Titadyn, el eterno retorno (XXIX), por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (XXIX), por Rasmo

Terminé la anterior entrega señalando que un solo dato echaba por tierra en lo fundamental el armazón argumental pergeñado por García Abadillo en torno a la reunión de la cúpula policial al mediodía del 11 de marzo de 2004.

En efecto, dicho autor señala que la llamada de Cuadro Jaén a Díaz Pintado en la que, supuestamente, el primero le dijo al segundo que el explosivo utilizado había sido “Titadyn con cordón detonante” se produjo “sobre las dos de la tarde” (p. 23 de “Titadyn”).

Sin embargo, es un dato falso. Completamente falso.

Y, con un mínimo de conocimiento de causa, es tan fácil situar cronológicamente (siquiera de forma aproximada) esa comunicación telefónica, que el dato de las 14 horas aparece como una imprecisión realmente extraña. ¿De dónde surge? ¿Y por qué?

Hasta donde mi conocimiento alcanza, la primera vez que García Abadillo introduce esa referencia horaria manipulada es en su famoso artículo de 11 de julio de 2006, que dio lugar a toda la escandalera mediática sobre la supuesta diferencia entre el explosivo que “realmente” estalló en los trenes y el que tenían los islamistas sobre la base, en particular, de la “nitroglicerina” que el Jefe de los Tedax mencionó en mala hora ante la Comisión del 11-M. En dicho artículo primigenio se engarzan las piezas del relato que se convierte en lo sucesivo en la versión habitual de El Mundo (y especialmente de su vicedirector) y que se reproduce y elabora en lo que vengo denominando “texto de referencia” del Prólogo de “Titadyn”.

Por otra parte, la finalidad o, como mínimo, la utilidad de esa referencia cronológica resulta evidente. Recordemos que el vicedirector de El Mundo situaba también a las 14 horas la obtención de los primeros resultados analíticos de los focos de explosión por parte del laboratorio de los Tedax. Se trataba del límite inferior mínimo que permitían los diversos testimonios, pero ciertamente no era inadmisible. Pues bien, a nadie se le escapará la coincidencia temporal, coincidencia que resulta absolutamente necesaria para mantener la idea, tantas veces repetida desde los medios conspiracionistas, de que la comunicación sobre el supuesto explosivo se basaba en unos análisis de laboratorio y, en consecuencia, para aducir este episodio como un indicio de que la nitroglicerina a la que se refirió Sánchez Manzano en el Congreso no era un simple error y…

Como inciso, debo aclarar inmediatamente que esa relación entre los análisis y la comunicación telefónica no se establece de forma expresa en el Prólogo de “Titadyn”. Se trata, no obstante, de una posibilidad sugerida por la propia configuración de la narrativa de dicho texto, que, por un lado, en gran medida plasma y recoge los elementos repetidos durante años desde las páginas de El Mundo y los micrófonos de la Cope, sin desentenderse o distanciarse de ellos en absoluto [en su Prólogo, García Abadillo se remite explícitamente, con indisimulado orgullo, a su artículo fundacional en esta materia de 11.7.2006 y otros sucesivos] y, por otro lado, incorpora aspectos nuevos que podrían interpretarse en el mismo sentido [por ejemplo, la afirmación, en las páginas 25 y 27 de “Titadyn”, según la cual Sánchez Manzano había mencionado a su superior, Cuadro Jaén, determinados resultados concretos de la analítica; lo mencionaré en otro lugar].

En realidad, esa llamada telefónica en la que presuntamente se habló del Titadyn tuvo lugar, como mínimo, una hora antes de que los Tedax obtuvieran sus primeros resultados de laboratorio. Y ya está. Algo tan simple acaba con toda la bazofia narrativa que trata de unir perversamente ambos aspectos: la comunicación (errónea) sobre el tipo de explosivo y los análisis supuestamente ocultos por Sánchez Manzano y compañía. Por tanto, podría limitarme a despachar el asunto con un par de breves referencias incuestionables, pero haré algo más, porque, como ya sugerí en su momento, esta historia ilustra en todo su esplendor la iniquidad lacerante del periodismo conspiracionista. Y me propongo demostrar, hasta donde es posible en estos casos, que no nos enfrentamos a una simple inexactitud no intencionada e intrascendente, sino a una flagrante manipulación con consecuencias de gran calado.

He dicho que la llamada telefónica de Cuadro Jaén a Díaz Pintado se produce al menos una hora antes que los primeros resultados de los análisis de los focos de explosión. Añado que García Abadillo lo sabía o no podía ignorarlo legítimamente. Es casi imposible dedicar más de veinte minutos a la documentación pertinente y no darse de bruces con el dato. Hay que investigar con los ojos cerrados, los oídos tapados y gritando “la, la, la” para no enterarse de nada.

Empecemos por las declaraciones de los diferentes testigos. Santiago Cuadro Jaén, en su comparecencia en la Comisión del 11-M (p. 54), especifica que llamó a Díaz Pintado “sobre las 12:45, aproximadamente”. En el juicio, reiteró: “serían en torno a las doce y media o una menos cuarto” y “podría ser en torno a la una menos cuarto de la tarde, aproximadamente”.

Por su parte, el receptor de la llamada, Pedro Díaz Pintado, declaró en la Comisión (pp. 44 y 58) que la conversación tuvo lugar “finalizando la reunión” y, más concretamente: “me llamó al final de la reunión, creo que era sobre las 13:00 horas aproximadamente”. A su vez, en el juicio, indicó: “Calculo que sería aproximadamente a la una”.

Entre los asistentes a la reunión en el Ministerio del Interior, ni el Secretario de Estado, Ignacio Astarloa, ni Vicente Faustino señalaron en sus respectivas declaraciones ante la Comisión del 11-M la hora en que se produjo el incidente.

Jesús de la Morena tampoco ofreció una estimación horaria en la Comisión, pero en el juicio del 11-M fue más preciso: “fue un poco antes de la una”; y “a partir de las doce y media, una menos cuarto”.

Agustín Díaz de Mera, en la Comisión (p. 38), no fue más allá de un difuso “eso se produce, creo, al final de la reunión”. Pero en el juicio intentó concretar: “digamos doce y media o la una, o así”.

José Manuel García Varela, en la Comisión de investigación (p. 83), manifestó que la llamada “se produciría a las 12:30, ó 13 horas”.

De cuantos participaron en la reunión de las fuerzas de seguridad, sólo Santiago López Valdivielso, en la Comisión (p. 115), parece ofrecer un marco temporal distinto para el incidente: “Ya casi al final de la reunión […], que dura desde las 12:00, que es cuando nos convocaron, hasta las 14:30 o algo así, creo recordar.” Pero, el mismo declarante, y en la misma página, matiza: “Insisto, aquí desde las 13:00 horas del día 11 se inicia una línea de investigación con el Titadyne.” Una referencia, por tanto, que (aparte de su propia inconsistencia) no sirve para exculpar a García Abadillo, dado el cúmulo de datos en sentido opuesto y el simple hecho de que el vicedirector de El Mundo no cita en ningún momento la intervención del aludido en la Comisión, mientras que, por el contrario, se remite explícitamente en más de una ocasión a las declaraciones de otros testigos (como el propio Díaz Pintado) que sí habían dado referencias horarias correctas.

A los anteriores testimonios cabe añadir al menos los de otras dos personas: Baltasar Garzón y el Ministro del Interior en el momento de la masacre, Ángel Acebes. Al primero alude García Abadillo (de manera objetable) en su relato tratando de dar mayor consistencia a su propia historia sobre la importancia de llamarse “Titadyn”. Más adelante abordaré de nuevo este punto, pero aquí me interesa señalar que el Sr. Garzón declaró en la Comisión de investigación del 11-M (15.7.2004) haber recibido una llamada de Díaz Pintado posterior a la famosa reunión que es objeto de nuestro examen. El Magistrado recordó (p. 4): “a las 13:15 horas me llamó [Díaz Pintado] […] y me comentó que parecía que el explosivo utilizado había sido Titadyne.” Más tarde (p. 23) situó esa llamada “sobre las 13:20” y, en otro momento (pp. 35-36), volvió a precisar: “Deberían ser las 13:15 ó 13:20, aproximadamente. […] Le pregunto [a Díaz Pintado] por la reunión y me dice hemos estado aquí y parece que puede ser Titadyne.

Así pues, todo encaja perfectamente, como también confirma el propio ex Ministro Acebes, quien, en la Comisión del 11-M, recordó que a él se le informó del resultado de esa reunión antes de su rueda de prensa de las 13:30:

[p. 16] Antes de las 13:30, que es la primera comparecencia, yo hablo varias veces con el secretario de Estado de Seguridad [Astarloa], que es el que está en la reunión y me va transmitiendo las distintas impresiones. […] [P]oco tiempo antes de ir a la rueda de prensa es cuando recibo la última llamada, que es en la que me dice: Es Titadyne con cordón detonante, seguro, nos lo ha transmitido Pedro Díaz-Pintado. […] [p. 56] [M]e dicen lo del Titadyne […] antes de la rueda de prensa […]. [p. 71] [Me lo dice] el secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Astarloa, por boca de Pedro Díaz-Pintado, subdirector general operativo del Cuerpo Nacional de Policía; es decir, el subdirector general operativo del Cuerpo Nacional de Policía se lo transmite a las nueve o diez personas reunidas en el Ministerio del Interior, a continuación el secretario de Estado de Seguridad coge el teléfono, me llama y me dice: Ministro, es Titadyne con cordón detonante porque lo acaba de manifestar en esta reunión Pedro Díaz-Pintado.

Tenemos, por tanto, que García Abadillo retrasa al menos una hora el momento de la comunicación telefónica. El tiempo necesario para establecer, apuradamente, la deseada conexión con los supuestos análisis de los Tedax y poder así sustentar una historia trufada de imputaciones a Sánchez Manzano y sus subordinados.

Podrá pensarse que exagero la importancia de ese error y que incurro en la misma práctica que critico en los conspiracionistas cuando atribuyen gran relevancia a pequeños desfases temporales y otras discrepancias menores. No es así y voy a tratar de demostrarlo más allá de toda duda razonable (insisto en lo de “razonable”).

Para empezar, obsérvese que el desliz es en sí mismo bastante sospechoso. Y lo es porque resulta imprescindible para establecer ese deseado nexo al que he aludido entre el “Titadyn con cordón detonante” y los resultados del laboratorio bajo el mando de Sánchez Manzano. Sin él, toda la historia se viene abajo, lo cual, al menos, debería alertarnos en cuanto a la existencia de un claro interés a priori. Ocurre además que esta maquillada referencia horaria no es un caso aislado, sino que, como ya he señalado, se reproduce y repite desde años antes.

La reiteración puede hacerse enojosa, pero no quiero que quepa la menor duda. Recordemos una vez más ese núcleo argumental que se inaugura el 11 de julio de 2006. Entonces, el vicedirector de El Mundo refería el episodio de la llamada telefónica de manera muy semejante a la reflejada más tarde en el “Informe Iglesias”:

CGA escribio:

Poco antes de que concluyera dicha reunión [de la cúpula policial antiterrorista], cerca de las 14 horas, Díaz Pintado recibió una llamada del comisario de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, en la que éste le informó del tipo de explosivo utilizado por los terroristas: «Se trata de Titadyn con cordón detonante, eso es lo que dicen los Tedax».

Y, como vimos en su momento, tras indicar las características del Titadyn robado por ETA (con una errata menor en cuanto a su numeración), García Abadillo añadía la crucial reflexión:

Es decir, que tenía toda la lógica pensar que, si en los análisis de los focos de las explosiones los Tedax habían detectado la existencia de nitroglicerina, dedujeran inmediatamente que se trataba de Titadyn-50. Es decir, en la tesis de ETA como autora de los atentados.

Esta asociación lógica resulta más evidente aún si cabe en otro artículo de 25.7.06 del mismo García Abadillo (que también he citado en anteriores ocasiones), pues se establece en párrafos estrictamente consecutivos:

CGA escribio:

Según dijo el propio Sánchez Manzano en su comparecencia parlamentaria, en los focos lo «único que se pudo encontrar fue nitroglicerina». […]

El conocimiento de ese dato coincidió con lo relatado también en su comparecencia parlamentaria por el subdirector operativo de la Policía, Pedro Díaz Pintado, quien reveló que, sobre las 14.00 horas, el comisario de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, le dijo por teléfono que el explosivo que había causado la masacre, según los Tedax, era «Titadyn con cordón detonante».

Si, en efecto, se habían encontrado restos de nitroglicerina, era lógico pensar que el explosivo fuera el Titadyn que ETA había utilizado ya en decenas de atentados con coche bomba. […]

Conclusión para cualquier lector casual: la mención del Titadyn fue el resultado de unos análisis de los Tedax donde se detectó nitroglicerina. A partir de ahí, no requiere ningún esfuerzo encadenar las deducciones que El Mundo y allegados han repetido sin cesar: entonces la nitroglicerina de Sánchez Manzano fue un dato real (no un simple error) y nos ocultan esos primeros análisis y no explotó Goma 2 y nos dieron el cambiazo y golpe de Estado y… Llevamos decenas de páginas (y unos cuantos años) con esta leyenda.

Pero todo se basa en un dato incierto, como no me cansaré de repetir. En este sentido, el último artículo citado, de 25.7.2006, resulta especialmente ilustrativo. En efecto, la referencia horaria es prácticamente idéntica a la empleada más tarde en el Prólogo de “Titadyn” (“sobre las 14 horas” y “sobre las dos de la tarde”, respectivamente). Pero el vicedirector de El Mundo nos muestra de forma palmaria un nuevo ejemplo de una censurable práctica que ya empezamos a reconocer como habitual en él. ¿Quién es su fuente? ¿A quién atribuye explícitamente ese dato? El coautor de “Titadyn” se refugia en el testimonio de Díaz Pintado.

Pero adivinen qué diferencia hay entre lo que García Abadillo escribe que dijo Díaz Pintado:

…en su comparecencia parlamentaria […], Pedro Díaz Pintado […] reveló que, sobre las 14.00 horas…

Y lo que literalmente dijo el aludido Díaz Pintado en esa comparecencia (p. 58):

…me llamó al final de la reunión, creo que era sobre las 13:00 horas…

La diferencia, en efecto, es una hora. La hora que hace falta para montar el pitote mediático.

¿Podría ser que García Abadillo hubiera cometido su error una vez, en su primer artículo (de 11.7.2006), y se limitara a arrastrarlo desde entonces… sin darse cuenta? Si nos obligamos a cerrar los ojos ante el casual y curioso hecho de que ese pequeño error, como reitero una y otra vez, es sospechosamente necesario, obsérvese lo que esta excusa nos diría acerca de la diligencia de este investigador. Y en un asunto, además, al que tan graves consecuencias se han anudado y sobre el que tanto se ha envanecido el mentado autor, con proclamas de honestidad intelectual, abnegación y entrega a las víctimas (el amor propio nunca ha sido un bien escaso en algunas redacciones). No, es muy difícil imaginar siquiera la hipótesis del error inocente. Para empezar, insisto, es casi imposible examinar la oportuna documentación, incluso con una mirada distraída, sin toparse con el dato exacto. Y, aun suponiendo que a un avezado “investigador” no se le exigiera el menor esfuerzo documental, ocurre aquí lo que en tantas otras ocasiones hemos comprobado: al Sr. García Abadillo le habría bastado con visitar su propia hemeroteca.

Efectivamente, he reproducido más arriba diversos testimonios de los implicados, acudiendo a las fuentes originales. Pero es que El Mundo también dio cumplida cuenta de esas declaraciones en su momento.

Así, tras la comparecencia de Díaz Pintado en la Comisión del 11-M, el periódico de marras tituló (EM, 9.7.2004): “El jefe de Seguridad Ciudadana afirmó que era Titadine”. Con un revelador subtítulo:

El subdirector de la policía [Díaz Pintado] reconoce haber facilitado ese dato erróneo al secretario de Estado a las 13.00 horas

Unos días más tarde, con ocasión de la comparecencia de Santiago Cuadro Jaén, Fernando Lázaro informaba también en El Mundo (15.7.2004):

Esa comunicación [telefónica] se produjo sobre las 12.45 horas del mismo día 11. El subdirector [Díaz Pintado] estaba reunido en el Ministerio con la cúpula de Interior. Cuadro estaba en la zona cero.

Y, respecto a la comparecencia de Baltasar Garzón, que, como habíamos visto, confirmó que Díaz Pintado le llamó después de la reunión en el Ministerio y antes de las dos de la tarde, El Mundo escribió (16.7.2004):

Las manifestaciones de Garzón avalan la versión de Díaz-Pintado. El magistrado aseguró que, sobre las 13.15 horas, recibió una llamada telefónica de Pedro Díaz-Pintado para decirle que el explosivo era Titadine.

La constatación de que algunos vicedirectores no se leen su propio periódico empieza a ser preocupante.

Y hay algo peor, otro dato que salta a la vista en cuanto se analiza el “texto de referencia” del Prólogo de “Titadyn” habiendo hecho los deberes. Se trata de un dato llamativo que complementa la alteración horaria, en la misma dirección, y que no parece explicable sino como una clara adaptación o ajuste para que todo cuadre, adaptación coordinada que termina de disipar, por tanto, la posibilidad del error no intencionado. En efecto, tras situar “sobre las dos de la tarde” la llamada en la que supuestamente se habló del “Titadyn con cordón detonante”, García Abadillo añade (p. 24 de su Prólogo):

Ese dato fue también el que llevó a Ángel Acebes a apuntar sin duda como responsable a ETA en una rueda de prensa que se celebró sobre las tres de la tarde del 11 de marzo.

Obviamente, el vicedirector de El Mundo destaca lo anterior con objeto de enfatizar la trascendencia que tuvo esa información sobre el “Titadyn” para las hipótesis acerca de la autoría que se manejaron en aquellos momentos. Más adelante abordaré esa cuestión, pero ahora quiero seguir centrándome en las referencias cronológicas.

¿Una rueda de prensa de Acebes a las tres de la tarde del día 11 de marzo? Por un momento estuve tentado de atribuir esta referencia a la inventiva, pura y dura, del coautor de “Titadyn”. Aplicándole el beneficio (poco merecido) de la duda, no estoy ya tan seguro, pero ello no es óbice para las objeciones que enseguida expondré.

Me ha sido francamente difícil adivinar a qué puede estar aludiendo García Abadillo. Los comentarios públicos del Ministro del Interior inmediatamente posteriores a los atentados, como es comprensible, fueron recogidos con el máximo interés por los medios de comunicación. Acebes hizo unas primeras declaraciones más o menos improvisadas desde las proximidades de la estación de Atocha hacia las 11 de la mañana del 11 de marzo. Después, ese mismo día, compareció formalmente ante los medios en torno a las 13:30 horas y, más tarde, alrededor de las 20:20 horas. Esas son las apariciones públicas a las que él mismo hace referencia continuamente en sus declaraciones en la Comisión del 11-M y las que están amplia y diversamente documentadas. Las dos últimas, en particular, fueron emitidas en directo por la mayoría de las principales cadenas de radio (consúltese, por ejemplo, el archivo sonoro de la SER) y televisión (véase Laura Rodas, “La información televisiva los días 11 y 12 de marzo”, Quaderns del CAC, nº. 19-20, 2004, pp. 29-37).

En la minuciosa cronología elaborada por el PP en su voto particular al término de la Comisión del 11-M, no hay el menor rastro de una “rueda de prensa” del Ministro hacia las tres de la tarde del día 11. Lo más parecido lejanamente (muy lejanamente) es una entrada correspondiente a las 14:37 (p. 505):

14:37 horas. Las agencias de noticias señalan que Ángel Acebes ha informado al presidente del Gobierno de que el explosivo utilizado es el habitual de ETA.

Esto no tiene nada que ver con una comparecencia pública y puede indicar simplemente que el Ministro del Interior había trasladado poco antes al Presidente del Gobierno la información que le habían transmitido a él mismo tras la reunión de la cúpula policial, tal como hemos visto.

Lo que me hace pensar que García Abadillo ha podido no inventarse enteramente el dato para su Prólogo es el hecho de que elmundo.es, en una información de 13.3.2004 (“Las primeras 24 horas, minuto a minuto”) ya recogía algo similar, e igualmente desconcertante:

15.09. Acebes comparece ante los medios y asegura que ETA está detrás del atentado.

Y me suscita dudas otra noticia de la edición digital de El País, del mismo día 11.3.2004 (“Relato de la tragedia, minuto a minuto“), con la siguiente línea:

15.10: Acebes asegura que el explosivo es el habitualmente utilizado por ETA. […]

No es exactamente lo mismo “comparecer ante los medios” o celebrar una “rueda de prensa” que señalar de forma genérica que el Ministro asegura tal o cual cosa. ¿A quién se lo asegura? ¿Cómo lo asegura? ¿Es él en persona o se trata de una atribución impropia?

De otras noticias se deduce una versión algo distinta, según la cual podría ser que fuentes de Interior o desde el Ministerio [pero no necesariamente Acebes en persona y menos en una comparecencia pública] se comunicara a algunos periodistas (o a la Agencia EFE) el dato del Titadyn, unido a las correspondientes suposiciones sobre la autoría de la masacre.
Así, por ejemplo, se desprende de sendos artículos de El País de 7.7.2004 (uno de Ernesto Ekaizer y otro sin firma).

Parece confirmar esto último la fonoteca de la SER, donde puede comprobarse la información radiofónica contemporánea a los hechos de que se trata. En concreto, a las 15:23 horas del 11 de marzo se escucha lo siguiente:

[Locutor]: Vamos a acercarnos al entorno del Ministerio del Interior, porque hay algún dato ya sobre las investigaciones de la Policía referentes a la composición de los explosivos utilizados esta mañana por los terroristas en Madrid. Ana Tarradillos:

[A. Tarradillos]: Sí, no se ha hecho público todavía, pero fuentes del Ministerio del Interior nos lo acaban de confirmar: la carga explosiva está compuesta por Titadine y dinamita […]. La carga está claro ya que es Titadine y dinamita reforzada. Hablamos ya por tanto oficialmente de ETA, del modo de actuar de ETA.

Si dejamos de lado eso de “Titadine y dinamita reforzada”, que daría para algún que otro comentario, el pasaje citado tiene su interés, tanto por lo que dice como por lo que no dice. Si se hubiera producido una “rueda de prensa” del Ministro, es difícil pensar que no se hubieran reproducido directamente sus palabras. Asimismo, que se observe que “no se ha hecho público todavía” indica precisamente que no estamos ante una comparecencia pública de Acebes. En efecto, parece tratarse de una simple comunicación de algunas “fuentes del Ministerio” a algún medio (o medios).

Sea como fuere, la situación parece confusa. No se me negará que, en el mejor de los casos, estamos ante un episodio poco claro… y superfluo. Quiero decir: si García Abadillo desea poner de relieve la importancia que el “Titadyn” tuvo para el Gobierno a través de las declaraciones de su Ministro de Interior; si desea indicar que “ese dato fue también el que llevó a Ángel Acebes a apuntar sin duda como responsable a ETA en una rueda de prensa”, ¿por qué no cita la notoria, indubitada, obvia, conocida y reconocida rueda de prensa de las 13:30, en la que, de hecho, Acebes ya conocía esa noticia del “Titadyn” y en la que ya apuntó sin ninguna duda a ETA? ¿Por qué acudir a otra supuesta “rueda de prensa” de la que casi no hay noticia y que, a lo sumo, constituye una referencia oscura y recóndita?

Creo que la respuesta es evidente: porque la rueda de prensa de las 13:30 ocurrió… en fin, a las 13:30. Y, si el vicedirector de El Mundo hubiera aludido a ella o se hubiera fijado en ella de algún modo, inmediatamente habría sido obvio que no podría seguir utilizando las 14 horas como momento de la llamada telefónica entre Cuadro Jaén y Díaz Pintado. En suma, es lo flagrante, casi deslumbrante, de esa omisión lo que resulta revelador: si García Abadillo no hubiera borrado del relato de los hechos esa conocida rueda de prensa oficial (para aludir en su lugar a una dudosa e ignota comparecencia), le habría sido imposible mantener su horario erróneo.

Y ese horario es lo que siempre se ha necesitado, desde aquel febril 2006 en El Mundo, para relacionar el episodio de la llamada entre Cuadro Jaén y Díaz Pintado con los análisis de los Tedax y para atribuir a éstos (más concretamente, a Sánchez Manzano) la responsabilidad de apuntar en un momento dado hacia ETA, a través del Titadyn (más sobre este punto enseguida). Pero ya he reiterado una y otra vez que el horario correcto hace imposible ese encadenado argumental, porque la llamada con el supuesto “Titadyn” es anterior (e independiente) de los análisis y la comparecencia de Acebes es posterior a la llamada (con conocimiento de su contenido) y anterior también a los análisis. De hecho, el propio Acebes, a preguntas de un periodista, señala explícitamente en su comparecencia de las 13:30: “El tipo de explosivo está siendo analizado en estos momentos” (la transcripción parcial se recoge en el dictamen de la Comisión del 11-M, p. 75). Una vez más, ¿qué razón puede haber para no aludir al elefante en la habitación si no es precisamente para ajustar los datos?

No puede insistirse lo suficiente en que García Abadillo conocía (no podía no conocer) la cronología correcta, tanto en lo que atañe a la comparecencia de Acebes en particular como a todo el episodio de las conjeturas sobre el explosivo en general, reunión de la cúpula policial incluida.

Lo demostraré, como he hecho en anteriores ocasiones, aportando evidencias en dos pasos de creciente intensidad.

En primer lugar, conviene recordar algunos antecedentes. El 18 de marzo de 2004, tras la derrota electoral y habiendo sido objeto de graves acusaciones, el Gobierno saliente del PP decide desclasificar algunos documentos del CNI con la intención de probar que había actuado en todo momento de buena fe en su política informativa en los días siguientes a la masacre y anteriores a las elecciones del 14 de marzo. El Gobierno en funciones hizo públicos esos documentos acompañados de una relación cronológica de los hechos más relevantes de aquellos días, titulada “11-M: Toda la verdad, en tiempo real” [curiosamente, el dossier distribuido a los medios contenía en realidad dos relaciones cronológicas: la que se acaba de mencionar y otra titulada “Secuencia de hechos y comparecencias tras el atentado del 11 de marzo”].

Pues bien, la publicación de esos documentos fue la principal noticia de portada al día siguiente, 19.3.2004, en El Mundo, con su correspondiente editorial. De hecho, en sus páginas interiores, desarrollando la noticia, El Mundo reprodujo literalmente ese documento sobre “La verdad en tiempo real”, es decir, la relación cronológica facilitada por el Gobierno, acompañado de una columna de Victoria Prego (adjunta a la dirección y una de las principales firmas del diario). Y en ese listado puede leerse perfectamente, negro sobre blanco:

12.00 Reunión en la Secretaría de Estado de Seguridad con los responsables de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Estos coinciden en considerar a ETA como autora […]. Indicios de que la dinamita del explosivo es la habitual de ETA.

[…]

13.30 Comparecencia del ministro del Interior en el Palacio de la Moncloa. Existe la convicción de la autoría de ETA […].

Es decir, la secuencia que todos conocemos bien, pero que García Abadillo altera en su Prólogo (como ya hizo años atrás en su diario). A estas alturas nos consta sobradamente que sólo es vicedirector, pero no lector, de El Mundo.

Sin embargo, existe una evidencia aún más comprometedora para la honestidad intelectual del coautor de “Titadyn”. En efecto, como he señalado reiteradamente, el Prólogo de dicho libro no constituye la primera ocasión (ni la segunda, ni la tercera) en que García Abadillo relata los hechos relativos a la reunión de la cúpula policial, el incidente de la llamada telefónica, las comparecencias ministeriales, etc. De hecho, en septiembre de 2004, el mencionado autor publicó su libro “11-M. La Venganza”. Y la narración de los acontecimientos que hacía entonces no tiene desperdicio. Esto es lo que escribía en aquel momento respecto a la famosa comunicación sobre el tipo de explosivo (p. 41):

Poco antes de que concluyera la reunión, pasada la una de la tarde, el comisario de Seguridad Ciudadana [Cuadro Jaén] volvió a llamar a Díaz Pintado: “Se trata de Titadine con cordón detonante, eso es lo que dicen los Tedax.”

Pasada la una de la tarde”… No es rigurosamente exacto, pero constituye una referencia que se mueve dentro de parámetros aceptables, sobre todo teniendo en cuenta que entonces García Abadillo no tenía tampoco problemas para situar correctamente el momento y el contenido de las comparecencias del Ministro del Interior. Así, en la página 37 de “La Venganza”, nos informa:

Sobre las 13:30 compareció Acebes ante los medios. Informó del balance de víctimas […] y adjudicó sin duda la autoría de los atentados a ETA.

Y, para que no quepa la menor duda sobre el grado de información que cabía atribuir a García Abadillo casi dos años antes de su grandioso artículo de julio de 2006 y cinco años antes de escribir el desinformado Prólogo de “Titadyn”, resulta que el amplio anexo documental de “La Venganza” recogía en toda su extensión literal el aludido dossier entregado por el Gobierno a los medios de comunicación el 18 de marzo de 2004 con los documentos desclasificados. En particular, se incluye “Toda la verdad en tiempo real” (pp. 314 a 317 de “La Venganza”), texto del que he citado un extracto, así como la “Secuencia de hechos y comparecencias tras el atentado del 11 de marzo” (pp. 319 a 323 de “La Venganza”). En este último documento, las referencias temporales son aún más inequívocas, si es que hacía falta:

Reunión en Secretaría de Estado entre el titular [Ignacio Astarloa] y los responsables de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado: 12.00 a 13.00 horas.

Conclusión: Autoría E.T.A. […] Indicios TEDAX de que la dinamita del explosivo es la habitual de ETA.

[…]

Comparecencia del Ministro a las 13:30 horas en el Palacio de la Moncloa: la principal hipótesis […] es que es E.T.A. […]

Esto, repito, es lo que García Abadillo incluía en su libro de septiembre de 2004, es decir, casi dos años antes de sus portadas a cuenta de la nitroglicerina y demás milongas y casi cinco años antes de su Prólogo para el “Informe Iglesias”.

De modo que se observa de nuevo un patrón inquietante: datos que el coautor de “Titadyn” conocía (no podía no conocer) por haber aparecido notoriamente en su medio y, sobre todo, ¡por haberlos expuesto él mismo!, sufren posteriormente un retoque destinado a adulterar el relato de los hechos en una dirección intrigante y ominosa. ¿Hay alguna forma razonable de evitar la atribución de mala fe sin achacarle algún tipo de estremecedora incompetencia?

Me temo que no. Pero continuaremos.

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