable. Una persona de total confianza para los incorruptibles amantes de la verdad. Seguro que adivinan a quién me refiero.

El perito Manuel Escribano (el del asunto bórico) es “el principal experto en análisis de explosivos de la Comisaría General de la Policía Científica” (De Pablo, “La Cuarta Trama”, p. 199). Uno “de los mejores peritos de la Policía Científica C. García Abadillo, EM, 13.11.06). Un hombre con “30 años de meticuloso y sobresaliente servicio público” (editorial, EM, 13.11.2006). No es mi opinión, es la suya. El propio interesado, en su declaración ante la instructora de la querella contra Sánchez Manzano, dice de sí mismo: “en la Policía Científica de España hoy en día no creo que haya nadie que haya hecho más informes periciales sobre explosivos que yo”. Pues bien, en esta última declaración (18.9.2009), este honrado e intachable testigo hizo una serie de manifestaciones sobre la presente cuestión que en vano se buscarán en las hemerotecas de los medios comprometidos con la causa. Empiezo, para mayor ilustración, con algún aspecto colateral:

Letrado de la acusación (De Pablo): Con la venia. Vamos a ver, ustedes yo supongo que trabajan en su laboratorio con unas determinadas normas de calidad, ¿es cierto? Por lo menos con algún tipo de protocolos o…

Sr. Escribano: Bueno, esto no es así exactamente, por lo menos en el laboratorio químico-toxicológico no es así. Yo le voy a contar el procedimiento cómo es: a nosotros nos llega una muestra de cualquier unidad, en este caso de la Unidad Central de Desactivación de Explosivos y esa muestra el jefe determina a qué perito se la asigna. Se la asignan a un perito concreto. Entonces, es el perito el responsable, puesto que es el perito el que va a tener luego que responder ante la autoridad judicial de la analítica que ha hecho. Entonces, él decide todo lo que hay que hacer y cómo hay que hacerlo y todo esto. Es decir, no existe una normativa que diga: “Esto hay que hacerlo de esta manera y esta técnica y esta otra, por este procedimiento o por otro”. Es el propio perito el responsable de todo que es luego el que tiene que responder en definitiva ante la autoridad judicial de lo que ha hecho.

¡Anda!, el perito es el que decide todo y el que debe responder… Qué curioso: ésta era una afirmación por la que, desde las páginas de El Mundo, tachaban de “lamentable”, “detestable” y “patético” el comportamiento de Sánchez Manzano. Pero vayamos al grano:

Letrado de la acusación (De Pablo): Y cuando usted ha necesitado lavar una muestra con agua de acetona para analizarla, si ha tenido que lavarla completamente, ¿guarda el extracto con agua de acetona para permitir un contraanálisis?

Sr. Escribano: No, los extractos normalmente, en el laboratorio químico-toxicológico, no se guardan habitualmente. Ni se guardan ni se devuelven tampoco porque eso ya ha estado manipulado y entonces eso, en principio, se elimina.

Y no se vayan todavía:

Defensa: […] Desde el punto de vista de Policía Científica, si ellos [los Tedax] habían determinado que era dinamita, ¿por qué les van a mandar a ustedes? Si ellos ya tienen un resultado, ¿para qué les van a mandar a ustedes? ¿Para un contraanálisis? ¿Se ha hecho alguna vez? ¿Se han mandado ustedes…? Una vez analizado, ¿se ha mandado a ustedes para un contraanálisis? […] ¿Varias muestras […] con informe analítico de TEDAX para que la Policía Científica lo corrobore?

Sr. Escribano: No, no. Ellos diciendo: “Es nitroglicerina, nitroglicol y DNT. A ver, comprueba a ver si realmente es eso”, no, eso nunca en la vida lo he visto.

Defensa: Entonces, ¿es correcto afirmar que no se mandan a policía científica para un contraanálisis?

Sr. Escribano: No, que yo sepa no [se mandan]. Que yo sepa.

De modo que Escribano confirma lo que aducen los malvados oficialistas de Tedax, Policía Científica y Guardia Civil: que no se hacen contraanálisis entre sí y que los extractos se tiran. ¿Debería él mismo sentarse en el banquillo? ¿Lo someterán a una similar campaña de escarnio público y judicial? Insisto en que ésta es una de las principales conductas por las que quieren meter entre rejas a la perito y a su ex Jefe. En este sentido, invito a repasar las citas del “perfeccionista y abnegado” perito Iglesias (Pedro J., 2.6.2009) que he recogido anteriormente. Sus rotundos “no se puede hacer nunca”, “es deplorable”, “en modo alguno es concebible”,  etc.; sus afirmaciones profesorales sobre los “protocolos” que habían incumplido los Tedax; y las portadas, los editoriales, las horas de radio y televisión piafante… y se imaginen todo ello aplicado al Sr. Escribano cuyo testimonio, si le damos el crédito que le otorgan los conspiracionistas, implica que en todos los análisis de explosivos que se han hecho en el laboratorio “completo, idóneo y excelente” de la Policía Científica (A. Rubio, EM, 14.2.2007) también se han hecho desaparecer los extractos.

Estimo que nadie para quien la continua referencia a la búsqueda de la verdad sea algo más que un chiste puede honestamente considerar que esas declaraciones del Sr. Escribano son irrelevantes. Y no estaría de más preguntarse por qué los medios que se embadurnan con solemnes proclamas de compromiso ético y responsabilidad cívica, los que consideran su “deber moral contribuir a divulgar” el “minucioso trabajo” del perito Iglesias (P. J. Ramírez, 2.6.2009), no han dedicado una sola línea a recoger estas manifestaciones, ni siquiera para cuestionarlas. Si un humilde escribidor como yo ha tenido acceso a estos documentos (con cierta industria, debo admitirlo), no entiendo qué dificultad haya podido retener a quienes hacen bandera del periodismo de investigación.

En suma, me parece indignante la suficiencia con la que Iglesias se pronuncia ex catedra sobre protocolos que ignora y que, en la forma en que los expone, sólo existen en su imaginación. Proyecta continuamente su idea de lo que es un procedimiento químico que pudiera ser más o menos correcta en según qué contextos y considera unilateralmente que todo lo que se aparte de su entender es poco menos que una conducta delictiva. Pero, de este modo, no denigra sólo a la perito 17632, sino a toda la Policía, porque, si los análisis de los Tedax son negligentes y aberrantes, como él ha afirmado en sede judicial, lo mismo debe decirse de los del honrado perito Escribano.

Por último, quisiera concluir esta sección con varias reflexiones adicionales.

En realidad, entiendo que probablemente haya algo desenfocado en la insistencia en unos “protocolos” estrictos de actuación en materia de análisis de explosivos. Hemos visto ya la ausencia de rigurosas normas escritas. Pero es posible también que la reiteración asfixiante de los acusadores haya generado una reacción en sentido contrario que describa una situación más nítida de lo que cabe suponer que se corresponde con la práctica cotidiana. Creo que existen razones para pensar que, a lo mejor, simplemente las reglas de actuación de los respectivos cuerpos policiales no estaban al 100% claras y delimitadas ni descendían al nivel de detalle minucioso que posteriormente se ha exigido, de modo que, tal vez, como ocurre en cualquier organización, había usos o prácticas más o menos habituales (ni excepcionales ni absolutamente insoslayables) que los peritos pudieran haber aplicado según su buen criterio, dentro de unas relaciones normales de colaboración donde nadie está atosigando y controlando al otro a la espera de acusarlo de falsario y golpista…

Lo que quiero destacar es la conveniencia de no dejarse llevar por actitudes interpretativas maliciosas, que distorsionan a posteriori la percepción del comportamiento ajeno. Antes de acudir a lecturas intrigantes, deberíamos agotar las posibilidades que ofrece el principio de la buena fe. Curiosamente, Luis del Pino manifiesta: “Yo es que tiendo a pensar que las personas son buenos profesionales y que van a cumplir con su trabajo como deben” (La hora de Federico, 19.6.2008, 48:44). El propio Antonio Iglesias, predicando con el contraejemplo, afirma: “No somos mal pensados” (Esradio, 11.3.2010, con César Vidal y Luis del Pino). Pero no es eso lo que hacen cuando atribuyen siniestras intenciones a los Tedax de Sánchez Manzano y cualquier otro policía que se cruce en el camino de sus querencias particulares.

En el marco de la querella de la AAV11M, la perito 17632 habló sobre todas estas cuestiones (10.8.2009): sobre lo que se solía hacer o no, sobre la inexistencia de contraanálisis, sobre la ausencia de rigidez. A mis ojos, sus respuestas destilan sensatez y franqueza y, leyéndolas, me cuesta siquiera imaginar el dolo por ninguna parte: ¿Es ésta la golpista perjura que nos dibujan los medios enemigos de la versión oficial? Creo que la extensión merece la pena:

Acusación (De Pablo): Sí, con la venia. Vamos a ver. ¿Declaró usted ante el tribunal del 11-M en el juicio que desde su unidad casi nunca se han enviado a la Policía Científica los vestigios de explosiones explosionados?

Perito 17632: Sí, he leído en la querella que se me cuestiona el ‘casi’ o el ‘nunca’. Sé que se me quiso decir que ‘nunca’, y yo aporté el ‘casi’. Es decir, mi sensación es que es ‘casi nunca’. Porque, Señoría, llevo tantísimos incidentes con bomba hechos, que para mí en terrorismo es ‘casi nunca’ se han enviado a Policía Científica.

Pero para aclarar este término, los criterios eran los siguientes, han sido los siguientes hasta octubre del 2006, cuando por orden de la superioridad se me da la orden de que todos los restos, todos los restos, se manden a Policía Científica. A partir de ese momento, Laboratorio Tedax deja de hacer absolutamente ni un sólo análisis por orden de la superioridad como es lógico, y no se hace nada.

Pero antes, el criterio era: No había el analista o no había un licenciado en Químicas en la Unidad Tedax. No se podían hacer los análisis, se mandaban a Policía Científica.

Aparecía o nos decían los compañeros de Tedax de cualquier punto de España donde estamos, que pudiera haber habido un artefacto explosivo incendiario. Los incendiarios no son explosivos, no se detectan en mi laboratorio —permítanme personificarlo aunque no es mío, simplemente estoy allí—, y entonces, se envían en búsqueda de combustibles, de inflamables, de gases o de bombonas de gas, que muchas veces aparecen conjunto con explosivos. Se mandaban.

O se mandaban cuando algún impedimento técnico o científico en el laboratorio en el que yo estoy, y estaba haciendo análisis, pues se pensase que con las técnicas de Policía Científica, evidentemente superiores a las nuestras, pudieran dar un resultado más amplio o que sirviera más para la investigación posterior.

[…]

[P]ues yo sé que Policía Científica ha hecho restos de explosión y yo he hecho explosivo entero. Luego entonces, a partir de ese momento, yo ya no sé cuál es la norma, y creo que estaría bien aplicada porque sería la norma, pero con una flexibilidad. Entiendo yo, interpreto yo, y solo lo interpreto yo, no…

[…]

Mi interpretación es que sí pudiera haber esa norma, pero que montones de veces a Policía Científica se le han mandado restos de explosión, pero restos de explosión no de terrorismo. Cuando había bomba terrorista yo tengo la sensación de que he hecho todas prácticamente, con terrorismo puro y duro. Ahora, restos de explosión de cabinas, de bancos, de explosiones en una casa sindical, de esas pues tiene que tener muchísimas porque iban en la línea que yo he comentado antes de que si iban inflamables, incendiarios, pirotecnia. Pero yo tengo la sensación de que en terrorismo he hecho, y voy a decir que todo, pues casi todo, porque he hecho muchas y posiblemente sea una deformación mía el pensar que he hecho casi todas.

No obstante, yo también he hecho muestras enteras de zulos y Policía Científica ha hecho alguna bomba, coche-bomba, que es terrorismo puro y duro también. Es decir, hay ahí casos que aunque la mayoría de las veces haya sido así, hay casos en los que ellos han analizado restos de explosión y yo explosivo entero. En un zulo, concretamente en Burgos, recuerdo, y no hace mucho estuve en [dos] pisos de Madrid […], he estado hace pocos días en la Audiencia Nacional defendiendo y eran explosivos enteros.

O sea que había por lo visto una flexibilidad, y decíamos: “Pues si se puede hacer se hace”. Si yo en ese explosivo hubiera encontrado un componente que no hubiera podido detectar, sin lugar a dudas lo hubiera mandado a Policía Científica, hubiera sugerido a mi jefe “Esto hay que mandarlo a Policía Científica”, como hice con la furgoneta con el ftalato de dibutilo que era el componente que yo no podía detectar. Y en la furgoneta, o en cualquiera de las dinamitas Goma 2 ECO, como llevan ftalato de dibutilo que es un componente que yo no puedo detectar, evidentemente, tenga protocolo o no tenga lo voy a mandar a Policía Científica, porque yo no puedo hacerlo bajo ningún concepto. Y en virtud de saber qué explosivo ha habido, en este caso o en cualquier otro, lo voy a mandar a Policía Científica creyendo que lo hagan mejor ellos. Cuando va a ser igual, o cuando yo puedo hacerlo perfectamente y mis jefes me dicen “Hazlo”, pues lo hago.

Sra. Fiscal: ¿Y ya no lo envía?

Perito 17632: Ya no.

Sra. Fiscal: Bien, cuando usted ya ha detectado el componente que tiene…

Perito 17632: No, no.

Sra. Fiscal: Ya no lo envía.

Perito 17632: Yo eso sí que no lo he leído en ninguna parte.

Sra. Fiscal: No, y digo lo que usted hace, usted lo analiza…

Perito 17632: Yo nunca he leído que nosotros hiciéramos una cosa y luego eso se mandara. No, no, yo quedo con ello para siempre hasta la Audiencia Nacional cuando a mí me cita.

Sra. Fiscal: Conforme, gracias. Nada más, Señoría.

La perito analizó los restos de los focos, halló componentes y llegó hasta donde, según su criterio, era técnicamente posible llegar: dinamita. Más tarde abordaremos este punto en detalle, pero lo esencial es subrayar la coherencia interna de su actuación, con independencia de que a algunos comentaristas sus criterios les pudieran parecer (años más tarde) discutibles.

Incluso si nos apoyamos en opiniones divergentes sobre lo que pudiera haber sido la práctica habitual en materia de exposivos, como la de Díaz-Pintado, que los conspiracionistas citan reiteradamente, es notoria la diferencia en las conclusiones a las que abocan los diversos puntos de partida interpretativos (presunción de buena fe frente a lo contrario). Me estoy refiriendo a algo que ya he comentado en anteriores páginas. Se trata del anacronismo con el que se establecen, mucho tiempo después de los hechos, distinciones entre el explosivo “de los trenes” y el “de fuera de los trenes” y con el que se hacen atribuciones de intención respecto de los policías implicados. En efecto, Díaz-Pintado, en su declaración ante la juez instructora de la querella (18.9.2009), nos muestra cómo es posible discrepar de los criterios aducidos por los Tedax sin necesidad de perder el sentido común:

Sr. Díaz Pintado: […] Yo estuve, como he dicho, hasta el 2 de junio y nadie me dijo: “Es que no mandan los restos, no mandan los vestigios y los necesitamos”.

Defensa: ¿Policía Científica reclamó?

Sr. Díaz Pintado: No lo sé. A mí, que me conste, no, pero aparte de eso hay un componente a tener en cuenta: con el tiempo las teorías son infinitas y seguirán siendo, pero realmente lo que hace que de alguna manera no se le preste tanta atención a esa supuesta distinción es que en las primeras horas del 12 aparece la bolsa de El Pozo. Como la bolsa ya es objetivo y están viéndolo, dicen: “Esto es Goma-2”. […] [A]parece la Goma-2, que se relaciona con la furgoneta Renault Kangoo y ya, de alguna manera, las prioridades para nosotros eran otras, era evitar un segundo atentado, era… En fin, quiero decir que eso sí que todo el mundo dijera: “Bueno, ya sabemos que el explosivo que han utilizado esta gente es Goma-2”. Luego siguió la investigación por la rama de Asturias, de todo eso; del origen del explosivo. Entonces, nadie reclamó diciendo: “Es que no me han mandado los vestigios”. Probablemente, si no hubiera aparecido la bolsa, sí habría Policía Científica preguntado que qué pasaba para hacer el análisis pero a mí no me lo pidieron.

Defensa: ¿Y no tiene constancia de que Policía Científica se haya quejado ni nada? Porque usted es el jefe, el comisario general de Policía Científica. […] En caso de conflicto entre dos unidades tendrían que haberse dirigido a usted, ¿verdad?

Sr. Díaz Pintado: Exactamente.

Defensa: El hecho de que no se dirigieran a usted es que no hubo conflicto, cada uno asumió su reparto de papeles.

Sr. Díaz Pintado: Sí.

Es decir, aun poniéndonos, sólo a efectos discursivos, en el caso más favorable para los críticos de la versión oficial en cuanto a procedimientos habituales, conviene tener presente que, para los agentes implicados en los hechos mientras éstos se desarrollaban, el explosivo había quedado perfectamente identificado al cabo de unas horas, lo que hacía que los focos, mucho más limitados en sus posibilidades analíticas, perdieran en gran medida su relevancia, una vez que habían dado la información que cabía esperar de ellos (dinamita). Siendo tan accesible y natural una interpretación benigna, ¿qué sentido tiene atribuir mala fe a los Tedax si no es por mero voluntarismo acientífico?

Todo lo anterior seguiría siendo cierto con independencia de que, objetivamente, pudiéramos señalar deficiencias en la actuación de los Tedax. La malicia no se prueba señalando que se han seguido procedimientos científicamente, químicamente, mejorables. Por ejemplo, la “orden de la superioridad” que, desde octubre de 2006, dispone que los análisis de explosivos se realicen exclusivamente en la Policía Científica, puede ser (o no) un reconocimiento de que la práctica anterior dejaba que desear. Podemos discutir todo lo que queramos sobre lo que, con ánimo de enmienda, convenga establecer para el futuro a partir de insuficiencias del pasado. El problema es que aquí no estamos en una sesión de evaluación y sugerencias de mejora, de puesta en común de criterios y experiencias para el avance de la práctica forense, en un contexto académico o en el marco de algún seminario profesional. No. Estamos hablando de agentes a los que se acusa de haber cometido a propósito delitos gravísimos para propiciar un vuelco electoral (léase “Golpe de Estado”) y para los que se piden en consecuencia años de cárcel.

Por ello resulta especialmente esperpéntica la postura de organizaciones como el Sindicato Unificado de Policía, que se persona como acusación en la querella de la AAV11M, una querella en la que explícitamente se atribuye un delito de encubrimiento a los querellados, al tiempo que el secretario general de dicho sindicato afirma (comunicado de 9.12.2011):

[C]hapuza, rutina, poca profesionalidad… todo eso nos parece posible pero que se haya actuado desde la Policía para encubrir a los verdaderos autores, eso seguimos sin creerlo.

Y es que el firmante de la querella contra Sánchez Manzano y la perito 17632 no deja muchas dudas sobre el sustrato teórico que la fundamenta (De Pablo en la Cope, 9.3.2009, 16:30):

Que la intención de los atentados era dar un vuelco electoral, yo entiendo que no hay ninguna duda. […] Y para ese vuelco electoral era necesaria la comisión de los atentados previa, pero también una serie de hechos que suceden después de los atentados, por tanto, yo entiendo que todo encaja dentro del mismo iter. ¿Qué persona está detrás de esa manipulación que hay después? Eso ya no lo sé, evidentemente, pero que hay una manipulación después de los atentados y que va encaminada a un resultado electoral concreto, no tengo ninguna duda.

Así, no es de extrañar que el procedimiento contra Sánchez Manzano y la agente 17632 se plantee como una forma de tirar del hilo de esa supuesta trama de manipuladores golpistas en la que incluyen, de manera muy poco velada, a los querellados. El hombre que se enorgullece de haber “alentado” esa querella, Pedro J. Ramírez (EM, 18.9.2011), es diáfano (encuentro elmundo.es, 11.3.2011):

No tengo duda de que existió una trama policial o bien para colocar pruebas falsas o bien para manipular lo encontrado. […] Sánchez Manzano es la punta del iceberg de esa trama. […] La conducta de Manzano va destinada a cambiar la percepción sobre el atentado y es imposible que actuara por su cuenta.

Y también (PJ, Cope, Tertulia, 16.5.2007, 36:50):

Desde luego, por parte de Sánchez Manzano, necesariamente, si ha existido una trama de falsificación de pruebas, es imprescindible que Sánchez Manzano formara parte de la misma.

Hemos abierto una brecha” (EM, 2.6.2009), decía por su parte el químico Iglesias en la presentación de su libro, arropado por la dirección de El Mundo. Y el espíritu (nacional) del que está imbuido dicho perito brota en un exaltado intercambio entre él mismo y César Vidal y Luis del Pino (esradio, 11.3.2010, 26:50), que merece la pena citar con amplitud:

C. Vidal: Realmente la costra con la que se ha querido rodear el 11-M para consagrar una versión oficial que se ha desplomado totalmente, ¿es una costra que se ha horadado y vamos a llegar hasta el final del 11-M?

Luis del Pino: Pues yo creo que a lo largo de los últimos meses se han producido muchísimos cambios en cuanto a nuevas informaciones que hemos ido conociendo. El libro de Don Antonio Iglesias sirvió para abrir muchos ojos a mucha gente, porque era un análisis riguroso y científico que por qué la sentencia del 11-M es errónea. Pero aparte se ha producido, y también gracias a esas noticias y gracias a la publicación de ese libro […], se ha producido un cambio yo creo que enorme en la percepción de la opinión pública, que está empezando a darse cuenta de que es que llevamos seis años de mentiras […]. Y la opinión pública también se ha dado cuenta de algo de enorme importancia: que es que […] las propias víctimas de la masacre están hasta las narices y han presentado querellas judiciales por manipulación de pruebas y falso testimonio contra mandos policiales, y están reclamando un día sí y otro también ayuda a la sociedad para continuar pidiendo a los partidos políticos y a las instituciones que hagan algo y dejen de cerrarse en una versión oficial que es que ya huele, ya es insostenible.

A. Iglesias: Estoy totalmente de acuerdo.

C. Vidal: […] Jesús fue el que dijo que la verdad nos hará libres. Yo estoy convencido de que al final la verdad del 11-M se abrirá paso y eso va a ser una enorme manifestación de libertad no sólo para los familiares de las víctimas, no sólo para la memoria de las víctimas, sino para todos los españoles, porque yo estoy convencido de que la historia de España cambió el 11-M y tenemos que volver a un rumbo distinto al que ha venido después.

A. Iglesias: Y una nación como España merece ser fiel a una historia que tiene muchos más puntos de gloria que de villanía. Este es un punto de villanía, una lastra que espero que algún día se borre.

C. Vidal: Así sea.

Expresiones que, me atrevo a sugerir, no delatan una actitud particularmente apolítica, ecuánime y académica. Pero es sólo mi opinión.

Lo que no es mi opinión, y con esto vuelvo al hilo de mi exposición para concluir este bloque, es que no cabe atribuir malicia y designios conspirativos golpistas a quien no cumple unos “protocolos” que no existían y, en el caso concreto de los extractos, siguen sin existir. De otro modo, los profesionales sólo aprenderían de sus errores, suponiendo que lo fueran, desde una celda, lo cual no parece una concepción muy razonable del desarrollo técnico y científico. No estoy negando que haya habido lecciones que aprender del 11-M. Me limito a señalar algo tan simple como que las lecciones de un acontecimiento sólo se aprenden después del acontecimiento, no antes; con mayor motivo cuando se trata de acontecimientos excepcionales.

Alfonso Vega, el director de la pericial de explosivos ordenada por el tribunal del 11-M, hizo a este respecto apreciaciones interesantes en su declaración ante la juez instructora de la querella contra Sánchez Manzano (15.12.2009). Algunas de ellas probablemente se entenderán mejor cuando se expongan otras cuestiones relativas a la conservación de las muestras para evitar posibles contaminaciones (asunto que, como todo, también fue objeto de polémica en su momento). A los presentes efectos, resultan bastante pertinentes las referidas a la cuestión de los contraanálisis. No en el sentido de contraanálisis de los extractos acuosos y acetónicos, que sigue siendo una pretensión unilateral de los “peritos independientes”, sino en general, como reexamen de las muestras de explosivos:

Una cosa que aprendimos del 11-M ―también es cierto que es la primera vez que se hizo un contraperitaje de esta naturaleza― es que las muestras se guardaban antes, más que para hacer contraanálisis, como evidencia judicial. Se guardaban más como evidencia judicial que como evidencia para hacer contraanálisis. Hemos aprendido que si en otro momento determinado debe hacerse contraanálisis, la conservación de las muestras en bolsas de plástico no es la más adecuada.

Así, la policía ha hecho unas directrices según las cuales ahora mismo se intenta guardar las muestras ―es también una cuestión económica― en envases de vidrio o, mejor incluso, en envases de metal. Lo que pasa es que el coste económico de eso es muy grande. Entonces, hay que valorar un poco el coste económico con las características. Claro, nunca vamos a saber dónde se va a hacer otro informe pericial repetido, pero evidentemente, hemos aprendido esa característica.

Ah, pero no: según Iglesias, con independencia de consideraciones de coste y beneficio, los Tedax de Sánchez Manzano deberían haber hecho algo sin precedentes (y onerosísimo) en previsión de que años más tarde unos tipos sin experiencia alguna en el análisis forense de explosivos pudieran venir a corregirles los deberes (sin que nadie se lo pidiera ni les habilitara para ello) según criterios personalísimos que sólo un adivino podría haber anticipado.

(Continuará)

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