Titadyn, el eterno retorno (XVII) por Rasmo

Titadyn, el eterno retorno (XVII) por Rasmo.

Seguimos con el enjundioso asunto de la palabra mágica (“nitroglicerina”) mencionada por Sánchez Manzano en la Comisión del 11-M.

Repasando las ediciones de El Mundo de aquellos momentos (11 de julio de 2006, fecha de la “revelación”, y días siguientes), y atendiendo a la evolución del discurso conspiracionista de otros allegados entonces y con posterioridad, me llama la atención la tozudez con la que se niega o desacredita la posibilidad de que esa infausta alusión del Jefe de los Tedax no fuera otra cosa que un simple error.

Las razones aducidas para la duda por los enemigos de la versión oficial me parecen tan peregrinas y autorreferentes, acompañadas de no pocas dosis de la habitual barrabasada interpretativa, como para preguntarme dónde ha quedado aparcada la cordura en todo esto. Así, por ejemplo, cuando -en respuesta a la ruidosa portada del día 11 de julio- la fiscalía se apresuró a indicar que ningún informe o documento del sumario hacía la menor alusión a la nitroglicerina (con la lógica inferencia de que la declaración verbal de Sánchez Manzano era una evidente equivocación), El Mundo despliega su refinado duende periodístico para anunciar que ello “confirma que el dato clave que dio Manzano no está en el sumario” (M. Marraco, 12.7.06). Es más (editorial, EM, 12.7.06):

La Fiscalía de la Audiencia Nacional -es decir, Olga Sánchez; es decir, Javier Zaragoza; es decir, Cándido Conde-Pumpido; es decir, el Gobierno- emitió ayer una nota supuestamente dirigida a desmentir la rigurosa información publicada por este periódico sobre las contradicciones en torno al tipo de explosivo que estalló en los trenes. Pues bien, esa nota no sólo no refuta ninguno de los datos de EL MUNDO, sino que corrobora el más esencial. Dice la Fiscalía que «no existe ningún dato, indicio o prueba, directa o indirecta, en la causa penal que avale la afirmación de que había nitroglicerina entre los restos de las explosiones que se produjeron en los trenes». Lo mismo nos llamó la atención a nosotros […].

De modo que, siguiendo una inveterada tradición autocomplaciente, la lectura de El Mundo es que…

…la nota emitida por la Fiscalía de la Audiencia Nacional puso formalmente de relieve la contradicción entre la versión del jefe de los Tedax y el contenido del sumario –confirmando lo publicado por este periódico […] (editorial, 13.7.2006)

Y ello a pesar de que, como bien saben y reconocen, Sánchez Manzano no era experto en explosivos [por ejemplo, M. Marraco, 13.7.06: “Pese a ser el máximo responsable de los Tedax, Sánchez Manzano es un especialista [sic; es obvio, gramatical y semánticamente, que quiere decir que ‘no’ es un especialista] en explosivos, lo que facilitaría la posibilidad del error. Sin embargo […]”. También García Abadillo, dos años y medio antes de “Titadyn”, indicaba que “Sánchez Manzano […] no sabe mucho de explosivos” (EM, 16.12.2006)].

En la misma línea, cuando la perito de los Tedax, con dos décadas de experiencia en el cuerpo policial y autora material de los propios análisis de la discordia, comparece ante Del Olmo el 18 de julio de 2006 para aclarar el entuerto y, efectivamente, declara no haber oído la palabra nitroglicerina en ningún momento… en vez de colegir que su inexperto jefe sencillamente se había confundido, El Mundo se dedica a sospechar (bastante insidiosamente, por cierto) que la señora perito miente (editorial, 19.7.2006) porque sus palabras chocan en particular… ¡con lo declarado por Sánchez Manzano! Es decir, si ningún informe o documento oficial (o sus autores) menciona siquiera la nitroglicerina, no es porque ésta nunca estuviera (simple error de un declarante lego en la materia), sino porque, como se afirma con desparpajo y contundencia, dicha mención se borró y se eliminó (conspiración que deseamos demostrar y que se demuestra a sí misma) [Así, M. Marraco, EM, 13.7.2006: “Esa concreta mención de la nitroglicerina desapareció en el informe que acabó llegando al juez Del Olmo”; y García Abadillo, EM, 17.7.2006: “la palabra nitroglicerina se suprimió de los informes”]. Hay algo sospechosamente circular en todo esto.

Abordaré de nuevo estas cuestiones con mayor detenimiento más adelante. Procede ahora exponer una consideración general que me parece obvia para poner de relieve la endeble trabazón lógica del razonamiento conspirativo en este punto. Se trata de una elemental observación para la que apenas es necesario descender al foso de los hechos, pero que requiere un mínimo de sensatez y coherencia.

Como digo, me parece claro que Sánchez Manzano simplemente se equivocó al mencionar la nitroglicerina en su comparecencia parlamentaria en el marco de la Comisión del 11-M. Y la mejor prueba son sus propias declaraciones, ni más ni menos. Para empezar, fijémonos en que sus manifestaciones en sede parlamentaria son objetivamente erróneas en sí mismas. Es decir, no es cierto que todas las dinamitas lleven nitroglicerina en su composición, como afirmó el Jefe de los Tedax. Y que se equivocara en este punto es importante, dado que hace lógicamente inverosímil todo lo que los conspiracionistas pretenden deducir de sus palabras.

Es el director de El Mundo el que presume del “meticuloso trabajo de Casimiro García-Abadillo basado en el cotejo de las actas parlamentarias” (PJ, EM, 16.7.2006). Es el vicedirector de El Mundo, a su vez, el que, en tono socarrón y autosuficiente, se permite apuntar que “en Interior no se tomaron la molestia de leer la declaración completa de Sánchez Manzano ante el Congreso” (17.7.2006). Ahora bien, si se niegan a creer los desmentidos del propio Sánchez Manzano, de la Fiscalía, de los representantes del Gobierno y de cualquier supuesto defensor de la versión oficial aferrándose a la literalidad selectiva de lo expresado por el jefe policial (selectiva en cuanto rescata oportunamente la palabra “nitroglicerina”), lo mínimo que deben hacer es leerse ellos mismos lo que éste realmente declaró. Porque Sánchez Manzano no dijo que en los análisis de los focos se encontrara, entre otras cosas, nitroglicerina. Lo que dijo es que sólo se encontró nitroglicerina. Recordemos una vez más sus palabras:

En algunos casos, no en todos, cuando se hace el análisis de los restos del foco de la explosión logramos encontrar restos de nitroglicerina, y la nitroglicerina es el componente de todas las dinamitas. Como no podemos hallar más componentes, no podemos saber la clase comercial de la dinamita. [7.7.2004, p. 4 del diario de sesiones]

A las 14 horas, como son muestras obtenidas en los restos que ha dejado la explosión, lo único que se puede averiguar es que es dinamita, porque lo único que se puede encontrar es nitroglicerina, que es componente común en todas las dinamitas; con independencia de la clase comercial que sea, siempre tienen ese componente. [7.7.2004, p. 16 del diario de sesiones]

Tengan un poco de paciencia y verán por qué este detalle es importante. Una vez fijado el contenido preciso de las declaraciones (únicamente se encontró nitroglicerina), conviene comprobar cómo los conspiracionistas definen o caracterizan el comportamiento de Sánchez Manzano al respecto.

En su momento, El Mundo señaló que esto, lo otro y lo de más allá…

…nos hace pensar que el comisario Sánchez Manzano dijo la verdad –probablemente sin darse cuenta de que lo hacía– (editorial, EM, 17.7.2006).

El Sr. Ramírez, en su Carta del Director de 16.7.2006, se refería asimismo al

…episodio de la nitroglicerina, atolondradamente mencionada por el jefe de los Tedax ante la Comisión del 11-M.

Y también a

…la gran metedura de pata de Manzano. Y utilizo esta expresión –en la cúpula de Interior se escuchaban el otro día versiones más escatológicas– porque, efectivamente, todo indica que el jefe de los Tedax se equivocó en su deposición parlamentaria, […] porque creyendo erróneamente que todas las dinamitas tienen nitroglicerina suministró en dos descuidos una información valiosísima que, interpretada ahora, pone patas arriba el conjunto de la tesis sumarial.

El mismo director de El Mundo se mostraba más faltón en la Tertulia de la Cope de 18.7.2006 [min. 7:50 aprox., y 16:54; desde hace poco tiempo, los archivos sonoros más antiguos de esta emisora no están disponibles en su web; afortunadamente, en su día me descargué gran cantidad de ellos]:

Digo tarugo, tarugo, porque le dice a Labordeta que es componente de todas las dinamitas. Falso. […] ¿Qué es lo que pasa? Que éste […] es un melón y, efectivamente, se le escapa una verdad sin querer, porque es tan incompetente que no se da cuenta de que lo que está diciendo tiene una relevancia extraordinaria y lo está presentando de una manera incierta. Porque la nitroglicerina…

E igualmente en la del día 20.7.2006 [min. 32:45]:

…un comisario jefe de los Tedax que […] en la nitroglicerina […] ha demostrado ignorancia supina, […] porque sólo un asno en materia de explosivos puede decir una y otra vez que la nitroglicerina es componente habitual de todas las dinamitas.

O sea, no cabe duda: Sánchez Manzano es tonto de capirote y su declaración en el Parlamento fue un desliz inopinado… aunque revelador de un dato cierto. Pero el asunto se complica. Porque no es que no se pueda ser malvado y estúpido al mismo tiempo, pero cualquier abogado sabe (y es de sentido común) que un ilícito no puede, a la vez, cometerse de forma dolosa y por negligencia. Es decir, no se puede hacer algo queriendo y sin querer. Y aquí es donde todo el planteamiento de El Mundo y sus más conspicuos representantes muestra su pavorosa desnudez.

Porque el vicedirector de dicho diario y coautor de “Titadyn” añade unos ingredientes muy peculiares. Así, en el Prólogo de dicho libro, escribe lo siguiente:

[E]l jefe de los Tedax […] a las cinco de la tarde [del 11 de marzo de 2004] […] ya le había comunicado a su jefe inmediato, Cuadro Jaén, que no podría ser Titadyn porque «no se había detectado nitroglicerina» (p. 27).

Insisto una vez más: el Titadyn y la Goma 2 ECO son dinamitas […] ¿De dónde sacó [Sánchez Manzano] la información de que no se había detectado nitroglicerina que le transmitió a Cuadro Jaén poco antes de las cinco de la tarde del 11 de marzo? (p. 30)

En realidad, la pregunta pertinente aquí es: ¿de dónde saca el Sr. García Abadillo que Sánchez Manzano dijera tal cosa a Cuadro Jaén? La respuesta es muy sencilla [da por cierta una extravagante y aislada declaración de Díaz Pintado en el juicio] y demuestra la concepción del periodismo que profesan algunos autores, pero no es ahora el momento de entretenerme en este punto, que mencionaré más adelante. Baste decir que el dato es, como mínimo, francamente dudoso y casi seguramente falso, pero, como ahora mismo me preocupan únicamente las consideraciones de coherencia interna (no de exactitud material), partamos de la constatación básica: don Casimiro afirma que el Jefe de los Tedax dijo el mismo día de los atentados que lo analizado en los focos no podía ser Titadyn porque no se había detectado nitroglicerina. Esto debemos relacionarlo con la interpretación del comportamiento general de Sánchez Manzano que dicho autor perfila en el Prólogo de “Titadyn” (véase la entrega VIb), recogida asimismo en alguna pieza anterior de El Mundo (véase el artículo de CGA de 16.12.2006) y que el vicedirector de este diario elabora en televisión durante la fase promocional del libro que comentamos [El perito Antonio Iglesias y Casimiro García Abadillo en La Hora de Federico, LD TV, 28-05-09, en torno al minuto 15:47]:

Bueno, yo creo que Sánchez Manzano […], desde prácticamente los primeros momentos, me refiero a la tarde del 11-M, se da cuenta, y sobre todo cuando ya ha aparecido una furgoneta con una cinta coránica y tal, él se da cuenta del valor que tiene el apostar por uno u otro explosivo [Titadyn o Goma 2 ECO]. […] El valor político. […] Haciendo algo que contraviene todo el protocolo de actuación de la policía, […] él se queda con la investigación, asume el mando, como en los golpes de Estado, “asumo el mando”, él asumió el mando y se quedó con esa investigación. Por lo tanto, él tenía la investigación clave en esos momentos que podía determinar la autoría.

Es decir, Manzano se convierte en el hombre clave del momento. El hombre más importante el 11-M es Sánchez Manzano. Entonces, él maneja esa información y el primer gravísimo error que comete es esa, para mí, evidente manipulación […], es decir, […] él va de principio determinando, predeterminando que eso es Goma 2 ECO […]. Entonces, claro, yo creo que ahí está Sánchez Manzano cumpliendo ese papel, predeterminando la investigación, en un sentido, yo creo que con un interés político, que luego se demuestra que, efectivamente, él es uno de los pocos altos cargos policiales […] que se queda en el puesto, porque los demás desaparecen, […] el único que permanece es Sánchez Manzano, que después es condecorado. En ese año, en el año 2004, a finales de año, la Policía da unas condecoraciones con distintivo rojo, que son las pensionadas, las más importantes, y una de ellas le corresponde a Sánchez Manzano. […] Hasta qué punto llegó […] el pagar el favor a Sánchez Manzano.

Supongo que cualquier lector atento se habrá dado cuenta de dónde reside el problema, pero déjenme que lo haga explícito. Nos enfrentamos a un rompecabezas análogo a esas famosas paradojas lógicas de los viajes en el tiempo: un tipo se traslada al pasado y mata a su abuelo, siendo éste un niño; pero, entonces, él mismo nunca habría nacido y no podría haber retrocedido en el tiempo. A nuestro problema actual podríamos llamarlo “la paradoja de Sánchez Manzano”: los conspiracionistas interpretan de cierta manera un comportamiento suyo en julio de 2004 (fecha de su comparecencia parlamentaria) para atribuirle un determinado comportamiento en marzo de 2004 (fecha de los atentados). Pero, si el alegado comportamiento de marzo fuera cierto, sería prácticamente imposible el presunto comportamiento de julio que invocan para afirmar el anterior. Porque lo que el Sr. García Abadillo sostiene es que, “como en los Golpes de Estado”, Sánchez Manzano conocía la diferencia entre uno y otro explosivo (y la relevancia de esa diferencia). En efecto, así lo afirma en el Prólogo de Titadyn, cuando atribuye al entonces Jefe de los Tedax la afirmación de que no podía ser Titadyn “porque no se había detectado nitroglicerina”.

Es decir, según el vicedirector de El Mundo, Sánchez Manzano conocía en marzo de 2004 que la nitroglicerina era componente del Titadyn, pero no de la Goma 2 ECO. Sánchez Manzano actuó con conocimiento de causa para “predeterminar” la investigación ocultando ese dato revelador. Pero este Sánchez Manzano, también según el vicedirector de El Mundo, sólo cuatro meses más tarde (qué despiste) se olvida de haber participado poco menos que en un “Golpe de Estado” y señala con naturalidad que lo único que se detectó fue nitroglicerina, nada más y nada menos, y que ésta es un componente de todas las dinamitas. ¿Cómo es posible que el Sánchez Manzano que hace estas declaraciones (la nitroglicerina es común a todas las dinamitas, por tanto, a su entender es un dato inofensivo) sea el mismo Sánchez Manzano que, consciente de que sólo el Titadyn tiene nitroglicerina, suprime ese dato peligrosísimo?

En otras palabras, toda la ocultación dolosa de informes presuntamente realizada el mismo día de los atentados porque supuestamente se encontró nitroglicerina sólo tiene sentido si se es consciente de que esa nitroglicerina supone una diferencia entre el Titadyn y la Goma 2 ECO. Pero si se es consciente de esa diferencia, es casi inconcebible declarar cuatro meses más tarde que lo único que se encontró fue precisamente nitroglicerina y que ésta es componente de todas las dinamitas. Quien declara esto último no habría tenido razón alguna, en primer lugar, para ocultar meses antes esa nitroglicerina, pues creería (erróneamente) que con ese dato sólo se podría concluir con un genérico “dinamita”, sin más. Al aferrarse pertinazmente a unas declaraciones parlamentarias (más específicamente: a una palabra dentro de unas declaraciones parlamentarias) para apuntalar su acusación de comportamiento doloso anterior, parecen no darse cuenta de que precisamente ese comportamiento doloso no es lógicamente compatible con esas declaraciones que esgrimen en su apoyo. Combinar ambos aspectos nos conduce a un absurdo varios órdenes de magnitud por encima de la estupidez y torpeza que se atribuyen a Sánchez Manzano. Es delirante.

Oh, estoy seguro de que cualquier especialista en contorsionismo verbal podría garabatear un parche ad hoc y ya se me están ocurriendo ideas a mí mismo… En fin, no creo que merezca la pena insistir. Lo preocupante no es que se pueda o no improvisar alguna explicación a posteriori para arreglar el problema argumental. Lo preocupante es que ni siquiera se hayan dado cuenta de que tienen un problema.

Todo lo anterior podría deducirse con un mínimo de sentido común y raciocinio antes de entrar en faena, por así decir. Pero, siguiendo mi costumbre, no me detendré aquí, sino que me tomaré la molestia de examinar igualmente los elementos de hecho invocados en apoyo de la argumentación conspirativa en este episodio, examen cuyo inicio aplazaré a una próxima entrega, pues antes quisiera subrayar la saña persecutoria de El Mundo contra el Sr. Sánchez Manzano al hilo del asunto que nos ocupa.

Váyase, Sr. Manzano

En efecto, empezando desde el mismo día de la gran “revelación”, El Mundo no paró de pedir la destitución de Sánchez Manzano. Una destitución que consideraban justificada aun en el mejor de los casos, es decir, aunque realmente no se hubiera detectado nunca la nitroglicerina y el Jefe de los Tedax simplemente se hubiera equivocado en la Comisión del 11-M. Así, el artículo inicial de CGA (11.7.2006):

Un error tan flagrante sería razón suficiente como para destituir a [este] responsable policial […].

Y el editorial del mismo día:

En el caso francamente improbable de que los análisis dijeran otra cosa [es decir, que no había nitroglicerina] y quedara en evidencia que Sánchez Manzano no dijo la verdad, el comisario debería ser destituido.

El editorial de 14.7.2006, insistía, con una observación curiosa:

Si Sánchez Manzano se equivocó de forma tan garrafal, lo mínimo que podría hacer el Gobierno es destituirlo de forma fulminante por la gravedad del error y por no haber rectificado en los dos años transcurridos.

Digo yo: precisamente que nadie hubiera reparado en las declaraciones de Sánchez Manzano durante ¡dos años! Demuestra la poca gravedad de su error. En realidad, éste no tuvo ninguna consecuencia estrictamente judicial y/o policial. No confundió al juez instructor, no implicó la realización de diligencias espurias, etc. Cuando se publicó, hacía ya meses que Del Olmo había dictado su auto de procesamiento y casi una semana desde que dictó el auto confirmatorio de éste. Y, justamente cuando se publicó en la prensa, es decir, cuando salió a la luz, fue cuando el propio Sánchez Manzano, que probablemente había tenido mejores cosas que hacer en dos años que repasar el diario de sesiones de su propia comparecencia, trató de rectificar su error… en vano: cuando algunos periodistas muerden la presa, nada les hace desfallecer.

Insisto: todas las alharacas mediáticas y políticas, y cualquiera que fuese la eventual trascendencia procesal de éstas, son posteriores a la inicial escandalera periodística y, en consecuencia, muy posteriores a la propia comisión de tan “grave error”. En cierto modo, es la prensa escandalizable la que crea el escándalo en una especie de profecía autocumplida. La “gravedad del error” era intrínsecamente nula y había sido nula hasta entonces; la “gravedad del error” no midió después otra cosa que la infatigable capacidad de sostener una cacerolada mediática. Así, el director de El Mundo pedía el “cese del alto mando policial” en su Carta del Director de 16.7.2006. Y el explícito título del editorial de 20.7.2006, no puede sorprender a nadie: “Manzano debe ser destituido”.

A mí me llama la atención que otros errores con consecuencias reales, a lo largo de la investigación, y cometidos por otras personas, no hayan recibido la misma censura. Y, sólo por coherencia, me pregunto cuántos periodistas podrían seguir trabajando en El Mundo, empezando por su dirección, si se aplicaran a sí mismos idénticos criterios a la hora de penalizar los “errores” en el desempeño de su propia profesión.

Esta “manía destitutoria” se acompaña además de dos aspectos muy ilustrativos de la habitual actitud conspirativa.

Por un lado, en la mente de los maestros de la sospecha, el error es prácticamente indistinguible de la falsedad y el engaño. Semejante ofuscamiento es tanto más desconcertante cuanto que ambos conceptos se llegan a mezclar en frases contiguas. Así, en una de sus reflexiones, P. J. Ramírez señala (Carta del Director antes mencionada):

…después del suministro de información falsa al juez […] bien podía haber ocurrido el suministro de información falsa al Parlamento. Chapuzas tras chapuzas, pero sólo chapuzas.

No sé cómo suministrar “información falsa” puede ser “sólo chapuzas”, si no es forzando el límite de la ambigüedad expresiva. Y más claramente, en la Tertulia de la Cope de 18.7.2006:

Pedro J. dijo:

¿Qué razón tiene el Partido Socialista […] para seguir manteniendo en el puesto a un señor que ha quedado en evidencia como incompetente, como falsario, ante la representación popular?

Pedro J. dijo:

…lo incomprensible, lo que tiene una respuesta extraordinariamente embarazosa para el Gobierno es que, cuando [Sánchez Manzano] le ha mentido al Parlamento, cuando le ha mentido a… en sede judicial, y cuando le ha mentido al propio Gobierno respecto a aspectos…

Pero, ¿ha mentido (falsario) o se ha equivocado (incompetente) en el Parlamento?

Por otro lado, para desacreditar a Sánchez Manzano, todo vale, incluso, o mejor dicho, especialmente, la imputación de comportamientos completamente adulterados. “El hombre más importante el 11-M es Sánchez Manzano”, decía don Casimiro. Y semejante necedad hiperbólica se acompaña en aquellos días (y desde entonces) de la atribución de cualquier maldad habida y por haber. Atrapado en una torpeza inconsecuente, toca presentar al Jefe de los Tedax como una especie de hombre del saco policial; el imán perfecto para toda la quincalla periodística. Del torrente de insidias por asociación que brotó en aquel momento, quizá la más compendiosa es la del editorial de 14.7.2006:

Hay que recordar que Sánchez Manzano es la misma persona que trató de engañar al juez con la metenamina, la suplantación de la mochila y la omisión de que el cable del móvil estaba desconectado del explosivo.

Así, a base de inciertas pinceladas informativas, se pinta un trasfondo fantasmagórico, tan endeble como la noticia del momento. Quisiera ahorrarme nuevos excursos, pero estas imputaciones merecen algún comentario, para comprobar qué fácil es urdir historietas con remiendos y retales.

Sobre el cable del móvil se habló en su día largo y tendido (véase, por ejemplo, “Una madeja enmarañada”; y mis modestas contribuciones; también aquí): juzguen ustedes mismo dónde estaba el “engaño”.

En cuanto a la “suplantación de la mochila”, baste señalar que incluso la absolutoria sentencia de la muy benevolente juez Lledó (en el marco del procedimiento que Sánchez Manzano dirigió contra El Mundo) reconoce sin lugar a dudas que, en efecto, no fue el Jefe de los Tedax quien envió al juez Del Olmo la mochila equivocada (a pesar de ello, curiosamente, la comprensiva juez entendió que eso era un detalle irrelevante; supongo que, para ella, lo importante a efectos de la libertad de expresión es simplemente que alguien haya hecho algo, aunque ese alguien y ese algo no coincidan con la realidad; al respecto, me prodigué en su día en una serie de mensajes a los que me remito: I, II, III, IV, V.) En resumen: la mochila estaba en el depósito de restos judiciales de los Tedax (como sabía El Mundo) y a disposición judicial (como preceptúa la ley y como refleja un documento contenido en el sumario; sumario que, por cierto, siempre han tenido estos periodistas). Ah, no quisiera olvidar un dato chusco o patético, según se mire.

Recordemos que el artículo original de El Mundo (de 15.3.2006) que dio lugar a la leyenda urbana según la cual la auténtica mochila estaba “en casa” de Sánchez Manzano (o incluso en “su cocina”), no decía literalmente nada de eso. Era suficiente leerlo para comprobar que simplemente afirmaba que dicha mochila estaba depositada en la sede de los Tedax. Sin embargo, cuatro meses más tarde, cuando al hilo del embrollo de la metenamina interesa presentar a Sánchez Manzano como un facineroso, el propio director de El Mundo glosa en antena sus desmanes imaginarios (Tertulia de la Cope, 20.7.2006) apuntando que el jefe de los Tedax…

…además es el mismo fulano que en vez de darte la mochila de Vallecas, que resulta que la tiene en su casa, te da una falsa […]

¿No es fascinante desde el punto de vista sociológico? He aquí un ejemplo perfecto del recorrido circular de un mito: el mismo director de la fuente original, de la información inicial, acaba citando la versión legendaria y degenerada, el bulo, en vez de la suya propia y primigenia. Dicen que el amor es ciego. El amor propio de algunos periodistas debe de serlo tanto que ni siquiera pueden ver lo que ellos mismos han publicado.

Y dejo para la siguiente entrega lo de la metenamina, porque resulta particularmente instructivo.

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