Titadyn, el eterno retorno (XX), por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (XX)

Creo haber mostrado de manera suficientemente plausible, en la entrega precedente, la evidencia sobre el tipo de Titadyn con el que contaba ETA en fechas anteriores al 11-M. Señalé las razones por las que podía asumirse que dicha organización terrorista había utilizado dinamita de dos tipos: Titadyn 30 A, fruto de un robo en Plévin en septiembre de 1999, y Titadyn 30, robado en marzo de 2001 cerca de Grenoble.

Pero, dentro de la sección 2.A), quedaba una última cuestión: ¿Qué pasa con el Titadyn de Cañaveras? Me refiero a la dinamita intervenida en una de las  dos furgonetas conducidas por los etarras Irkus Badillo y Gorka Vidal en la denominada “caravana de la muerte”, interceptada en la madrugada del 29 de febrero de 2004 cerca de Cuenca. Se trata del explosivo que los principales comentaristas tienen en mente cuando hablan de “Titadyn”. De hecho, la muestra de Titadyn examinada en la pericial del juicio procedía de esa incautación y fueron Irkus Badillo y Gorka Vidal dos de los tres etarras llamados a declarar.

Como inciso, no deja de ser llamativo que el perito Iglesias, después de describir en su libro los diferentes grados de Titadyn, no se moleste en poner una etiqueta más precisa al que ellos analizan. En cualquier caso, Pedro J. Ramírez, en su Carta del Director de 1.4.2007, lo identifica como “el Titadyn 30 de Cañaveras”. Por su parte, la sentencia de la Audiencia Nacional 8/2007, de 9 de febrero, en la que se condena a los etarras de la “caravana de la muerte” (por cierto, el ponente fue Alfonso Guevara, uno de los integrantes del tribunal que juzgó el 11-M), aunque no especifica el explosivo más allá del genérico “Titadyn”, sí menciona sus componentes principales: nitrato amónico, nitroglicerina, nitroglicol y dinitrotolueno, que coinciden con el Titadyn 30 y no con el Titadyn 30 A (faltaría el TNT y sobraría la NG). El libro “Titadyn” presenta básicamente los mismos resultados analíticos. Por lo demás, parece lógico que se trate del Titadyn 30, el de más reciente adquisición por ETA, pues el Titadyn 30 A obtenido en Plévin tendría ya casi cinco años.

Visto lo anterior, llega el momento de recordar la sempiterna objeción. Se preguntaba García Abadillo en el Prólogo de “Titadyn” (p. 26): “¿Cómo podía saber [Sánchez Manzano] con tanta seguridad que [lo hallado en la Kangoo] se trataba de Goma 2 ECO Y no de otro tipo de dinamita, por ejemplo Titadyn?” La misma pregunta que se suscita en la tertulia de la Cope de 20.7.2006, guiados por la facundia del Sr. Ramírez (min. 4:25):

Pedro Jota: Y luego, se envía una muestra patrón […] de un explosivo. ¿Y qué muestra patrón se envía? Pues Goma 2 ECO. ¿Y por qué se envía Goma 2 ECO? Ah…

Susana Moneo: Y no Titadyn… y no Titadyn.

El mismo García Abadillo, insistía en un artículo de (25.7.2006):

Aunque enviar una muestra patrón resulta ya de por sí bastante extraño, de hacerlo, lo lógico era que se hubiese enviado una muestra de Titadyn, que era lo que en teoría se pensaba hasta entonces que había explotado en los trenes.

Bien. Aclarada la primera parte, es decir, que SÍ había razones lícitas para intuir que el resto de explosivo hallado en la Kangoo pudiera ser Goma 2 ECO, queda plantearse por qué había razones lícitas para intuir que NO era Titadyn.

La jurisprudencia evocada en la anterior entrega y las tantas veces citadas fichas de seguridad del Titadyn (mejor dicho, de los “Titadynes”) vienen al caso.

Estas fichas aclaran que el color del Titadyn 30 A (rojo) y el del Titadyn 30 (azul) no tienen nada que ver con el blanquecino o blanco marfil de la Goma 2 ECO. Los colores de las fichas de seguridad, como se verá, pueden ser discutibles empíricamente, pero su mera lectura debería haber puesto sobre aviso a cualquier investigador diligente.

En efecto, la realidad  práctica del Titadyn parece desviarse de sus características sobre el papel, pero sigue marcando distancias con la Goma 2 ECO. Veamos. La sentencia de la Audiencia Nacional 97/2006, de 27 de diciembre señala que el Titadyn 30 “corresponde al tipo definido como gelatinas explosivas […] o dinamita goma”, lo cual ciertamente no se diferencia de la textura de la Goma 2 ECO. Pero el detalle relevante es que describe la dinamita intervenida en aquel caso como “explosivo denominado Titadyn 30, granulado de color beige”.

En cuanto al Titadyn 30 A, la sentencia del TS 240/2004, de 3 de marzo, menciona la incautación de “4 cartuchos de color rojizo”, aunque probablemente se refiera al envoltorio y no a la masa explosiva.

Más explícita a este respecto es la sentencia del TS 918/2004, de 16 de julio, en la que se describen “restos de sustancia marrón y con pegatina de la marca Titadine 30 A”.

Idéntica referencia se halla en la sentencia de la Audiencia Nacional 11/2007, de 28 de marzo, sobre el ataque al Cuartel de Intxaurrondo (y sabemos que García Abadillo conoce esta sentencia, porque le dedica un artículo en El Mundo, de 9.4.2007 –al respecto, véase el comentario de Elkoko de 10.4.2007).

Las propias manifestaciones de la perito Tedax 17632 en el juicio del 11-M corroboran esta apreciación y ofrecen un adecuado resumen (sesión de 28.5.2007):

Ministerio Fiscal: Usted ha analizado Titadyne, imagino que en muchas ocasiones.

Perito 17632: Sí.

MF: Explosionado e intacto.

Perito: Sí.

MF: En el caso del Titadyne intacto, ¿qué color tiene?

Perito: Bueno, hay dos coloraciones, la Titadyne 30 A es de color rojo amarronado, oscura, y la 30 es de color marrón claro.

MF: Las sustancias… ¿hay algún Titadyne que tenga color blanquecino?

Perito: Que nosotros hayamos eh… tenido conocimiento o recogido en algún incidente de intervención de TEDAX Cuerpo Nacional de Policía, no.

MF: Por el color, no digo por las técnicas analíticas empleadas, ¿diría usted que la muestra de la Goma 2, la muestra patrón, la muestra de la Kangoo, o la de la bolsa de Vallecas, eran Titadyne o eran Goma2-ECO?

Perito: Sólo por el aspecto, no se puede decir nada, pero desde luego las coloraciones conocidas y analizadas y requisadas durante años por Cuerpo Nacional de Policía TEDAX en Titadyne 30 A y 30, en ninguna es blanca.

En suma, después de todo, es manifiesto que la M-2, el resto de explosivo (blanquecino) hallado en la Kangoo, no se parecía visualmente al Titadyn utilizado por ETA. Así de sencillo.

Parte de la información hasta aquí expuesta es posterior cronológicamente a todo el revuelo montado a partir del verano de 2006 en torno a las declaraciones de Sánchez Manzano sobre la nitroglicerina. Pero otra gran parte ya estaba a disposición de investigadores que no dudaron en remover fichas de seguridad, informes, sentencias y todo tipo de documentos, para demostrar que la Goma 2 ECO no tenía nitroglicerina y… ¡El sumario se viene abajo! Es más, en el supuesto de que la pereza fuera insalvable, resulta que algunos periodistas no tenían más que leerse su propio periódico. El caso del vicedirector de El Mundo, coautor de “Titadyn” es aún más grave, pues sólo tenía que leerse a sí mismo. ¡Y por partida doble!

En efecto, resulta que Don Casimiro hizo sendas entrevistas al Tedax “Pedro” (3.3.2005) y al Tedax Marugán (24.7.2006). Pues bien, ambos expertos le dijeron al vicedirector de El Mundo que la Goma 2 ECO y el Titadyn tenían colores distintos. En palabras del Tedax “Pedro”:

P.- ¿La única diferencia entre la Goma 2 y el Titadine está en el color?

R.- Sí. Pero incluso en eso depende del país de que se trate.

P.- Digamos comparando la Goma 2 española con la Titadine francesa que robó ETA.

R.- Hay dos tipos de Titadine. El que fue sustraído en Bretaña, que era la Titadine 30 [sic], que es de color rojizo, vivo; y la que sustrajeron en Grenoble, que es de color anaranjado.

P.- Y la Goma 2, ¿de qué color es?

R.- Es beige puro y duro.

Y el Sr. Marugán:

R.- […] la Goma 2 ECO y el Titadyn son dos dinamitas.

P.- Pero sus componentes son distintos.

R.- Componentes distintos y colores distintos. La propia dinamita francesa presenta un color azulado, azulón.

Podemos entretenernos en los detalles de sus respuestas, señalando que son distintas entre sí y que no parecen estar libres de errores (“Pedro” habla del Titadyn 30 como el robado en Bretaña, cuando lo más probable es que se tratara del 30 A, según ha quedado expuesto; asimismo, dice que el color de la Goma 2 ECO es beige, algo que no corroboran las demás fuentes…), pero, en esta fase de mi argumentación, ello es irrelevante [en otro momento de mi exposición incidiré en lo que estas y otras divergencias de criterio entre expertos nos dicen sobre la actitud de los conspiracionistas al evaluar el comportamiento de ciertos agentes, en especial, de Sánchez Manzano y compañía]. Lo que me interesa destacar en este punto no es quién estaba más o menos en lo cierto, sino el hecho incontrovertible de que dos expertos Tedax (a diferencia del “tarugo” Sánchez Manzano), dos técnicos a los que El Mundo otorgaba toda credibilidad a la hora de publicitar sus entrevistas, le habían señalado al coautor de “Titadyn”, más de cuatro y tres años antes, respectivamente, de la publicación de este libro, que la Goma 2 ECO y el Titadyn se distinguen por el color.

Analizar las inconsistencias o posibles inexactitudes de estas declaraciones es una etapa posterior que requiere, al menos, dar el paso previo de reconocer y constatar el dato. Un paso que, como es habitual, El Mundo en general y García Abadillo en particular no se han molestado en dar. Insisto: lo que sabían o debían saber, porque así se lo habían comunicado al menos dos fuentes de toda solvencia, es que el dichoso Titadyn tiene un color distinto de la Goma 2 ECO. En este sentido, la insidiosa cantinela (¿por qué se envía como muestra de cotejo Goma 2 ECO y no Titadyn?) demuestra mala fe o incompetencia manifiesta.

¡Un momento! Resulta que Pedro J. Ramírez sí conocía este pequeño detalle, porque de hecho lo menciona explícitamente, tal cual, en la ya referida Tertulia de la Cope de 20 de julio de 2006, completando una cita que ya he referido antes parcialmente. Y lo menciona, lógicamente, para desecharlo enseguida, como todo aquello que no le conviene… No se lo pierdan:

PJ escribio:

Y luego, se envía una muestra patrón […] de un explosivo. ¿Y qué muestra patrón se envía? Pues Goma 2 ECO. ¿Y por qué se envía Goma 2 ECO? Ah…[…] Ellos tienen menos de tres gramos, menos de tres gramos de resto de explosivo encontrado en el papel parafinado que supuestamente había aparecido en la furgoneta Kangoo. Con esa muestra es imposible… además, la textura de la Goma 2 ECO, según explican los expertos, es prácticamente idéntica a la de los Titadyn, por ejemplo. Puede haber una diferencia leve de color, pero es imposible a simple vista y con una muestra tan minúscula, el decir: ‘no, esto es Goma 2 ECO, por lo tanto, vamos a demostrar…’; la investigación va ya desde ese momento por un único carril: el de la Goma 2 ECO.

O sea, que admite que haya una diferencia de color, pero el Sr. Ramírez, más listo que nadie y autoridad mundial en explosivos, dictamina que “es imposible” deducir nada de ello. Porque él lo vale. La facilidad con la que se apartan los datos incómodos es pasmosa, como quien agita la mano para ahuyentar a una mosca molesta. Imagino que, para este sagaz periodista, será imposible que un cocinero llegue jamás a intuir siquiera alguna diferencia entre unos pocos gramos de azúcar moreno y otros tantos de azúcar blanco. No, imposible.

Obsérvese, además, la siempre maquillada descripción de los hechos que hacen algunos traficantes de información. “No, esto es Goma 2 ECO”, le atribuyen a Sánchez Manzano; o ¿cómo podía saberlo “con tanta seguridad”? Da igual que no fuera Sánchez Manzano en persona, no voy a insistir en ello. Lo que estas afirmaciones pierden de vista es que, fuera quien fuera el malvado Tedax responsable de enviar una muestra de Goma 2 ECO para cotejo, precisamente lo hizo porque no estaba seguro. Caramba, si el propio Sánchez Manzano lo dijo en la Comisión del 11-M (sesión de 7.7.2004, p. 13): “Eran indicios no contrastados, nada más”. Se trataba de una sospecha, de una intuición, de una apreciación provisional e indiciaria que se intentaba confirmar… y se confirmó.

Quisiera insistir en esta última idea, que puede resultar algo sutil y merece una mínima reflexión. El caso es que las muestras M-2 (resto de explosivo hallado en la Kangoo) y M-3 (patrón de Goma 2 ECO para cotejo), son Goma 2 ECO. Esto nadie lo pone en duda y así lo confirman incluso los peritos “independientes”. Alguien que desconociera las razones por las que se envió como cotejo Goma 2 ECO, que no tuviera ni idea de la serie de argumentos que acabo de exponer, no podría sin embargo ignorar el hecho cierto de que, en efecto, Sánchez Manzano (si insistimos en personalizar) al fin y al cabo “acertó”. Lo que pretendo es llamar la atención sobre la peculiar configuración mental que hace falta para urdir la narrativa conspirativa. Ya lo he mencionado en anteriores ocasiones: existe continuamente una especie de apriorismo o trasfondo circular que predetermina su propia realidad.

Si a mí me cuentan que un equipo médico curtido y experimentado sospecha, a través de síntomas imprecisos pero perceptibles, que un determinado paciente tiene una enfermedad concreta y, tras las oportunas pruebas… aciertan, yo pensaré que me hallo ante un caso de profesionales que han hecho bien su trabajo y han tenido éxito en su diagnóstico, tal vez con un poco de suerte, como tantas veces ocurre entre gente que conoce su oficio. Supongo que El Mundo y compañía, en cambio, considerarán más probable y verosímil que los médicos fueran discípulos de Mengele y supieran lo que el paciente tenía porque ellos mismos le habían inoculado previamente un agente patógeno en el marco de un supersecreto y supermalvado plan de experimentación en humanos… En definitiva, es una cuestión de actitud. Como también he comentado en otra ocasión, no se trata de que la versión oficial sea mentira porque ellos han demostrado que tal o cual policía miente. Es que tal o cual policía tiene que mentir, porque ellos ya han decidido que la versión oficial no es cierta.

Los curiosos (y un tanto enfermizos) interrogantes que se plantean ciertos periodistas requieren un punto de partida extremada y gratuitamente suspicaz, dirigido a poner en tela de juicio la existencia misma del explosivo hallado en la Kangoo. Se trata de espantar a esa mosca zumbona. Así, la aparente (y artificial) supuesta ausencia de “motivos razonables” para enviar el patrón de Goma 2 ECO, por un lado, y la fantástica historieta de la metenamina, por otro, permiten construir la narrativa perfecta para hacer que todo pase por una farsa. Nada, nada, fue Sánchez Manzano el que colocó el resto de cartucho en la furgoneta y envió otro pedazo del mismo cartucho para su cotejo… Fuera la M-2, eliminada. ¿Siguiente? Ah, sí, la mochila de Vallecas… Bueno, ya se sabe que esa mochila es “de fuera de los trenes”… Lo cual me lleva a la siguiente sección.

2.B) Las otras dos mochilas

Ya he dicho que no sólo había buenas razones para intuir razonablemente que el explosivo hallado en la Kangoo era (podía ser) Goma 2 ECO [sección 1), entrega XIX], sino que, por las mismas razones, cabía también suponer que no era Titadyn [sección 2.A), iniciada en la entrega anterior y continuada en esta]. Pero también dije que podía llegarse más lejos y aducir que, al menos indiciariamente, desde el principio existían motivos para suponer que el explosivo “de los trenes” era Goma 2 ECO y no Titadyn.

Aquí es donde cobra toda su relevancia el pequeño detalle (nunca suficientemente subrayado) de que, además de la célebre mochila de Vallecas, se hallaron también otras dos mochilas sin explotar: una en Atocha y otra en El Pozo (de donde también procedía la que fue desactivada en el Parque Azorín, es decir, la de Vallecas). Y esas SÍ se encontraron “en los trenes”. Aunque hayan existido intentos más o menos anecdóticos de poner en duda estas otras mochilas, su deconstrucción como pruebas reales nunca ha estado en primera línea del conspiracionismo. Pero esto, la existencia de estas dos mochilas, supone un gravísimo escollo para los amantes del Titadyn. Porque, repito, pensemos lo que pensemos de la mochila de Vallecas, las otras dos sí proceden “de los trenes”.

En efecto, en este punto es crucial la constatación de que el artefacto de la mochila de Vallecas era semejante a los otros dos. Tal como declara la sentencia de la Audiencia Nacional:

Los artefactos explosivos desactivados en el parque Azorín [mochila de Vallecas] y los neutralizados en El Pozo y Atocha son iguales (p. 518). […] El artefacto explosivo cuestionado, los hallados en el andén de EL Pozo frente al vagón 3 y el neutralizado en la estación de Atocha, son visualmente iguales, tienen los mismos componentes y la misma estructura (p. 519). […] Existe un enlace múltiple, unívoco, preciso y directo entre el explosivo desactivado en el parque Azorín y los distintos escenarios de los atentados. Lo hay entre el artilugio recuperado íntegro y los neutralizados en El Pozo y Atocha […] (p. 522).

[La sentencia, en su página 500, aclara: “Un artilugio o artefacto explosivo es neutralizado cuando no se evita su explosión, pero esta se hace controladamente. Se dice que ha sido desactivado cuando se evita su deflagración o explosión, recuperándose sus componentes íntegros.” Así, la mochila de Vallecas fue desactivada, pero las otras dos fueron neutralizadas (estallaron al aplicarles una técnica idónea para lo que se creía que podía ser un “alto explosivo” de tipo militar, suposición esta última que se mostró errónea).]

Por tanto, si eran iguales, no quedan muchas alternativas: o las dos mochilas neutralizadas también son falsas (en cuyo caso los conspiracionistas tendrían que esforzarse mucho en explicar cómo llegaron a los trenes inmediatamente después de los atentados y extraer toda una serie de consecuencias lógicas difícilmente asumibles –no es este el lugar para detenerse en ello, pero obsérvese que Luis del Pino repite que la mochila de Vallecas se improvisó a posteriori–), o… o a lo mejor la mochila de Vallecas no es falsa. Desde luego esta es la explicación más sencilla y la más razonable; la que adopta el Tribunal “conforme a las reglas de la lógica y la experiencia” (p. 518).

En particular, a los efectos que ahora interesan: tanto en la mochila recuperada y neutralizada en Atocha como en la de El Pozo se describe la sustancia explosiva hallada como blanca o blanquecina. Concretamente, en cuanto a la de Atocha: auto de procesamiento, pp. 52 (“una masilla blanquecina”) y 78 (“una sustancia de color blanco”), y sentencia de la Audiencia Nacional, p. 501 (“un explosivo plástico blanco o parduzco” y “una masa blanquecina o marfil con textura de plastilina”). Respecto a la de El Pozo, la sentencia redactada por Gómez Bermúdez le atribuye (p. 503), según declaración en el plenario del agente Tedax 54868, “una masa de color blanquecino”, e insiste en que “la masa blanquecina [es un] extremo en que todos [los testigos] están de acuerdo”.

Esta semejanza visual ya se había puesto de manifiesto inmediatamente después de los atentados. Así, en una nota informativa de 12 de marzo de 2004, de Sánchez Manzano (con “Asunto: desactivación de artefacto explosivo en Vallecas”), se indicaba la presencia de una “sustancia tipo plastilina de color blanco marfil”, como uno de los “elementos similares de los observados por los T.E.D.A.X. que participaron en la desactivación de los artefactos en Atocha y El Pozo, con los pertenecientes a este [mochila de Vallecas] artefacto explosivo.

Igualmente, en la página 99 del auto de procesamiento, dentro de la exposición del Informe pericial conjunto elaborado por T.E.D.A.X. del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil, sobre diferentes cuestiones relacionadas con los atentados del 11 de marzo de 2004, en Madrid, fechado el 24 de junio de 2005 (el informe empieza en la p. 74 del auto de procesamiento), puede leerse:

En los dos artefactos neutralizados (Atocha y El Pozo) se comprobó que la sustancia explosiva era de color blanco y moldeable al tacto, tipo plastilina, coincidiendo totalmente estas características con las de la dinamita GOMA 2 ECO del artefacto desactivado [mochila de Vallecas].

Los autores de dicho informe comparecieron en el juicio del 11-M (pericial 8), el 30.5.2007. En relación con los explosivos que entendían que se habían utilizado en los atentados, y en relación con los aspectos que ahora nos interesan, se produjo el siguiente intercambio:

Defensa de R. Z.: Sí una única, sí por la defensa de Rafa Zouhier. Una única pregunta. Mire, Vds. han comentado que no recabaron información sobre el humo ni sobre el olor del tipo de explosivo, entonces, cuando se entrevistan con los Tedax en relación al tipo de explosivo, ¿qué información recaban o les requieren?

GB.: La han ido detallando, señor letrado, ¿quiere Vd. saber algo en concreto?

Defensa de R. Z.: Sí, en cuanto a si tenían en cuenta la textura, en la entrevista que mantienen con los Tedax, qué es lo que valoran, es decir, para que pueda ser un tipo concreto de dinamita.

Tedax: La textura era similar a la del explosivo recuperado en la comisaría de Vallecas y el color, el color y la textura gelatinosa del explosivo era similar a la del recuperado en Vallecas.

Creo que es suficiente. Me resulta llamativo que algunos periodistas “investiguen” celosamente fichas de seguridad y se dejen las pestañas escudriñando documentos del sumario para verificar la composición química de la Goma 2 ECO, tratando de demostrar que no podía ser eso lo que explotó porque a Sánchez Manzano se le escapó un palabro químico en el Congreso, y sin embargo sean incapaces de hacer la menor reflexión acerca de un dato fáctico tan simple como el color de los explosivos. Es curiosa, pero muy ilustrativa, la destreza con la que evitan sistemáticamente explorar senderos que puedan conducirles a conclusiones indeseables.

Y supongo que no faltará quien esquive el obstáculo de las dos mochilas “de los trenes” y su semejanza con “la de fuera de los trenes” postulando alguna variante de la socorrida versión del doble atentado. Sobre todo en los primeros tiempos del conspiracionismo, algunos autores aducían con diferentes grados de concreción que la trama de los “moritos” y todo lo que les acompañaba no era otra cosa que un simple atrezzo, pura decoración destinada a desviar la atención del “atentado de verdad”, hecho por unos profesionales. El mismo día de la “exclusiva” de la nitroglicerina en El Mundo (11.7.2006), Pedro J. Ramírez ofrecía en la Tertulia de la Cope un entretenido cuentecillo en este sentido:

[17:54] Al día de hoy, […] sí se puede llegar a una conjetura cada vez más fundada en el sentido de que […] el 11-M hubo dos atentados, o dos proyectos de atentados, porque no sabemos si el primero, el más rudimentario, el más patente, realmente llegó a producir víctimas y en qué medida. Tenemos, por un lado, ese atentado rudimentario de unos islamistas que al mismo tiempo van a discotecas y que son fanáticos del Corán […], con unos asturianos y consiguen unos explosivos que no saben si los traen en autobús o luego por la noche en el maletero de un coche, en ningún caso en la cantidad suficiente, porque esa es otra […]. Si las cosas son de acuerdo con esta teoría, tendríamos un atentado chapucero, urdido a modo de pantalla, y en el que inevitablemente habría habido complicidades policiales para colocar pistas falsas, y detrás el verdadero, mortífero, implacable, atentado, que es el que mató, con otra sustancia explosiva y con mucha mayor profesionalidad operativa, que es el que ocasionó las masacres de los trenes en su mayor proporción. […] [27:59] Esta interpretación, inevitablemente compleja, que hemos esbozado antes, [es] que hubo un atentado pantalla, que probablemente no llegó a ocasionar, o si ocasionó alguna víctima, si es responsable de alguna de las explosiones, lo será de una o dos […].

Podrían aducirse más citas, pero creo que la anterior basta como simple ilustración. La superposición de hipótesis peregrinas es tan evidentemente oportunista que la pereza me supera y no me detendré a comentarla, salvo para indicar que se trata de un recurso demasiado facilón e intelectualmente sospechoso el acudir a no se sabe qué trama invisible que permite una especie de doble juego: por un lado, por si acaso, nos quedamos con los que la versión oficial señala (aunque sólo sea como meros encubridores); por otro lado, postulamos la existencia de cualquier otro grupo o grupos que se nos antoje en cada momento, desechables o intercambiables a conveniencia, haya o no el menor rastro de ellos. El paraíso de los fabuladores. Debo señalar asimismo que algunos dudantes de la versión oficial no parecen muy adeptos a este remiendo. Así, Luis del Pino, que hace algunos años no veía con malos ojos la hipótesis antes mencionada, lleva un tiempo negando que los “moritos” tengan absolutamente nada que ver con el atentado, ni como mano de obra barata, ni como encubridores.

Por último, y en lo que aquí más nos interesa, debe recordarse que el Sr. Iglesias ha manifestado claramente su opinión de que en los trenes sólo se utilizó un tipo de explosivo (Titadyn, obviamente), pues le repugnaba la idea de que hubiera habido más de uno. Si esto es así, me sorprende una vez más que este perito, tan propenso a salirse de los cauces marcados por sus estrictas funciones ante el tribunal cuando se trata de criticar cualquier aspecto real o imaginario de la versión oficial, no se haya molestado en extraer la menor conclusión o en percibir siquiera la menor dificultad (ni aun para rebatirla) a partir de tan simple hecho: hubo otras dos mochilas “de los trenes”, cuyo explosivo coincidía en textura y color con la Goma 2 ECO y no con el Titadyn. Y este señor, que analizó ambas sustancias (y concretamente una muestra del Titadyn de Cañaveras), estaba en condiciones de saberlo mejor que nadie.

Pero Don Antonio Iglesias, que, como ya señalé, no se preocupa por detallar qué tipo concreto de Titadyn habían analizado en la pericia ordenada por el tribunal, ni siquiera ofrece a sus lectores la menor descripción de su color o aspecto. Y, sobre este punto, no puedo evitar concluir con un revelador intercambio en el blog de Luis del Pino (libre, por tanto, de toda contaminación oficialista):

Señala Pravda (comentario 419):

Por cierto, el color de lo de Cañaveras, si se analizó en la pericial, lo debió de apuntar el perito Iglesias. ¿Qué dice del color en el libro?

Y le responde nada menos que Belga197, el peón que había echo saltar la liebre sobre las declaraciones de Sánchez Manzano y la incongruencia de la nitroglicerina, con un comentario en el que demuestra contar con información privilegiada, que nos confirma lo que ya habíamos deducido:

pravda,

Iglesias no dice nada del color. En la pericial ni siquiera le hicieron una foto. Pero sí sé que los de la GC que analizaron lo de Cañaveras dicen que la muestra era marrón. Y la foto parece marrón, no muy oscuro y con alguna veta amarillenta.

Desde luego no parece ni blanca, ni azul, ni roja. La duda sería si puede ser beige o salmón degenerado.

No hay mucho más que añadir.

Por el momento.

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One Response to “Titadyn, el eterno retorno (XX), por Rasmo”

  1. rasmo dice:

    Fe de erratas: hacia el final, donde dice «había echo saltar la liebre», debe decir, evidentemente, «había hecho saltar la liebre».

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