¿Había metralla en los cadáveres del 11-M? por Desiertos Lejanos

Antes de entrar estrictamente en el tema que se plantea alrededor de las autopsias, la metralla y las declaraciones de la Dra Baladía conviene hacer algunas aclaraciones para quienes se acercan a estos temas sin demasiado conocimiento y sin ánimo de profundizar:

1- La discusión acerca de la metralla es falsa por muchas razones. En primer lugar porque la presencia o ausencia de metralla en los cadaveres (e incluso en los focos de las explosiones) no probarían ninguna de las hipótesis que los medios conspiradores pretenden asumir como «falsas verdades» y que dan origen a esta polémica y a esta presentación en el juzgado de Coro Cillán.  Las bombas utilizadas en los trenes no se compran en la ferreteria de la esquina en un kit cerrado con manual de ensamblaje y no tienen por qué tener todas exactamente la misma construcción. Aún en el caso que se hubiera buscado metralla en los cadaveres y no se hubiera hallado, ese dato por sí solo no presupone que la mochila de Parque Azorin es falsa (como proclaman los medios conspiracionistas). Pudo haber metralla en uno,  sólo en algunos o en todos los artefactos. La presencia o ausencia de metralla no probaría nada acerca de la construcción de ninguno de los artefactos y eso nos da pie a la segunda relflexión:

2- Es falsa porque una pericia, y una autopsia es una pericia, sólo puede dar respuesta a las preguntas que se le hacen; y siempre que se le haga la pregunta correcta. Es muy dificil que se obtenga en una autopsia la respuesta a ¿como estaban construidos los artefactos explosivos? y más dificil aún si a esa autopsia no se le hace esa pregunta (que un forense dificlmente haría y que la Dra Baladía no hizo en ese momento). La autopsia no es una pericial sobre los artefactos ni sobre los focos. Tomar un supuesto dato, aislarlo del estudio en el que se está realizando y proyectarlo como conclusión absoluta a una pericia que tiene un campo y un método completamente diferentes es hacer trampa. Y es una trampa mucho más flagrante si, además, el dato proyectado es falso. Hubieron pericias de los focos, realizadas por peritos especializados y fueron ellos los únicos que tuvieron capacidad, medios técnicos, conocimiento y acceso al lugar para determinar si hubo o no metralla. Si la Dra Baladia no firmó en su momento un informe pericial acerca de la construcción de los explosivos no fue porque una mano poderosa quiso ocultar una verdad peligrosa, sino porque la doctora carecía y carece de conocimientos técnicos, de acceso a las pruebas y de herramientas adecuadas.Dicho en otras palabras: ni entonces, ni ahora, pudo saber la Dra Baladia si en los artefactos hubo o no metralla. Como mucho pudo saber, y veremos si hizo lo necesario para averiguarlo, si hubo metralla en los cadaveres de las víctimas y por eso la tercera reflexión:

3- Esta discusión es falsa por extemporanea y malintencionada. Extemporanea porque en el juzgado de Cillán no se esta tratando acerca de las periciales ni de las autopsias sino acerca de la actuación de Sanchez Manzano. Y malintencionada porque los medios conspiradores pretenden, una vez mas, encontrar en esta polémica una excelente respuesta a una hipotética mala pregunta que  nadie ha formulado.

Dicho ésto, pasemos a debatir lo prometido.

«Nada, nada en absoluto. De los 191 cuerpos solamente creo que en uno se encontró un fragmento metálico, que debía ser, lógicamente, de los trenes. Pero ni clavos, ni tuercas, ni tornillos. No había metralla entre nuestros 191 muertos» (Carmen Baladía, Directora del IAF durante el 11-M)

En Enero de 2008, en una entrevista concedida a Luis del Pino, la máxima responsable del Instituto Anatómico Forense durante los atentados del 11-M hacía esta declaración. Recientemente, al parecer, ha vuelto a afirmar lo mismo ante la juez Coro Cillán, que instruye la querella interpuesta por diversas asociaciones contra quien fue jefe de los TEDAX, el comisario Sánchez Manzano, y contra la perito químico que realizó los primeros análisis del material obtenido y seleccionado entre los restos de los atentados por los agentes TEDAX.

Debemos empezar aclarando que el término metralla puede hacer referencia, tanto a la presente en el artefacto explosivo (clavos, tornillos, rodamientos, etc), que se llama metralla primaria, como a la arrancada por la explosión entre las estructuras del escenario de los atentados, en este caso, trozos sólidos de los vagones (metralla secundaria o inducida).

¿A qué hacía referencia Carmen Baladía? Puesto que habla de “un fragmento metálico, que debía ser, lógicamente, de los trenes” en la primera ocasión y a una «barra metálica de 40 centímetros de longitud«, «restos metálicos en piernas y abdomen» y a “heridas que podían provenir de restos metálicos del entorno de la explosión” en la segunda, es evidente que está hablando de toda la metralla: según ella -exceptuando unos raros casos- no existía metralla ni primaria ni secundaria o inducida.

Aclaremos aquí que el objetivo último de Carmen Baladía (y de sus anfitriones mediáticos: Luis del Pino, “El Mundo”, etc) no es negar la existencia de metralla en los cadáveres de las víctimas del 11-M. No. Lo que se intenta demostrar es que existe una clara diferencia entre una de las mochilas que no explotaron -en la cual se encontró metralla primaria colocada allí por los terroristas- y el resto de mochilas que sí explotaron, provocando la masacre. Demostrar eso, para los conspiracionistas, equivaldría a probar que dicha mochila -que ellos llaman, inadecuadamente, “de Vallecas”- es falsa y fue dejada intencionadamente por alguien que tenía como objetivo sembrar de pistas falsas la investigación. Y para ello demostrarlo defienden hasta lo inverosímil, dada la magnitud de las explosiones: que no existía en los cadáveres ni siquiera metralla secundaria o inducida, proveniente de los vagones. De hecho, el actual protagonismo de Carmen Baladía no es la primera mención que se hace a la supuesta inexistencia de metralla en los cadáveres.

Vamos a tratar de estudiar qué hay de verdad en ello. La sistemática que seguiremos es:

1- Metralla en los supervivientes: Carmen Baladía, Luis del Pino y quienes les siguen evitan cuidadosamente enzarzarse en polémicas con los vivos sobre el origen de los cuerpos extraños que les hirieron -cuyo origen, tanto si fueron extraídos como si aún permanecen en su interior, sería más sencillo de averiguar- y se limitan a hablar de los cadáveres.

2.- Metralla en los cadáveres: si nos tomamos la molestia de comparar la información de Libertad Digital sobre las declaraciones de 2008 y las de 2011 observaremos unas sutiles, aunque importantes, diferencias. A pregunta directa de Luis del Pino en 2008, la forense responde categóricamente que NO existió metralla, ni clavos, ni tornillos, en los cadáveres del 11-M, y que “sólo” se encontró un fragmento metálico “que debía ser, lógicamente, de los trenes ” (¿”lógicamente”?). En 2011, ante la juez Coro, y según la información de Libertad Digital -que deberíamos tomar con ciertas reservas- habla de una “barra metálica de 40 centímetros de longitud”, de “restos metálicos en piernas y abdomen” y de “seis de los informes” de los médicos que realizaron las autopsias, en los que se cita lesiones por metralla que, según Baladía, “podían provenir de restos metálicos del entorno de la explosión”. Dando por buenas las informaciones de Libertad Digital sobre la declaración ante la juez Coro Cillán, hemos pasado de un caso a ocho, pero aún así parece poco para un atentado en el que varios vagones de tren fueron completamente destruidos. ¿Por qué aparece tan poca metralla?

3.- Metralla aparecida en la mochila desactivada en Parque Azorín, en otros artefactos explosivos y metralla recogida en los escenarios de los atentados. Ciertamente, la existencia de diferencias entre ellas, como queda dicho en la introducción de este artículo, NO significa de que la mochila «de Vallecas» sea falsa, pero si hay pruebas de que la metralla en los diversos escenarios es idéntica, constituiría un argumento de peso -aunque no definitivo- a favor de que todas los artefactos explosivos fueron fabricados por el mismo grupo.

Entremos en materia:

1) Metralla en los supervivientes del 11-M

Si nos atenemos a los testimonios de las víctimas de la masacre y a las investigaciones periodísticas no cabe ninguna duda de que muchas de las personas que sufrieron traumatismos y heridas durante los atentados están convencidos de haber sido heridos por metralla. Tenemos, entre mucho ejemplos, el de Jesús Ramírez, vicepresidente de la Asociación Afectados por el 11-M; Antonia Guillamón, una guardia civil; supervivientes citados por la presidenta de la Asociación Afectados por el 11-M; José Luis Sánchez, que vio metralla en la cara de su mujer; Alfonso Chamorro, enfermero; Raquel Iglesias, trabajadora del Colegio de Procuradores, y otros como Javier Gismero, que hizo un discurso ante la AVT en 2006, cuyo enlace ha desaparecido de la página de la asociación, pero que podemos recordar:

Mi nombre es Javier Gismero y soy una de las más de las 1500 victimas que resultaron heridas en los atentados del 11 de Marzo de 2004. El atentado, además de un 80% de sordera y de haber sembrado todo mi cuerpo con pedazos de metralla, además de truncar mi carrera profesional como militar, además de todo eso, me ha dejado otras cicatrices. Cicatrices aún hoy abiertas, y que difícilmente curarán.

La situación de extrema confusión sufrida puede hacer difícil asegurar si una persona fue golpeada por un fragmento de metralla o por cualquier otra cosa, pero muchas de estos pacientes aún tienen cuerpos extraños en el interior de su cuerpo, lo cual hace su testimonio digno de consideración, aunque no se pueda presentar como prueba definitiva.

Más objetivo resulta lo observado por los servicios sanitarios, como lo que pueden recordar los trabajadores de los servicios de emergencias o, sobre todo, estudios rigurosos y publicados en revistas de alcance internacional, como el realizado en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid o el documento «TERRORISMO Y SALUD PÚBLICA», redactado con la colaboración de organismos tan prestigiosos como Universidades, Institutos de Salud y el Ministerio de Sanidad.

Es este último análisis se da la cifra de 89 pacientes (de 243 evaluados, un 38 % aproximadamente) atendidos en el Hospital Gregorio Marañón (HGUGM), como afectos de heridas y contusiones por metralla. En otros artículos de la misma fuente (Dr. Turégano) se da la cifra del 36 %, lo que viene a ser lo mismo. No ha de entenderse que todos ellos presentaran dentro del cuerpo la esquirla, ni mucho menos. En muchos casos, habría una contusión, algún caso puede haber entrada y salida, roce sin penetración, incluso succión por la presión negativa. También se detalla que de 23 de los 27 pacientes críticos ( lógicamente suponen un porcentaje claramente mayor, el 83%,) evaluados en ese hospital durante el 11-M presentaban lesiones por metralla -sea primaria o inducida- en partes blandas.

Parece razonable suponer que los pacientes atendidos, en especial los 27 en situación crítica, debieron ser objeto de exhaustivas exploraciones hasta llegar a un correcto diagnóstico, aunque la metralla no fuese la causa de la gravedad de su estado. Y no me cabe duda de que los científicos que firmaron el estudio se aseguraron de incluir sólo aquellos casos en los que habían comprobado la existencia de metralla.

Aunque no disponemos de cifras de otros servicios sanitarios, al parecer las cifras de heridas por metralla entre los pacientes más graves (los que acudieron a los hospitales) venía a ser similar.

Por lo tanto, si con los testimonios de las víctimas tal vez podíamos llegar a la “certeza moral” -como diría Carmen Baladía- de la existencia de metralla en el cuerpo de los sobrevivientes a los atentados, tenemos aquí lo que podríamos llamar “certeza científica”.

Y no se trata de cifras despreciables: en un tercio de los atendidos se comprobó la existencia de metralla. Incluso si nos centráramos en los pacientes críticos, 23 de los 243 pacientes atendidos en el Hospital suponen casi un 9,5 %. Dicho de otra manera, casi la décima parte de los pacientes atendidos en el Gregorio Marañón estaban en estado crítico y tenían lesiones por metralla. No cuadra, desde luego, con los “casos excepcionales” de metralla de cualquier origen que quieren presentar los conspiracionistas ¿verdad?

Aunque parecería razonable suponer que con esto queda demostrado, más allá de toda duda razonable, la existencia de metralla entre las personas que sobrevivieron a los atentados, quizás alguien pueda considerar insuficiente la “certeza científica” y desearía obtener una “certeza legal”.

Este tipo de seguridad sólo nos la puede dar la sentencia judicial. En el caso de los atentados del 11-M, es obligado acudir al Auto de Procesamiento del Sumario 20/2.004 y a las sentencias de la Audiencia Nacional de treinta y uno de Octubre de dos mil siete, y al correspondiente recurso de casación ante el Tribunal Supremo (Sentencia Nº: 503/2008), que la resolución que tome la juez Coro Cillán sobre la apertura de juicio oral a Sánchez Manzano y la perito químico nunca podrán invalidar, mal que les pese a los conspiracionistas.

Ciñéndonos a este último texto legal, la Sentencia del Supremo, observamos que en la extensa relación de lesionados que figura a partir de la página 60 se relatan las secuelas padecidas por diecisiete personas en la que se comprobó la existencia de metralla. Ciertamente, no se dice que se trate de metralla “primaria” -es decir, tornillería o clavos del artefacto explosivo- pero tampoco que no lo sea; y es que a cada uno lo suyo: la labor de los equipos de valoración médica consistió en valorar las secuelas e incapacidades producidas por el atentado terrorista, independientemente de si los fragmentos metálicos o las heridas se produjeron por un clavo contenido en la mochila explosiva o un trozo desprendido de la estructura del tren, y la de los juzgados estipular las indemnizaciones a que tenían derecho las víctimas del atentado. No ha lugar a establecer categorías de víctimas según la procedencia de los proyectiles recibidos; quede esta indignidad para los conspiracionistas.

Es de suponer que todos -o casi todos- los heridos en el 11-M pidieron ser considerados víctimas de los atentados, y por ello, basándonos en la sentencia judicial, diecisiete parece ser un número fiable de los que podemos considerar lesionados por metralla con derecho a indemnización por daños o secuelas.

Obviamente, las cifras de pacientes del Hospital y las de los Tribunales no concuerdan: algunos de los pacientes que ingresaron en estado crítico fallecieron más adelante, mientras que a otros se les extirparon los fragmentos de metralla, por lo que su presencia en el interior del organismo no puede ser valorado como secuela.

2) Metralla en los cadáveres del IFEMA.

Demostrada la existencia de fragmentos de metralla en las personas atendidas por los equipos sanitarios, así como entre los afectados que presentaban secuelas, pasemos ahora a estudiar su presencia (o su ausencia) en los fallecidos.

Como ya hemos dicho, Libertad Digital ya había publicado un artículo (cuyo enlace no está disponible en la web de LD) intentando desacreditar la  validez como prueba de la mochila desactivada en Parque Azorín, mal llamada “de Vallecas”, con anterioridad a la entrevista de Carmen Baladía con Luis del Pino.

De hecho, y dado que los conspiracionistas ya trabajaban en esta pista, sorprende que no aprovecharan la declaración de la forense durante el juicio por el 11-M para preguntarle por la metralla. Repasemos lo que se dijo:

Defensa de Aglif: ¿Se ha propuesto hacer algún estudio comparativo [entre] las víctimas de los trenes [y los de Leganés], para ver las causas, si sean parecidas o iguales?

Perito Forense Carmen Baladía: Y a continuación, hay esa onda de presión negativa, que produce un desplazamiento en sentido contrario; es decir, que aunque es de menor intensidad, es más larga en el tiempo y produce una succión, de manera que en nuestros 191 muertos no encontramos ningún objeto, en el interior de esos cadáveres, que pudiera corresponder al contenido o el continente de un objeto explosivo.

[…]

La gran diferencia [entre IFEMA y Leganés] es que entre nuestros muertos no había ese signo indiciario propio de un suicida terrorista.

La Defensa de Aglif no pregunta específicamente por la existencia de metralla, sino por las similitudes o diferencias entre los atentados y los hechos sucedidos en Leganés el 3 de Abril. Carmen Baladía utiliza una expresión ambigua “contenido o continente de un objeto explosivo” que puede hacer referencia al detonador con la dinamita, pero puede ser también entendido como que no existía metralla en los cadáveres de IFEMA; sin embargo, ella misma da una posible explicación para ello: la succión provocada por una onda de presión negativa. Nadie durante el juicio entendió que tratase de negar la existencia de metralla en las bombas; por lo tanto, es falso que Baladía defendiera la ausencia de metralla y nadie le llevara la contraria, como han dicho algunos conspiracionistas. Anotemos, de paso, que llama a esto «signo indiciario propio de un suicida terrorista» y reconoce que sí apareció en el suicidio de los terroristas en Leganés al verse copados.

Como ya se conoce, en Enero de 2008 Carmen Baladía es mucho más rotunda:

«Nada, nada en absoluto. De los 191 cuerpos solamente creo que en uno se encontró un fragmento metálico, que debía ser, lógicamente, de los trenes. Pero ni clavos, ni tuercas, ni tornillos. No había metralla entre nuestros 191 muertos».

En esta ocasión, la forense está afirmando, implícitamente, conocer los resultados de las 191 autopsias y no sólo niega la existencia de metralla procedente de las bombas, sino que afirma que el único fragmento metálico encontrado en un cadáver es un fragmento “lógicamente” de los trenes. Es decir, por si alguien lo duda, está afirmando que tampoco existe ningún otro trozo de metralla secundaria aparte de ese fragmento citado.

No conocemos las últimas declaraciones de Carmen Baladía ante la juez Coro Cillán, pero de la información de Libertad Digital parece desprenderse que no fue tan asertiva, ni mucho menos. Habla de dos cadáveres de los que se extrajeron restos metálicos, una «barra metálica de 40 centímetros de longitud» y, en otro, «restos metálicos en piernas y abdomen«; dice que “en los informes en los que se hicieron radiografías, no se aprecia eso que se ha venido a llamar la tornillería, ni tuercas, ni clavos, ni tornillos. Se aprecian tratamientos dentales, prótesis y luego los dos casos referidos«, y reconoce que existen seis informes médicos en los que los forenses hablan de metralla, que para ella se refieren probablemente a “heridas que podían provenir de restos metálicos del entorno de la explosión”.

Vemos que, incluso con el favorable lifting de Libertad Digital, gran parte de su firmeza parece haberse esfumado. “Sólo de dos de los cadáveres se extrajeron restos metálicos” (pero puede haber más); “en los informes en los que se hicieron radiografías” no se apreció tornillería (pero como veremos en seguida, sólo se hicieron estos estudios en muy pocos pacientes) y cuando los médicos hablan de metralla “pueden” referirse a heridas por metralla proveniente de los trenes.

Para ilustrar la debilidad de este último argumento, puede consultarse uno de los casos en los que se habla de metralla en el tomo 3 del Sumario (folio 626 de las actuaciones -página 133 del documento pdf ). Se trata de un paciente en el que el médico certifica muerte por hemorragia intraperitoneal causada por metralla abdominal. ¿Llegó a extraer la metralla el médico? Al parecer no, pues no figura en esos dos casos “extraídos” que Carmen Baladía ha citado ¿Pudo conocer su origen como metralla inducida? ¿Cómo, si no se extrajo la metralla? ¿Le dijo el médico a Carmen Baladía que “podía ser” una metralla inducida? ¿No conocía Baladía este caso, como los otros, cuando habló con Del Pino en 2008? En este caso parece claro que el médico, aunque no sabemos si llegó a ver el trozo de metralla, hace referencia a él porque el paciente llegó con una hemorragia abdominal por una herida inciso-contusa provocada por un objeto violentamente despedido por la explosión, que es la causa de la muerte. La extracción del trozo, o aún su visualización mediante pruebas complementarias, no es prioritario, dado el fallecimiento del paciente.

¿Cuántos trozos de metralla pudieron quedar dentro de los cadáveres, insospechados, porque el paciente llegó ya muerto o porque no fueron causa del fallecimiento?

Veíamos en el apartado anterior las cifras de metralla estimadas por el Hospital Gregorio Marañón: un 36 a 38 % de los pacientes totales, un 83 % de los pacientes críticos. Según la entrevista de 2008 a Luis del Pino, el porcentaje de metralla entre los cadáveres sería de 0,52 %, y aún aceptando la cifra de dos extracciones y seis informes médicos de metralla que cita Libertad Digital, sólo ascenderían a un 4 %.

Es de suponer que Carmen Baladía no mintió ante el juzgado; efectivamente, los dos casos de extracciones y los seis informes son aquellos en los que ha quedado constancia documental de la existencia de metralla. De hecho, seguramente la defensa de Sánchez Manzano y la perito químico habrá llevado a cabo una importante labor de investigación para confrontar a la forense con esos casos, y podemos sospechar que no encontraron más.

Quiero recordar aquí que algunos artículos periodísticos, como éste de «El País». hablaban de «hasta 50 autopsias» con metralla; ignoramos en qué pruebas se basan los redactores (quizás entrevistaron a los forenses, quizás añadieron aquellos casos en los que las heridas parecían estar producidas por metralla), así que prefiero seguir basándome en las declaraciones de Carmen Baladía y las pruebas a nuestro alcance.

¿Por qué, pues, existe tanta diferencia entre los supervivientes y los muertos, en cuanto a la presencia de metralla?

Sólo se me ocurren tres posibilidades: que la metralla suponga una ventaja en cuanto a la supervivencia, que en el Gregorio Marañón y otros hospitales se haya diagnosticado erróneamente un excesivo número de cuerpos extraños, o que en IFEMA no se llegase a identificar todos los casos de metralla.

La primera de estas posibilidades (que los pacientes que reciban metralla, por el motivo que sea, tengan mejor pronóstico que los que no) podemos descartarla por irrisoria, y en cuanto a la segunda, ya hemos podido comprobar en los enlaces anteriores la concienzuda labor de los profesionales sanitarios para diagnosticar y tratar de la mejor manera posible a los heridos en los atentados. Dado que estos casos están convenientemente respaldados por estudios radiológicos repetidos -en los que, por otro lado,  resultaría prácticamente imposible confundir los cuerpos extraños metálicos con otra cosa – y generalmente han sido estudiados por varios profesionales, parece difícil que el error esté allí.

Investiguemos la tercera de las posibilidades: que en IFEMA se encontrase poca metralla porque no se hizo una búsqueda exhaustiva, y por lo tanto sólo se registraron aquellos casos en los que el médico-forense se encontró con la metralla mientras hacía su trabajo. Para ello, lo primero que debemos conocer es ¿qué se pretendía averiguar al realizar las autopsias? Y después ¿cómo se realizaron técnicamente las autopsias?

Establezcamos, antes de nada, los estándares que nos permitirán establecer si se buscaron sistemáticamente fragmentos metálicos en los cadáveres del 11-M. Si las autopsias practicadas en IFEMA los cumplieron, diremos que se buscó metralla pero no se encontró. Si no los cumplieron, diremos que no se buscó metralla (no era una prioridad) por lo que el hallazgo de algunos casos se debió a las peculiaridades de cada caso y su ausencia no se podrá utilizar como argumento. Así, podemos establecer las siguientes condiciones:

1- Se realizó exploración radiológica a TODOS los cadáveres

2- Se realizaron radiografías con amplio tiempo de exposición, lo que popularmente se llama “quemadas”, para mejorar la visibilidad de los metales

3- Las radiografías se hicieron a todas las partes del cuerpo, especialmente a aquellas que -por tamaño- tengan más probabilidad de alojar metralla, como tórax y abdomen

4- Se dieron instrucciones para documentar exhaustivamente todos los casos encontrados, de manera que no quede ninguno sin registrar.

El interés primero y principal del equipo forense fue la identificación de los cadáveres. Así lo afirmó la propia Carmen Baladía Olmedo, en su calidad de directora del IAF y responsable del trabajo de los forenses en el 11-M ante la Comisión del 11-M (Diario de Sesiones del Congreso. Comparecencia del día 6 de julio de 2004. Página 26 y siguientes):

“Digo esto porque, una vez que los médicos forenses sabíamos el lugar y contamos con todos los medios para realizar nuestro trabajo, para el médico-forense el objetivo primordial, irrenunciable, es la identificación de los cadáveres. Los médicos-forenses sabemos que si se falla en ese proceso, las consecuencias van a ser casi irreparables.»

“A mí me preocupaba muchísimo la identificación. Vuelvo a repetir que para todos los forenses la identificación de los cadáveres es algo fundamental.”

“Tuvimos una reunión conjunta en el Instituto Anatómico Forense miembros funcionarios del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, Policía Científica del laboratorio de hemogenética y yo misma, de tal manera que les hice volver a tomar una serie de muestras y repasar todo aquello”

“Hay una serie de datos que nos pueden ayudar muchísimo a la identificación, que, como he dicho al principio, es el fin primordial en una situación de estas características”

Este lógico y natural interés estaba aún más justificado por la cercanía en el tiempo de un suceso relacionado de gran trascendencia: la errónea identificación de 30 cadáveres del accidente del Yakolev.

El tiempo empleado en realizar todas las autopsias fue de sólo 12 horas. Éstas finalizaron sobre las 01:30 horas de la madrugada del martes 12.

“Las autopsias se comienzan a las trece horas y veinte minutos del día 11 de marzo, alrededor de la una de la tarde del 11 de marzo, y se terminan a la una y veinte minutos de la madrugada del día 12.”

“A las doce horas o doce horas y media de haber iniciado las autopsias ya las habíamos concluido”

Se habilitaron 7 mesas de autopsia. Si las autopsias se realizaron en 12 horas y media, se dedicó una media de menos de 30 minutos por autopsia, cuando normalmente, si no existen complicaciones, se tardan dos o tres horas en realizar una de ellas.

Quizás no esté de más aclarar que no se critica aquí la labor de los forenses, su velocidad al trabajar o que no se encontrase metralla. La causa de la muerte era conocida en todos los casos ¿Qué interés podía tener en aquellas circunstancias estudiar cada herida sobre los cuerpos? Lo primordial e irrenunciable, como dice la Dra. Baladía, era la identificación – para las familias y la opinión pública- y para los políticos y para la investigación policial determinar si había o no suicidas entre los fallecidos.

Comprobemos ahora si se hicieron radiografías sistemáticas. Volvamos al documento «Terrorismo y Salud Pública«:

“Si se trataba de un cadáver al que no se habían podido recoger huellas dactilares, pasaba al área denominada Instituto Anatómico Forense, donde se realizaban las siguientes pruebas:

    1- Examen radiológico,

    2- Toma de muestras para estudios de ADN

    3- Estudio antropológico y odontológico.

Se estableció en la zona más alejada del área de autopsias un área de radiología en la que trabajaban, utilizando aparatos portátiles que fueron trasladados desde un hospital cercano, dos médicos forenses y dos técnicos en radiología. El objetivo principal del examen radiológico era la búsqueda de elementos identificativos tales como material de osteosíntesis, trabajos odontológicos …»

El número de cadáveres que pasaron al área radiológica no llegó siquiera a un cuarto de los casos:

“Del total de las 191 víctimas mortales, 145, es decir, el 76% aproximadamente, fueron identificadas por medio de huellas dactilares…”

Tampoco los aparatos de radiología fueron programados para buscar la metralla, como confirmó la propia Dra Baladía ante la Comisión de Investigación:

Nos trajeron aparatos de radiología portátil para hacer odontogramas, nos trajeron todo lo que necesitábamos.

Y no consta en ningún sitio que se dieran instrucciones para la búsqueda de metralla de manera sistemática.

Por lo tanto, los médicos sólo encontraron metralla en los pocos casos en los que, al inspeccionar los cadáveres con el objetivo de su identificación, tropezaron con algún fragmento. por otro lado, al no haber recibido órdenes para su registro, ni siquiera hay seguridad de que estos hallazgos resultaran documentados o se comentasen a sus superiores.

Creo que podemos afirmar que con las pruebas que tenemos no se puede demostrar la ausencia de metralla en los cadáveres de IFEMA. SE equivocan, pues, los conspiracionistas al presentarla como argumento contra la mochila mal llamada «de Vallecas»

 

Hacemos ahora una parada, para continuar en la segunda parte estudiando la metralla hallada en la mochila desactivada en el Parque Azorín; las pruebas de la existencia o no de metralla en otros artefactos explosivos. y la mochila recogida en los focos de explosión.

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