Titadyn, el eterno retorno (XXXII) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (XXXII) por Rasmo

(Sigue de la entrada anterior)

Como ya he señalado, el estudio de la documentación relevante pone de manifiesto que la referencia al Titadyn que venimos discutiendo, al mediodía del 11 de marzo, no fue más que un simple error. Sobre este punto no debería haber ninguna duda razonable, pero este último adjetivo no es la característica más habitual de las teorías conspirativas.

La propia génesis de la información transmitida, expuesta en detalle en las anteriores entregas, así lo corrobora. Pero es que, además, todos los mandos policiales que han dado su opinión al respecto se han pronunciado en ese sentido y no creo que nadie esté mejor situado o tenga mayor interés (aunque sólo sea como presuntos damnificados) que ellos.

El mismo Díaz-Pintado es concluyente en su comparecencia (8 de julio de 2004) ante la Comisión del 11-M (p. 44):

Creo que no hay ningún culpable; simplemente lo que hay es un error en la cadena de transmisión que tiene toda organización piramidal; se producen estos errores y no es la primera vez que sucede.

De hecho, comenta incluso un par de anécdotas de casos distintos del 11-M en los que también hubo imprecisiones que llevaron a la confusión a algunos mandos policiales, sin que ello diera lugar a la menor escandalera mediática y política (pp. 44 y 62). De modo que “este tipo de errores se producen” (p. 44) y:

Estamos en el mundo de un error no buscado ni a propósito ni nada. Como responsable policial, usted me pregunta y yo le contesto que es un error no buscado, lamentable, como muchos que se producen como consecuencia de las prisas y del deterioro de la situación que se origina cuando hay un gran atentado [p. 53].

Las “prisas” (p. 62) propician la “confusión, que es lógica” (p. 54). En efecto, Díaz-Pintado considera que el error puede partir de una simple asociación, que considera comprensible (p. 44):

Mi opinión es que al comisario general [Cuadro Jaén] […] le dicen dinamita, y yo no sé si le dicen Titadyne, pero a lo mejor puede confundir dinamita Titadyne, porque es lo que se pone en todos los informes. En todos los informes de los últimos atentados de ETA […] figura dinamita Titadyne y a lo mejor le dijeron dinamita o le dijeron Titadyne y lo enlazó y me lo transmitió a mí.

E insiste (p. 54):

Que le digan dinamita y él diga dinamita, Titadyne, por ejemplo. Yo no lo sé, que puede ser una confusión. O que alguien, entre todos los que estuvieron en los diferentes puntos, le dijera Titadyne. Porque, claro, es que estamos en lo de las prisas. Es que cuando se presiona, se arriesga uno a que le den una información errónea […]. Entonces, la culpa es de la necesidad de información, pero es así. Por qué se produce el error no lo sé, pero sí lo entiendo. […] [É]l, cuando me lo transmite es porque alguien o le dice dinamita y confunde dinamita —confunde telefónicamente, no visualmente— dinamita Titadyne (que puede ser el error porque yo lo podía haber cometido exactamente igual porque estoy harto de ver informes dinamita Titadyne y, cuando no entiendes, le pones el mismo adjetivo a la dinamita y al Titadyne) o que alguien le dijera efectivamente Titadyne. Eso es posible.

O sea, que él mismo podría haber cometido ese error “exactamente igual”, por esa asociación entre “dinamita” y “Titadyn”. Naturalmente, él piensa que el error no fue suyo y, en el juicio, afirma creer que esas manifestaciones fueron “un error involuntario de quien las transmitió”.

Algo parecido, pero en sentido inverso (es decir, negando su propia responsabilidad), hace el Comisario de Seguridad Ciudadana, Cuadro Jaén, en su comparecencia ante la Comisión de Investigación (14 de julio de 2004). Por cierto, en el interrogatorio, el representante del Grupo Popular y pretendido “experto” (EM, 9.6.2006) en materia de 11-M, Jaime Ignacio del Burgo, se muestra bastante receptivo a la posibilidad de una simple asociación de ideas (p. 57):

Del Burgo escribio:

¿Cabe la posibilidad de que en aquellas circunstancias, con la dificultad de las comunicaciones, pudiera incluso escuchar la palabra Titadyne, que se parece mucho a dinamita, por otra parte? […] ¿Usted no admite la posibilidad siquiera de que pudiera decirle [a Díaz-Pintado] Titadyne, aunque estuviera pensando exclusivamente en la palabra dinamita a secas?

Cuadro Jaén responde que:

[D]e haberse pronunciado, fruto de la presión, de las comunicaciones, como usted bien ha dicho, para nosotros, y desde el punto de vista de la investigación, tampoco tiene más trascendencia. En ese momento no tiene ninguna trascendencia [p. 57].

Y más adelante añade (p. 69):

En relación con la alusión que ha hecho al señor Díaz-Pintado, creo que es también un profesional muy riguroso y que en este caso, si ha habido un error, no sé de dónde pudo venir, a lo mejor fue de audición o de que el subconsciente te lleva a ello. Lo que sí le puedo decir y le digo radicalmente es que yo no he sido el autor de ese error […].

El caso es que Sánchez Manzano, en la Comisión (7 julio 2004), también consideraba verosímil esa posible confusión de términos (p. 4):

Yo lo ignoro, pero es posible que por encima de mí en la cadena de mando, que no son expertos, cuando se les dice dinamita, lo asocien al término Titadyne porque es el que se está utilizando, por desgracia, desde el año 2000 insistentemente en España. Es posible que se asociaran esos dos términos y se confundieran.

De hecho, esta posibilidad parece ser vista sin problemas por el propio ¡Luis del Pino! Así, en su libro “11-M. Golpe de Régimen” (p. 256), razona:

Lo más curioso no es esa pretendida confusión entre Titadyne y dinamita. Al fin y al cabo el Titadyne es una marca de dinamita, así que se podría aceptar que Santiago Cuadro hubiera dicho “dinamita” y que Díaz-Pintado hubiera inconscientemente entendido “Titadyne”, al estar pensando, como todo el mundo, en un atentado etarra.

[Aunque no puede evitar añadir: “Pero lo de que esa dinamita o ese Titadyne estaba reforzado con cordón detonante ya es más difícil de inventar.”]

Otros mandos policiales presentes en la reunión del mediodía asumen el error no intencionado, como el ex Comisario General de Información, Jesús de la Morena, quien, en la Comisión de Investigación (7 de julio de 2004), indicó (p. 100):

Cuando se produce un hecho de esta naturaleza, no de esta gravedad sino cualquier atentado terrorista, las tensiones que existen en la transmisión de información son tremendas porque todo el mundo quiere saber, los políticos, los jueces, los medios de comunicación, todo el mundo. Entonces yo me imagino que sería propiciado por eso, pero no vamos a disculpar nada, fue un error y fue un error.

Opinión que reiteró a preguntas del diputado Labordeta (p. 100):

De la Morena: Antes he hecho una reflexión en ese sentido, y creo que es consecuencia de la presión informativa, de la demanda de información sobre qué es lo que está pasando. Alguien, en esa transmisión de información, interpreta algo mal y lo transmite. Pero la consecuencia, seguramente, tiene mucho que ver con esas prisas que siempre acontecen en cualquier actividad de este tipo.

Labordeta: ¿Usted rechaza cualquier interés manipulador o político?

De la Morena: Sí, sí, totalmente.

Y, en el juicio del 11-M, señaló que el error seguramente se debió “a la presión informativa que había en ese momento”.

También el ex Director General de la Policía, Díaz de Mera, ante la Comisión de Investigación (22 de julio de 2004), descartó la mala intención. Interrogado acerca de si creía posible que Cuadro Jaén (o Díaz-Pintado, la pregunta es ambigua) hubiera mentido en la Comisión, el ex Director respondió categóricamente: “No, de ninguna manera.” Y añadió: “Yo creo, señoría, que es un error”.

Ningún responsable policial opinó otra cosa.

Ya hemos visto que Santiago Cuadro conjeturaba la posibilidad que hubiera podido tratarse de un error de audición o de una asociación del “subconsciente”. Podemos explorar ambas posibilidades.

1) Un error de audición significaría que él dijo “dinamita” y Díaz-Pintado oyó “Titadyn”.

No es algo que pueda descartarse sin más. En este sentido, numerosos testimonios ponen de manifiesto las penosas condiciones en que se produjeron durante esas horas las comunicaciones.

Díaz Pintado, por ejemplo, en el juicio, aludió a la “dificultad en las comunicaciones, que hubo muchas esa mañana”.

Por su parte, Cuadro Jaén, en la Comisión (pp. 56 y 64), recordó:

Las comunicaciones eran terriblemente malas, había ruido ambiental, corte de las comunicaciones, y con la tensión del momento —en la que estábamos todos, no sólo los que estábamos sobre el terreno—, puede haber habido un error y es muy justificable. […] Yo le puedo decir a usted cómo estaban esa mañana los teléfonos. Era imposible hablar por ellos, hasta el punto de que en un momento determinado tuve que coger nuestra red de radio para hacer alguna comunicación, porque no había forma, aparte de un ruido ambiental terrible.

Manuel García Varela, ex Jefe de Información de la Guardia Civil, mencionó en la Comisión del 11-M (20 de julio de 2004) que “el follón era propio de ese momento” (p. 73). Y el Jefe superior de Policía de Madrid, Fernández Rancaño, coincidió (Comisión de Investigación, 8 de julio de 2004, p. 34):

[F]íjese en lo que pasó en la mañana del caótico día 11. Se satura de tal manera el espacio radioeléctrico que durante dos horas en Atocha soy incapaz de comunicarme, tenía completamente saturado el móvil y todas las comunicaciones. Todos estábamos así, la prueba está en que el ministro se tiene que ir al Ministerio de Agricultura, porque tampoco podía comunicar, para utilizar un teléfono alámbrico porque por vía inalámbrica era imposible que nos comunicáramos.

Curiosamente, uno de quienes confirman las dificultades a las que se enfrentaron los mandos policiales a este respecto no es otro que el propio García Abadillo, quien, en su libro de 2004 (“11-M. La Venganza”), relatando la famosa reunión en la que se produjo el malentendido sobre el Titadyn, detalla (pp. 38 y 41):

El encuentro tuvo lugar en una sala blindada que hay en la primera planta del edificio que da a la calle de Amador de los Ríos […]. La información se iba recibiendo con cuentagotas. La especial protección de la sala en la que se encontraban dificultaba las comunicaciones telefónicas sobremanera.

Bueno es saberlo.

2) La asociación subconsciente, en cambio, podría haber afectado a los dos por igual. Tal vez Santiago Cuadro dijo “dinamita” y, en efecto, Díaz-Pintado, sin darse cuenta, lo asimiló al Titadyn. Pero, aunque en la anterior entrega argumenté por qué considero más fiable el testimonio de Cuadro Jaén, tampoco me parece descabellado imaginar que este último hubiera dicho efectivamente “Titadyn” inadvertidamente, creyendo haber dicho “dinamita”.

La mente a veces nos juega malas pasadas y es posible verbalizar algo distinto de lo que uno está pensando si en el momento de expresarlo se está más concentrado en lo que pasa por la cabeza (o peor, si es fuera de ella) que en lo que emite nuestra voz. No necesito referencias clínicas. Un mínimo de introspección personal basta para darnos cuenta de esto. Yo mismo recuerdo haber vivido una situación kafkiana en mi primer día de trabajo: la persona que me daba instrucciones se dejó distraer por alguien que se asomó en aquel momento por la puerta (esto lo supe después) y respondió “no” donde debió haberme dicho “” (y creyó haberlo hecho), lo cual dio lugar a unas consecuencias embarazosas que ya forman parte de la mitología de mi departamento. Menos mal que ningún enigmólogo pasaba por allí.

Esta posibilidad se refuerza si, además, como hemos visto al hablar de los problemas de comunicación, existían elementos físicos que podían distraer o entorpecer a los intervinientes.

Por otra parte, debe asimismo admitirse que el hecho de que Garzón declarara que un Tedax le había hablado también a él de Titadyn desde uno de los escenarios de la masacre (Atocha) confirma que realmente ese explosivo estuvo al menos en la cabeza de algunos de los artificieros actuantes. Que otro grupo de ellos (Cáceres Vadillo y compañía) pensaran por el contrario que precisamente Titadyn no era lo que había explotado, debería servir al menos como prudente recordatorio de cuán azaroso es el mundo de las conjeturas a bote pronto. Si Cuadro Jaén hubiese hablado con este último grupo y no con quienes (supuestamente) pensaban en el explosivo habitual de ETA… ¿Puede un elemento al que se quiere dar tanta importancia depender crucialmente de algo tan aleatorio como los agentes que un mando policial tiene más a mano? No parece que los conspiracionistas se den cuenta del problema.

Y es que debe recordarse que para el relato conspirativo (al menos en algunas de sus versiones) es fundamental que el dato del Titadyn sea una manipulación. Así lo señalaba Fernando Múgica en un documento tan importante como la primera entrega de sus serie de agujeros negros (EM, 18.4.2004):

En ese momento de máximo desconcierto, sucede algo que provoca que el Gobierno cometa el mayor error de su mandato. Comienza la trampa. […] Siempre de viva voz y sin que nadie ponga todavía nada por escrito se nombra la palabra mágica: Titadine. […] El error al transmitir el informe sólo puede ser intencionado. Ningún experto policial, y menos los especialistas en desactivación de explosivos, podrían confundir Titadine con Goma 2. Los olores que provocan ambas sustancias son tan diferentes como un plátano y una pera. Pero en los primeros momentos de confusión […] produce un efecto multiplicador demoledor.

Opinión que parece compartir Luis del Pino. Mencioné antes un pasaje de “Golpe de Régimen” en el que este autor señalaba que no sería de extrañar una confusión entre “dinamita” y “Titadyne”. Pues bien, unos pocos párrafos después (p. 260), de manera algo desconcertante, dada la anterior reflexión, afirma:

Con la información –falsa– de que el explosivo era Titadyne con cordón detonante (lo que avalaba la tesis de ETA), el Gobierno de Aznar se lanza a tumba abierta en la tesis de la autoría etarra. La trampa estaba tendida y el Gobierno había caído en ella. A partir de ese momento, dejaría de controlar los acontecimientos y de tener acceso a ningún tipo de información útil.

O sea, no había estallado Titadyn y esa era la clave de “la trampa” al Gobierno de Aznar. Pero el libro de García Abadillo y Antonio Iglesias lo que nos cuenta es que fue precisamente Titadyn lo que estalló…

Obsérvese la paradoja inherente en todo esto: primero, al Gobierno (del PP) se le engañó porque no había estallado Titadyn. Luego, al Gobierno (del PP) se le engañó porque sí había estallado Titadyn. Todo un clásico de la escolástica conspirativa. Produce algo cercano a la apoplejía ver a Múgica escribiendo en 2004, en su primer “agujero negro”, que lo de los trenes no tenía “nada que ver con el Titadine” (por el olor, nada menos) y después, en 2007 (EM, 3.6.2007), que:

[E]n la única prueba de los focos de las explosiones que no fue lavada con agua y acetona aparecen de forma indiscutible dos palabras que son suficientes como para derribar las murallas de Jericó: DNT y nitroglicerina. […] Y todo, porque el DNT y la nitroglicerina, junto a los demás compuestos encontrados, nos lleva a una palabra tabú, que da mucho respeto nombrar: Titadyn.

Repito: el mismo autor que tres años antes había negado la presencia de Titadyn para urdir su relato intrigante. La intriga permanece igual, los datos se vuelven del revés.

Debo reiterar que no existía ni existe la menor base objetiva para atribuir el error del Titadyn a ninguna maniobra dolosa. El asunto del olor tras la explosión, que aducía Fernando Múgica, es particularmente ridículo. Uno de los peones negros que se presentaba como alguien con conocimiento de explosivos, Barbarel, señaló en el blog de Luis del Pino hace tiempo:

Si alguien es capaz de distinguir por el olor la Goma 2 ECO del Titadyne, también podrá distinguir la Mahou de la San Miguel con sólo acercar la nariz. […] Una vez han explosionado distinguir cuál es cuál por el olor es como saber si un coche lleva súper o sin plomo nada más acercarse al tubo de escape.

Seguro que la opinión de un anónimo peón no puede impresionarnos. Pero el jefe de los Tedax, Sánchez Manzano, también desmintió en la  Comisión del 11-M que fuera posible distinguir por el olor una dinamita de otra tras la explosión (pp. 4, 5 y 9 de su comparecencia). No obstante, dada su condición de “tarugo”, “melón” y “asno en materia de explosivos”, en palabras de Pedro J. Ramírez, imagino que su parecer tampoco afectará a los escépticos. Hay alguien, sin embargo, cuya cualificación como experto nadie ha puesto nunca en duda desde El Mundo. Me refiero al Tédax “Pedro”, que desactivó manualmente la mochila de Vallecas y que fue entrevistado por el mismo García Abadillo (EM, 3.3.2005):

P.- ¿El Titadine y la Goma 2 tienen un olor parecido?

R.- Sí, sin duda, es el mismo.

Pero, una vez que se establece un supuesto “hecho”, la “conclusión” que cristaliza en torno a él parece inmune a posteriores rectificaciones o desmentidos de su base. A quien guste de referencias académicas quizá le interese saber que la psicología tiene un nombre para esto: perseverancia de la creencia (belief perseverance; véase, por ejemplo, aquí). Aunque a lo mejor, de forma más pedestre, sólo es que algunos tienen mucho morro.

Pues bien, a ese dato del Titadyn, que, como hemos visto, García Abadillo imputa falsamente a Sánchez Manzano y que no puede ser otra cosa que un error, se le atribuyen consecuencias tremendas. Acabamos de comprobarlo en el caso de Múgica y Del Pino (para ellos, concretamente, es una “trampa”). Y, de hecho, esa comunicación inexacta se describe en el prólogo de “Titadyn” bajo el revelador epígrafe: “el dato que llevó al Gobierno a la tumba”. Llega aquí, por tanto, el momento de valorar la circunstancia de que, cualquiera que fuera su origen, “Titadyn” fue de hecho la información que salió de la reunión de la cúpula policial del día de los atentados.

En este sentido, sea o no producto de la mala fe de Sánchez Manzano o de algún desconocido miembro de la “cuarta trama” (o “tramas negras de Interior”), algunos periodistas han insistido en que esa fue la razón por la que todo el mundo (en particular, el Gobierno del PP) creyó que se trataba de ETA: al Gobierno le engañaron o, como mínimo, lo confundieron y eso explica en gran medida (o completamente) su comportamiento. No cabe duda de que para ciertos individuos se trata de una línea argumental muy atractiva como exoneración de cualquier deficiencia que pudiera achacarse al Ejecutivo de entonces.

Así, en el Prólogo de “Titadyn”, como se recordará de lo que en anteriores entregas denominé “texto de referencia”, el vicedirector de El Mundo sostiene (p. 23):

Decir Titadyn era como afirmar que la autoría era de ETA.

Y añade a los servicios secretos y al Ministro del Interior (p. 24):

[É]se fue uno de los elementos de peso que llevó a los analistas de los servicios secretos a concluir, en la nota que el centro remitió al Gobierno sobre las cuatro de la tarde del día 11 de marzo, que ETA era con casi total seguridad la autora del atentado. Ese dato fue también el que llevó a Ángel Acebes a apuntar sin duda como responsable a ETA en una rueda de prensa que se celebró sobre las tres de la tarde del 11 de marzo.

Sin olvidar una alusión al papel de Baltasar Garzón, como artista invitado (p. 24):

Según una fuente de toda solvencia, el mismísimo juez Garzón estaba seguro de esa misma tesis hasta bien entrada la tarde del día 11. Por la mañana, según declaró ante la comisión de investigación parlamentaria, cuando se encontraba en la estación de Atocha, un oficial de los Tedax le dijo que el explosivo utilizado había sido Titadyn.

A las 16.45 de la tarde de ese mismo día Garzón llamó por teléfono a Juan del Olmo, que ya se había hecho cargo de la investigación. […] Garzón le aseguró al juez instructor que la autora de la matanza era ETA. Conociendo los contactos de Garzón con la Policía, esa afirmación era casi como una garantía de veracidad.

Analizaré estas afirmaciones por partes, tratando de valorar el peso que en el relato conspirativo se concede al nombre concreto de la dinamita.

Empezaré por el final, abordando la referencia a Garzón, que es un aspecto un tanto accesorio, antes de analizar los demás elementos, más sustanciales, en las siguientes entregas.

1) La garantía de Garzón

Las manifestaciones contenidas en el Prólogo firmado por García Abadillo no constituyen una alusión pasajera. Así, en su intervención junto a Antonio Iglesias en el programa de la Cope “La Tarde con Cristina” de 2.7.2009, el Vicedirector de El Mundo se expresó en términos similares a los enunciados en su Prólogo, con aditamentos interesantes (16:38):

Lo que yo cuento en el libro es que el propio Garzón, por la tarde, llamó por teléfono a Del Olmo, que en esos momentos se encontraba en el IFEMA, […] y le dijo ‘oye, no os equivoquéis; aquí clarísimamente el responsable de esto es ETA’. La propia Policía, esa tarde, estaba muy convencida de que el responsable era ETA y el CNI hizo un informe, a las cuatro menos cuarto de la tarde, diciendo que era ETA […]. Y, de hecho, el elemento que lleva a cambiar la opinión es precisamente el informe, que nunca se llegó a conocer, el informe de los TEDAX, el informe de Sánchez Manzano sobre el explosivo.

La idea básica que se extrae de estas exposiciones, en lo que ahora atañe a Garzón, es que éste tenía claro (“estaba seguro”) que era ETA. Tan claro, que llamó al juez instructor para expresar su convicción (“no os equivoquéis”). Y su opinión era prácticamente una “garantía” de veracidad… por sus contactos con la Policía. En fin…

Queda claro que, por algún motivo, el coautor de “Titadyn” parece considerar muy relevante e influyente lo que el Sr. Garzón pudiera haber dicho o hecho el día de los atentados. Me cuesta entenderlo. O bien García Abadillo está tratando veladamente de singularizar y representar en términos negativos su actuación, como si de alguna manera hubiera participado, siquiera de refilón, en algún tipo de maniobra intoxicadora (o, como mínimo, en la confusión que “llevó al Gobierno a la tumba”), o bien el episodio no tiene mucho sentido. Como ocurría con la referencia de García Abadillo a “la tesis de Vera” (véase la entrega XXVI), para explicar una reflexión banal que cualquiera podría haber hecho, creo que esta actitud periodística tiene más que ver con la fijación por determinados sujetos y las obsesiones personales que con la pertinencia de la información.

Puestos a escribir sobre el criterio de tal o cual figura jurisdiccional, no sé por qué habríamos de dar tanta importancia a lo que pudiera pensar un juez que pasó por allí (literalmente). ¿Por qué no citar la opinión, por ejemplo, del entonces fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Fungairiño, quien pensó que la culpable era ETA, no durante un rato, como supuestamente hizo Garzón, sino desde el principio y hasta el día 13 de marzo, y ni siquiera descartaba su participación en el momento de declarar ante la Comisión del 11-M (15.7.2004; pp. 44-45)? Ah, porque Garzón, a diferencia de Fungairiño, habla mucho con la Policía… La verdad es que hay algo (no sabría definirlo bien) en esa mención de García Abadillo a los contactos de Garzón con la Policía como garantía de veracidad que me resulta cómico. Enseguida veremos que aquí hay un nuevo caso de referencia circular tan del gusto de algunos investigadores.

Lo del vicedirector de El Mundo es curioso. Para la noticia aquella de la nitroglicerina mentada por Sánchez Manzano y su incompatibilidad con la composición de la Goma 2 ECO, necesitó el soplo de una “garganta profunda”, siendo así que la información llevaba varios días circulando públicamente. Ahora, para determinar la opinión de Garzón sobre la autoría del atentado, García Abadillo recurre a “una fuente de toda solvencia”, que le cuenta que el juez estaba “seguro” de que había sido ETA “hasta bien entrada la tarde del día 11”. Lo curioso, en este último caso, es que la fuente original, es decir, el propio Garzón, había expuesto con toda claridad su propia postura en su declaración ante la Comisión del 11-M. La misma declaración que García Abadillo cita cuando le conviene.

Y, como suele ocurrir, si uno acude a la fuente primigenia, la situación aparece mucho más matizada de lo que García Abadillo pretende hacer creer. En efecto, la comparecencia de Baltasar Garzón ante la Comisión del 11-M (15.7.2004) es bastante inequívoca al respecto. Tras señalar que, en Atocha, sobre las 12:20 horas, un Tedax le comentó “que podía ser Titadyn” y recordar que más tarde (hacia las 13:15, es decir, terminada la reunión de la cúpula policial tantas veces comentada), Pedro Díaz-Pintado le llamó por teléfono para decirle que había sido Titadyn, el juez puntualiza:

[p. 4] Hasta el momento en que el funcionario del TEDAX me hizo ese comentario en Atocha y después también con el comentario de Pedro, que lo que me confirmaba era algo que ya había oído yo en Atocha, tenía el convencimiento —y así lo expresé desde primeras horas de la mañana a los compañeros— de que el atentado parecía que podía ser de terrorismo internacional […]. [p. 9] Cuando tuve conocimiento del atentado —además, así lo comuniqué a alguna persona que habló conmigo— inicialmente yo creía firmemente que era un atentado de Al Qaeda. Estoy hablando de las nueve, de las diez de la mañana, poco después de enterarme, […] yo hice la valoración de que desde luego no era ETA y era Al Qaeda. […] En el momento de oír la palabra Titadyne yo me quedo un poco atento a la situación. […] [p. 15] Yo no sé qué hablaron los funcionarios del TEDAX, el responsable del TEDAX, con el subdirector, etcétera, lo que sí sé es lo que yo oí en ese momento, sobre las 12:20, y luego lo que Pedro Díaz-Pintado me comentó por teléfono al decirme: Parece ser que es Titadyne. En mi caso, lo que eso supuso fue un margen de tiempo relativamente escaso simplemente para dudar, desde luego nunca para abandonar la posibilidad más lógica para mí, que era el tema de Al Qaeda. Incluso creo que a lo largo de la mañana, sobre las 15:00 o las 16:00 horas, hice algún comentario sobre esa duda.

Garzón insiste en destacar cuál había sido su primera impresión, que comunicó a otros (p. 24):

La primera impresión mía […] es que es Al Qaeda, que es terrorismo islamista. […] Incluso me llama un amigo y me dice: Oye, ¿esto qué es? Y le digo: Esto es terrorismo islamista. Esa es mi primera impresión.

Lo que se desprende de su propia declaración de manera diáfana, por tanto, es que el dato del Titadyn simplemente le hace dudar durante “un margen de tiempo relativamente escaso” y sin abandonar “nunca” la tesis de Al Qaeda, que a él le resultaba “más lógica”. De hecho, podemos afinar más en función de las dos ocasiones en que Garzón recibe la información del Titadyn. La primera vez fue hacia las 12:20, por parte de un Tedax presente en Atocha (mala suerte: si hubiera hablado con Cáceres Vadillo y sus hombres, le habrían descartado expresamente ese explosivo). La segunda vez fue a través de una llamada de Díaz-Pintado, una hora más tarde. ¿Qué efecto le produjo la primera noticia? ¿Pasó a abrazar la tesis de ETA ipso facto? Parece que no. En un momento de su declaración, a preguntas de Llamazares sobre la hora de esa primera comunicación, Garzón responde (p. 35):

A las 12:20. Ni yo mismo incidí más en la cuestión […]. Recuerdo que después el fiscal Enrique Molina, me preguntó: ¿Qué crees que es esto? Y yo le dije: Creo que es Al Qaeda. Pero ya no sé. Era todo muy confuso.

Vacilación, confusión… no hay ninguna seguridad a la vista.

Sin embargo, tal vez pudiera pensarse que, tras recibir la “confirmación” de Díaz-Pintado, se lanzaría de cabeza a la hipótesis etarra, ¿no?

Tampoco. Apenas unos minutos más tarde de recibir esa llamada, conoce elementos que le hacen mantener la posibilidad que afirma no haber abandonado nunca:

[pp. 9-10] Luego, cuando yo estaba en El Pozo del Tío Raimundo sobre la 13:25 aproximadamente, el inspector que estaba allí al cargo me comentó […]: don Baltasar, ha aparecido una furgoneta en Alcalá. Le pregunté yo: ¿Había bomba trampa? No. ¿Tenía las matrículas dobladas? No. ¿Dónde fue robada? Parece ser que en Madrid los días 27 ó 28 de febrero […]. Ese dato nuevamente me descolocó porque no es habitual en la organización terrorista ETA.

Todo su proceso mental de aquel día, por consiguiente, se resume de manera sucinta (p. 24):

Aparte de la reflexión de por qué creía yo que no había sido ETA y era Al Qaeda, después al recibir el comentario de que puede ser Titadyne, es cuando me desoriento; posteriormente tampoco me cuadra lo de la furgoneta y, finalmente, por la tarde noche, cuando me dicen lo de la cinta, ya no tengo ninguna duda aunque hubiese sido Titadyne.

Nada que ver, absolutamente nada que ver, con la seguridad en la autoría de ETA que García Abadillo le atribuye. Naturalmente, un conspiracionista siempre podrá acudir a su recurso favorito cada vez que un testigo dice algo que no le gusta: es que está mintiendo. Bueno, todo es posible, aunque no entiendo muy bien el esquema de incentivos que podría explicar una mentira de Garzón en este sentido. Si jugamos a ese juego, a lo mejor el que trampea con la verdad es García Abadillo, con la diferencia de que Garzón habla directamente de lo que él mismo pensaba y dudo que García Abadillo estuviera en el despacho del juez instructor para escuchar a Garzón decirle “oye, no os equivoquéis; aquí clarísimamente el responsable de esto es ETA”. De modo que, en el mejor de los casos, el vicedirector de El Mundo nos cuenta lo que a él le ha contado un pajarito que Garzón le contó a Del Olmo. Muy sólido no parece.

Ah, y ya conocemos “los contactos de Garzón con la Policía” en este asunto: un anónimo Tedax y, en particular, Pedro Díaz-Pintado, que le llama después de concluida la célebre reunión del mediodía en el Ministerio del Interior. En realidad, la palabra de Garzón, en este punto, no tiene más “garantía de veracidad” que la de basarse en el mismo dato, y con el mismo origen, que todos los demás mandos policiales habían recibido en esa reunión. Garzón, por tanto, no permite confirmar nada de manera independiente, más allá de una referencia a una información tentativa de algún Tedax sobre el terreno, cuando no había más que hipótesis (algunas contradictorias), primeras impresiones… y ningún análisis químico.

(Continuará)

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