Titadyn, el eterno retorno (XXXI) Por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (XXXI) Por Rasmo

(Sigue de la entrada anterior)

Ya vimos que la acusación de García Abadillo según la cual fue el propio Sánchez Manzano quien habló de “Titadyn con cordón detonante” es una patraña.

Ahora trataré el asunto de cómo se produjo, a lo largo del aquel 11 de marzo, la corrección de ese dato, junto con otros aspectos conexos. En particular, en el contexto de este análisis, abordaré la cuestión de si realmente en la controvertida comunicación telefónica del mediodía se mencionó dicho explosivo (como afirma Díaz Pintado) o sólo se hizo referencia a una “dinamita” inespecífica (como asegura Cuadro Jaén). Debo advertir que mi opinión sobre este último punto en concreto no pasa de ser una serie de conjeturas más o menos plausibles, pero que no pretendo en modo alguno definitivas. Asimismo, soy consciente de que se trata de un ejercicio de interés limitado, casi académico, por al menos dos razones que discurren en sentidos inversos. Por un lado, sea quien sea el responsable último de la información errónea, lo que está claro (debería estarlo) es que se trata efectivamente de un simple error, lo cual basta (debería bastar) para desactivar muchas de las tonterías que se han podido leer y oír. Por otro lado, aunque se trate de un error, lo cierto es que esas palabras salieron de esa reunión y se comunicaron al Gobierno y demás actores policiales, mediáticos y sociales, de modo que sus efectos deberán ser calibrados de forma pertinente. Volveré sobre ambos aspectos más tarde, una vez que haya expuesto mis valoraciones acerca del incidente telefónico.

¿Qué versión es más creíble? ¿La de Cuadro Jaén o la de Díaz Pintado? El simplismo anonadante de algunos autores parece que les impide plantearse estas cuestiones en otros términos que no sean la contraposición de la verdad al fraude deliberado. Así, en su libro “11-M. Golpe de Régimen”, Luis del Pino señala (p. 256):

En la Comisión de Investigación del 11-M se intentó aclarar quién fue el que engañó a quién. […] ¿Fue Santiago Cuadro el que engañó a Díaz-Pintado? ¿O fue éste el que engañó a Astarloa? ¿O, en realidad, sí que había Titadyne? No lo sabemos.

En esta misma línea, ya he citado en entregas anteriores un artículo de García Abadillo donde también se ofrecía una reflexión arbitrariamente sesgada y simplista (EM, 20.11.2006):

[L]a versión [de] Cuadro Jaén […], absolutamente contradictoria con la de su jefe, no tiene mucho sentido. ¿Qué interés tendría Díaz Pintado en mentir a la cúpula policial y al ministro sobre el tipo de explosivo? ¿Con qué fin transmitió esta información en teoría falsa a Garzón?

No sé por qué sólo se puede estar mintiendo. Y, puestos a engañar, no entiendo por qué al vicedirector de El Mundo sólo le parece incomprensible la posibilidad de que lo haga Díaz Pintado, sin plantearse qué interés podría tener por su parte Cuadro Jaén. Me pregunto si tiene algo que ver el hecho de que la versión que a él le gusta es precisamente la de Díaz Pintado.

El caso es que yo no creo que ninguno de los dos esté faltando deliberadamente a la verdad. En el mundo que yo conozco caben posibilidades más complejas, como el error, la confusión y el malentendido. Mis consideraciones, por consiguiente, parten de la base de que nos enfrentamos a una genuina disparidad de testimonios desde la buena fe de ambos.

Personalmente, considero más sólida la versión de Cuadro Jaén, por motivos tanto de coherencia interna, como de solidez de la fuente. En cuanto al primer aspecto, creo, en efecto, que el relato del Comisario General de Seguridad Ciudadana es más coherente y lógico en sí mismo y esto tiene que ver con las razones que él aducía para negar que hubiera podido asegurar la utilización de Titadyn. Recordemos las respuestas de Cuadro Jaén en la Comisión, insistiendo en que “todos los profesionales sabemos que para hacer una afirmación de esta naturaleza se requiere un proceso analítico previo” (pp. 54-55):

Todos los profesionales sabemos que eso es así, es decir, no se puede dar una respuesta categórica sobre un tipo de explosivos en el lugar del hecho y en el momento de producirse una explosión.

En efecto (p. 68):

[Díaz Pintado] [m]e dice: ¿qué tipo de explosivo hay? Él, como profesional que lleva más años que yo, debe de saber que yo no le puedo dar una respuesta categórica sobre el tipo de explosivos, porque no lo sé, porque yo no lo he visto.

Algo que no parece muy cuestionable en sí mismo. Por tanto (p. 57):

Si yo dije seguro, fue seguro no. Eso es así y lo digo de manera categórica. Yo no dije seguro sí; si dije la palabra seguro, fue seguro no.

Lo que hace particularmente verosímil la posición de Santiago Cuadro es un detalle en el que coinciden él mismo y el propio Díaz Pintado. Así, el primero, según indicó en la Comisión, reaccionó con displicencia ante la perentoria solicitud de información por parte de su superior, cuando éste le llamó por primera vez (p. 54):

Mi respuesta en ese momento es que no se podía dar ninguna información fiable sobre el tipo de explosivo que había hecho aquella explosión y le insisto con toda firmeza en la necesidad de no ir muy deprisa porque tenemos experiencia de que normalmente las prisas nos pueden llevar a cometer algún error o a provocar errores.

Lo interesante, como he mencionado, es que Díaz Pintado confirma y corrobora esa actitud reticente de Cuadro Jaén.

Tanto en la Comisión:

[p. 44] Hablo con el comisario general de Seguridad Ciudadana, don Santiago Cuadro, y le digo que si sabe algo del explosivo. Me contesta con cierta acritud, dentro de la buena armonía y relación que tenemos, un poco molesto diciendo que no tengamos tanta prisa, que todas esas cosas a lo único que pueden conducir es a errores. Yo le dije que tenía razón. […] [p. 54] [D]e alguna manera le molesta porque […] se le está metiendo prisa.

Como en el juicio:

[L]lamo al Comisario General de Seguridad Ciudadana, y éste me contesta… pues un poco… no digo molesto, porque las relaciones entre nosotros eran muy buenas y entonces no había por qué, pero sí diciéndome que no tengamos mucha prisa, que esos datos los facilitará cuando pueda.

Parece un elemento que podemos dar por cierto. Pues bien, si esto es así, el comportamiento de Santiago Cuadro, tal como él mismo lo describe, es perfectamente lógico y congruente: le molesta que le insten a dar una información apresurada, sin otra cosa que valoraciones empíricas sobre la marcha y, por eso, no podía haber dado una marca precisa y mucho menos con seguridad. En cambio, si la versión de Díaz Pintado es la correcta, entonces el comportamiento de Santiago Cuadro resulta absurdo: un mando policial que no oculta su contrariedad porque se le pida un dato concreto sobre el terreno, porque eso sólo conduce a errores, según recuerda la propia persona que le telefonea, devuelve sin embargo la llamada unos minutos más tarde para concretar, a ojo, la marca del explosivo ¡con toda seguridad! No digo que sea imposible, pero, atendiendo a la propia consistencia del relato, me parece poco razonable.

Lo anterior, por supuesto, no es algo definitivo, pero quizá pueda añadirse a otras consideraciones sobre la solidez de las fuentes, como indiqué más arriba. Con esto último no pretendo sugerir que Díaz Pintado no sea de fiar por ser un embustero. Creo que ya he manifestado claramente mi postura. El propio Cuadro Jaén, sin dejar por un momento de negar lo que le atribuía su superior, indicó en la Comisión:

[p. 61] Yo no pongo en duda lo que dice el subdirector general operativo [Díaz Pintado], que por otra parte tiene todos mis respetos, es un extraordinario profesional; estoy totalmente convencido de lo que él dice, pero mil veces que nosotros nos pudiésemos sentar a hablar de este tema, yo estoy convencido de que mil veces él mantendría su postura o su afirmación y mil veces yo mantendría mi afirmación, porque estoy totalmente convencido de lo que digo. […] [p. 68] [Y] vuelvo a repetir que él está diciendo lo que él cree y yo le estoy diciendo lo que yo creo y sobre eso podríamos estar hablando toda la vida y seguiríamos exactamente igual.

Mi argumento se basa en la observación de que no todas las personas, por muy buena fe de la que hagan gala, son igualmente diestras a la hora de recordar (o percibir) fidedignamente los hechos y dar cuenta de ellos. Es decir, no todos los individuos son buenos testigos, por muy buenas personas que sean. Incluso entre los honestos hay variedad en la capacidad para retener y referir datos sin alterarlos, modificarlos o distorsionarlos. Quizá Santiago Cuadro sea mejor testigo, en ese sentido, que Pedro Díaz Pintado. Desde luego, sus declaraciones en la Comisión y en el juicio fueron bastante sólidas y consistentes entre sí, algo que tal vez no pueda decirse en igual medida de los testimonios de Díaz Pintado. Quiero resaltar inmediatamente que no es mi propósito desacreditar al ex Subdirector General Operativo de la Policía ni poner en duda su integridad. Por otro lado, admito que haré uso de evidencia que no pasa de ser anecdótica. Sólo me aventuro a presentar una hipótesis que considero posible, pero a la que no me aferraré en modo alguno ni fingiré más sólida de lo que en realidad es.

En efecto, creo que las manifestaciones de Díaz Pintado en la Comisión y en el juicio muestran casos de incoherencias, discrepancias entre sí y, me atrevería a insinuar, errores flagrantes, en mayor medida que las del ex Comisario General de Seguridad.

Así, por ejemplo, ante la Comisión del 11-M, Díaz Pintado incluyó a Díaz de Mera en sendas reuniones en las que éste declaró más tarde no haber estado presente, lo que probablemente motivó que, en el juicio, el primero tuviera que corregir su relato al respecto. Pero hay un ejemplo de inexactitud que considero un error llamativo y que utilizaré como argumento para considerar que, en caso de conflicto, quizá sea el testimonio de Díaz Pintado el que deba ponerse en suspenso.

El episodio en cuestión, para cuyo examen habré de incurrir en un nuevo excurso, se refiere al relato de cómo, en la tarde del 11-M, se desmintió la noticia del Titadyn. Antes de abordar la discrepancia principal, señalaré brevemente un punto confuso al que no se ha prestado mucha atención.

Santiago Cuadro declaró, tanto en la Comisión como en el juicio, que, después de la famosa llamada que venimos analizando (cuando él estaba en El Pozo y Díaz Pintado se hallaba en la reunión de cúpula policial), aquél volvió a comunicarse telefónicamente con éste en torno a las 14:30 o 14:40, desde el laboratorio de los Tedax, nada más recibir la información de los primeros análisis de las muestras de los focos, en el sentido de que aparecían componentes de dinamita. Sin embargo, Díaz Pintado no confirma esta llamada. Para éste, la primera referencia a una dinamita genérica se produce en una reunión de algunos mandos policiales alrededor de las 17 horas, previa a otro encuentro con el Ministro del Interior, sobre las 18 horas.

Si aceptamos que ninguno de los dos está mintiendo, nos hallaríamos en una situación en la que Díaz Pintado ha olvidado una llamada de Cuadro Jaén. Según las declaraciones de Santiago Cuadro, esta llamada de las 14:30 debió de ser muy breve y, curiosamente, Díaz Pintado se limita a recibir la información y no le hace “ningún comentario al respecto” (Comisión, pp. 55 y 77; igualmente, en el juicio). Esto puede parecer extraño si entendemos que en esa llamada se estaba ya rectificando un dato importante acerca del explosivo. Pero, en realidad, todo depende de los términos exactos de la comunicación, que, por desgracia, desconocemos. Sólo podemos plantear conjeturas para tratar de explicar sin intrigas los recuerdos divergentes de ambos. Se me ocurre una posibilidad, tan válida como cualquier otra. Si lo que transmitió el Comisario de Seguridad Ciudadana fue algo así como “se confirma lo del explosivo”, “se confirma lo de la dinamita”, o “aparecen componentes de la dinamita”, Díaz Pintado no tenía por qué estar dándose cuenta de que se estaba produciendo una rectificación. Él entendió en la reunión del mediodía que se trataba de Titadyn (que es una dinamita) y en esta segunda llamada, simplemente interpreta que le repiten básicamente la información. Por eso no hace el menor comentario. Si esto es así, la llamada en cuestión no le resulta particularmente llamativa, se convierte en una más en un día en el que es fácil suponer que el Subdirector General Operativo de la Policía recibiría y haría decenas de llamadas a todas horas. No existe una razón especial para que ésta quedase registrada en su memoria… Repito que todo esto no es más que una simple elucubración.

Sea como fuere, en lo que sí hay coincidencia unánime es en que hacia las 17 horas de aquel día, Santiago Cuadro le comentó a Díaz Pintado que los análisis de los Tedax habían detectado dinamita, sin poder especificar más. Para Cuadro Jaén, el dato era una repetición de lo que ya había señalado antes. Para Díaz Pintado, en cambio, se trataba de una corrección respecto a lo que se le había dicho al mediodía. Hasta aquí, nada nuevo.

Sin embargo, las narraciones que sobre este punto ha ofrecido García Abadillo a lo largo del tiempo adolecen de notables carencias. Algunas derivan de su constatada incapacidad para exponer una serie de hechos sin introducir “retoques”. Otras se basan en la asunción de testimonios externos (en este caso, de Díaz Pintado) que, como vengo diciendo, son casi con toda probabilidad erróneos. Ilustraré estos dos problemas consecutivamente, para abordar luego la respuesta a ambos de forma conjunta. 

Veamos, en primer lugar, lo que el vicedirector de El Mundo escribía en el ya citado artículo de 20.11.2006:

A las 17 horas, la cúpula policial fue citada de nuevo para una reunión con el director general de la Policía, Agustín Díaz de Mera.

Nada más comenzar, Cuadro Jaén echó un jarro de agua fría sobre los allí presentes: el explosivo no era Titadyn. El responsable de Seguridad Ciudadana dijo que se trataba de dinamita sin más precision, pero aseguró con rotundidad que el Titadyn estaba descartado.

[…]

Tampoco tiene mucha explicación que, a las 17 horas del día 11, Cuadro Jaén descartara de plano el Titadyn. Si, como mantiene el propio informe del laboratorio del Tedax […], sólo pudieron detectarse restos de «componentes de dinamita», no se podía descartar el Titadyn, que es una dinamita y comparte algunos de sus componentes con la Goma 2 ECO. ¿Qué información tenía en su poder Cuadro Jaén para desechar sin ninguna duda que el explosivo utilizado en el atentado fuera el que señalaba precisamente a ETA?

¿Dónde demonios se documentaba este sedicente “investigador” cuando hacía estas afirmaciones? Lo cierto es que ninguna de las fuentes pertinentes permitía sostener a finales de 2006 que Cuadro Jaén hubiera descartado “de plano”, “con rotundidad” o “sin ninguna duda” el Titadyn. Es sencillamente falso, como veremos enseguida.

Sin embargo, después aparece un elemento que le permite insistir en su argumentación años más tarde, desde las páginas de “Titadyn”.

En efecto, en su comparecencia en el juicio, Díaz Pintado añadió una consideración inédita verdaderamente llamativa respecto al motivo por el que supuestamente le dijeron que ya no era Titadyn lo que se había detectado. En un primer momento, a preguntas de la Fiscalía, se expresó de manera algo confusa, pero, interrogado por el letrado de la AAV11M, afirmó que Santiago Cuadro le dijo que el Titadyn estaba excluido, quedaba “descartado”, porque no había aparecido nitroglicerina en el análisis de los restos de los focos.

Esa novedosa y sorprendente versión fue acogida con gusto por García Abadillo en su Prólogo (páginas 25 y 27):

[p. 25] La declaración de Díaz Pintado ante el tribunal, que tuvo lugar el 11 de abril de 2007, fue tan interesante como aleccionadora. El número dos de la Policía cuando se produjo el atentado dijo que Cuadro Jaén descartó por completo el Titadyn sobre las cinco de la tarde del 11 de marzo. ¿La razón para afirmado con tal rotundidad por parte del responsable de Seguridad Ciudadana, del que dependían los Tedax? He aquí lo que Díaz Pintado declaró ante el tribunal que le dijo esa tarde Cuadro Jaén: «Es una dinamita, y el Titadyn está excluido porque dentro de sus componentes (de lo analizado en el laboratorio de los Tedax) no tiene nitroglicerina».

Dicho sea de paso, Santiago Cuadro, en su correspondiente comparecencia ante el tribunal, no recordó haber dicho nada de eso y, como ya he adelantado, se trata casi con toda seguridad de una información errónea.

Por lo demás, no es fácil comprender por qué el vicedirector de El Mundo acoge sin problemas esa declaración de Díaz Pintado relativa a la ausencia de nitroglicerina. Al fin y al cabo, toda la argumentación conspiracionista iniciada con las portadas de julio de 2006, sobre la base de las declaraciones de Sánchez Manzano en la Comisión, se basaba precisamente en que SÍ se había detectado nitroglicerina. ¿Ahora resulta que no había nitroglicerina? ¿No es contradictorio? A menos que se pretenda de un modo característicamente retorcido hacer ver que el Jefe de los Tedax, golpista aficionado, es tremendamente maquinador y embustero: en realidad, sí que se detectó nitroglicerina (como él mismo señaló en la Comisión), sin embargo, dijo lo contrario a sus superiores, para ocultar que había estallado Titadyn… Pero esto es igualmente problemático. Como señalé en una anterior discusión, no se puede sostener que Sánchez Manzano mencionó la nitroglicerina (cuya existencia se presume real) en su comparecencia ante la Comisión sin darse cuenta de su trascendencia, atolondradamente, y afirmar al mismo tiempo que era tan consciente de su relevancia que la ocultó el mismo día de la masacre. No tiene sentido. Por no mencionar que, en realidad, tal como transcurrieron los acontecimientos, Santiago Cuadro y la propia perito de los Tedax tendrían que estar implicados en esa trapacería. A la segunda la ha incluido en su querella la AAV11M. Al primero, en cambio, ni siquiera P. J. Ramírez se molesta en acusarle de nada.

En cualquier caso, esta divergencia sobre lo que se dijo o no a partir de las 17 horas del 11 de marzo es lo que me permite cuestionar la fiabilidad de Díaz Pintado como testigo y procedo a explicar por qué estoy convencido de que se equivoca, lo que permitirá a su vez poner de manifiesto la incuria indagadora de García Abadillo y su dudoso discernimiento documental.

Sin embargo, antes esbozaré algunos de los criterios de interpretación que estimo útiles a la hora de valorar divergencias en las declaraciones de testigos y que aplicaré al presente caso. Se trata de criterios de sentido común que no son rígidos y que pueden presentar excepciones, pero que en principio me parecen razonables (tampoco estoy descubriendo el Mediterráneo). Que los exponga de forma consecutiva no significa que deban aplicarse secuencialmente en un orden determinado.

De este modo, cabe preguntarse si la declaración problemática es minoritaria o no (si existen otros testimonios sobre el asunto que la contradigan o, por el contrario, la corroboren) y si está respaldada o no por otras pruebas independientes (de forma general, se trata de evaluar cómo encaja un testimonio con los demás datos que conocemos). Asimismo, conviene comprobar si el testimonio es consistente a lo largo del tiempo, es decir, si el testigo no ha alterado su declaración. No todas las alteraciones son necesariamente sospechosas, pero algunas sí resultan anómalas: por ejemplo, cuando se añaden a posteriori detalles que, por su obvia relevancia, difícilmente se habrían pasado por alto en un primer momento. Por último, una declaración también debe analizarse en cuanto a su lógica intrínseca, es decir, si tiene sentido en sí misma, con independencia de los demás factores.

Aplicando estos criterios al supuesto que nos ocupa, creo que el testimonio de Díaz Pintado en el juicio no sale bien parado en este punto.

Empezando por el último de los mencionados, debo decir que la explicación de Díaz Pintado no parece sensata en sus propios términos. Lo que el laboratorio de los Tedax transmitió desde el primer momento (consta en el análisis de los focos, en las sucesivas declaraciones de la perito, en el testimonio de Sánchez Manzano y, lo que es bastante revelador, es la explicación que Ángel Acebes dejó entrever en sus comparecencias del mismo día 11 de marzo; espero aclarar esto en otro momento) es que, ante restos explosionados, no se podían obtener todos los componentes del explosivo original para asignar una marca específica. En esas circunstancias, que no se detecte un elemento concreto difícilmente puede descartar un determinado explosivo: es la presencia de componentes, no su ausencia, lo que permite hacer deducciones.

Obsérvese, además, que Díaz Pintado no es un técnico. Él mismo lo pone de manifiesto repetidamente en sus declaraciones. “Los conocimientos los estoy adquiriendo ahora, porque he preguntado”, dice en la Comisión (p. 53). “Yo no tengo ni idea”, responde cuando le preguntan si conoce la diferencia entre el Titadyn y la Goma 2 ECO (p. 55). No “entiende” de explosivos, admite (p. 62). “No soy técnico”, reconoce en el juicio, y reitera: “pero de todas maneras, insisto en lo mismo… vuelve a ser un problema técnico, que yo de explosivos entiendo poquísimo, vamos…”. Sin embargo, ofrece (con torpeza) una explicación aparentemente técnica que es a todas luces una elaboración posterior, pues ni siquiera la mencionó en absoluto en su comparecencia parlamentaria. En efecto, su declaración es inconsistente en el tiempo, como enseguida acreditaré. Y sería raro que, con la memoria más fresca, no hubiera señalado esa supuesta explicación cuando intervino en la Comisión. Es decir, el dato de la nitroglicerina tiene toda la pinta de una adición espuria a posteriori, al hilo de toda la discusión mediática sobre esa sustancia a lo largo de los años. La memoria funciona muchas veces así, incorporando elementos del contexto de forma anacrónica.

Pero lo más importante, más allá de las consideraciones hipotéticas, es comprobar de forma inapelable que ningún otro testigo corrobora esta nueva versión ofrecida en el juicio. En este sentido, procede documentar lo que al respecto declararon otros intervinientes en la Comisión y ante el tribunal.

Veamos lo que declaró Cuadro Jaén en la Comisión (p. 63):

Jané i Guasch: […] ¿Decir que es dinamita excluiría que pudiera ser Titadyne?

Cuadro Jaén: En absoluto […], podría haberlo sido.

Jané i Guasch: Podría haberlo sido.

Cuadro Jaén: Perfectamente.

[…]

Jané i Guasch: Podría haber sido Titadyne. O sea que cuando no es Titadyne es no sé con seguridad que sea Titadyne.

Cuadro Jaén: Simplemente estamos hablando de dinamita. Tiene que tener en cuenta que el Titadyne es una dinamita.

De hecho (y por eso mencioné la inconsistencia temporal), el propio Díaz Pintado, en su comparecencia en la Comisión, se expresaba en estos términos, tras alguna vacilación:

[pp. 49-50] [S]obre las 17:00 horas hay una reunión en la dirección […]. Ahí es donde se dice, primero, que ha habido una confusión y que se trata de dinamita, genéricamente […]. [pp. 52-53] [Y] eso es lo que luego se traslada al ministro: Ha habido una confusión y ahora resulta que es dinamita… […] En la reunión de las 18 horas y pico. Se le dice [al ministro] que es dinamita y que puede llegar a ser incluso Titadyne.

Otro de los testigos de esa segunda reunión en el ministerio (pasadas las 18 horas, aunque él llegó con cierto retraso), De la Morena, lo confirma (Comisión, p. 86):

Sobre los explosivos la percepción que tengo en ese momento es que puede no tratarse de Titadyne, pero no sé todavía que es otro tipo de dinamita. […] Lo que dicen es que no lo pueden asegurar, que quién ha dicho que es Titadyne, que nadie asegura que es Titadyne y que es una dinamita […].

Cabe añadir también lo que en este sentido señaló el ex Director General de la Policía, Díaz de Mera, en el juicio (28.3.2007):

Ministerio Fiscal (J. Zaragoza): ¿Esa información que reciben por segunda vez acerca del explosivo del Comisario General de Seguridad Ciudadana, rectificando lo del Titadyne, qué información era exactamente?

Díaz de Mera: Bueno, era, que era dinamita, creo que dijo eso, creo que era dinamita, y que no se podía afirmar que era Titadyne, pero no puedo darle más precisiones.

Y quién mejor que el propio Ministro del Interior para atestiguar lo que le comunicaron sus mandos policiales (Comisión, p. 17):

Y sólo quiero añadir una cosa más; en aquel momento no se dice que no sea Titadyne; lo que se dice es que todavía no está confirmado que no sea Titadyne, porque necesitan tener unos análisis que en ese momento —se habían producido todas las explosiones— no tenían. […] [E]n aquel momento no dicen que no sea Titadyne; confirman que es dinamita, lo que no se conoce todavía es la marca […].

Con mayor claridad (Comisión, p. 72):

Para ser precisos en la reunión que tuvimos en el Ministerio del Interior la tarde del día 11 no nos desmienten que sea Titadyne, sino que nos dicen que es dinamita y que todavía no pueden decirnos cuál es la marca. Exactamente esto es lo que ocurre, que es diferente.

Aunque Acebes no compareció ante el tribunal de la Audiencia Nacional, ofreció el 16.4.2007, bien avanzado el juicio, una entrevista a Jiménez Losantos en la Cope, que seguía sin apoyar la nueva versión de Díaz Pintado:

[min. 18:25] Por la tarde [del 11.3.2004], […] tenemos una reunión, efectivamente, tal y como han contado también en el juicio los mandos policiales, y dicen que ya la marca no es seguro que sea titadyne, que probablemente no lo sea, pero que es una dinamita. Y cuando comparezco por la tarde, es exactamente lo que cuento.

En suma: nos hallamos ante una cadena de información en la que un individuo A (Santiago Cuadro) dice, tanto en 2004 (en la Comisión), como en 2007 (en el juicio), haber transmitido X (dinamita sin poder precisar la marca) a otro individuo B (Díaz Pintado). El receptor último de la información, C (el Ministro del Interior), declara haber recibido la información X. Lo confirma tanto en 2004 (Comisión), como en 2007 (entrevista radiofónica).

El intermediario, B (Díaz Pintado), también recuerda en 2004 haber comunicado a su vez X (recuérdese: “Se le dice [al ministro] que es dinamita y que puede llegar a ser incluso Titadyne”).  Otros testigos colaterales confirman esta versión. Sin embargo, en 2007, B, y sólo él, da una nueva versión según la cual no se dijo X, sino Y (el Titadyn estaba completamente descartado porque no se había hallado nitroglicerina).

En estas circunstancias, ¿cuál es la conclusión razonable? Obviamente, que Díaz Pintado se equivoca.

Todo ello, por lo demás, pone también de manifiesto la notable inventiva que lucía García Abadillo en noviembre de 2006, cuando achacaba a Santiago Cuadro haber negado de plano, rotundamente, la posibilidad del Titadyn.

Lo hasta aquí expuesto es lo que, según he mencionado reiteradamente, me hace dar mayor credibilidad a las declaraciones de Santiago Cuadro. Sin embargo, tal como indiqué al principio, la discusión resulta en gran medida inane puesto que, por un lado, no cabe duda de que, sea quien sea el responsable, estamos hablando de un error sin mala fe y, por otro lado, “Titadyn con cordón detonante” es la información que efectivamente salió de la reunión de la cúpula policial. Y, que algo no sea real, no significa que no puedan serlo sus efectos.

Lo veremos en otro momento.

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