Titadyn, el eterno retorno (XXX) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (XXX) por Rasmo

(Sigue de la entrada anterior)

He argumentado que García Abadillo, en lo que he llamado “texto de referencia” (pp. 22 a 25 de “Titadyn”), como ya hizo años antes desde su periódico, altera deliberadamente el marco horario de los acontecimientos relativos a la primera comunicación sobre el tipo de explosivo, en la reunión de la cúpula policial mantenida al mediodía del 11 de marzo, casi seguramente porque ello permite ligar esa información (“Titadyn con cordón detonante”) a los primeros análisis de los Tedax, que concluyeron en torno a las 14 horas. Hemos comprobado que, en realidad, la llamada de Santiago Cuadro a Pedro Díaz Pintado se había producido al menos una hora antes de que el laboratorio de los Tedax informara de los primeros resultados obtenidos en los análisis de los focos de explosión. Y hemos constatado que García Abadillo no podía ignorarlo.

Aunque el mencionado autor no lo hace, algún conspiracionista irredento podría improvisar una objeción ad hoc para seguir manteniendo la posibilidad de esa vinculación entre los análisis químicos y la información sobre el explosivo trasladada a los responsables de las fuerzas de seguridad: a lo mejor es que… también nos han mentido respecto a la hora de esos análisis.

Si menciono esa posibilidad es porque, de hecho, otra estrella del firmamento conspirativo, Luis del Pino, la ha planteado explícitamente. Así, en su libro “11-M. Golpe de Régimen”, publicado en marzo de 2007, este investigador escribe (p. 256):

Hay [una] pregunta inquietante. La hora oficial a la que se finalizan los análisis, según lo declarado por los distintos comparecientes en la Comisión de Investigación del 11-M, son las 14.00. Pero entonces, si los análisis todavía no habían finalizado, ¿cómo pudo asegurar Santiago Cuadro a Díaz-Pintado que se trataba de algún tipo de dinamita, con o sin cordón detonante? ¿O es que es mentira que los análisis finalizaran a las 14.00 y, en realidad, ya habían finalizado a las 12.45? No resulta imposible que fuera así: existen técnicas de análisis químico que permiten obtener una primera estimación de los componentes con relativa rapidez.

Por otra parte, abordar esta cuestión nos permitirá al mismo tiempo revelar otras deficiencias de la exposición desarrollada por García Abadillo en su prolongada carrera como “experto” del 11-M.

Y es que, aun siendo uno de los principales, el desbarajuste horario no es el único problema que afecta al relato del vicedirector de “El Mundo”. Lo que deseo mostrar es que, de hecho, aunque a efectos discursivos admitiéramos la coincidencia temporal entre la llamada telefónica y la analítica de los Tedax (ya sea porque ésta se hubiera efectuado antes, como insinúa Del Pino, o porque la comunicación telefónica se hubiera producido más tarde, como erróneamente afirma García Abadillo), la relación que tradicionalmente se ha pretendido establecer entre una y otra seguiría siendo falsa. Porque no se trata sólo de una cuestión horaria. Es también una cuestión de modo, es decir, de qué manera y en qué circunstancias se produjo esa comunicación sobre el tipo de explosivo.

El Comisario General de Seguridad Ciudadana en el momento de los hechos, Santiago Cuadro Jaén, lo deja meridianamente claro en su comparecencia ante la Comisión del 11-M (en particular, pp. 54-55, 56, 58, 60, 71 y 75) y en su testimonio en el juicio. Una y otra vez subraya de dónde y cómo surge la información sobre el posible tipo de explosivo empleado en los trenes, con independencia de que él recuerde haber dicho “dinamita” y Díaz Pintado recuerde haber oído “Titadyn”.

Así, Cuadro Jaén telefonea a Díaz Pintado después de “haber hablado con los TEDAX allí” (comisión, p. 60), “con los miembros del TEDAX que están allí” (juicio), después de “hablar los que estábamos allí” (juicio); es decir, en El Pozo, que es donde se encontraba en ese momento. Este Comisario “está recogiendo sus impresiones” y “hablando con ellos me van diciendo cuáles son sus valoraciones, que se basan en su experiencia pero que son valoraciones” (Comisión, p. 71). Es decir:

Los TEDAX hablan conmigo, yo les estoy preguntando, estoy oyendo sus impresiones y extraigo una conclusión de las impresiones que ellos cambian, que no deja de ser mero comentario, sin rigor analítico, porque no puede serlo; puras conjeturas que entran dentro del ámbito de los indicios, pero que tienen un valor empírico importante porque ellos están viviendo ese tipo de cosas, como yo he vivido muchas cuando he estado con ellos [Comisión, p. 75].

Y, basándose en esa experiencia, lo que le dicen los Tedax que estaban allí es que:

[T]anto por la potencia de la deflagración como por los efectos de la misma, en principio los TEDAX se inclinan por atribuir una mayor potencia que un tipo de explosivo algo más bajo, como pueden ser las pólvoras. Pero en cuanto a los efectos, tanto por los daños que se producen en la estructura metálica de los vagones, según ellos […], la forma de segar los hierros de la estructura metálica, como por las dimensiones del cráter que origina la explosión en el suelo, parece que empieza a cobrar cuerpo la idea de que podríamos estar en presencia de un explosivo de la familia de las dinamitas; incluso se llega a decir que podría estar reforzado con cordón detonante a la vista de la deflagración tan intensa que produce esa explosión [Comisión, p. 54].

Por tanto, el Comisario General de Seguridad Ciudadana informa a Díaz Pintado “a la vista de estas consideraciones, que se derivan de las observaciones empíricas de los TEDAX” (Comisión, p. 54).

En efecto, Cuadro Jaén reitera en multitud de ocasiones y de forma inequívoca que se trata de “conjeturas” (pp. 58 y 75), “simplemente valoraciones” (p. 58), “hipótesis” (p. 56), “mera opinión” (juicio), “meros indicios” (p. 63), “comentarios que surgen de boca de los Tedax” (p. 58). En suma (p. 56):

[M]e muevo meramente por indicios de lo que me están informando los TEDAX, y lo que me informan es que son conversaciones que están surgiendo entre ellos que se basan en su propia experiencia, por las razones que le he expuesto, sobre la potencia de la deflagración y sobre sus efectos, y ahí se barajan una serie de posibilidades. Ellos apuntan a que la hipótesis más segura es que podría ser —introduzco el condicional, que yo mantendré siempre— un explosivo de la clase de las dinamitas, y lo que yo transmito es que podría ser una dinamita reforzada con cordón detonante.

Cuadro Jaén insiste, por tanto, en que se trataba de una información que no se basaba en unos análisis químicos. De hecho, esa es precisamente una de las razones por las que niega haber podido decir que “seguro” que era Titadyn, como le atribuye Díaz Pintado. ¿Cómo va a asegurar nada si son meras hipótesis?:

[p. 54] Hasta donde mi experiencia alcanza, para identificar plenamente una sustancia explosiva es preciso la realización de unas pruebas analíticas que se tienen que llevar a cabo después de un proceso de recogida de muestras o indicios, y eso normalmente se suele hacer en laboratorio. Ese proceso es indispensable para obtener una conclusión en relación con el resultado que se obtenga por otra parte, eso es impensable hacerlo allí a los pocos minutos de una explosión y por tanto no se puede dar una respuesta categórica. […] [p. 55] [E]l resultado de ese análisis lo tendremos más tarde, en torno a las 14:30, 14:40 […]. [Y]o solamente podría hablar de indicios, es lo único de lo que yo podría hablar, y si hubiese hecho una afirmación tajante, mi interlocutor sabe que eso no sería fiable, porque todos los profesionales sabemos que para hacer una afirmación de esta naturaleza se requiere un proceso analítico previo, y sin medios analíticos hubiese tenido que generar en él alguna duda. […] [p. 57] Si yo dije seguro, fue seguro no. Eso es así y lo digo de manera categórica. Yo no dije seguro sí; si dije la palabra seguro, fue seguro no. [Cuadro Jaén en la Comisión].

En el juicio volvió a exponerlo de manera más expresiva:

Si yo contesté seguro, diría seguro que no, pero nunca seguro que sí, ¿eh? Porque no podía decirlo, ¿eh? […] Imposible que hubiese ningún tipo de seguridad ¿eh?, porque, en primer lugar, el TEDAX […] después de explosionar el paquete de El Pozo y hablar conmigo, hablar los que estábamos allí, […] lo único que emiten son valoraciones acerca, o hipótesis acerca de lo que podría haber habido allí. Y esas hipótesis son las que a mí me transmiten y yo lo transmito así. Por tanto, no dije seguro que sí. Porque no podía decirlo, ¿eh?, y si lo hubiese dicho, seguro que sí, [Díaz Pintado] tendría que haber dicho: “pues éste está loco”, porque eso es que no puede ser. […] Eso es imposible.

Es interesante constatar que el mismo Díaz Pintado, en la Comisión del 11-M, pese a mantener una versión divergente en cuanto al contenido exacto de la información transmitida (él creyó oír “Titadyn con cordón detonante”), no mostró discrepancias respecto a su origen (p. 44):

En mi opinión […], precisamente las prisas fuerzan a veces a que le preguntemos no al que tiene que hacer la analítica final sino al que está in situ. Llegas allí y le preguntas: ¿esto qué es? Pues Titadyne. ¿Cuántos kilos? Pues 50. […] O sea, que son informaciones no excesivamente fiables.

De hecho, tanto en la Comisión como en el juicio, algunos de los intervinientes, bastante mejor informados, por lo que se ve, que algunos intrépidos periodistas “de investigación”, repararon en esa circunstancia, preguntando a diversos testigos si no les había llamado la atención que se diera un dato tan concreto con tanta celeridad.

Así, en la Comisión de Investigación, Puig Cordón preguntó al General García Varela (Jefe de Información de la Guardia Civil en el momento de los atentados): “¿No le extrañó que en tan pocas horas se supiese tan concretamente el tipo de explosivo?” (p. 73).

Durante el juicio, el letrado de A. Geria mostró repetidamente su interés al respecto. De este modo, en las comparecencias como testigos de Díaz Pintado, De la Morena y Díaz de Mera, no olvidó preguntarles a todos ellos si no les había llamado la atención una información tan precisa (“Titadyn con cordón detonante”) a esa hora.

La respuesta de todos ellos fue similar, en la medida en que no manifestaron extrañeza, y, en un contexto de buena fe y premura en el desarrollo de los acontecimientos, tal actitud acrítica parece basarse en su desconocimiento técnico, que hizo que no se plantearan siquiera la cuestión.

En este sentido, Díaz Pintado, en su comparecencia ante la Comisión del 11-M (pp. 61-62) lo resumió perfectamente contestando a Llamazares:

Llamazares: […] Según el responsable de los TEDAX, a las 14:00 horas se dice que el explosivo es dinamita. Por lo tanto, antes de las 14 horas no puede haber una información oficial y escrita de los TEDAX. ¿Es así?

Díaz-Pintado: Señor diputado, cuando se tiene este tipo de reuniones y cuando se recaba este tipo de informaciones no se piden informes, no da tiempo, a lo mejor no lo captas en ese momento; no se pregunta si se han hecho análisis químicos o se han dejado de hacer. Se ha solicitado una información, es la que facilitan y es la que yo transmito. No hay una rigidez en esta transmisión de noticias y por eso, por las prisas, por la falta de rigidez, se producen los errores.

E, igualmente, en su respuesta a A. Geria en el juicio:

Si a mí en la cadena de mando el responsable del área de investigación de los explosivos [Santiago Cuadro] me dicen ‘cordón…’ perdón… ‘Titadyne con cordón detonante’, pues es lo que realmente comentamos en ese momento, y no se solicita ningún dato más pensando que es así. Y yo pienso en la buena fe de los que pudieran informar, que podría ser alguno de los TEDAX o quien fuere… pues por las características de destrucción de tal… Hay que tener en cuenta que no es un atentado, que son cuatro focos de atentado y un cierto caos que afortunadamente se respondió lo mejor posible dentro de lo que estábamos viviendo ese día.

Son apreciaciones de sentido común que no se diferencian mucho de la reflexión del propio Ángel Acebes, entrevistado por Jiménez Losantos el 16.4.2007 en la Cope, tal como indiqué en una anterior entrega:

Si los Tedax dicen ‘oiga, es titadyne con cordón detonante’, quién va a decir: ‘a ver, oiga, ¿qué análisis se han hecho?’ Pues, la verdad es que a nadie se le ocurre en aquel momento decir ‘oiga, la verificación del análisis’. Si te dicen todos los mandos policiales ‘ha sido titadyne’, pues titadyne, pues te lo tienes que creer.

Y no olvidemos que, como también he reseñado ya, en su comparecencia pública del mismo día 11 de marzo a las 13:30, posterior a esa reunión de la cúpula policial en la que se produce la controvertida llamada telefónica, el entonces Ministro del Interior aclaró que “el tipo de explosivo está siendo analizado en estos momentos” (es decir, todavía no había concluido su análisis).

Conviene subrayar que todo esto es independiente de quién pueda tener razón al describir el contenido de la comunicación telefónica. Sea “dinamita con cordón detonante” (como afirma haber dicho Santiago Cuadro) o sea “Titadyn con cordón detonante” (como asegura haber oído Pedro Díaz Pintado), ello es irrelevante en última instancia. A los presentes efectos, lo importante es constatar que la información se basaba en meras conjeturas empíricas, sin el sustento de unos análisis químicos, contrariamente a la idea que han intentado difundir determinados comentaristas durante años.

Una vez más, por cierto, lo preocupante es que bastaba un rato bien aprovechado ojeando la documentación pertinente para conocer la información correcta. Yo puedo hacerlo. Cualquiera puede hacerlo. Un investigador, profesional o no, debe hacerlo. Salvo que medien incomprensible necedad o despreciable mala fe, por supuesto.

Porque, en realidad, tampoco había que investigar gran cosa. A los más perezosos les bastaba, de nuevo, con acudir a su propia hemeroteca. En efecto, tras la comparecencia de Díaz Pintado en la Comisión de Investigación, El Mundo citó sus declaraciones, en lo que ahora nos ocupa, de manera inconfundible (EM, 9.7.2004):

¿Cómo pudo producirse ese error en un asunto de tanta importancia? Díaz-Pintado justifica el desliz por una imprecisión en la «cadena de mando», como ya mantuvo Sánchez Manzano.

«Mi opinión es que las prisas llevan a Cuadro a preguntar a algún agente de los Tedax que estaba in situ en el lugar de los hechos y no participó en la analítica, por lo que la información no es fiable […].»

Y este mismo diario se hizo eco igualmente de la posterior comparecencia de Santiago Cuadro (EM, 15.7.2004):

Cuadro insistió en que no mencionó Titadine y que sólo comunicó que los indicios que manejaban los artificieros «inducían a pensar» que se trataba de dinamita, «posiblemente reforzada» con cordón detonante. […]

Según dijo a los diputados, […] contactó con los artificieros que estaban trabajando en la zona de los atentados y, en virtud de sus experiencias «empíricas de los efectos de la explosión y del cráter que dejaron las bombas en el suelo» pensó que podía tratarse de dinamita con cordón detonante.

Obsérvese que, aparte de la conocida discrepancia sobre los términos exactos de la comunicación, los dos parecían estar de acuerdo, según la propia información de El Mundo, en que los datos no procedían de ningún análisis químico, sino de una apreciación sobre el terreno.

Pero, teniendo en cuenta lo poco que se lee García Abadillo su diario, quizá debamos afinar más. De este modo, encontramos una auténtica joya que volveré a mencionar más tarde. Me refiero a un artículo publicado el 20.11.06… en El Mundo, sí, pero firmado por el mismo García Abadillo. Supongo que este, al menos, sí lo leyó, aunque sólo fuera mientras lo redactaba. En él, encontramos este delicioso pasaje:

Esa misma mañana [11.3.2004], otro miembro del Tedax le dijo al comisario jefe de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, cuando éste se encontraba en la estación de El Pozo, que, en su opinión, por la forma en que se había producido la explosión controlada de la mochila encontrada por un miembro de la Policía Municipal, se trataba de dinamita Titadyn.

Caramba, resulta que, después de todo, el vicedirector del El Mundo sí conocía el origen de la información transmitida por Santiago Cuadro: la opinión, basada en observaciones empíricas, de los Tedax que estaban en El Pozo.

Este último artículo resulta asimismo fundamental para acreditar las malas artes de García Abadillo en un punto particularmente insidioso de su Prólogo.

Ya señalé en una anterior entrega que, en gran medida, “Titadyn” parece un libro publicado apresuradamente para responder a las actuaciones judiciales de Sánchez Manzano contra El Mundo. Esto se refleja, en particular, en la frecuencia y la intensidad de las acusaciones que en dicha obra se vierten sobre el que fuera Jefe de los Tedax. En este sentido, al narrar los hechos que configuran el “texto de referencia”, García Abadillo hace una adición particularmente despreciable al relato que llevaba tiempo propalándose desde El Mundo y aledaños.

En efecto, el coautor de “Titadyn” tiene la ocurrencia de acusar directamente a Sánchez Manzano de ser la fuente de la información según la cual el explosivo de los focos era “Titadyn con cordón detonante”. Así, tras describir (de forma discutible, como veremos más tarde) el encuentro entre Cuadro Jaén y Díaz Pintado hacia las cinco de la tarde del día de la masacre, momento en el que el primero le aclaró al segundo que no se trataba de Titadyn, sino simplemente “dinamita”, García Abadillo añade (p. 25 de “Titadyn”):

Lo más increíble de todo es que quien le había dado esa información a Cuadro Jaén no era otro que Sánchez Manzano, el mismo que le había transmitido, según Díaz Pintado, que el explosivo era «Titadyn con cordón detonante» justo tres horas antes.

Y, para demostrar que no se trata de un desliz pasajero ni de una imputación inocente, debe señalarse que García Abadillo reitera la patraña en otro artículo de 22.2.2010:

[E]l propio jefe de los Tedax [Sánchez Manzano] contribuyó al despiste del Gobierno de Aznar al decirle a su jefe [Cuadro Jaén] en la mañana del 11-M que lo que había estallado en los trenes había sido «Titadyn con cordón detonante» (o sea, el explosivo que utiliza ETA).

Se trata de una escalada notable en el entramado de infundios cuya gravedad debería saltar a la vista, aunque se enuncie casi al descuido.

[Recuérdese que Jiménez Losantos ya había hecho una afirmación semejante nada más publicarse la información de El Mundo sobre la nitroglicerina, el 11.7.2006: “El Gobierno anterior dijo: ‘ha sido la ETA, porque… me dice el jefe de los Tedax que ha sido Titadyne, que tiene nitroglicerina, que es el explosivo que se ha encontrado en los trenes y, por tanto, el arma del crimen es de la ETA’.” (Federico a las 7, Cope, min. 7:20).]

Una vez más, es un dato falso. Y, una vez más, García Abadillo lo sabía (no podía no saberlo).

El propio Sánchez Manzano negó haber dado esa información (véase su comparecencia ante la Comisión, pp. 4, 10 y 12), pero, puesto que es parte interesada y el vicedirector de El Mundo lo considera un mentiroso, podemos prescindir de su testimonio.

¿En qué se basa entonces el coautor de “Titadyn” para realizar tal aserto? Aunque la redacción de su Prólogo puede prestarse a cierta ambigüedad, parece remitirse al Subdirector General Operativo de la Policía: “…Sánchez Manzano, el mismo que le había transmitido, según Díaz Pintado”. El caso es que, durante el juicio, el abogado de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, probablemente la entidad más cercana a El Mundo (suya es la querella contra Sánchez Manzano y la inspectora Tedax), interrogó explícitamente sobre este punto a Díaz Pintado. Y sabemos que García Abadillo conocía el testimonio de este mando policial, porque de hecho extrae algunas referencias literales en su contribución al libro que discutimos. Así se desarrolló el episodio:

AAV11M: Con la venia Señor Presidente. Vamos a ver… eh… El once de marzo por la mañana, cuando el… ha dicho usted que el Comisario General de Seguridad Ciudadana [Cuadro Jaén], le informa de que el explosivo era Titadyne con cordón detonante… ¿Le hizo saber quién le había dicho a él que era Titadyne con cordón detonante?

Díaz Pintado: No… ya he comentado esta mañana antes del almuerzo que la conversación fue aproximadamente de unos treinta segundos. […]

¡NO! Díaz Pintado afirmó expresamente no saber quién había dado esa información.

¿Y qué hay de la otra parte en esa llamada telefónica, es decir, del Sr. Cuadro Jaén? En este caso, nos encontramos con algo mucho peor. En efecto, el ex Comisario General de Seguridad Ciudadana, en su comparecencia ante la Comisión del 11-M (p. 55), resumió de forma precisa las razones por las que él afirmaba no haberse confundido. Presten atención:

Además, ningún responsable policial daría ni aceptaría una información de esta naturaleza que no viniese avalada en cuanto al fondo, por pruebas analíticas correspondientes y, en cuanto a la forma, por la cadena de mando, y en este caso a mí no me lo estaba transmitiendo el responsable del servicio [Sánchez Manzano] y en la forma que es pertinente en estos casos, sino que respondía a meras observaciones de naturaleza empírica que estaban haciendo los TEDAX en aquellos momentos.

Leámoslo otra vez: “a mí no me lo estaba transmitiendo el responsable del servicio”.

Tenemos por tanto que el receptor de la llamada (Díaz Pintado) afirma explícitamente desconocer el origen de esa alusión al Titadyn, al tiempo que el autor de la llamada (Cuadro Jaén) manifiesta explícitamente que no partió de Sánchez Manzano (el responsable del servicio).

Aquí me permito un breve comentario incidental que es tan válido para este punto en particular como, en general, para toda la exposición que vengo desarrollando en torno a los acontecimientos del mismo día 11 de marzo de 2004 en relación con los explosivos. Las afirmaciones de García Abadillo y compañía (repito: sobre este punto en particular, pero también en general) no son problemáticas porque impliquen que Sánchez Manzano es un mentiroso. Al fin y al cabo eso es exactamente lo que el coautor de “Titadyn” señala, por ejemplo, en la página 21 de su Prólogo. Se trata de una imputación que podrá ser cierta o falsa, pero que no tiene nada de incongruente en sí misma. El problema es que, si lo que se ha estado contando en El Mundo (empezando por su vicedirector) y en las páginas de “Titadyn” es cierto, entonces, forzosamente, Cuadro Jaén, en la medida en que confirma en todo momento las versiones de sus subordinados (Sánchez Manzano y la inspectora Tedax) en cuanto tiene que ver con los explosivos… también tiene que estar mintiendo. Pero ocurre entonces algo muy curioso. El jefe supremo de todo el circo, Pedro J. Ramírez, en su infame remedo de Zola, “Yo acuso (España 2009)” (EM, 2.6.2009), declamado al socaire de “Titadyn”, hace, en efecto, muy graves acusaciones contra casi toda la cúpula policial en tiempos del PP (y posteriores)… casi toda, menos, precisamente, Santiago Cuadro Jaén, a quien libra de su lista oprobiosa. En fin, la coherencia nunca ha sido el punto fuerte de los conspiracionistas.

Volvamos al asunto del “Titadyn con cordón detonante”. Ya he puesto de relieve que no hay ninguna base para atribuir esa afirmación a Sánchez Manzano, como hace el vicedirector de El Mundo. Ahora me propongo mostrar que García Abadillo falta a la verdad conscientemente.

Ello pasa por acreditar una circunstancia cuyas implicaciones pueden no resultar evidentes a primera vista: Sánchez Manzano era el Jefe de los Tedax, pero él mismo NO era un Tedax.

Si no me equivoco, la primera referencia que se hace al respecto en El Mundo, tras el artificioso escándalo de la “nitroglicerina”, aparece en un artículo de Fernando Lázaro de 13 de julio de 2006, con una flagrante errata:

Pese a ser el máximo responsable de los Tedax, Sánchez Manzano [no] es un especialista en explosivos, lo que facilitaría la posibilidad del error.

[A cualquiera que sepa leer debería resultarle obvio que al periodista se le olvidó escribir ese “no” que he introducido entre corchetes; de otro modo, la frase carece de sentido.]

En aquellos días, como ya ha quedado expuesto, el Jefe de los Tedax recibió un aluvión de reproches. Así, el editorial del día 20.7.2006 establecía una implacable exigencia desde su mismo título: “Manzano debe ser destituido”. Al hilo de esa operación de acoso y derribo, el 22.7.2006, el diario de Unidad Editorial reiteraba su postura en un suelto editorial donde se aducía la supuesta opinión de los sindicatos policiales, también desde el título (“La destitución de Manzano, un clamor policial”), y se indicaba:

[L]a Confederación Española de Policía (CEP), acusó a Sánchez Manzano de «desprestigiar» a estos profesionales [los Tedax] y atribuirse una titulación que no tiene.

Esa imputación se aclaraba en la correspondiente noticia del día, según la cual:

En concreto, las declaraciones que han motivado la queja de los sindicatos son aquéllas en las que Sánchez Manzano aseguraba no ser un experto en explosivos, sino en la desactivación de los mismos. «El señor Sánchez Manzano es el jefe de la UCDE-NRBQ, pero no un Tedax. No ha realizado el curso de la Dirección General de la Policía que le habilita como tal […]. Su puesto es el de gestor de la Unidad, debiéndose limitar únicamente a ello […]», afirman los sindicatos.

Otra de las manifestaciones de Sánchez Manzano fue que «la nitroglicerina es el componente de todas las dinamitas». SUP, UFP y CEP le reprochan que «cualquier Tedax sabe que eso no es cierto. Él, como no es titulado, no tiene obligación de saberlo, pero debería haberse dejado asesorar previamente por los experimentados y acreditados profesionales tedax que tiene en su unidad».

Pues bien, la relevancia de este detalle queda patente en una entrevista que dos días más tarde, el 24.7.2006, el Sr. Marugán Casado, antiguo Tedax de la Guardia Civil, ofrece a un periodista de El Mundo llamado… ¡Casimiro García Abadillo!:

P. [CGA]- El anterior subdirector operativo de la Policía, Pedro Díaz Pintado, declaró en la Comisión de Investigación del 11-M que el responsable de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, le dijo que se trataba de «Titadyn con cordón detonante».

R. [Marugán]- Si eso es así, lo debió de decir un Tedax. ¿Por qué esa información debió partir de un Tedax? Porque el comisario jefe de la Unidad de Desactivación de Explosivos [Sánchez Manzano], o el de Seguridad Ciudadana [Cuadro Jaén], son cargos de dirección, de gestión, no son técnicos especialistas en desactivación.

Esto es lo que el vicedirector de El Mundo sabía casi tres años antes de “Titadyn”. No está mal, pero aún hay más, porque, precisamente en el Prólogo de dicho libro, el mencionado autor no tiene reparo en recordar expresamente la falta de titulación del mando policial (p. 34):

Manzano, que es licenciado en Derecho pero que ni siquiera hizo el curso de capacitación que deben realizar todos los miembros del Tedax, carece de cualificación como facultativo.

Y este pasaje, curiosamente, es casi idéntico a otro contenido en el artículo del mismo García Abadillo de 20.11.2006 en el que hice hincapié anteriormente.

Efectivamente, en dicho artículo, el vicedirector de El Mundo señala:

Manzano, que es licenciado en Derecho y ni siquiera ha realizado el curso de tedax, carece de cualificación como facultativo.

Unas cuantas líneas más abajo, en ese mismo artículo, insisto, García Abadillo evoca el relato de Garzón en su comparecencia ante la Comisión del 11-M, según el cual, cuando se trasladó desde la estación de Atocha a la calle de Téllez caminando, “un miembro de los Tedax […] le comentó que el explosivo «podía ser Titadyn»”. Y, acto seguido, el coautor de “Titadyn” ofrece el iluminador párrafo que cité antes:

Esa misma mañana, otro miembro del Tedax le dijo al comisario jefe de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, cuando éste se encontraba en la estación de El Pozo, que, en su opinión, por la forma en que se había producido la explosión controlada de la mochila encontrada por un miembro de la Policía Municipal, se trataba de dinamita Titadyn.

Por si no bastara con la mera descripción de cómo se origina la hipótesis del Titadyn (en El Pozo –donde no se encontraba ya Sánchez Manzano– sobre la base de una opinión empírica de los presentes), obsérvese el detalle crucial del que informa García Abadillo dos años y medio antes del “Informe Iglesias”: quien lo dijo fue un “miembro del Tedax”. ¡Después de haber admitido que Sánchez Manzano no lo era!

En resumen, desde años antes de escribir su Prólogo, García Abadillo sabe, porque así se lo han dicho y porque él mismo lo escribe, que Sánchez Manzano no es un Tedax y que el dato del “Titadyn con cordón detonante” partió de un Tedax. Es decir, García Abadillo está admitiendo que ese policía no fue el origen de la información. En “Titadyn”, en cambio, pese a reconocer nuevamente la falta de titulación de este mando policial, le atribuye a él explícitamente la errónea comunicación sobre el tipo de explosivo.

Dados los antecedentes, y en ausencia de toda explicación o fuente que justifiquen el cambio de versión en un oportuno libro repleto de denuestos hacia Sánchez Manzano, la conclusión de que nos hallamos ante un nuevo embuste no sólo es perfectamente legítima: es casi inevitable. E insufrible.

(Continuará)

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