Titadyn, el eterno retorno (XVIII) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (XVIII) por Rasmo

Concluí la anterior entrega señalando tres de las imputaciones más rastreras que, de manera oportunista, se le volvieron a hacer a Sánchez Manzano con ocasión del embrollo de la nitroglicerina. Discutí las dos primeras y me faltaba por abordar la más importante, relacionada con la metenamina. Sobre esta sustancia ya he hablado largo y tendido, como cualquiera que me haya acompañado hasta aquí habrá podido observar. Intentaré ahora no repetirme demasiado, aunque el asunto da para tanto que no podré evitar explayarme de nuevo.

El caso es que, junto a la matraca habitual, aprovechando que “nitroglicerina” rima con “metenamina”, durante el verano del 2006 los periodistas investigadores desenterraron nuevos y antiguos detalles para terminar de componer la caricatura del pérfido Sánchez Manzano. Sobre este punto hay, al menos, dos aspectos que quisiera abordar. Uno, que podríamos calificar más bien de cutre y anecdótico, y otro, más sustancioso. Tratémoslos en este orden.

1) El error “mecanográfico

El tantas veces citado artículo revelación de CGA (de 11.7.2006) ya mencionaba un “error de transcripción” que acabaría disfrutando de sus quince minutos de fama en la feria conspirativa:

Afirma Sánchez Manzano que en cuanto al explosivo recuperado en la Comisaría de Puente de Vallecas, la mención de la metenamina se debe a un «error de transcripción».

Por un momento, parece que Don Casimiro recoge bien la cita (aunque se equivoque de autor), pero enseguida introduce un pequeño matiz:

¿Un error mecanográfico que justamente coincide con la sustancia contaminada que aparece en las dos muestras examinadas con anterioridad?

Ya aludí brevemente a este punto en la entrega VIa y se trató con más detalle en otro artículo de Desiertos Lejanos. Aquí resumiré los hechos básicos.

El origen del error (al menos, el origen documental), se halla en un informe con fecha de 15 de marzo de 2004 firmado por Sánchez Manzano. En su última página, se indican los componentes hallados en el explosivo de la Kangoo (lista que incluye la metenamina) y, al referirse al explosivo de la mochila de Vallecas, se añade que su análisis “ofreció el mismo resultado anterior”, dato incorrecto, pues en dicha mochila no se detectó metenamina.

Aparte de la presteza con que un error se interpreta en clave de “engaño” y “mentira”, quisiera señalar dos cuestiones. En primer lugar, es muy improbable que los datos en que se basa este documento procedan del propio Sánchez Manzano, que no era un técnico, aunque suscriba el informe. En segundo lugar, y aun en el supuesto de que el propio Jefe de los Tedax estuviera en el origen de la confusión, existe un pequeño detalle: se supone que la manipulación se hizo para confundir al Juez, a la opinión pública y, en último término, para “volcar las elecciones”. Sin embargo, el informe es de 15 de marzo de 2004, con registro de salida de 16 de marzo, o sea… después de las elecciones. Supongo que si alguien quiere falsear un informe para influir en un acontecimiento, deberá hacerlo antes del acontecimiento. Pero puedo estar equivocado…

A continuación, este error de la metenamina se reproduce más claramente en un extenso “informe pericial sobre diversas cuestiones relacionadas con el atentado del día 11 de marzo de 2004 en Madrid”, de los Tedax, de 26 de abril de 2004, con registro de salida 12567 de 27 de abril. A este informe se alude con frecuencia en el auto de procesamiento del Juez Del Olmo y se encuentra en el Tomo 38 del sumario, folios 10888 y siguientes. En la página 3 de dicho informe se especifica que, para su realización, el Jefe de la Unidad (o sea, Sánchez Manzano), “designó a los funcionarios diplomados T.E.D.A.X. con carnets Profesionales número 66.646 y 65.679, así como, al funcionario licenciado en Ciencias Químicas con carnet Profesional número 17.632”. Esta última persona, por cierto, es la perito que efectuó los controvertidos análisis de los focos de las explosiones el mismo día 11 de marzo (y cuyos resultados se adjuntan en el anexo II del informe que comentamos). Curiosamente, sin embargo, la última página de este informe de 26 de abril sólo aparece firmada por los dos primeros funcionarios Tedax (66.646 y 65.679), con el visto bueno del Jefe de la Unidad. Pues bien, en la página 8 del referido informe, al hablar del explosivo hallado en la mochila de Vallecas, se dice:

En la correspondiente analítica realizada a muestras de la referida sustancia, en el Servicio Central de Análisis Científicos de la Comisaría General de Policia Científica, se detectó la presencia de Nitrocelulosa, Nitroglicol, Nitrato Amónico, Ftalato de Dibutilo, Metenamina y Carbonato Cálcico, componentes estos habituales de las dinamitas.

Advertida la anomalía, y a instancias del Juez instructor (tal como se expone en las páginas 152 a 154 de su auto de procesamiento), la Unidad Central de los Tedax elaboró un nuevo informe de 20 de abril de 2005 (firmado por la perito 17632), en el que se aclaraba:

Informe Pericial de la Unidad Central de Desactivación de Explosivos y NRBQ de 26-04-04, en su página 8, por error de transcripción, se nombra la Metenamina como sustancia presente en el explosivo recuperado tras la desactivación de la bolsa bomba de la Ca del CNP de Vallecas, debiendo subsanarse el mencionado error con la lectura del Informe Analítico de la Ca G. de P. Científica 173-Q2-04, de 12-03-04 en cuyo epígrafe «RESULTADOS«, se comprueba que no se detecta Metenamina, en la muestra analizada.

He ahí la famosa cita. Me interesa destacar de inmediato la manía de atribuir exclusiva y personalmente al Jefe de los Tedax cualquier desajuste real o imaginario producido en el seno de su Unidad, aun cuando, como puede observarse, no fuera él quien ofreció esta excusa que nadie quiere creer. Que el error (por lo demás irrelevante, por mucho que insistan) no fue de Sánchez Manzano, sino de sus subordinados, al fin y al cabo los técnicos, queda corroborado por las declaraciones de los peritos autores del informe de 26 de abril, antes mencionado, en el juicio del 11-M ante la Audiencia Nacional (sesión de 28.5.2007):

[Perito 66.646]: Bien, si me permiten, en ese sentido, quisiéramos hacer una puntualización, una corrección del informe. En el informe nos referimos a dos explosivos, nos referimos a dos análisis químicos que realiza la Comisaría General de Policía Científica, concretamente el anexo 2, que es el examen del explosivo de Vallecas, y el anexo 1, que es el examen del explosivo de la furgoneta Kangoo, que procedía de Alcalá de Henares. Uno, en el caso de Vallecas, no contenía metenamina. En el caso de la dinamita de la furgoneta Kangoo, la analítica contiene metenamina. Y nosotros, por un error de transcripción, incluimos la metenamina en la analítica de Vallecas. En cualquier caso, quisiéramos dejar claro que posteriormente se emitió un informe por el grupo de investigación de explosivos nuestro, pues aclarando este extremo y dejando claro cómo eran las analíticas reales que en cualquier caso, adjuntábamos en el informe, con los resultados correctos.

Pero no hubo manera: una vez abierta la veda a cuenta de la nitroglicerina, El Mundo y aledaños se cebaron sin remisión en el “malo” oficial: Sánchez Manzano. A este respecto, es interesante el matiz que antes señalé, el curioso giro que García Abadillo da inmediatamente a las palabras (erróneamente) atribuidas a Sánchez Manzano: del “error de transcripción” se pasa al “error mecanográfico”.

Quizá recuerden de una anterior entrega que, para desacreditar burlonamente al Jefe de los Tedax y atribuirle excusas “absurdas” y “surrealistas”, algunos periodistas no dudaban en transformar una relación de correlación (lo expresado por Sánchez Manzano: la nitroglicerina estaba asociada a la dinamita) en una relación de identidad (la nitroglicerina es dinamita, algo que no dijo el cargo policial). Aquí nos hallamos nuevamente ante una sutil manipulación del mismo tipo, que se repite con frecuencia. Así, el editorial de 20.7.2006, pidiendo la destitución de Sánchez Manzano:

A la coincidencia imposible de ambas muestras se añade el hecho, revelado en su día por EL MUNDO, de que Manzano también incluyó la metenamina en un informe sobre la mochila de Vallecas presumiblemente para que todo cuadrara, y luego, cuando fue puesto en evidencia por la Guardia Civil, recurrió a la explicación inverosímil de que se debía a un error de mecanografía. Juntos, estos datos constituyen base suficiente para que Del Olmo le llame a declarar en condición de imputado.

Y el mismo don Casimiro, en un artículo de 19.2.2007:

…Sánchez Manzano […] también quiso hacer pasar la metenamina como elemento habitual de la Goma 2 ECO e incluso llegó a mentir afirmando que en la bolsa de Vallecas también había esa sustancia (luego dijo que había sido un error mecanográfico) […]

Obviando que no fue Sánchez Manzano quien realmente lo dijo (insisto), ¿es lo mismo un “error de transcripción” que un “error mecanográfico”? Puede que sí, y en circunstancias normales no tendría problema en admitirlo, pero resulta que utilizar la segunda expresión no es algo por completo inocente, como enseguida veremos, pues se presta al tipo de mofa manipuladora de la que algunos periodistas son maestros. En efecto, observemos una vez más cuánto puede dar de sí un sencillo y casi imperceptible retoque literal en manos de un juglar experto. Esto es lo que afirmaba el director de El Mundo en la Tertulia de la Cope de 20.7.2006:

Y este episodio de la contaminación imposible de la metenamina hay que asociarlo con el hecho de que Sánchez Manzano incluye de nuevo la metenamina como componente de la Goma 2 ECO de la mochila de Vallecas. […] Y el juez pide aclaración. Y, entonces, Sánchez Manzano le contesta ni más ni menos que es que ha sido un error mecanográfico. Es decir, que la mecanógrafa, que deben de tener los Tedax todavía mecanógrafas, la mecanógrafa, pues bueno, pues se le cruzaron los cables y le dio por poner la ‘m’ con la ‘e’, la ‘t’ con la ‘a’, la ‘t’ con la ‘e’… me-te-na-mi-na. […] Aquí hay base, desde luego, hombre, si Del Olmo fuera Garzón, este tío estaba ya imputado penalmente por un delito de obstrucción a la Justicia y de falsificación documental.

Igualmente, en su carta del director de 23.7.2006:

En todo caso, cuando la trapisonda queda completamente en evidencia es cuando Manzano incluye también la metenamina entre los componentes de la Goma 2 ECO de la mochila de Vallecas con el obvio propósito de que todo encajara a la perfección. Cuando la Guardia Civil le hace ver ante el juez que eso es imposible, el jefe de los Tedax alega que se ha producido un error «mecanográfico». ¡Qué mecanógrafa tan rara la que tuvo ese día la ocurrencia de teclear una palabra tan especial como «metenamina» sin que nadie se la dictara o la pudiera copiar de ningún sitio!

Claro, construyendo muñecos de paja con declaraciones imaginarias, es fácil echarse unas risas. Una mecanógrafa (a propósito, ¿por qué tiene que ser mujer? ¿No es un chascarrillo algo sexista?) que se saca una palabra de la manga… Sin embargo, yo mismo conozco por mi trabajo cotidiano decenas de casos de “errores de transcripción” que no son “errores mecanográficos” en el sentido arteramente sugerido por el amo de El Mundo. Por ejemplo, cuando uno maneja documentos que contienen referencias a otros documentos previos, si el texto es casi idéntico a otro anterior, salvo alguna palabra, es fácil hacer un copia/pega del primer texto, pero olvidando después comprobar las diferencias. Ya tenemos un error de transcripción donde aparecen palabras que no deberían aparecer (o faltan), sin que nadie se las haya inventado (o añadido) por capricho. Yo ignoro los detalles del caso concreto (al igual que estos periodistas), pero no considero prudente (ni digno) suplir el desconocimiento con la maledicencia.

Por lo menos, en el Prólogo de “Titadyn”, García Abadillo ya no utiliza la cita manipulada (p. 29):

…la inagotable capacidad creativa del jefe de los, Tedax. Sánchez Manzano atribuyó a «un error de transcripción» la mención de la metenamina como componente del explosivo recuperado en la comisaría de Puente de Vallecas.

Aunque se olvida del juicio (o nunca lo vio) y de todo lo demás, insistiendo en la atribución personal y exclusiva a Sánchez Manzano:

Con ser escandalosa la manipulación de los informes y las justificaciones ideadas por el jefe de los Tedax…

En cambio, el que sí incurre en la adulteración de las palabras de los Tedax (y en la discutible imputación de su autoría) es el Sr. Iglesias en la página 114 del libro:

Sánchez Manzano [adujo] en su informe (páginas 10.916 y 10.917) que la inclusión de la metenamina como componente del explosivo de la mochila de Vallecas se debía a un error mecanográfico.

Como es habitual, este perito no da una. Para mayor ornato y lucimiento, se permite incluso hacer una referencia precisa al sumario. Pero resulta que las “páginas” 10.916 y 10.917, a las que alude, no contienen el informe de 20.4.2005 (que es de la perito 17632, no de Sánchez Manzano) en el que se da la explicación del error de transcripción (y no “mecanográfico”), sino el informe de la perito 17632 sobre el análisis de los focos de las explosiones (incluido a su vez en el anexo II del informe de 26.4.2004). O el Sr. Iglesias no sabe leer lo que está citando, o cita lo que le dicen otros. Y que recoja justamente la expresión desnaturalizada empleada por determinados medios muestra claramente cuál ha sido su fuente de inspiración en todo momento. Muy científico, sin duda.

Por otro lado, si recordamos la citada declaración de los Tedax en el juicio y los documentos pertinentes, queda claro que los resultados originales se adjuntaban a la descripción errónea. Que el Juez Del Olmo se equivocara sólo demuestra lo fácil que es confundirse para alguien no experto y que no tiene ningún motivo aparente para escrutar cada elemento técnico que se le presenta, aunque lo tenga delante de sus narices. Puede que Sánchez Manzano (si nos empeñamos en personalizar) fuera un inepto, pero lo que se dice constantemente es que actuó con dolo, con ánimo de engañar al Juez instructor. Valiente estafador, que falsea los resultados pero adjunta los originales para que cualquiera lo descubra… [Esto ya lo indicó muy certeramente en su día lejianeutra.]

Pero hay además en este asunto un penoso estrambote. En efecto, resulta irónico que, entre su ingente cantidad de imprecisiones y erratas, el propio Iglesias comete en “Titadyn” precisamente el mismo tipo de falta de que se acusa a Sánchez Manzano. Concretamente, en la página 70 de su libro, adjunta un cuadro de componentes (nitroglicol, nitroglicerina, nitrato amónico, nitrocelulosa, etc.) de diferentes dinamitas (Titadyn 25A, 30, 30A, 30F, 30AG, 50 y 50F; Goma 2 ECO y Goma 2 EC). Pues bien, justo en el párrafo que sigue inmediatamente a dicho cuadro, su autor comenta lo siguiente:

La Goma 2 ECO se diferencia de cada una de las Titadyn en que carece de, al menos, un componente de los siguientes: nitroglicerina, dinitrotolueno o trinitrotolueno. Esto permite la diferenciación analítica entre estas dos dinamitas, excepto en el caso del Titadyn 30, según hemos comentado anteriormente, porque ésta, al igual que la Goma 2 ECO, carece de nitroglicerina en su composición, por lo que se pueden confundir en un análisis.

Iglesias se equivoca. Y mucho. El listado de componentes del cuadro pone claramente de manifiesto que se quiere referir al Titadyn 30 AG y no al 30 (y este último sí tiene nitroglicerina). Pero si uno hace caso únicamente de su descripción literal y no del listado de componentes (es decir, algo parecido a lo que le ocurrió a Del Olmo, que no cayó en la cuenta de que los resultados analíticos, que le fueron facilitados, no coincidían con la descripción que los acompañaba) llegará a la conclusión de que el Titadyn 30 y la Goma 2 ECO son indistinguibles. Y, estimados amigos, no se trata de un desliz inconsecuente, pues resulta que, como veremos más tarde, el Titadyn 30 es precisamente el Titadyn que ETA tenía en su poder en las fechas de la masacre: nada menos que el Titadyn de la denominada furgoneta de Cañaveras, el Titadyn que el propio Iglesias dice que estalló en los trenes. Imagínense lo que habría ocurrido si éste hubiera sido el dictamen entregado al Tribunal por nuestro heroico científico: el Titadyn que tenía ETA y la Goma 2 ECO… ¡no se pueden diferenciar!

Sin embargo, yo sé que se trata de una simple equivocación, naturalmente, porque presto atención a lo que leo, al igual que algunos periodistas aspaventeros se dieron cuenta del error (según ellos, manipulación) en el informe “de Sánchez Manzano”, precisamente porque leyeron los resultados correctos que se adjuntaban o que, en cualquier caso, se facilitaron al instructor, pese a que éste fue algo menos observador. ¿Qué le ha pasado al Sr. Iglesias en la página 70 de “Titadyn”? ¿Ha cometido un error de transcripción? ¿O es un error mecanográfico? Lo más sangrante es que este señor figure en primera línea entre quienes se han prestado jubilosamente a la crucifixión pública y judicial (por partida doble) del ex Jefe de los Tedax y alguno de sus subordinados por una fracción de los errores que él mismo comete en lo que se vende como “el informe científico […] definitivo de los explosivos del 11-M.”

2) El otro aspecto relacionado con la metenamina que se rescató y amplificó durante aquellos días de julio de 2006 (y en lo sucesivo) como guarnición de la noticia sobre el desliz de la nitroglicerina, fue el de la “imposible” contaminación de la muestra patrón de Goma 2 ECO y del resto de cartucho encontrado “supuestamente” en la Kangoo. Ya lo he discutido hasta la extenuación y no volveré sobre ello. Sólo deseo recordar que esta circunstancia, como ya sabemos, se invocó de manera continuada en el marco de la imputación según la cual Sánchez Manzano se había empeñado en “predeterminar” el tipo de explosivo (y, en última instancia, las elecciones). Repasemos una vez más lo que al respecto escribe don Casimiro en el Prólogo de “Titadyn” (pp. 17, 26 y 27):

Parece evidente que Sánchez Manzano, mucho antes de que se localizara la mochila de Vallecas, ya parecía tener decidido que el explosivo utilizado por los terroristas era Goma 2 ECO y no Titadyn, y por ello remitió al laboratorio de la Policía Científica una muestra de aquel explosivo para el cotejo por parte de sus facultativos. […] Él, sin ninguna razón aparente, remitió al laboratorio de la Policía Científica una muestra patrón de Goma 2 ECO para cotejo con la muestra hallada en la Renault Kangoo. ¿Era acaso adivino? ¿Cómo podía saber con tanta seguridad que se trataba de Goma 2 ECO Y no de otro tipo de dinamita, por ejemplo Titadyn? […] Sin embargo, el jefe de los Tedax […] actuó como si el explosivo fuera Goma 2 ECO cuando remitió las muestras al laboratorio de la Policía Científica a las cinco de la tarde.

Esta imputación se repitió una y otra vez, empezando por el propio artículo de CGA de 11.7.2004, tantas veces citado:

La convicción de Sánchez Manzano de que el explosivo localizado en la Renault Kangoo y en la bolsa de Vallecas no podía ser otra cosa que Goma 2 ECO le llevó a realizar un informe el 12 de marzo (un día después de los atentados) en el que se refleja el resultado de una analítica errónea o manipulada. […] La seguridad con la que los Tedax señalaron a la Goma 2 ECO como el único explosivo utilizado en el atentado del 11-M, descartando otro tipo de dinamitas, como el Titadyn, fue un elemento esencial no sólo para descartar a ETA de la investigación, sino para apuntar hacia la hipótesis del terrorismo islamista y, lo que era más importante en ese momento, para avalar la tesis mantenida por el PSOE de que el Gobierno quería engañar a la opinión pública. […] La tesis más extendida entre los expertos en desactivación de explosivos es que Sánchez Manzano quiso, de forma apresurada, desmontar la tesis de que el explosivo utilizado por los terroristas en los trenes fuera justamente Titadyn.

Acusación que, antes de reproducirse en el Prólogo de “Titadyn”, como hemos visto, García Abadillo repitió con frecuencia desde las páginas de El Mundo (por ejemplo, artículos de 17.7.06, de 20.7.2006, de 25.7.2006, de 20.11.2006 y de 18.6.2007.

Asimismo, se recogió en el editorial de 20.7.2006, pidiendo la destitución de Sánchez Manzano:

[N]o había ningún motivo razonable para remitir al laboratorio, junto con los restos de dinamita de la Kangoo, una muestra indubitada de Goma 2 Eco. ¿Por qué Goma 2 Eco y no otro explosivo, por ejemplo Titadyn?

Ya traté esta cuestión en la entrega VIb, donde cité las respuestas que tanto Isócrates como Manel Gozalbo ofrecían a este absurdo alegato. Dichas respuestas citaban cumplidamente las declaraciones de Sánchez Manzano en el juicio (14 de marzo de 2007), perfectamente aclaratorias de las razones por las que se envió una muestra de Goma 2 ECO para cotejo. Recordemos que, en esencia, eran dos los motivos: En primer lugar, los técnicos de la Unidad Tedax estaban familiarizados con la Goma 2 ECO y creyeron reconocerla (una sospecha meramente indiciaria) al ver el resto de cartucho de la Kangoo. En segundo lugar, los detonadores encontrados también en la Kangoo llevaban etiquetas de la empresa fabricante, alguno de cuyos representantes confirmó igualmente ante los Tedax que el resto de cartucho se correspondía con la Goma 2 ECO (la misma empresa producía el explosivo y los detonadores).

Alguien especialmente caritativo (casi tanto como alguna juez) podría pensar que estas explicaciones sólo ponen en evidencia a Don Casimiro en cuanto a sus opiniones emitidas en “Titadyn” (es decir, dos años después del juicio), pero no en cuanto a lo publicado antes de la declaración de Sánchez Manzano en el plenario. Lo primero ya sería gravísimo en sí mismo. Sin embargo, no hay excusa posible para la mala fe o la incomprensible negligencia periodística que revela este episodio.

En efecto, es ahora el momento de complementar mi exposición de la citada entrega VIb añadiendo que, en realidad, ante la Audiencia Nacional, Sánchez Manzano se limitó a repetir lo que ya había explicado casi dos años antes, en julio de 2004, en su comparecencia ante la Comisión de Investigación, esa comparecencia que García Abadillo presumía de haber estudiado tan minuciosamente. Sus explicaciones, las mismas que ofreció en el juicio, aparecen concretamente en las páginas 3 y 5 [“Lo confirmamos después, pero ahí sí que había indicios más que fundados de que podía ser Goma 2 porque coincide con la que utilizamos nosotros”] del correspondiente diario de sesiones (comparecencia de 7.7.2004).

Para colmo, resulta que este punto se recogió explícitamente nada menos que en el dictamen final de la Comisión (Texto aprobado por el Pleno del Congreso de los Diputados, en su sesión del día 30 de junio de 2005, Boletín Oficial de las Cortes Generales, serie D, núm. 242, de 14.7.2005, p. 64):

Los expertos policiales, desde el primer momento, percibieron que la sustancia encontrada en la furgoneta era indiciariamente Goma-2 ECO, dato confirmado a las pocas horas. Igualmente, se consiguen algunas huellas dactiloscópicas de interés.

Sobre la clase de explosivo, el Comisario Jefe de los TEDAX, Sánchez Manzano, es taxativo:

«Ante ese hallazgo (se refiere a los detonadores) nosotros requerimos la presencia de expertos de la empresa cuyo logotipo tenían los detonadores; los detonadores llevan una banderola, un logotipo, y nos dimos cuenta de qué empresa podían haber salido. A las 5.00 esos expertos que se han requerido están confirmando que los detonadores han sido fabricados por su empresa y el resto del cartucho también… Nada más verlo nos dimos cuenta de lo que era, porque coincide con la dinamita que usamos para la prácticas (Goma-2 ECO). Nos resultó fácil

¿Es que los críticos de la versión oficial no se molestan en conocer lo que denigran? ¿Se puede caer más bajo? Sí, en realidad sí se puede, como seguiremos viendo. Y que nadie diga que no tenemos por qué creer las explicaciones de Sánchez Manzano. A este respecto, ya he mencionado antes una idea que considero importante subrayar.

No se trata de que uno deba dar sistemáticamente crédito a lo que diga tal o cual persona. Pero si uno quiere disentir, deberá exponer por qué le parece rechazable esto o lo otro. Lo que estos autores hacen, sin embargo, es afirmar contumazmente que no existe “ningún motivo razonable” para un determinado comportamiento, acompañando semejante afirmación de insidiosas acusaciones de “golpes de Estado” más o menos encubiertas. En cambio, reconocer la existencia de esos motivos, les gusten o no, es lo mínimo que cabe esperar de un oponente honesto, antes de pasar a rebatirlos. Pero estos periodistas ni siquiera dan ese primer paso. Estos periodista demuestran que no tienen empacho en mentir descaradamente (atribuyendo a las víctimas de sus injurias conductas inexplicables o, mejor dicho, inexplicadas), o bien que están seriamente impedidos para ejercer dignamente su profesión, pues son incapaces de encontrar la información (las explicaciones) que dicen echar en falta, siendo así que esa información es libre y resulta perfectamente accesible para cualquiera, sin apenas esfuerzo.

Es decir, si los críticos no se han molestado siquiera en exponer por qué no les convencen las explicaciones es porque estaban demasiado ocupados acusando a los policías de no dar ninguna y atribuyéndoles comportamientos alevosos, como para encontrarlas. Y no dudo de que sean capaces de pergeñar una respuesta ad hoc si se les hace notar esto, pues han dado sobradas muestras de no tener problema en improvisar cualquier cosa y su contraria sobre la marcha: a quien vive de la inventiva no le falta práctica. La cuestión es que o no han querido o no han podido hallar la información y, ya sea por deshonestidad o por inutilidad manifiesta, su labor queda muy mal parada.

Esta desconcertante incapacidad o falta de voluntad para entender lo que se analiza sin pasarlo por el filtro de la intriga y la suspicacia patológicas queda especialmente de manifiesto en un artículo de Casimiro García Abadillo de 20.7.2006. En él, el vicedirector de El Mundo comenta en particular los informes en los que la Policía Científica (a petición de los Tedax) analizaron las muetras M-2 (resto explosivo hallado en la Kangoo) y M-3 (muestra patrón de Goma 2 ECO).

Recordemos que existía un primer informe del mismo día 11 de marzo de 2004 (primeras dos páginas del enlace), sin número de registro, y otro ampliatorio, del día siguiente, con número de referencia 173-Q1-04. Pues bien, en el folio 10911 del sumario (tomo 38) se recoge el escrito de la Unidad de los Tedax por el que se informa de la solicitud del análisis de las muestras: tras describirse una sustancia pastosa y blanquecina, se especifica que la muestra M-3 se envía “como patrón para cotejo con la anterior [M-2], ya que técnicos de esta Unidad sospechan, pueda ser idéntica a la anterior.” Esta información, por cierto, era de acceso público, pues constaba ya en el auto de procesamiento del juez Del Olmo (p. 152, antepenúltimo párrafo), de abril de 2006. Cuatro meses más tarde, el vicedirector de El Mundo, en el artículo que nos ocupa, recoge literalmente este dato.

Y bien, cabría preguntarse: ¿no era esa la explicación que buscaba? Hay varias consideraciones que alguien no necesitado de excitantes enigmas podría extraer con normalidad de estas palabras. En primer lugar, no es el fementido Sánchez Manzano quien decide por su cuenta enviar la muestra de cotejo, sino “técnicos de esta Unidad”. En segundo lugar, supongo que si un ciudadano medio lee que los expertos en explosivos consideran que dos muestras pueden ser iguales, podría fácilmente entender que esa valoración la hacen sobre la base de su experiencia y conocimientos técnicos. Sin embargo, nada de esto parece afectar al vicedirector de El Mundo. Por el contrario, lo que la lectura de esas líneas (“…ya que técnicos de esta Unidad sospechan, pueda ser idéntica a la anterior”) suscita en su espíritu de lego en la materia es la siguiente observación:

Primera cuestión que llama la atención: […] Sánchez Manzano decidió que se cotejara con una muestra indubitada de dinamita Goma 2 ECO y no con ninguna otra muestra de explosivo. Es decir, que los referidos «técnicos de esta Unidad» orientaron la investigación a priori hacia un tipo determinado de explosivo, curiosamente el que echaba por tierra la tesis del Gobierno sobre la autoría de ETA.

¿No hay algo casi enfermizo en esta manera de razonar?

Bien es verdad que en el escrito de los Tedax no se explicita pormenorizadamente el origen de la sospecha (a la que sólo se alude), pero al menos se da idea de que no es un capricho del momento: se envió la muestra porque los técnicos especialistas, los que más saben de explosivos, barruntaban la semejanza. Y eso, después de mencionar la textura y el color de la muestra de interés. Tal vez los expertos que están haciendo su trabajo en el marco de una acuciante investigación policial no se explayan a gusto del reportero de turno. Pero, para dar el siguiente paso, en caso de duda (¿por qué lo sospechaban?) y como buen periodista, el Sr. García Abadillo podría simplemente haber preguntado, por sí mismo o a través de las fuentes y recursos con los que debe de contar alguien de su categoría profesional, antes de chapotear alocadamente en la zahúrda de la insidia. Quizá es que algunos, sencillamente, no dudan, o sólo cuando les conviene.

De hecho, sin necesidad de contar con los medios de algunos medios (valga la redundancia) cabe constatar cuán fácil era y es recopilar información básica (al alcance de cualquiera, incluyendo al vicedirector de El Mundo) que habría permitido poner de manifiesto dos cosas. En primer lugar, que la suposición de que pudiera ser Goma 2 ECO no era en absoluto irrazonable. En segundo lugar, que para lo que no había ningún motivo razonable era para pensar que el resto de explosivo de la Kangoo fuera Titadyn; es más, que era incluso improbable que fuera Titadyn lo que explotó en los trenes.

Lo veremos en breve.

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One Response to “Titadyn, el eterno retorno (XVIII) por Rasmo”

  1. […] dejo para la siguiente entrega lo de la metenamina, porque resulta particularmente […]

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